webislam

Domingo 8 Diciembre 2019 | Al-Ajad 10 Rabi al-Zani 1441
532 usuarios en linea | Español · English · عربي

WebIslam.com

» Artículos

?idt=11532

Democracia, racismo, medios de comunicación

La historia debe servir para algo más que para conocer el pasado

23/11/2008 - Autor: Agustín Vega Cortés - Fuente: Webislam
  • 0me gusta o estoy de acuerdo
  • Compartir en meneame
  • Compartir en facebook
  • Descargar PDF
  • Imprimir
  • Envia a un amigo
  • Estadisticas de la publicación

Decía Einstein que es más difícil destruir un prejuicio que un átomo. Y vaya si tenía razón. Los prejuicios bloquean nuestro entendimiento y nuestra capacidad de comprender el mundo en el que vivimos. Porque si el cambio permanente es la ley que define la naturaleza de las cosas, los prejuicios son la inmutabilidad del pensamiento, el parapeto tras el que se refugia la ignorancia y el miedo a lo nuevo. Y si son tan difíciles de destruir, como decía el gran físico alemán, es, precisamente, porque el prejuicio no es más que la parte visible de un andamiaje mental sobre el que se apoya la personalidad de un individuo incapaz de mirar el mundo con una mirada limpia y libre.

El prejuicio racial, que es del que se trata, no es un hecho aislado en el pensamiento, y no es compatible con una concepción abierta de la vida en su conjunto. No se puede ser demócrata y racista como no se puede ser racista y luchador por la igualdad, aunque se forme parte de la minoría oprimida. El prejuicio racial se fundamenta en la generalización y por lo tanto la culpabilización del inocente, que es el paradigma de la injusticia. El prejuicio es, también, una estupidez, aunque como decía Russell: "gran parte de las dificultades por las que atraviesa el mundo se debe a que los ignorantes están completamente seguros, y los inteligentes llenos de dudas". Los prejuicios raciales conforman el pensamiento racista, que es, también, una respuesta simple a problemas complejos, que requieren un esfuerzo de compresión y la capacidad de situarse en el lugar del otro, en asimilar su presencia. Pero no como una actitud de tolerancia o condescendencia, desde una posición de pretendida superioridad, sino desde el convencimiento de que los derechos inherentes a la condición de ser humano, deben ser iguales para todos.

Pues cuando todas las personas nos miremos limpiamente, como individuos y no como parte de un colectivo, podremos ver que no son las culturas las que nos dividen, sino la incultura y la ignorancia, o, en todo caso, la exacerbación de las señas identitarias como cobertura para el fanatismo político, religioso, o las ambiciones de poder. Por eso hay que resistirse a esa perversa utilización de la cultura como arma para agredir, ignorar, o criminalizar a los demás. Por el contrario, tenemos que potenciar la armonía en la diversidad en base a valores fundamentales, que no son otros que los principios recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Unos derechos, que deben prevalecer por encima los gobiernos, de las mayorías sociales, e, incluso, por encima de las tradiciones culturales, pues ninguna cultura, sea la que sea, debe ser sacralizada hasta el punto de que las personas sean sus esclavas.

Las tradiciones, los ritos y las costumbres, deben estar al servicio de las personas y no estas al servicio de aquellas. El hombre en su individualidad y en su derecho a buscar la felicidad, está, o debería estar, por encima de cualquier encadenamiento, de cualquier limitación a su libre albedrío, cuyo límite solo debe ser la libertad y los derechos de los demás. Pero en la España de hoy, con una realidad demográfica tan diversa y compleja como la que tenemos, inmersos en una crisis económica de la envergadura de la presente, jamás nos podremos, ni siquiera aproximar, a la superación de los prejuicios y las discriminaciones por motivos raciales o culturales, si los medios de comunicación no dan un giro de 180 grados en el lenguaje que emplean para definir algunos fenómenos sociales, o señalar a determinados grupos o colectivos. Un lenguaje y unos modos de transmitir la información, cargados de prejuicios, que, aunque no sea esa la intención, refuerzan constantemente, los sentimientos de rechazo de la mayoría social, hacia determinadas minorías étnicas y algunos sectores de la inmigración. Cuando un periódico, una emisora de radio, o una cadena de televisión, utiliza titulares tales como: " Una familia gitana aterroriza a un barrio" o bien: "Detenido una banda de colombianos que traficaban con drogas", se está criminalizando, se quiera o no, al conjunto de la población gitana, o a todos los inmigrantes colombianos o de cualquier otro país al que pertenezcan las personas implicadas en los delitos.

El papel de los medios de comunicación, es tan importante en el mundo actual, que no asociar sus comportamientos a la calidad democrática de cada país, es algo tan descabellado como no tener en cuenta los contenidos curriculares en la calidad de la enseñanza. Por eso es necesario que el Estado considere a los medios de comunicación de masas, como un sector estratégico. No desde el punto de vista económico, que también lo puede ser, sino como trasmisor de valores y promotor de la cultura, de las ideas y de la moral en la significación que le da Aristóteles, de plena ciudadanía. Y a partir de esa apreciación, entender, política y legalmente, que el poder de los medios de comunicación en la sociedad moderna, es tan decisivo en el pensamiento y en los comportamientos sociales, que tiene que ser compensado, limitado, si se quiere, por la misma responsabilidad social que han adquirido. Pues por encima de la libertad de expresión, que, por otra parte, es algo mucha más amplio que la libertad de las empresas de la comunicación, debe situarse el interés general el bien común del conjunto de la sociedad, y, por encima de todo, la defensa del Estado de Derecho, de la democracia y de la libertad, amenazadas, (ahí está el caso de Italia con el gobierno neofascista de Berlusconi) por aquellas ideologías que se fundamentan en principios racistas y xenófobos, y que culpabilizan a las minorías y a los inmigrantes, de problemas sociales tan complejos como son el desempleo, la violencia juvenil, o la delincuencia.

En ese orden de cosas, urge una reconsideración del auténtico significado de las movilizaciones claramente racistas que vienen teniendo lugar en nuestro país en los últimos años, y cuyo ultimo ejemplo lo tenemos en el caso de la población de Castellar, en la provincia de Jaén. Pues seguir hablando de este fenómeno con la frivolidad, la ligereza y la falta de responsabilidad con la que lo hace el gobierno y la clase política en general, a los que consideran una y otra vez como "casos aislados", es una prueba más de la urgente necesidad de levantar un movimiento cívico democrático, que plante cara a las tentaciones de italianizar la cuestión de las minorías étnicas y de los inmigrantes. Tentación que puede ser acelerada e intensificada y por la actual crisis económica y sus secuelas de desempleo y de falta de expectativas personales para millones de personas. La historia debe servir para algo más que para conocer el pasado.

Agustín Vega Cortés Presidente de Opinión Romaní
Anuncios
Relacionados

Trastornos islámicos en los medios de comunicación

Artículos - 17/03/2008

El señor Aznar y la historia de España

Artículos - 26/09/2006

África y la historia

Artículos - 20/01/2003



Escribir comentario

Debes iniciar sesión para escribir comentarios.

Si no estás registrado puedes registrarte en un minuto.

  • Esta es la opinión de los internautas, no de Webislam
  • No están permitidos comentarios discriminatorios, injuriantes o contrarios a la ley
  • Céntrate en el tema, escribe correctamente y no escribas todo en mayúsculas
  • Eliminaremos los comentarios fuera de tema, inapropiados o ilegibles

play
play
play
play
Colabora


 

Junta Islámica - Avda. Trassierra, 52 - 14011 - Córdoba - España - Teléfono: (+34) 957 634 071

 

Junta Islámica
https://www.webislam.co/articulos/34893-democracia_racismo_medios_de_comunicacion.html