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Latîfa khafîya

A donde quiera que os volváis, allí esta la Faz de AlLah

17/12/2008 - Autor: Hayy Sidi Saíd Ben Aÿiba al Andalusí, Abdú Rabihi - Fuente: Tarika Shadilia
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Allah, se muestra en toda cosa y situación.
Allah, se muestra en toda cosa y situación.

“A donde quiera que os volváis, allí esta la Faz de AlLah”. Qor´ân, II-115

“Tras las primeras apariencias se guarda una enseñanza que hemos de descubrir, y todo cuanto existe se halla en relación directa con este propósito”.

El término Khafîya, es un derivado del vocablo árabe “Khafî”, cuyo significado es el de Arcano. Con este término nos referimos en la Tradición a un estado de Conciencia de suma agudeza perceptiva y próximo a la plena Unión. En este caso, el significado de Khafîya, se refiere a la “Luz que ilumina el Arcano”. Las energías que interactúan en este nivel espiritual son de gran sutileza, debido a que la Conciencia de La Presencia va siendo sustituida por la Conciencia de La Esencia.

Las energías que se movieron, en el anterior nivel de Ruhîya, eran debidas a la modificación que se operó sobre el individuo. Esta modificación fue debida al ser consciente, aleatoriamente, de ser Una Individualidad cierta, pero manifestada como diversidad aparente.

La Gran Presencia era frecuente “en” el individuo, pero ese “en” comenzaba a ser un estorbo. En este período la evolución de las energías, interactivas con la modificación de los estados diversos, alcanzan el nivel de Khafîya -iluminación del Arcano-, lo que implica que el “entre” y el “en” están desapareciendo a nivel intelectivo y experiencial.

Llegados a este momento afrontamos la “disolución” del nafs, ya no hay un “entre” Tú y yo, ni aquello de... Tú estás “en” mí o yo estoy “en” Ti. Es mas bien como el reconocimiento de la propia y verdadera identidad única, es decir; ni Tú ni yo. La distancia, como engaño de la apariencia, está desapareciendo, la visión espiritual ha roto el velo.

Solo va quedando el Tú ó el Yo indistintamente, pues para el que está dotado de Basira, “Visión”, ambos conceptos son Uno y Únicos, y su uso depende de qué se quiere expresar, ante quien o por qué.

¿Recordamos al místico Hallâdj?, él decía; “Ana al Haqq ua al Haqqu ana”, “Yo soy la Verdad, la Verdad es Yo”.

En este estado la persona se sabe Un Todo, se forja el Insan al Kamil, el Ser Completo, y la conciencia de criatura se mantiene como una proyección de la Conciencia Creadora en Su Creación.

La fusión en El Principio Creador es tan intensa que, a través de la naturaleza criatural, puede mostrarse, de forma extraordinaria, la Naturaleza Creadora, dando lugar a los que llamamos “dones de estado”. Estos dones, esta Baraka, suele permanecer oculta, y es aquello a lo que nos referimos cuando hablamos de los dones de discernimiento, de sabiduría, de curación, de predicción, de modificación de algunos estados de la materia, etc.

Lo normal es que, la Baraka, se muestra solo muy excepcionalmente, y nunca a criterio y capricho del “vehículo”, sino que, cuando sucede, es por la intervención causal, y frecuentemente desconocida, de la acción Creadora a través del instrumento.

Por esto es que cuando alguien dice “yo hago o puedo” tal o cual cosa, lo mas probable es que estemos en presencia de un charlatán. La manifestación externa de los dones extraordinarios no es patrimonio de la naturaleza de la criatura, sino de la Dinámica Creadora que a su través se muestra, y decide donde, como, y cuando se manifiesta. La criatura no puede decidir aquello de “ahora hago un milagrito”, esto no es posible.

Las alteraciones aparentes de las leyes naturales no equivalen a una ruptura imposible de esas leyes universales. Son la aplicación de una ley que nos es desconocida y que, al no estar familiarizados con ella, no alcanzamos a comprender plenamente. Solo sabemos que tiene su origen en la Causa Creadora y que el elemento criatural intermedio no es mas que un vehículo “sin voz ni voto”.

Repito nuevamente, lo habitual es que aquel que ha alcanzado este estado, haga uso de la Baraka tan solo en situaciones excepcionales, siempre sugeridas por la Inspiración de La Presencia en el propio individuo, y nunca por decisión de su caprichosa voluntad. Esto sería imposible.

Estas puntuales intervenciones suceden, generalmente, sin que las personas del entorno identifiquen el efecto de lo que perciben con La Causa donde se origina. Lo habitual es que el acontecimiento se achaque a la “casualidad” y sea prácticamente inadvertido. Solo el Murid muy adelantado lo intuye y, prudentemente, lo guarda en lo recóndito de su corazón.

Reflexionemos aquí, como aviso, sobre algunas actitudes complicadas de entender en el Sheyh. El juicio superficial que, sobre algunos de sus gestos, podría hacerse desde la posición del observador, sería temerario, pues hay que contar con la facilidad para cometer un error por parte de quien juzga lo que no conoce. Habitualmente el propósito del Maestro será discreto o reservado, por lo tanto ¡cuidado! con los juicios rápidos, pues “no será el primer Sheyh que manda al murid al mercado para comprar vino”, por poner un ejemplo.

Recordando anteriores comentarios, decimos que, Allah, se muestra en toda cosa y situación y, según desde que perspectiva, podríamos también decir que Allah, el Bendito, Es cada Cosa y Situación. Desde este planteamiento y desde el conocimiento de lo aquí expuesto hay que asumir el hecho de que el Sheyh, por ser una expresión consciente de la Unidad, lo es a su vez de la Multiplicidad. Por esta causa puede actuar en cualquier lugar y manera, haciendo uso de cualquier elemento, ¡incluso de lo que podría escandalizarnos!, con el fin de “romper” ataduras.

Por esta razón hemos repetido en diversas ocasiones que hay que ser prudentes a la hora de elegir “compañeros de Ruta”, pues los pícaros se aprovechan de este pretexto con el fin de satisfacer cualquier propósito. Los “secretos” y “los misterios” existen, pero ¡ojo! con esto, pues tanto en el pasado como en el presente la exhibición impropia del plagio se ha convertido en una perfecta herramienta para la manipulación de las conciencias.

Sabemos que Allah, presente en la luz y en la oscuridad, en la flor y en la carroña, utiliza todos Sus instrumentos, esto es algo que descubrimos cuando sabemos mirar en lo profundo.

Él se muestra en cualquiera de los elementos de Su Creación, y la diversidad de las formas no son la dificultad para percibir-Le, pues, ¿qué importancia tienen?, sino la brevedad de nuestro entendimiento prejuiciado. Si Él está presente en todo y sobre todo actúa ¿por qué habríamos de ser selectivos, y no entender esto mismo en cualquier vehículo de Su manifestación, incluso en el que pudiera parecernos bajo y miserable?.

A veces suelo decir que; “Si La Dimensión Creadora está también en una partícula de polvo, la criatura, cuando se sabe unida a Él, podrá descubrirse como polvo sin que la idea de basura manche su piel”.

Hay ocasiones en las que compartir una experiencia espiritual, que quizás de alguna forma ilustre la búsqueda de unos pocos individuos, es harto difícil, pues como ya dijimos, el lenguaje cotidiano puede no ser suficiente aunque nos esforcemos en ello.

Por muchos giros que hagamos para explicar intelectivamente una experiencia espiritual, hay veces en las que, las emociones, juegan un importante papel como asistentes del entendimiento. Por eso es que la poesía, aún cuando nuestra pluma no sea la del genio, suele en ocasiones suplir esa carencia. Ya que, por medio de la emoción despierta, puede introducir en el corazón, por medio de la intuición, lo que no podría, en ocasiones, darnos la erudición.

Conscientes de nuestras deficiencias literarias y sin otra pretensión, que lo ya dicho, compartimos ahora estas pequeñas emociones del espíritu. Quizás así otros pierdan el pudor, y se animen a compartir con gusto aún lo que sea sencillo.

Más allá

He escuchado en silencio

la música del alma.

He deshojado El Misterio

y recogido La Grana.

He deshilado las nubes

y trenzado El Alba.

He bebido en Las Fuentes

el Vino que mana.

 

Tuve espíritu de ciprés erguido

y raíz profunda, que se goza con los campos.

Tuve alma de caricia de viento,

de hierba fresca sujeta a la tierra.

Tuve el alma peregrina,

por cúspides y cañadas, por otras tierras.

Tuve confidencias en secreta ceremonia,

que susurró el místico sueño y desveló lo no dicho.

Tuve el alma desnuda, desposeída y sin velos, sin tinieblas.

Arrebatada ahora el alma nada tengo,

pues Tú eres Solo, Tú eres Ella.

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