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¿Y qué si fuese árabe o musulmán?

Powell: Y qué si lo fuera. ¿Hay algo malo en ser musulmán en este país?

01/11/2008 - Autor: Gema Martín Muñoz - Fuente: Diario Sur
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Colin Power y Barack Obama.
Colin Power y Barack Obama.

El anuncio por parte de Colin Powell de su apoyo a Obama desplazó la atención de otra cuestión en la que también se detuvo durante su entrevista en la NBC, la cual ha estado presente a lo largo de la campaña y a la que ninguna figura política prominente había respondido hasta ese momento como merece: los rumores sobre que el candidato demócrata es musulmán y las alusiones a sus supuestos coqueteos en el pasado con el Islam. Sobre los primeros, Powell respondió al periodista: «Y qué si lo fuera. ¿Hay algo malo en ser musulmán en este país?... ¿Hay algo malo en que cualquier musulmán americano de siete años crea que podría ser presidente?».

Unos días antes, una mujer que asistía a un mitin de McCain había expresado su desconfianza hacia Obama identificándole como «un árabe», como si ésta fuera la peor acusación que pudiera dirigírsele. El reproche le debió de parecer demasiado fuerte al propio McCain, quien lo rechazó diciendo de su rival «no, es un buen padre de familia». Es decir, la categoría árabe o musulmán (para ellos árabe o musulmán es un totum revolutum) excluye la posibilidad de ser un buen hombre. Este tipo de episodios motivó la respuesta en televisión del conocido actor Ben Affleck, que se preguntó, indignado, cuál habría sido la reacción si la cadena de expresiones hubiese sido «es un judío», «no, es un buen padre de familia»; o «es un católico», «no, es un buen padre de familia». Pero de árabes y musulmanes parece que se pueda decir todo. Hace unos días la directora de un grupo de mujeres republicanas de Nuevo México calificó a Obama de «socialista musulmán», añadiendo a continuación que «los musulmanes son nuestros enemigos».

Esta campaña electoral ha sacado a la luz sin disimulos la estigmatización que para muchos estadounidenses significa ser árabe y musulmán. Desde que se conoció que Obama podía ser candidato a la presidencia comenzó la operación que lo vinculaba al Islam: que era secretamente musulmán, que había sido educado de niño en una escuela islámica en Indonesia, que juró en el Senado sobre el Corán, se divulgó la famosa foto donde se le ve con vestimenta somalí en Kenia, se incidió en su segundo nombre (Hussein)... No hay más que ver las 12.600.000 entradas de Google al introducir Obama+Muslim para darse cuenta de la incidencia de esta rumorología. Pero la cuestión no ha sido dilucidar si el senador demócrata había tenido relaciones con el Islam o no, sino perjudicarle seriamente en su ascenso hacia la Casa Blanca influyendo en el ánimo de los votantes. Es decir, se piensa y se transmite que todo lo que tiene que ver con el Islam significa relacionarse con el «gran mal».

También es significativo que no se haya respondido a este racismo hace tiempo, incluido el propio Obama, con un «y si lo fuera, qué». Por el contrario, conscientes de lo perjudicial que podía ser para el candidato, sus asesores han trabajado con ahínco para demostrar su lejanía con el Islam, si bien una encuesta de Pew Research Institute señalaba el 21 de octubre que un 12% de los estadounidenses sigue pensando que es musulmán. Incluso uno de sus asesores, Mazen Ashahi, musulmán americano, tuvo que acabar dimitiendo ante la campaña que se orquestó contra él relacionándolo indirectamente con el terrorismo; lo que prueba el nivel de estigma que hoy en día puede significar para un porcentaje muy representativo de la sociedad estadounidense estar relacionado con el universo árabe y musulmán. Shafic Budron, miembro de la junta directiva del Comité Árabe-Americano contra la Discriminación hablaba en el Chicago Tribune sobre los sentimientos de «enajenación, perplejidad y marginación» que ha sentido el colectivo con esta expresión antimusulmana abierta y consentida.

Los responsables de dicho Comité consideran que ha habido una operación concertada para promover el miedo y la sospecha contra árabes y musulmanes, a la vez que se propagaban los rumores sobre la condición de musulmán de Barack Obama. La inmensa difusión del documental Obsession: Radical Islams War Against the West -que si bien se centra en el radicalismo islámico, entienden que proyecta la tesis de que todos los árabes y musulmanes pueden ser potenciales terroristas- es señalado como un puntal en dicha estrategia. Aunque la imagen negativa hacia árabes y musulmanes no comenzó con el 11-S, lo cierto es que se ha desarrollado de manera alarmante desde entonces. Tanto las leyes «preventivas» de la Patriot Act, en las que se han utilizado la raza, el aspecto étnico y la adscripción religiosa como elementos que pueden predecir quién podría estar implicado en un acto terrorista, como el tratamiento mediático dado a este tema, han ido incidiendo en la mentalidad del miedo y la sospecha hacia árabes y musulmanes, cuyo resultado es la extensión de la islamofobia inconsciente (no asumida como un hecho discriminatorio y racista). En noviembre de 2002, un informe de Human Rights Watch señalaba que las agresiones sufridas por la población musulmana en EE UU habían aumentado un 1700% desde el 11-S. Y las encuestas transmiten ese imaginario social creado: la mayoría norteamericana se ha expresado a favor de imponer una carta de identificación específica a los árabes y de tomar medidas policiales y de seguridad especiales para ellos.

Según otro sondeo, una mayoría de los consultados pensaba que «hay demasiados árabes en EE UU» y un 60% era partidario de tomar medidas restrictivas hacia ellos. Y todo este ambiente ha liberado voces extremistas como las de los líderes evangelistas Franklin Graham y Jerry Vines, que no han cesado de repetir que el Islam constituye una amenaza para América y Occidente, pidiendo que los musulmanes sean «incitados a dejar el país porque son una quinta columna».

La reacción de Colin Powell y el debate que ha suscitado han sido recibidos con agradecimiento y alivio por parte de los millones de árabes y musulmanes estadounidenses que se sienten como parias en su propia tierra, pero debería ser un punto de inflexión para actuar contra ese nuevo racismo que la campaña electoral estadounidense ha mostrado sin ambages. Y desde Europa no debemos verlo en la distancia como una peculiaridad estadounidense. Aquí ocurriría lo mismo o peor.

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