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Clinton y CIA se comen a Obama

Promesas, promesas

12/12/2008 - Autor: Juan Gelman - Fuente: Insurgente
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El presidente electo Barack Obama prometió varias cosas antes de serlo.
El presidente electo Barack Obama prometió varias cosas antes de serlo.

Anticipándose a la asunción de Barack Obama como presidente de Estados Unidos, neoconservadores han comenzado a dar consejos públicos sobre cómo debería manejar las relaciones con Irán la próxima administración. (…) Con independencia de estos consejos “externos” unos 20 halcones demócratas –la mayoría de la vieja guardia clintoniana de los años ’90– dominan el equipo de seguridad y política internacional de Obama y no falta un legado significativo de W. Bush: el reconfirmado jefe del Pentágono Robert Gates, un insistente partidario de ganar la guerra en Irak como objetivo mínimo. Ahora está “menos preocupado” –dijo– por las promesas de campaña del presidente electo, dado que éste comentó que la retirada de Irak se haría de manera “responsable” y que dependerá de la opinión de los jefes militares. 

La mayoría de las voces en Washington acusan al gobierno de Irán de querer fabricar armas nucleares bajo la excusa de tener planes de desarrollo pacíficos, y por tanto sostienen que se deben tomar medidas para evitarlo, aunque hay discrepancia sobre cuáles tendrían que ser esas medidas.

Mientras Obama habla de un significativo involucramiento diplomático sin descartar ninguna opción de la mesa, los "halcones" (el ala más belicista) dudan de la eficacia del diálogo y piden sanciones más severas, incluyendo ataques militares para disuadir a los líderes iraníes de sus ambiciones.

"Parece haber un consenso general de que si no quieres la guerra, entonces tienes que adoptar sanciones", dijo Gary Milhollin, fundador del Proyecto de Wisconsin sobre Control de Armas Nucleares, con sede en Washington, un grupo de investigación sin fines de lucro auspiciado por la Universidad de Wisconsin.

"Sanciones significativas, pesadas, fuertes, son la única amenaza al régimen" iraní, dijo al participar de un foro de la derechista Heritage Foundation.

El Proyecto, financiado con fondos estatales y privados, incluye al sitio web iranwatch.org, autoproclamado como un "completo depósito de una abierta fuente de información sobre los sospechosos programas de Irán (para la fabricación) de armas de destrucción masiva".

Iranwatch.org, según dijo Milhollin en un encuentro organizado por el neoconservador American Enterprise Institute (AEI), estima que Teherán ya contaría con material como para fabricar armas atómicas en pocos meses.

Pero no todos en el AEI están convencidos de que las sanciones pueden detener a Irán.

"Lo único que se ubica entre Irán y las armas nucleares es el potencial uso de la fuerza militar", dijo John Bolton, ex miembro de la AEI y ex embajador del gobierno de George W. Bush.

Bolton, sin embargo, cree que una ofensiva de Estados Unidos es improbable debido a la actual transición política, dejando a Israel como el único país que potencialmente puede atacar el programa atómico iraní, lo cual también sería difícil debido a la propia incertidumbre política israelí de cara a las elecciones de febrero.

"Ausente la posibilidad del uso israelí de la fuerza", Teherán pronto podría tener un arma nuclear, señaló. "Tendremos que negociar con un Irán nuclear porque todo lo demás fracasó". "Hemos perdido esta carrera", afirmó.

Sin embargo, no todos se mostraron resignados como Bolton.

Jim Phillips, investigador sobre Medio Oriente de la Heritage Foundation, llamó a adoptar más sanciones punitivas a Irán, señalando que el "talón de Aquiles" de ese país era su "errática economía".

La campaña para impedir negociaciones con Irán se basa sobre dos supuestos fundamentales: los avances científicos de Irán hacia la obtención de armas atómicas y la futilidad de negociar con su gobierno.

El último punto fue subrayado por Milhollin y reiterado en un comunicado de prensa del neoconservador Comité sobre el Peligro Presente (CPD, por sus siglas en inglés), grupo de halcones co-presidido por George Shultz, ex secretario de Estado (canciller) del gobierno de Ronald Reagan (1981-1989), y por Jim Woolsey, ex jefe de la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

El comunicado del CPD el jueves pasado llamó la atención sobre un informe del Instituto para la Ciencia y la Seguridad Internacional anunciando que, según datos recientes, Irán podría contar con suficiente uranio enriquecido como para fabricar una bomba "en unos cuatro meses".

"Esperamos que la administración entrante preste atención" a esto, concluyó el comunicado.

Los neoconservadores, a pesar de ser pocos en número, gozan de una enorme influencia en los gobiernos, sean conservadores o liberales, gracias a una combinación de astutas alianzas y una gran exposición pública a través de su amplia presencia en los medios.

Aun fuera de la presidencia, como en los años 90, o de puestos importantes para la política exterior, como los departamentos de Estado y de Defensa, los neoconservadores logran impulsar públicamente su agenda a través de organizaciones como el CPD o el Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense, grupo clave para promover la invasión a Iraq en 2003.

Sus campañas, tanto para invadir Iraq como para evitar negociaciones con Irán, son esfuerzos altamente coordinados con numerosos actores.

El 2 de este mes, Bolton dijo ante el AEI que las negociaciones con Teherán estaban destinadas al fracaso.

Dos días después, en la Heritage Foundation, Phillips afirmó que la vía diplomática no tendría éxito debido a que Irán tiene un gobierno islámico más preocupado por la ideología que por los intereses de su pueblo.

Una semana antes, Michael Rubin, experto en Irán del AEI, escribió un artículo para el sitio web de Radio Free Europe/Radio Liberty, medio de prensa financiado por el Congreso legislativo estadounidense.

"Si para la diplomacia se necesitaran sólo las buenas intenciones de Washington, el mundo sería un lugar mágico. Es irónico que algunos diplomáticos estadunidenses confíen en la república islámica más de lo que lo hacen los propios iraníes", escribió.

"El impedimento para las negociaciones no reside en Washington, sino en Teherán. Como aprenderá Obama cuando asuma el cargo, los funcionarios iraníes por lo general se acercan a la diplomacia no con sinceridad", añadió.


Promesas, promesas
por Juan Gelman


El presidente electo Barack Obama prometió varias cosas antes de serlo. Por ejemplo, terminar la guerra con Irak, que en 2002, en la Plaza Federal de Chicago, calificó de “estúpida”, “imprudente” y “basada en la pasión, no en la razón”. Fue un eje principal de su campaña y, sin duda, le ganó millones de votos. La promesa se está diluyendo: esta semana declaró: “Dije que retiraría de Irak nuestras tropas de combate en 16 meses, en el entendimiento de que podría ser necesario –probablemente necesario– mantener una fuerza residual a fin de proporcionar entrenamiento y apoyo logístico para proteger a nuestros civiles en Irak” (The New York Times, 4-12-08). “El residuo”, al parecer, no será pequeño: el ex secretario de Marina Richard Danzig –uno de los asesores de Obama en materia de seguridad– había ya declarado que sería de 30 mil a 55 mil efectivos. Algunos dicen que la cifra podría llegar a 70 mil, casi la mitad del número actual. Hay residuos así.

Pocos creen que la retirada se llevará a cabo en el lapso prometido y que el último soldado norteamericano dejará suelo iraquí el 31 de diciembre del 2011, según lo pactado con el gobierno de Bagdad. Unos 20 halcones demócratas –la mayoría de la vieja guardia clintoniana de los años ’90– dominan el equipo de seguridad y política internacional de Obama y no falta un legado significativo de W. Bush: el reconfirmado jefe del Pentágono Robert Gates, un insistente partidario de ganar la guerra en Irak como objetivo mínimo. Ahora está “menos preocupado” –dijo– por las promesas de campaña del presidente electo, dado que éste comentó que la retirada de Irak se haría de manera “responsable” y que dependerá de la opinión de los jefes militares (rawstory.com, 2-11-08). En esas condiciones, tal vez no haya sido un trabajo pesado tranquilizar a un belicista de la talla de Gates.

El senador Lindsey Graham, el almirante Nike Mullen, jefe de Estado Mayor Conjunto, y otros “halcones-gallina” republicanos elogiaron estos nombramientos de Obama (www.timesonline.co.uk, 1-12-08). No es para menos: tienen un firme bastión en Hillary Clinton, la nueva secretaria de Estado, acérrima partidaria de la invasión a Irak y Afganistán y de atacar a Irán con bombas nucleares. Se recuerda su propia confesión: “Llamé por teléfono (a su esposo presidente) y lo urgí a bombardear (Yugoslavia)” en el marco de la OTAN; los bombardeos duraron 74 días y a nadie perdonaron. Cabe señalar que la era de Bill no fue precisamente pacifista: a poco de instalarse en la Casa Blanca bombardeó Irak en 1993; logró que la ONU le impusiera a Saddam Hussein un embargo que costó la vida de medio millón de niños iraquíes; atacó a Sudán y Afganistán; desestabilizó a Haití; militarizó la ambigua lucha contra los narcotraficantes que se ha convertido en contrainsurgencia y que no ahorra vidas de civiles inocentes en América latina; apoyó la privatización de las operaciones militares norteamericanas otorgando enjundiosos contratos a la industria armamentista; autorizó la venta de armas a países como Indonesia y Turquía, utilizadas en el genocidio de kurdos y habitantes de Timor Oriental. Un record que el olvido suele abrigar.

Obama nombró jefe del staff de la Casa Blanca a Rahm Emanuel, admirador de las ejecuciones extrajudiciales israelíes, impulsor del servicio paramilitar obligatorio para todos los estadounidenses de 18 a 25 años de edad, del aumento de los efectivos de las fuerzas armadas y de la creación de un sistema de espionaje semejante al MI5 británico. Está en buena compañía: el general (R) James L. Jones, ex comandante del cuerpo de marines y amigo personal del derrotado candidato republicano John McCain, será el asesor jefe de seguridad nacional y es difícil suponer que el hecho de pertenecer al directorio de Boeing no influirá en sus decisiones. Susan Rice, la próxima embajadora de EE.UU. ante la ONU, apoya una intervención militar en Sudán por la crisis de Darfur, de preferencia con la participación de la OTAN. Etc., etc.

Barack mismo ha anunciado objetivos de guerra que poco cambian las políticas de Clinton y de ambos Bush: el incremento de la guerra en Afganistán; el eventual mantenimiento por largo rato de un número ingente de efectivos en Irak; la intervención unilateral en Pakistán; el empleo de ejércitos privados en las zonas donde combate EE.UU.; entre otras cosas. Su vice Jose Biden no es un demócrata cualquiera: como presidente del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, sostuvo las mentiras de W. desestimando en el 2002 los testimonios de expertos que señalaban que Irak no tenía armas de destrucción masiva ni constituía una amenaza para la región “y mucho menos para EE.UU.” (www.alternet.org, 20-11-08). Rara vez un cambio se ha parecido tanto a una continuidad.

 

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