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Un planeta de metrópolis (en crisis)

Un planeta de Ciudades Miseria

16/11/2008 - Autor: Ramón Fernández Durán - Fuente: Eutsi
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Ramón Fernández Durán
Ramón Fernández Durán

Ramón Fernández Durán nos hace llegar este último trabajo suyo: "UN PLANETA DE METRÓPOLIS (en crisis)", que forma parte de un libro "en curso lento de redacción"-segun sus propias palabras- acerca de la crisis energética mundial y del colapso civilizatorio. El texto realiza un recorrido por los procesos de urbanización mundial en los últimos cien años. En él, el autor no aborda la evolución del mundo rural a lo largo del pasado siglo, pues dicho análisis se efectúa en otra parte del futuro libro, aunque se apuntan nexos con él. De cualquier forma, la crisis global multidimensional en marcha, de carácter financiero, económico, alimentario, climático y ecológico, con fuertes y deterninantes interrelaciones con la crisis energética mundial, a la que se suma la crisis de hegemonía de EEUU, se manifestará especialmente en las metrópolis, de ahí la importancia de conocer la realidad del "planeta de metrópolis" que preside la realidad urbana del siglo XXI. Igualmente, un elemento fundamental de la actual crisis financiera internacional es su interrelación con la crisis inmobiliaria mundial. El presente trabajo permite también entender cómo a lo largo de las tres últimas décadas, principalmente, se sentaron las bases para el desmadre inmobiliario que ha sacudido, y sacude, gran parte del planeta. Con este valioso trabajo, Ramón Fernández Durán espera ayudar a enriquecer un debate acerca de la dimensión espacial del actual capitalismo global absolutamente necesario.

Boom demográfico y estallido metropolitano, potenciado por la energía fósil.

En el siglo XX se ha dado un intenso crecimiento demográfico, absolutamente sin precedentes en la historia de la Humanidad. La población prácticamente se cuadriplicó en este periodo, pasando de 1600 a 6200 millones de habitantes. Esto es, los seres humanos tardaron más de 150.000 años en ser mil millones (en torno a 1830), y poco menos de doscientos años en añadir cinco mil millones más, concentrándose el grueso de ese crecimiento demográfico en el pasado siglo, en especial en su segunda mitad 5Christian, 2005)(ver figura 1). Crecimiento que continúa fuerte pero con menor intensidad en el siglo XXI, alcanzando más de 6.600 millones en la actualidad. Este crecimiento no hubiera sido posible sin la explotación de los combustibles fósiles, y muy en concreto sin la utilización del petróleo, que es la energía que fundamentalmente ha contribuido a incrementar la capacidad de carga sobre el territorio; garantizando el abastecimiento y el funcionamiento de un mundo en proceso acelerado de urbanización, a través principalmente de la agricultura industrializada y el transporte motorizado. La urbanización del planeta sencillamente se ha disparado en los últimos 100 años, pasando de un 15% en 19002, unos 250 millones de personas, a cerca del 50% en 2000, esto es, más de 3000 millones de personas, superando en el presente la mitad de la población mundial. Por primera vez en la historia humana. Es decir, mientras que la población total se multiplicaba “sólo” por cuatro en cien años, la población urbana se multiplicaba más de doce veces en el mismo periodo. Un ritmo tres veces superior. Y este ritmo se aceleró sensiblemente en los últimos cincuenta años del siglo XX, al tiempo que el oro negro se convertía en el régimen energético dominante a escala global. No en vano ¾ partes del petróleo global se consume en las áreas urbanas, especialmente en las metrópolis de los espacios centrales (occidentales) (Beauchard, 1993; Heinberg, 2006; Lee, 2007; Mumford, 1961)

Pero si consideramos la población del sistema urbano superior, esto es, las principales “ciudades” del mundo, o mejor dicho las metrópolis, el crecimiento fue aún mucho más intenso. En 1900 había unas diez metrópolis en el planeta que sobrepasaban el millón de habitantes, la práctica totalidad de ella en los países centrales. En 2000 había ya unas 400 metrópolis en el mundo que superaban el millón de habitantes, y de ellas cerca de 70 “Megaciudades”, o regiones metropolitanas, que excedían los diez millones de habitantes. Y en la actualidad hay casi 500 metrópolis millonarias. De éstas, unas son “Ciudades Globales” centrales y otras “Megaciudades Miseria” periféricas, y otras más en los grandes Estados “emergentes” combinarían una mezcla de ambas extremos, como luego veremos. Finalmente, unas cinco de estas grandes conurbaciones se situaban por encima de los 20 millones de habitantes: México DF, Sao Paulo, Seúl, Tokio y Nueva York. Y sólo México DF tiene un volumen de población (unos 24 millones) similar a toda la población urbana que existía en el mundo al inicio de la Revolución Industrial. Así pues, la expansión del crecimiento metropolitano en el pasado siglo ha sido sencillamente impresionante, multiplicándose el número de metrópolis millonarias por cuarenta, casi cuatro veces más rápido que el ritmo de urbanización, y diez veces más rápido que el ritmo de crecimiento demográfico. Sin lugar a dudas, podemos afirmar que el siglo XX ha visto cómo la forma “metrópoli” proliferaba y se extendía sin control por el mundo entero, convirtiéndose en el elemento simbólico determinante de la urbanización mundial. Sin embargo, si consideramos el espacio “tocado” por el proceso urbano-metropolitano la cifra de crecimiento aún se dispararía mucho, muchísimo, más, pues las dinámicas urbanizadoras han ido adoptando un carácter cada vez más disperso o en mancha de aceite, generando la llamada “ciudad difusa”, “ciudad estallada”, o urban sprawl, y provocando un impacto territorial sin parangón en la historia de la Humanidad sobre el planeta Tierra (Naredo, 2000; Davis, 2005; Fdez Durán, 2006).

En su expansión y propagación a lo largo del siglo XX, la forma metrópoli se manifestó en la primera mitad del siglo especialmente en los países centrales, y muy en concreto en Occidente. Las principales metrópolis en 1900 eran Londres y París, seguidas de cerca por Nueva York. La “ciudad vertical” por excelencia, que irrumpía con fuerza por aquel entonces. Esta “ciudad vertical” que luego se iría extendiendo en menor medida por los espacios centrales y que implicaba un intenso consumo energético eléctrico (de procedencia principalmente fósil) para garantizar la movilidad vertical de sus habitantes. La demanda de energía eléctrica se dispararía activada además por la extensión de la iluminación artificial urbana y la extensión de la segunda revolución industrial. En la segunda mitad del siglo, en cambio, la forma metrópoli va a proliferar especialmente en el Sur y en concreto en los Estados periféricos emergentes del nuevo capitalismo global, y muy en concreto en China e India, como resultado de diversos factores: industrialización, fuerte desarticulación del mundo rural y explosión demográfica. Pero este proceso está marcado en general por una urbanización de carácter dependiente de las dinámicas centrales. De entre todos los crecimientos urbanometropolitanos cabe destacar el caso de China, donde desde hace casi tres décadas se está dando el mayor proceso de migración de masas y de urbanización que el mundo haya conocido jamás, con centenares de millones de personas migrando en este periodo desde el interior del gigante asiático hacia las metrópolis de su fachada del Pacífico (Harvey, 2007).

Todo ello ha hecho que las principales “Megaciudades” del mundo en términos demográficos se encuentren hoy en día en general fuera de los espacios occidentales, y que las dos principales metrópolis de principios del XX, Londres y París, a pesar de su fuerte crecimiento durante el siglo, hayan sido desplazadas bruscamente al puesto 23 y 26 del ranking mundial, respectivamente. En la actualidad el grueso del crecimiento urbano-metropolitano desde el punto de vista demográfico tiene lugar en el Sur, y fundamentalmente en torno al Pacífico y al Índico, en el Este y Sudeste de Asia (ver figura 2) (www.citypopulation.de). Sin embargo, aunque las principales metrópolis centrales no ocupen ya muchas de ellas los primeros lugares del ranking en cuanto a población, si se siguen manteniendo por supuesto en cabeza (todavía) en cuanto a importancia económica y sobre todo financiera. Además, no son para nada comparables las grandes metrópolis del Centro y las Megaciudades periféricas, pues en estas últimas más de la mitad de su población en muchos casos vive hacinada en situaciones de absoluta miseria, en tejidos urbanos enormemente degradados y sin ningún tipo de servicios. Más de 1000 millones de personas, de los más de 3000 millones que habitan en áreas urbanas en el mundo, viven en esos gigantescos tejidos de infravivienda, habiendo sido expulsadas la gran mayoría de ellas hacia las Megaciudades periféricas por la “modernización” forzada del mundo rural. En algunos casos, como en Colombia, manu militari. En definitiva, este mundo crecientemente urbanizado es a su vez, cada vez más, un planeta de “Ciudades Miseria”, como nos recuerda Mike Davis (2005).

 

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