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Media docena de revistas satíricas se publican cada semana en Turquía con gran éxito de ventas

Los malpensados dirán que islam y caricaturas son cosas contradictorias, pero en Turquía todo es posible

06/12/2008 - Autor: Andrés Mourenza - Fuente: El Periódico
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Redacción insomne  Los dibujantes trabajan en la sede de Uykusuz en Estambul. Foto: ANDRÉS MOURENZA
Redacción insomne Los dibujantes trabajan en la sede de Uykusuz en Estambul. Foto: ANDRÉS MOURENZA

Son las nueve de la noche de un lunes. Los habitantes de Estambul han terminado ya su jornada laboral y están sentados frente al televisor siguiendo el fútbol o series nacionales. ¿Todos? No. A esta hora comienza el trabajo de los dibujantes de las revistas de humor.

A la sede de la revista humorística Uykusuz (Insomnio) aún no han llegado todos sus miembros. Los grafistas colorean algunas páginas en el ordenador, los caricaturistas más madrugadores comienzan a hacer bocetos, uno dormita sobre su mesa. Un ambiente cargado de humo de tabaco recorre la estancia formando pequeñas nubes bajo los flexos, mientras dos dibujantes imitan los discursos de un político local y se enseñan sus dibujos. La redacción está tranquila, aún no han llegado las horas de estrés, entre las 2 y las 4 de la madrugada, cuando todo el mundo correrá de un lado para otro para acabar sus trabajos y enviarlos a la imprenta a primera hora de la mañana.

"Somos un poco vagos y lo dejamos todo para el último momento. Durante la semana no trabajamos. Los dos últimos días domingo y lunes por la noche venimos todos, esto se llena de gente. Conversamos, jugamos y dibujamos", explica Umut Sarikaya, uno de los caricaturistas de Uykusuz. "Ya sé que no es muy serio", ríe.

Uykusuz, con sus dibujos abigarrados y su humor negro y gamberro, es solo uno de la media docena de semanarios satíricos que se publican en Turquía con gran éxito de ventas y prácticamente la misma estructura: una portada y dos o tres páginas sobre la actualidad política, y el resto, tiras cómicas sobre diversos temas; nada de anuncios e independencia de otras publicaciones y empresas. El trabajo en grupo es también una tradición común que se remonta a los años 70, cuando nació el padre de todas estas criaturas, Girgir (Rechinar). Tiraba 500.000 ejemplares y más de 2 millones de personas la leían con fruición. Era la tercera revista satírica más vendida de Europa.

Pero, claro, con tanto y tan variado público que satisfacer, la revista terminó por morir de éxito. Un grupo de dibujantes se escindió y creó Leman, de estos luego se escindieron otros y crearon Penguen y, así sucesivamente. Como la historia de la izquierda europea. Umut, por ejemplo, se declara marxista, igual que muchos de sus compañeros, pero también muy crítico con las famosas caricaturas de Mahoma: "Puedo entender que la gente se enfadase. No me parece bien caricaturizar a Mahoma, al mismo tiempo que mueren miles de musulmanes en países como Irak".

En un país de mayoría musulmana pero en el que rige un estricto laicismo nacionalista, el dibujante admite que existen dos tabús: la religión y la república. "Pero lo peor son los juicios, porque te desmoralizan". El primer ministro, el islamista moderado Recep Tayyip Erdogan, el objetivo preferido de los caricaturistas turcos, ha demandado decenas de veces a las revistas, a las que acusa de dañar su imagen. "Tanto los laicos como los islamistas se han vuelto más conservadores y hay tal tensión que todo el mundo es muy sensible a lo que dibujamos", se lamenta Umut. Aun así, intenta no detenerse ante el poder y ultima la portada: Erdogan pidiendo niños a un padre pobre (hace meses exigió que los turcos tuviesen más hijos) para luego aplastarlos al grito de "¡Mecagüen vosotros!", una crítica al encausamiento de menores que participaron en una protesta kurda.

El contrapunto musulmán

Quienes no tienen problemas con Erdogan porque apenas lo caricaturizan son los dibujantes de la revista musulmana Cafcaf (Altisonante), que tiene solo un año de vida. "Es cierto que en el fikr (pensamiento islámico) no hay una visión positiva de la pintura realista, pero ya en el Imperio otomano se realizaban miniaturas, que comparten la lógica surrealista de las caricaturas", opina el editor, Asim Gültekin. Él y otros caricaturistas de Cafcaf se declaran "musulmanes orgullosos", todos menos uno, ateo e izquierdista. "Pero no te preocupes, no le obligamos a ir a rezar los viernes", bromea Gültekin.

Los dibujos de Cafcaf son más pacatos que los underground de Uykusuz y su redacción está libre de humos, pero a cambio sus bromas son más afiladas contra los jueces y el Ejército. "En el sector de las revistas de humor tiene que haber de todo, como en la televisión, y existía un vacío para la gente religiosa. Así que nosotros nos propusimos hacer una revista que pudiese leer toda la familia, sin insultos ni pornografía", cuenta el caricaturista Çagri Cebeci. Los malpensados dirán que islam y caricaturas son cosas contradictorias, pero en Turquía todo es posible.

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