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El mito del califato y el uso político de las mujeres

El Qur’an no es un libro de leyes ni el programa político de ningún partido

02/11/2008 - Autor: Ndeye Andújar - Fuente: Blog de Ndeye Andújar
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Ndeye Andújar, Penda Mbow, Fatou Sow, Fatma Aly Khafagy, Amina Wadud, Asma Barlas, Yasmina Akhandaf, Abdullah Abenyusuf y Margot Badran durante el II
Ndeye Andújar, Penda Mbow, Fatou Sow, Fatma Aly Khafagy, Amina Wadud, Asma Barlas, Yasmina Akhandaf, Abdullah Abenyusuf y Margot Badran durante el II

He leído con detenimiento el artículo de la Dra. Nazreen Nawaz publicado ayer en Webislam en el que critica el feminismo islámico y reclama la instauración del califato como única vía “salvítica” para los musulmanes. Con asombro mayúsculo he comprobado que la autora hace gala de un gran desconocimiento e irresponsabilidad: Uno no puede presentarse como portavoz de un movimiento y desconocer por completo el tema del que está hablando. Pero como no se trata de utilizar una argumentación ad hominem, me voy a centrar en las afirmaciones que ha hecho para mostrar que están plagadas de errores e inexactitudes.

“El feminismo islámico culpa al islam de las injusticias que sufren las mujeres musulmanas”

Es sorprendente que Nazreen Nawaz haga una afirmación de este tipo. A mi entender, solo se puede explicar por dos razones: o bien desconoce la complejidad y los matices que hay entre los diferentes feminismos en los países de mayoría musulmana (que no islámicos), o bien conoce esa diversidad (que llega incluso a ser antagónica) pero nos da una visión errónea y monolítica, de manera consciente.

Haciendo un esfuerzo de síntesis, podríamos decir que existen tres tipos de feminismos:

Un feminismo secular, que en general ha sido utilizado por las élites como instrumento de la colonización y la neocolonización e identifica el islam con una religión misógina. Desde esta perspectiva, la fe y los derechos de las mujeres son incompatibles.

Por otro lado, un segundo tipo de feminismo, el llamado “feminismo arabo-musulmán”, que reivindica la riqueza de la herencia musulmana pero coincide con el feminismo secular en que el islam es misógino por esencia.

Y por último, el feminismo islámico, que reconoce y denuncia las injusticias que sufren las mujeres musulmanas, pero niega categóricamente que esto se deba al islam. Más bien es al revés, lo que legitima su lucha por la igualdad de derechos son las propias fuentes del islam y por ello el Qur’an se sitúa en el centro de la reflexión feminista islámica.

“El feminismo islámico contribuye a reforzar los valores promovidos por la ideología capitalista”

De nuevo se hace patente el desconocimiento flagrante de la señora Nawaz sobre la trayectoria histórica y los postulados del feminismo islámico. En las conclusiones del tercer congreso se sitúa claramente al feminismo islámico en consonancia con el movimiento altermundista, lo que implica la resistencia a un modelo capitalista agresivo que amenaza a poblaciones enteras con el hambre y el desarraigo de sus tradiciones. Pero esta denuncia sería parcial si no integrara a su vez un aspecto fundamental: la alianza entre el neoliberalismo y el fundamentalismo religioso. Esta doble opresión contra las mujeres constituye, en realidad, dos caras de una misma moneda.

“La libertad de expresión, de propiedad, personal y sexual desembocan en sociedades enfermizas”

La asociación que establece la Dra Nawaz entre la libertad individual y la falta de moralidad me parece infantil, caricaturesca. El respeto a la moralidad (¿de qué tipo de moralidad estamos hablando? ¿De la que rechaza las injusticias, protege los derechos de todos los seres humanos y respeta la naturaleza? ¿O bien se trata de una concepción mojigata del bien y el mal?), es posible gracias a la educación y a una comprensión inclusiva del mundo que nos rodea. Es cierto que las sociedades “occidentales” tienen que solucionar una serie de problemas: el culto exacerbado al cuerpo, el consumismo, la soledad, el racismo y la islamofobia, etc. pero no creo que lo consigan mediante la instauración de un Estado represivo, un Estado que controle la opinión de sus ciudadanos y su sexualidad, en definitiva, un Estado completamente opuesto a los principios islámicos.

“La igualdad de género conlleva sus propias contradicciones y dilemas”

Se preguntaba la autora cómo es posible que las mujeres nieguen la importancia del género en la vida pública y a la vez pidan derechos por maternidad, basados en la diferencia de sexo.

El concepto de género es una construcción social y el sexo es una cuestión biológica. Incluso hoy en día la teoría queer va más allá y defiende que el sexo también es una construcción social.

Las feministas que reivindican la igualdad de género no niegan esa diferencia sexual pero sí que los roles sociales estén preestablecidos de manera “natural” según el sexo. Es evidente que quien da a luz es la madre pero eso no significa que tenga que dejar de trabajar si no lo desea. De hecho, en Francia por ejemplo, cada vez hay más hombres que prefieren dejar de trabajar para educar a sus hijos en caso de que su mujer tenga un sueldo superior al suyo, porque el Estado les da una ayuda económica. La familia no se rompe sino que se organiza de otra manera.

Según cuentan los hadices, el Profeta (sas) ayudaba en las tareas domésticas y Jadiya (ra), su primera esposa, no solo trabajaba sino que además era su jefa. Las propias fuentes islámicas nos muestran que no hay tareas “para mujeres” y tareas “para hombres” sino que todos participaban activamente en el seno de la familia y en la sociedad. Es un error querer canonizar un esquema de la familia decimonónica, que nada tiene que ver con el ejemplo del Profeta (sas).

“El feminismo es un concepto occidental”

Según Margot Badran, una de las teóricas más destacadas del feminismo islámico "decir que el feminismo es una idea occidental que no puede tener relación con el islam pone de manifiesto una gran ignorancia o sirve para denigrar el islam y los musulmanes”. El término "feminismo" apareció a principios del siglo XX en los países de mayoría musulmana, sobre todo en Egipto. En épocas recientes, las mujeres musulmanas han sido jefes de Estado, elegidas democráticamente en cinco ocasiones (en Bangladesh dos veces y en Turquía, Indonesia y Pakistán), aunque también es cierto que en algunos países rechazan que una mujer dirija un Estado en base a un hadiz dudoso que dice que “una nación que deja sus asuntos en las manos de una mujer nunca prosperará”, contradiciendo así la enseñanza que nos transmite el Qur’an mediante el ejemplo de Bilqis, la reina de Saba.

Nazreen Nawaz afirma que el islam otorgó el derecho al voto, a la educación y que hay miles de mujeres eruditas. El feminismo islámico no lo pone en duda, al revés, recuerda que en su propia tradición hay elementos liberadores, pero no es menos cierto que aunque haya habido poetisas, muhadizat, muftiyat, sheijat, alimat; el monopolio interpretativo siempre ha estado en manos de los hombres y la jurisprudencia se ha basado en una visión patriarcal de las sociedades, incluso en contra de la opinión de muhadizat de primer orden como Aisha (ra) y Umm Salama (ra). ¿No será por eso por lo que actualmente los países de mayoría musulmana tienen los índices de analfabetismo femenino más altos del mundo?

Pero el feminismo islámico trasciende los debates entre lo secular y lo religioso, oriente y occidente, las mujeres y los hombres, y se constituye en un instrumento privilegiado de diálogo en la era global.

“El restablecimiento del califato asegurará los derechos de las mujeres”

Por último, nos situamos ante el mito del califato como garante de los derechos de las mujeres (¿qué derechos?). Esta llamada a una vuelta al califato presenta muchos puntos oscuros: no se sabe muy bien cuál sería el modelo social, económico y político de ese califato. Sobre todo porque el Qur’an no es un libro de leyes ni el programa político de ningún partido. Lo único que establece el Qur’án es el principio de shura (consulta), que es lo más próximo a la democracia, y prohíbe la riba (usura).

Los movimientos a favor del califato presentan una visión idílica de la época de al-Julafa ar-Rashidun (los Califas rectamente guiados), omitiendo expresamente los problemas a los que se enfrentaron: los cuatro califas fueron asesinados y la oposición entre los diferentes bandos de musulmanes durante el califato de Ali (ra) desembocó en una guerra civil, al Fitna al Kubra (la Gran Prueba). Es decir, que en todas las épocas ha habido tensiones e intereses políticos que han impedido que se desarrollase el proyecto liberador que supuso la llegada del islam para las mujeres.

En cambio, el feminismo islámico es un movimiento fundamentalista, que vuelve a los fundamentos del islam para intentar recuperar ese proyecto emancipador que se quedó paralizado, pero no para fijar una lectura inamovible, anacrónica e idílica del pasado, como la que exigen los defensores del califato, sino como una reivindicación espiritual radical que emana del propio Qur’an: hombres y mujeres como julafa Al-lâh (califas de Al-lâh, viceregentes de Al-lâh) en la Tierra.
 


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