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Nuevas riquezas conllevan costos espirituales para los mercaderes religiosos de Turquía

La clase acaudalada religiosa es poderosa ahora en Turquía, un fenómeno nuevo que representa desafíos nuevos no sólo para la vieja élite laica

05/01/2009 - Autor: The New York Times - Fuente: Noticias Prodigy MSN
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Empresarios turcos.
Empresarios turcos.

Los empresarios religiosos de Turquía pasaron años construyendo imperios con cortinas, caramelos y sofás. Sin embargo, en tanto musulmanes practicantes en uno de los Estados más conscientemente laicos del mundo, nunca fueron aceptados por la élite social.

Ahora, ese grupo se ha convertido en su propia élite, y Turquía, en un país más abiertamente religioso. Elevó a un partido político de inspiración islámica al poder y ayudó a hacer de Turquía la séptima economía más grande de Europa.

Y mientras otras sociedades musulmanas están luchando con los radicales, la clase comercial religiosa de Turquía lo hace con las riquezas.

"Aquí, se solía probar a los musulmanes por la pobreza", dijo Sehminur Aydin, una empresaria musulmana practicante e hija de un magnate de las manufacturas. "Ahora los están probando por la riqueza".

Algunos dicen que los turcos religiosos están reprobando esa prueba, y ven a la crisis económica reciente como una lección para quienes se permitieron los peores excesos del consumismo, resumidos en el trabajo de una decoradora de interiores turca: un baño con llaves incrustadas con cristal Swarovski, una alberca en la recámara, y un sofá arreglado para elevarse hasta el techo con control remoto para poder rezar. "Conozco personas que rompieron sus tarjetas de crédito", dijo Aydin.

Sin embargo, más allá de la desaceleración, sin importar lo severa que sea, está la realidad: la clase acaudalada religiosa es poderosa ahora en Turquía, un fenómeno nuevo que representa desafíos nuevos no sólo para la vieja élite laica, sino para lo que los buenos musulmanes piensan de sí mismos.

El dinero está en el centro de los cambios que han transformado a Turquía. En 1950, era en gran parte una sociedad agrícola, donde 80 por ciento de la población vivía en las áreas rurales. Su economía era cerrada y las divisas, ilegales. Sin embargo, Turgut Ozal, un primer ministro progresista, abrió la economía. Ahora Turquía exporta miles de millones de dólares en bienes a otros países europeos, y cerca de 70 por ciento de su población vive en las ciudades.

Los turcos religiosos ayudaron a impulsar ese ascenso, aunque por años fueron despreciados por la élite social. Eso ayuda a explicar porqué muchos están comprometidos en tal esfuerzo frenético para probarse a sí mismos, explicó Safak Cak, un decorador de interiores turco que tiene muchos clientes acaudalados religiosos. "Se debe a la forma en la que los etiquetamos", dijo. "Los veíamos como a personas de color".

Cak se refería a la profunda división de clases en Turquía. Una clase urbana alta, a la que con frecuencia llaman Turcos Blancos, tejió el poder político y económico durante décadas. Se percibía a sí misma como la transmisora de los ideales laicos de Mustafá Kemal Ataturk, el fundador de Turquía. Se han sentido amenazados por el ascenso de la clase de empresarios rurales y religiosos, en particular de su representante político, el primer ministro Recep Tayyip Erdogan.

"La antigua clase no estaba lista para compartir el poder económico y político", explicó Can Paker, presidente de la Fundación Turca de Estudios Económicos y Sociales, una institución liberal de investigación con sede en Estambul. "La clase nueva está compartiendo sus hábitos, como conducir Mercedes, pero también llevan cubierta la cabeza. La antigua clase no puede soportar esto".

"Eran campesinos. ¿Por qué están entre nosotros?", es la forma de pensar, según dijo Paker.

Aydin, de 40 años, quien usa mascada en la cabeza, se encontró esa actitud no hace mucho en uno de los distritos más lujosos de Estambul. Una mujer la llamó "fundamentalista sucia" cuando Aydin trató de meter la basura que la mujer había tirado fuera de su automóvil.

"Si conduces un buen coche, se te quedan viendo y señalan", dijo Aydin. "Uno quisiera decir: soy egresada de una escuela francesa igual que usted, pero, después de algún tiempo, ya no se sienten ganas de probarse a uno mismo".

Ella no tiene que hacerlo.

Su padre empezó vendiendo cortinas. Ahora es propietario de uno de los negocios de electrodomésticos más grandes de Europa. Aydin creció siendo rica, con gustos iguales a los de la antigua clase. Vive en una casa elegante y moderna, con alberca, en una comunidad enrejada. Su hijo asiste a una prestigiosa escuela privada. Con una licenciatura en administración de empresas, maneja a unas 100 personas en un hospital privado que fundó su padre. Su mascada en la cabeza le impide tener un empleo en un hospital estatal.

Yasar Aydin, su esposo, encogió los hombros. "A la gente rica de todas partes le disgustan los recién llegados", comentó. En una década más, habrán desaparecido esos prejuicios, explicó.

Los empresarios se describen a sí mismos como musulmanes con una ética protestante de trabajo, y dicen que el trabajo duro profundiza la fe.

"No podemos tendernos sobre nuestro petróleo como los países árabes", manifestó Osman Kadiroglu, cuya familia es propietaria de una enorme compañía de dulces en Turquía, con fábricas en Azerbaiyán y Argelia. "No hay otra salida más que producir".

Se hicieron fortunas configurando nuevos patrones de consumo. Estambul, la capital económica de Turquía, es la número cuatro en la lista más reciente de Forbes sobre las ciudades con el mayor número de multimillonarios. Los coches de lujo llenan las calles. Los centros comerciales, 80 según el conteo más reciente, surgen como hongos.

"Ahora, desafortunadamente, hay un gusto por el lujo, el consumo excesivo, y la comodidad, la vanidad, el exhibicionismo y la avaricia", expresó Mehmet Sevket Eygi, un columnista de 75 años que escribe en periódicos, y ha escrito extensamente sobre los musulmanes y la riqueza.

El israf, un concepto islámico, prohíbe consumir más de lo que uno necesita, pero la línea es borrosa, lo que provoca que los musulmanes ricos batallen con preguntas como si se puede contrarrestar tener un automóvil de lujo con donaciones a las beneficencias, un principio central del islam.

"Se tiene dinero, ¿pero se puede comprar cualquier cosa que se quiera?", planteó Recep Senturk, un sociólogo del Centro para Estudios Islámicos en Estambul. "¿O se debería llevar una vida humilde? Este es un tema de debate en Turquía en este momento".

El islam requiere que los acaudalados den una parte de su ingreso a los pobres. El imperio otomano pagaba todo, desde los hospitales hasta los platos que rompían las sirvientas en las casas ricas.

Las donaciones a Deniz Feneri, una de las beneficencias más grandes de Turquía, aumentaron casi 100 veces en los seis años que concluyeron en el 2006, cuando alcanzaron un máximo de 62 millones de dólares.

Se toma en cuenta la beneficencia incluso en el diseño de las casas. Cak describió una de muchos millones de dólares, cuyo diseño incluye una cocina de tamaño industrial donde se preparaba comida todos los días y se distribuía en camiones.

Por su parte, Aydin sostiene a 25 familias. El problema real no es encontrar un lugar para orar cuando se tienen muchas cosas qué hacer fuera (funcionan los probadores en los centros comerciales), sino ser verdaderamente caritativos y poner primero a los demás cuando el ritmo frenético de la vida empuja en la dirección opuesta. Ella se aferra a las tradiciones, como los días festivos musulmanes.

"El mundo está cambiando, pero yo no quiero perder esto", explicó.

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