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De lo humano y lo divino A propósito de una conversación con J. Luis Navarro

El sufismo es un camino que armoniza tres vías en su método de reflexión: la vía del Conocimiento, la vía del Amor y la vía de la Acción

06/12/2008 - Autor: Abdelkáder Muhámmad Ali - Fuente: Melilla Hoy
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Abdelkader Mohamed Alí.
Abdelkader Mohamed Alí.

No hace mucho tiempo tuve la agradable visita de mi buen amigo José Luis Navarro. Como casi siempre, lo que iba a ser un saludo entre amigos con el breve intercambio de palabras pertinente se transformó en toda una conversación de hondo calado: El sentido de la vida, el declive de la moralidad, el desencanto, la inexorable mediocridad de las nuevas generaciones ..., eran temas conectados que con especial sentimiento abordábamos a la espera de que nuestras amables disquisiciones arrojaran cierta esperanza ante el desánimo manifiesto. Como colofón de una conversación difícilmente concluyente para ambos, surgió, a propuesta de quien suscribe, inevitablemente, el factor espiritual y en la creencia en algo Superior como antídoto ante tantas interrogantes difíciles de responder exclusivamente desde la racionalidad humana, siempre limitada y cambiante.

Pero como toda conversación improvisada y sincera, algunas de los temas que le planteé a mi buen amigo me hicieron reflexionar posteriormente, en la intimidad, con más sosiego, sobre los que ahora me permito abundar. A lo largo de mi vida -le decía a José L. Navarro- he mudado reiteradas veces de opinión y de percepción sobre la existencia.

Cada vez que me topaba con "una gran idea" pensaba que estaba ante un gran descubrimiento que en definitiva justificaba a su vez mis posiciones sociopolíticas, culturales, etc. Pero casi siempre el tiempo se encargaba de invalidar, o hacer caducar el último descubrimiento y observar la ineficacia de aquellas ideas ante las interrogantes que nos plantea la vida.

A la postre, y a la sombra de la experiencia que indefectiblemente concede la edad, uno observa que en verdad siempre he buscado ideas, pensadores, lecturas que de algún modo me ayudaran a vestir el armazón de mi particular visión. Confieso que no sólo no siento el más mínimo rubor ni contrariedad, ni mucho menos malestar interior por los fallidos "hallazgos", más bien me han ayudado a llegar a un nuevo y definitivo, inchAllah, comienzo.

Pobre de aquel que a lo largo de su vida no ha evolucionado conforme ha ido completando su aprendizaje. Sólo la pasividad del ignorante compulsivo, y la carencia de curiosidad intelectual hace que las personas sean fieles absolutos a sus ideas, o mejor dicho a la carencia de ellas. Todo esto para decirle y reiterarle ahora a mi amigo, que la vida, la existencia, no puede ser observada, analizada, desde la insuficiente e infructuosa visión racional y humanista.

A lo largo de la historia los pensadores musulmanes, aun con las divergencias puntuales habidas entre ellos, han demostrado que sólo la dualidad del pensamiento, la visión conjunta, la exotérica y la esotérica puede conducirnos a la Verdad. Los sufíes, han sido y siguen siendo el exponente de estos pensadores.

El sufismo, simplificando mucho, es un camino que armoniza tres vías en su método de reflexión: la vía del Conocimiento, la vía del Amor y la vía de la Acción. Pero el énfasis incide en el Amor, que es, simultáneamente, Conocimiento y Acción. Esto no es romanticismo vespertino, ha sido la práctica de los musulmanes a lo largo de muchos siglos, práctica que les dio esplendor y hegemonía intelectual en todas las disciplinas y frentes. Ahora, sólo una minoría sigue esta experiencia ancestral. El abandono de estas prácticas dio lugar a la estrepitosa decadencia en la que anda sumido el mundo musulmán desde hace varios siglos.

Pero no se inquiete mi amigo, tal cual le expresé personalmente, no estoy haciendo una llamada velada a la conversión al Islam ni nada por el estilo. Al caso me parecen pertinentes evocar las palabras de un Papa como fuera San Gregorio Magno (540-604) que decía que a Dios sólo se puede llegar después de "un gran esfuerzo de la mente".

Pero, curiosamente, más al caso viene la reflexión de uno de los padres de la modernidad, René Descartes, que a su vez tenía más confianza en la capacidad de la mente para descubrir a Dios. Nos cuenta Karen Armstrong en su libro "Una historia de Dios...", que Descartes aplicando el método empírico de sus matemáticas universales, llegó a establecer una demostración igualmente analítica de la existencia de Dios.

De acuerdo con ello, mientras estaba sentado meditando junto a una estufa de leña, se le ocurrió su famosa máxima que dice: "Pienso, luego existo". Al igual que San Agustín, Descartes encontró la existencia de Dios en la conciencia humana: "¡incluso la duda prueba la existencia de quien duda!". En definitiva, y a mi juicio es lo más importante: No podemos tener la certeza de nada del mundo exterior, pero podemos tener la certeza de nuestra propia experiencia interior.

Dicho de otro modo: "cuando dudamos, y en ello radicaba la angustia intelectual que observé en mi amigo J.L. Navarro se revelan las limitaciones y la naturaleza finita de nuestro ego". Añadiría: nuestra experiencia de duda, por tanto, nos dice que tiene que existir un ser supremo y perfecto: Allah, Dios o Yavé, denominaciones todas ellas para aludir al mismo Hacedor Supremo. Descartes, en su Discurso del método sostenía que había un sistema que podía capacitar al genero humano para encontrar toda la verdad.

Obviamente es lo que sugiero, si bien modestamente, explorar nuevas experiencias, desprendiéndose de estereotipos y prejuicios malsanos impuestos por una modernidad a todas luces fracasada y sin duda decadente, que observa con escepticismo todo lo inefable. Mientras en Occidente no se someta a una profunda reflexión y revisión muchas de las ideas que dieron lugar a la modernidad: humanismo, racionalismo, laicismo radical ..., difícilmente, por no decir que es imposible, el hombre "moderno" podrá dar sentido a una vida que cada vez le es más angustiosa, un sinsentido,…

Toda cultura es sana en tanto se edifica en los pilares de la Tradición. "Conocer las cosas fuera de Dios es no conocerlas verdaderamente" dice Joseph E. B. Lumbard en un reciente ensayo. Y es que hace ya muchos siglos que Platón nos advertía que sólo las cosas eternas poseen realidad completa.
 

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