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La extinción de un estado

Se opera tras un nuevo esfuerzo que, enriquecido por su Adab, nos conduce a la muerte de lo anterior y al renacimiento subsecuente de lo nuevo

29/11/2008 - Autor: Hayy Sidi Saíd Ben Aÿiba al Andalusí, Abdú Rabihi - Fuente: Tarika Shadilia
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En el individuo se va produciendo un desapego, como yihad, va desapareciendo en él toda oposición a la Acción Creadora.
En el individuo se va produciendo un desapego, como yihad, va desapareciendo en él toda oposición a la Acción Creadora.

Se opera tras un nuevo esfuerzo que, enriquecido por su adab, nos conduce a la muerte de lo anterior y al renacimiento subsecuente de lo nuevo.

Este yihad entre muerte y renacimiento, alcanza su extinción sólo cuando la dirección elegida es la correcta y, tras la desaparición de toda oposición, se produce el “Fana fi-Lah”, la Unión Creador-criatura.

La última etapa del recorrido por el Recto Sendero supone el definitivo desapego del dunia tras la certeza experiencial de su vacuidad (el maya hinduista o mundo ilusorio). A la par que en el individuo se va produciendo este desapego, como yihad, va desapareciendo en él toda oposición a la Acción Creadora, se convierte en un verdadero “ABD”, mostrando así la máxima expresión de su adab, su cortesía. Su último paso será la extinción definitiva de la forma.

Toda esta “especie de juego” no es sino el modo que utiliza La Conciencia en Su proceso de aprendizaje y descubrimiento. La forma cambia por el esfuerzo, y por ello La Conciencia aprende, progresa, y acaba por fundirse en La Contemplación de Sí Misma, el adab supremo.

Podríamos decir, por lo tanto, que el propósito último de todo yihad es La Contemplación, y el adab ha de ser como el sol que ilumine cada esfuerzo, pues sin el adab correspondiente el esfuerzo produce lo contrario de lo deseado.

Supongamos un ejemplo muy sencillo: Un individuo cualquiera realiza el esfuerzo de observar a otro con el pretexto de corregir en él un comportamiento inconveniente, lo vigila, se mantiene atento al fallo, y cuando este aparece se siente como el cazador que acechaba a su presa. Para ello ha violado el derecho a la intimidad, el derecho a la imagen, incumpliendo de esta forma la obligación de cortesía que debe de acompañar a su intención. Automáticamente su esfuerzo de corrección se convierte en contraproducente, queda anulado y se convierte en un vehículo de destrucción para ambos.

En cierta ocasión llegaron ante Muhammad (s.a.s) con una crítica por el mal comportamiento de alguien en privado. La respuesta del Profeta fue: “Mejor habría sido para ti cubrirle bajo tu manto que venir a contarlo”.

En su propia acción, y por su cortesía, el sufi anticipa su contemplación. Actúa empeñándose en el esfuerzo, pues sabe que este es el propósito de toda existencia, pero no se deja alterar por el devenir de los acontecimientos. Ha trabajado, en conciencia, por el mejor de los resultados, pero ha renunciado (Zohd) a la expectativa que pudieran crearle.Y como no puede haber renuncia sin docilidad o devoción, en su propia renuncia encuentra el estado del Abd, el de dócil o devoto.

Conocedor de todo esto, no hay acto nuevo que el sufi inicie que no vaya precedido de la frase “Bismi li Lah”.

Esta es una frase que yo, personalmente, prefiero traducir como “En Presencia de La Divinidad”, ya que este es el sentido figurado de su contenido, aunque en la literalidad signifique: “En el Nombre de...”

Esta breve frase es como una reflexión que, puesta antes de cualquier acción, nos indica que no estamos solos, que NO somos sólo..., que la dirección de cada acto, aún el más pequeño, conlleva un propósito ante La Presencia. Y que si el propósito no es más que un propósito, el fruto, por lo tanto, no es nuestro, sino de La Presencia. ¿Recordamos el proverbio que dice: “El hombre propone y Dios dispone”?. Aquí la antigua sabiduría popular sigue vigente.

Repetimos de constante que, el yihad al akbar, o Gran esfuerzo, se libera para alcanzar el conocimiento sobre lo que somos en la transitoriedad, en el dunia. Este conocimiento equivale al descorrer, ante nosotros, el primer velo de la ignorancia, y mostrarnos lo que tras él se nos oculta, ¡lo que verdaderamente somos en el ágera!, como Verdad Esencial. Sabiendo lo que no somos podemos adquirir el conocimiento de lo que somos.

Y si al principio es bien cierto lo imprescindible de la búsqueda, pues este es el propósito inicial, también es cierto que, si prolongamos en exceso la búsqueda dificultamos el encuentro. El propio esfuerzo por buscar, en según que momento posterior, puede convertirse en una barrera de separación, ya que ¡se busca lo que no se tiene!.

Cuando buscamos lo hacemos fuera, cerca o lejos, pero por fuera.Todo el que busca, busca “otra cosa” y por lo tanto aleja el objeto de su búsqueda manteniendo así el periodo de su separatividad; ¡yo soy una cosa diferenciada de otras, y busco a la más Grande de las diferencias, busco a Dios!. Pero... ¿por donde?. ¿Cuánto de lejos está o cuánto de diferente es?. Esta posición necesaria al principio, razonable después, y más tarde un impedimento, es semejante al individuo que fuera corriendo por el campo, mirando hacia arriba y buscando la hierba. O como aquél otro que, desesperado, busca sus gafas que lleva puestas.

“Mientras que dura la búsqueda es porque hay intuición de Lo Otro, y de vez en cuando se puede aspirar el perfume de la cercanía. Pero todavía no hay encuentro”.

Cesar en el periodo de la búsqueda no es algo que, en solitario, sea aconsejable.Es necesario constatar, primero, que los pasos previos se han dado correctamente. Que estamos en el punto de madurez adecuado, y que no nos queda un solo recodo del sendero por recorrer. Es, por lo tanto, muy aconsejable contar con la presencia de un Sheyh, alguien que antes halla trazado su propia ruta y pueda advertirnos de que estamos en el momento oportuno para fijar la vista “más cerca”.

Nadie crea que los títulos académicos pueden abrirnos La Puerta Dorada. Pues así como el esfuerzo, no ha de ser necesariamente compañero del sufrimiento, los conocimientos, aunque muy útiles, no son necesariamente precursores del “Conocimiento”.

Son muchos los que comprenden las palabras que con las que se escribe sobre la Sabiduría, pero son pocos los que pueden experimentar su contenido y degustar esa miel.

A principios del siglo XII, decía Abu Hassan as-Shadzili, fundador de nuestra Tárika: “En la sencillez se encuentra la dificultad”. Y. “La sencillez de Lo Esencial es inconcebiblemente más sencilla que lo más sencillo.

Por esta razón, en la práctica de la sencillez, la tradición sufi aconseja este esfuerzo como forma de cortesía hacia tí;

“No duermas todo lo que quieras, pues será esclavo de la pereza. No comas cuanto puedas, pues la gula te dominará. No gastes todo lo que tienes, pues gastarás lo que no puedes. No digas todo lo que sabes, pues acabarás diciendo lo que no conviene”.
 

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