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Algunas mujeres árabes encuentran la libertad en los cielos

Testimonio de mujeres árabes que trabajan como azafatas

25/12/2008 - Autor: Katherine Zoepf - Fuente: Enkidu/The New York Times
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Sobrecargos en la ceremonia de graduación, el año pasado, en Abu Dhabi, Emiratos Arabes Unidos. FOTO: Tamara Abdul Hadi para The New York Times
Sobrecargos en la ceremonia de graduación, el año pasado, en Abu Dhabi, Emiratos Arabes Unidos. FOTO: Tamara Abdul Hadi para The New York Times

Marwa Abdel Aziz Fathi rie con timidez mientras observa el diseño nuevo del broche en forma de ala en el bolsillo superior izquierdo de su uniforme gris nuevo, luego alrededor de la habitación, a las docenas de otras aeromozas de Etihad, todas conversando y comiendo canapés a su alrededor.

Era el día de la graduación en la Academia de Instrucción Etihad Etihad Training Academy, donde la línea aérea nacional de Emiratos Arabes Unidos lleva a cabo un curso de capacitación de siete semanas para nuevas sobrecargo. En el piso de abajo se encuentran los salones de clase cavernosos donde Fathi y otras aprendices ensayan planes para el servicio de comida en modelos a escala real y se les adistra en una alberca, donde ellas aprenden cómo evacuar pasajeros en caso de una emergencia de aterrizaje en agua.

A pesar de su orgullo obvio, Fathi, de 22 años de edad, de Egipto, se asombró de encontrarse a sí misma allí.

"Nunca en mi vida pensé trabajar en el extranjero", dijo Fathi, quien era una estudiante universitaria en El Cairo cuando comenzó a darse cuenta de los anuncios en el diario donde se recluta a jóvenes egipcias para trabajar en una línea aérea basada en el Golfo Pérsico. "Mi familia pensó que estaba loca. Pero entonces algunas familias no te dejan salir para nada."

Hace una década, mujeres árabes no casadas, como Fathi, trabajando fuera de su país de origen, eran raras. Pero de la misma forma en que los hombre de naciones árabes pobres van en tropel a los Estados del Golfo Pérsico, ricos en petróleo, para trabajar, más mujeres jóvenes hacen lo mismo, aseguran sociólogos, aunque no existen estadísticas oficiales sobre las cifras exactas.

Las sobrecargos se han vuelto el rostro público de una movilidad nueva para algunas mujeres jóvenes árabes, de la misma forma en que fueron el rostro de las libertades nuevas en los Estados Unidos de los 50 y los 60. Ellas se han vuelto un asunto de ansiedad y de fascinación social en casi la misma forma.

El dormitorio aquí, donde las sobrecargo de Etihad viven después de su instrucción se ve mucho como los edificios de oficinas de las ciudades en el estilo de los 1970s, con ventanas iridiscentes como gasolina en un charco. Pero hay tres guardias de seguridad en la planta baja, un cuaderno de entradas y reglas estrictas. Cualquiera que intenta ingresar a hurtadillas a un hombre a una de las suites de dos recámaras con muebles simples, que las mujeres comparten, puede ser despedida, incluso deportada.

A mitad del renacimiento islámico por todo el mundo árabe, que está siendo encabezado por gente joven, estados del Golfo como Abu Dhabi —que ofrece libertades y oportunidades casi inimaginables en cualquier otro lado del Medio Oriente— se han vuelto un lugar poco esperado de refugio para algunas mujeres árabes jóvenes. Y muchos aseguran que la experiencia de vivir de forma independiente y de trabajar duro por salarios altos ha cambiado por siempre sus ambiciones y sus creencias sobre sí mismas, aunque esto también puede llevar a un sentimiento doloroso de alienación de sus países de origen y de sus familias.

En casi cualquier hora del día o de la noche, existen una docena o más mujeres jóvenes con maletas rodantes idénticas esperando en el lobby de su dormitorio para ser recogidas rumbo al trabajo en los vuelos de Etihad. Aunque muchas aún están soñolientas, poniéndose el maquillaje —y las más firmes en pulso han perfeccionado un lavabo en la parte trasera del camión que toma exactamente el tiempo de su viaje al Aeropuerto Internacional de Abu Dhabi —ellas están uniformemente bien planchadas e impecables. Aquellas con cabello más largo visten horquillas negras que cubren meticulosamente en redes para coletas de cabello. Ellas visten gorras alegres con pañoletas vaporosas que insinúan un hijab, el pañuelo que cubre la cabeza y es vestido por muchas mujeres musulmanas. Como estudiantes universitarias durante los exámenes, todas ellas se quejan sobre lo poco que han dormido.

Hay exclamaciones de felicitación y de conmiseración al tiempo que las mujeres saben los resultados de sus amigas. Los trayectos más largos son los más codiciados en rutas a lugares como Toronto o Sydney, Australia, donde las escalas pueden durar algunos días, con hoteles confortables y generosas prestaciones adicionales por día, de parte de la aerolínea, para cubrir alimentos y gastos adicionales. Vuelos cortos, a lugares como Khartoum, Sudán, son temidos: más de cuatro horas de trabajo, seguidas del reabastecimiento de combustible, una nueva carga de pasajeros, un vuelo de regreso agotador a altas horas de la noche en Abu Dhabi y el camión de traslado de regreso a la torre de dormitorios con los guardias vigilantes.

En el piso de arriba, sin su maquillaje pesado, profesional, la mayoría de las mujeres se ven una década más jóvenes. Ellas parecen subsistir de tentempiés: pan tostado, al estilo árabe, de pan de pita sobre la flama directa; lonjas de queso barado, con demasiada sal de Bulgaria; galletas rellenas de dátiles de Líbano, con el nombre de ajweh; rollos de una tienda local, Cinnabon, que una sobrecargo jóven de Siria, proclamó ser adicta a ellos (una expresión que ella utilizó con placer consciente, una insignia de una sofisticación recién descubierta).

Ella ven DVDs de contrabando —"Esposas Desesperadas", "Sex and the City"— compradas en las escalas en Bangladesh e Indonesia. Ellas deambulan por los pisos de azulejos entre sus habitaciones en pantalones de velvetón y pantuflas vellosas y ellas hablan en voz baja: alguien siempre está intentando lograr un pestañeo de sueño antes de su vuelo.

Una existencia solitaria

Es una existencia callada, solitaria y con luces fluorescentes y se pasa en su mayoría por noches, fuera, bailando. A peasr del creciente número de mujeres que se mueven en los países del Golfo, los patrones de migración laboral de los últimos 20 años han dejado a los Emiratos con una tasa de hombre-mujer que es más sesgada que en ningún otro lugar del mundo; en el grupo de edad de entre 15 y 64 años de edad, hay más de 2.7 hombres por cada mujer.

Las sobrecargo de Etihad son adiciones tan populares en la escena modesta de los bares de hotel de Abu Dhabi que su presencia es alentada por frecuentes "Ladies Nights" y por descuentos en bebidas sólo para tripulación de vuelo. Es casi imposible que una mujer sin velo, en sus 20s, vaya a un mall o a una tienda en Abu Dhabi sin que se le pregunte de manera regular, por extraños con sonrisa burlona, si son azafatas.

Una noche, el otoño pasado, una sobrecargo egipcia de Etihad con cabello teñido de rubio y plataformas de cinco pungadas llevó a una amiga —una mujer de Túnez de 23 años de edad, vistiendo un cinturón brillante blanco, quien dijo que ella había llegado a los Emiratos esperando encontrar trabajo como costurera— a la entrada del club nocturno Sax, en el Hotel Royal Meridien.

Justo dentro, en el área del bar, numerosos hombre jóvenes de los Emiratos, en dishdashas (túnicas, N/Enkidu Magazine) blancas estaban bailando de modo desigual al ritmo de la música ensordecedora del club.

Agarrando a su amiga del codo, la mujer egipcia indicó a uno de los miembros de seguridad bouncers-gorilas. "¿No está él de rechupete?" gritó ella. El gorila, quien había escuchado todo, la ignoró y las mujeres continuaron su camino. A pesar de las apariencias, explicó la azafata egipcia —quien solicitó el anonimato porque ella no está autorizada por Etihad para hablar con los medios de comunicación— las relaciones sexuales y las citas amorosas son asuntos muy tensos para la mayoría de las mujeres árabes jóvenes quienes llegan a trabajar a los Emiratos.

Algunas mujeres jóvenes lidian con sus vidas nuevas, lejos de casa, volviéndose casi monjas, manteniéndose solas y continuando la observación rigurosa del Islam, dijo ella, mientras que otras se encuentran con rapidez en los brazos de hombres inadecuados. "Con las muchchas árabes que vienen a trabajar aquí, tu obtienes dos tipos," asegura la mujer egipcia. "Ellas son o bien muy cerradas y temerosas y no hacen nada o, por otro lado, no piensan en volar —ellas sólo están aquí para lograr su libertad—. Ellas son verdaderamente traviesas y locas".

Tratada como una heroína

Rania Abou Youssef, de 26 años de edad, una sobrecargo de la línea con sede en Dubai, Emirates, asegura que cuando ella fue a su hogar en Alejandría, Egipto, sus primas la trataron como una heroína. "He estado haciendo esto por cuatro años," asegura ella, "y con todo siempre me están preguntando, ¿A dónde fuiste? y ¿cómo fue? y ¿dónde están las fotografías? "

Muchas de las mujeres árabes jóvenes que trabajan en el Golfo Pérsico disfrutan de su estatus como pioneras, como modelos a seguir por sus amigas o parientas jóvenes. Las mujeres jóvenes que crecen en una cultura que valora en gran estima la comunidad, ellas han aprendido a verse a sí mismas como individuos.

Para muchas familias, permitir que una hija trabaje, mucho menos que trabaje en el extranjero sin compañía, podría cuestionar su virtud virtue y amenazar sus perspectivas de matrimonio. Con todo, esta cultura está cambiando, afirma Musa Shteiwi, sociólogo en la Universidad de Jordania, en Amman. "Estamos viendo más y más mujeres jóvenes que van al Golfo estos días," dice él. "Aún no es propiamente común, pero durante los últimos cuatro o cinco años se está volviendo un fenómeno que se puede observar."

Los niveles de desempleo por el mundo árabe continúan altos. Al tiempo que las redes de expatriados árabes en los países del Golfo se vuelven más fuertes y como los teléfonos celulares y el acceso ampliado a la Internet hace que la comunicación al extranjero sea más razonable, algunas familias se han vuelto más cómodas con la idea de permitir que sus hijas trabajen aquí. Algunos empleadores con sede en el Golfo ahora aseguran que han adaptado sus procedimientos de reclutación para mujeres jóvenes considerando los valores árabes de famlia. Ellos pueden contratar grupos de mujeres de un pueblo o región en particular, por ejemplo, de forma que las mujeres puedan apoyarse entre ellas una vez que se encuentran en el Golfo. "Muchas muchachas hacen esto porque de este modo su reputación se mantiene muy segura," añade Enas Hassan, una sobrecargo de Irak en los Emiratos. "Las familias tienen un sentido de seguridad. Ellas saben que si sus muchachas comienzan a volar ellas no serán echadas al gran mundo sin protección."

Una sensación de desplazamiento

Con todo, no todos pueden lograr la paz con la vida en los Emiratos Arabes Unidos, afirman las jóvenes sobrecargo. Incluso el paisaje —cuadra tras cuadra de hoteles y edificios de oficinas estériles con tienditas y restaurantes de comida para llevar en sus plantas bajas— puede contribuir a una sensación de desplazamiento. Casi todo el año, a lo largo de todo el día, la luz del sol es de un blanco brillante, tan severo que borra cualquier contraste. A pesar de que se riegan con esmero, incluso las palmeras en las orillas de los caminos se ven grisáceos y sitiadas.

Algunas mujeres jóvenes cuentan historias de compañeras sobrecargo, quienes simplemente han tomado el avión rumbo a sus países de orígen y han huido, sin dar aviso a la línea aérea.

Las sobrecargos árabes más exitosas, dicen, son con frecuencia aquellas cuyas circunstancias ya las han colocado, en alguna forma, enlos márgenes de las sociedades de origen: mujeres jóvenes inmigrantes que están apoyando a sus familias por la muerte de un sostén de familia hombre, por ejemplo, y algunas jóvenes viudas y divorciadas a quienes se les permite, eventualmente, trabajar en el extranjero, luego de que sus perspectivas de matrimonio se han ido apagando.

Mucho más que otros trabajos que podrían encontrar en el Golfo, volar dificulta que las mujeres musulmanas cumplan con sus deberes religiosos como orar cinco veces al día y ayunar durante el Ramadán, señaló una sobrecargo de Egipto. Ella dijo que ella esperaba vestir el hijab un día, "pero todavía no". Un sentido de desconexión de su religión puede agregarse a los sentimientos de alienación de las comunidades musulmanas conservadoras en casa. Las mujeres jóvenes, cuyo trabajo en el Golfo, sostiene una familia extensa, con frecuencia encuentran, para su sorpresa y desilusión, que el trabajo las ha hecho inadecuadas para vivir con esa familia.

"Una muy buena amiga mía, de Siria, decidió renunciar de la aerolínea y regresar a casa," dijo la sobrecargo egipcia. "Pero ella ya no puede tolerar vivir en una casa familiar. Sus padres aman a su hermano y lo ponen primero y a ella nunca se le permite salir sola, incluso si sólo va a tomar un café."

"Se vuelve muy difícil regresar a casa," dijo ella.

 

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