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Un gato cojo

Una historia de esperanza, no sólo para animales, en este mundo a veces tan hostil

05/12/2008 - Autor: Juan Palop Martínez - Fuente: Diario de Navarra
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Cuenta la leyenda que al Profeta (Mahoma) le encantaban los gatos
Cuenta la leyenda que al Profeta (Mahoma) le encantaban los gatos

Le tengo fichado desde hace unos meses. Como a la media docena de gatos callejeros que merodean con cierta frecuencia y total impunidad por mi casa. Les sigo la pista aunque no quiera: cazan, duermen, se aparean, juegan y se ajustan las cuentas a mi alrededor de día y de noche. De todas formas, éste de color arena y ojos verdes claro no me había llamado la atención hasta hace un par de semanas, cuando me lo encontré en el porche, cojeando llamativamente. Tenía una de sus patas traseras quebrada. Retorcida de forma extravagante, la arrastraba como un pingajo ajeno. Como una marioneta rota. Dolía verlo.

"A éste lo dejo de ver en unos días", me dije con algo de pena, pensando que sería incapaz de sobrevivir en la selva de cemento y asfalto de Yakarta.

Pero me lo volví a topar hace nada. Ahora apoya ligeramente la pata rota, parece que le ha soldado, aunque ha quedado algo deforme. Además, me da que casi no puede hacer fuerza con la extremidad accidentada. Uno de los saltos típicos de su habitual ruta por mi casa, el de la puerta del patio al tejado (un desnivel de algo más de un metro de altura), se ha convertido ahora para él en todo un reto. Se quedó un rato mirándolo, midiéndose, y luego saltó sólo con las patas delanteras. Casi no llega. Lo vi con medio cuerpo fuera del canalón, como en una película de acción barata, luchando por encaramarse, durante unos interminables segundos. Luego, cuando logró trepar hasta arriba, desapareció en silencio por entre las tejas sin mirar atrás.

Después de todo, parece que se las puede arreglar para salir adelante en este hábitat arisco. Cuenta la leyenda que al Profeta (Mahoma) le encantaban los gatos y que por eso la mayoría de los musulmanes en Indonesia se sienten inclinados a darles de comer y velar por su bienestar. Una historia de esperanza, no sólo para animales, en este mundo a veces tan hostil.

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