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Una historia… pretexto para recapacitar sobre la mujer

Buena parte de la opresión que sufrimos no es responsabilidad de las escrituras del Corán sino de sus interpretaciones

31/10/2008 - Autor: Lina Jardines del Cueto - Fuente: Kaosenlared
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Buena parte de la opresión que sufrimos no es responsabilidad de las escrituras del Corán sino de sus .
Buena parte de la opresión que sufrimos no es responsabilidad de las escrituras del Corán sino de sus .

Una historia que puede haberse repetido…

El chador que casi siempre utilizo tiene un simple bordado hecho con perfección. Al mirarlo, parece imposible que esa prenda sea símbolo de tanto dolor, pero ahí está, algo vieja por el paso del tiempo y ahora al cabo de tantos años pienso que es algo que me hace inferior, incapaz de mirar al mundo cara a cara cuando debería ser símbolo de respeto y obediencia a todo un modo de ser y pensar.

Soy una mujer iraní, de casi cincuenta años de edad y en este instante de mi vida, reflexiono sobre mi pasado y mi presente detrás del chador.

En mi niñez, desde el momento en que tengo algún tipo de recuerdo, se me enseñó que los órganos sexuales eran algo sumamente delicado que debería tratar con precaución y el himen la parte más importante y que más había que cuidar del cuerpo de una niña, además de que es más valioso que un ojo, un brazo o una pierna. Toda niña árabe debía y debe poseer esa fina membrana llamada himen, que además debe sangrar abundantemente en la noche de bodas y manchar las sábanas que el recién casado muestra con orgullo al resto de los familiares.

Yo no fui una analfabeta como muchas de las jóvenes de mi barrio en Teherán, al contrario, pude aprender a leer y escribir gracias a mi madre que me enseñó las principales letras del alfabeto y en el mes de Bahman, cuando se celebraba el día de mi cumpleaños, me compró un librito sobre el Islam y Mahoma con el cual pude practicar y empezar a avanzar con la lectura.

Durante la Segunda Guerra Mundial recuerdo algunos disturbios por fuerzas prosoviéticas. Uno de los amigos más cercanos a nuestra familia murió en aquel entonces.

Hosa Shaarawi en 1923 fundó la Federación de Mujeres y logró elevar la edad de contraer matrimonio a partir de los 16 años. En 1954 yo tenía ya 19 años y deje de llamarme Samira Nayef para convertirme en Samira Nasr aunque seguía siendo la misma de antes y continuaba predicando el Islam como una fiel chiíta que era desde que había nacido.

En 1960 ya tenía 25 años y dos niños. En aquel entonces estaba en el poder el Shah que había hecho nuevas leyes de familia que otorgaban más derechos a las mujeres (ahora solo recuerdo la custodia de los hijos). Los cambios que se daban por la abundancia del petróleo fueron disparejos. Ocurrió un gran auge del desempleo y los niveles de pobreza crecieron. Nosotros (mi esposo, dos hijos y yo que me encontraba embarazada por tercera vez) pasamos algunos momentos de crisis económica pero él logró mantener su puesto de trabajo y no fuimos de las peores familias. Cada vez más y más iraníes se fueron desencantando con Occidente, con las nuevas ideologías de aquel entonces y el estilo de vida promovido por el régimen de Pahlevi. Muchos comenzábamos a sentir que los lazos tan fuertes con Occidente habían debilitado a Irán.

Yo tenía suerte por haberme casado con alguien que me quería y al cual yo también aprendí a valorar; nunca se le ocurrió buscarse otra mujer (algo tan común y por lo cual le doy gracias a Alá). No se me prohibían las mismas cosas que a las demás mujeres de mi edad. Mi esposo permitía que yo asistiera a algunas conferencias en la escuela en la que él trabajaba. A veces muchos nos juzgaban por la forma en que nos comportábamos y ahora, al cabo de los años, creo que a él lo criticaban más por permitirme acompañarlo a algunas de sus actividades que a mí misma por asistir a ellas.

Fue en ese entonces que conocí a un joven intelectual llamado Ali Shariati que comenzó a dar conferencias sobre una visión alternativa de la modernidad, una que incorporaba al Islam. Habiendo estudiado en escuelas tradicionales islámicas y en la Sorbonne, en París, Shariati era capaz de incursionar en algunas de las luchas sociales iraníes dentro del marco del Islam, lo que fue atractivo para muchos.

Shariati entendía que la verdadera liberación de la mujer iraní estaba en los propios ejemplos islámicos.

Gradualmente, algunas iraníes que tuvieron acceso a estas ideas como yo comenzamos a rechazar la occidentalización y retomamos el uso del velo como forma de obtener mayor fuerza espiritual.

Hacia 1978, cuando la revolución contra Pahlevi estaba ya en marcha, las mujeres resultaron actores importantes, sumándose por ejemplo a las protestas callejeras.

Frecuentemente, optaban por usar el velo, un símbolo poderoso de su rechazo al estilo de vida occidental laico por el que los Pahlevi abogaban. Yo me mantuve alejada de esta situación, tenía un bebé pequeño al que atender, pero mis pensamientos estaban contra esa occidentalización que se había producido en nuestra tierra.

A medida que la revolución se hacía más exitosa, su argumento iba volviéndose cada vez más islámico. Finalmente, el ayatollah Jomeini se volvió el líder de la revolución y luego el líder de la República Islámica. Sus puntos de vista sobre las mujeres, que originalmente se oponían a las leyes de familia del Shah de la década de1960, ahora afectaban a millones de iraníes. Una de sus primeras proclamas como líder político fue llamar a las iraníes a retomar el uso el velo de forma obligada todo el tiempo. Muchas tomaron las calles como protesta y la posición del ayatollah se modificó, pidiéndoles a cambio que vistieran "modestas ropas islámicas" en público; el velo ya no sería entonces la única expresión del modesto atuendo islámico para la mujer. Algunas mujeres optaron entonces por usar un gran "manto" -pañuelo- y un "chador" larga túnica, con los que solo se verían su cara, sus manos y parte de sus pies.

La República Islámica se estableció en nuestra antigua tierra persa a fines de 1970 y ahora, en 1983 en medio de una guerra contra Iraq, las diferencias de sexo han pasado a un plano central. Muchos de los espacios públicos han sido segregados.

Las mujeres tienen que esquiar en colinas diferentes que los hombres, usar diferentes áreas en las playas y sentarse en determinados sitios de las salas de conferencias de las universidades, utilizar la parte posterior de los ómnibus para viajar, se nos prohibió ser jueces y ciertas carreras profesionales se cerraron para nosotras. Una mujer debe atenerse ahora al permiso de su padre (si es soltera) o de su marido (si casada) para salir del país.

Si el régimen de Pahlevi había pronunciado una visión de la mujer iraní como moderna y occidental, entonces la república islámica buscaba revertir ese proceso.

Cometimos el grave error de pensar que primero acabaríamos con el dictador que estaba occidentalizándolo todo y después ya lucharíamos por nuestros derechos.

Aunque yo no estuve directamente en contacto, apoyé una revolución que concluyó eliminando los propios derechos de nosotras.

Ahora, aún con ese chador que nos encarcela, yo tengo un lugar para la esperanza, para revertir esta situación y recuperar algo de nuestra dignidad perdida.

Cualquier mínimo gesto que pueda hacer yo, o cualquiera de nuestro género, lo interpretan como un deseo de rechazo hacia la República Islámica. No se nos puede escapar ni un mechón de cabello del pañuelo, esto es considerado una ofensa a todo el sistema instaurado. Buena parte de la opresión que sufrimos no es responsabilidad de las escrituras del Corán sino de sus interpretaciones.

Pero el pasado, pasado es. Ahora solo nos queda reflexionar y ayudar para que cada vez las mujeres conquisten un escalón más en la lucha por sus derechos.

En este artículo solo he creado una historia como pretexto para plantear algunas reflexiones y admitir que hoy quiero sumarme a la lucha, no solamente por los derechos de la mujer, sino también contra la violencia femenina. La violencia contra la mujer constituye una violación a los derechos humanos y a las libertades individuales. Es una ofensa a la dignidad humana y una manifestación de las relaciones de poder históricamente desiguales entre hombres y mujeres.

El próximo 25 de noviembre expresemos nuestro apoyo al día Internacional de la No violencia contra la Mujer pero no tomemos esta narración para fundar conflictos sino para intentar comprender cómo en el Medio Oriente, por su tradición histórica, lo social, político, cultural e ideológico de cada individuo se integran de tal manera con la religión, que uno se define dentro del otro. Es difícil, por no decir imposible, entonces hacer una distinción entre estas categorías.

 

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