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El Líbano de 1858 a 1860: conflicto clasista convertido en conflicto religioso

Las comunidades religiosas han sido manipuladas por las potencias europeas

22/10/2008 - Autor: Lic. Lina Jardines del Cueto - Fuente: Webislam
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Conflictos en el Líbano.
Conflictos en el Líbano.

Las sociedades del Medio Oriente se caracterizan por su heterogeneidad y diversidad social. No todos sus integrantes son árabes, ni todos son islámicos, y esas dos dimensiones, la etnolingüística y la religiosa, nos ofrecen un gran número de variedades y combinaciones al interior de los estados creados por Inglaterra y Francia, antes y después de la primera guerra mundial.

El Líbano actual fue una de esos estados pero si bien se reconocen muchos aspectos típicos del Medio Oriente, vale la pena destacar la existencia de un ambiente distinto, en la gente, en los negocios, hasta en la construcción. El Líbano es el país de esta área que agrupa a un mayor número de comunidades, sobre todo religiosas. Las seis más importantes son, por el lado cristiano: maronitas (19), griegos ortodoxos (10) y griegos católicos; y por el grupo islámico: sunnitas (21), chiítas o metawalis (34) y los heterodoxos drusos (8).

Entre esta gran diversidad de comunidades, que han sido manipuladas por las potencias europeas, se produjo en 1858-1860 un conflicto social que se transformó en un enfrentamiento de grupos confesionales (drusos y maronitas).

Entre las herencias dejadas por los cruzados se cuenta el fortalecimiento de las comunidades cristianas en la región, especialmente los maronitas, que servirían de pretexto para las injerencias europeas a partir del siglo XVII. Cuando el jedive de Egipto Mohamed Alí conquistó Siria en 1831, los pesados impuestos y el servicio militar causaron una rebelión popular en la que participaron cristianos y musulmanes. Las potencias europeas invocaron las medidas represivas contra los cristianos como pretexto para intervenir. Detuvieron así la ofensiva de Alí y delegaron a los franceses la "protección de los cristianos sirios". El proceso culminó con la retirada total de las fuerzas egipcias en 1840, la restauración del dominio otomano y la aceptación por los sultanes turcos de que se instalasen misiones y colegios cristianos subvencionados por los europeos.

En 1843 se instauró el gobierno de las caimacanias, distritos administrativos en que fue dividida la montaña libanesa hasta 1861, controlados por la nobleza drusa al sur (emires Aíslan) y por la nobleza maronita al norte (emires Abu Lama) del camino Beirut- Damasco, ambos bajo la autoridad de un pashá turco. La violencia de estos años terminó con la cooperación druso-maronita sobre la que reposaba la autonomía del Líbano. Los otomanos tenían ahora un papel más directo, pero sus reformas administrativas fueron impracticables.

En 1858 las tensiones políticas, religiosas, sociales y económicas entre drusos y maronitas, musulmanes y cristianos, señores y campesinos se agudizaron grandemente. Los cristianos maronitas, organizados en comunidades que se habían ido concentrando en la región montañosa entre Damasco y Jerusalén, rompieron con su clase dominante, eliminando el sistema feudal de tenencia de la tierra. Sus vecinos musulmanes, en particular los drusos, decidieron reprimir el movimiento antes de que se extendiese. Crearon un conflicto que culminó con las llamadas "masacres" de junio de 1860. Este conflicto ocasionó hambre y devastación, de ahí que creciera el flujo de inmigrantes libaneses hacia América.

Esta jacquerie libanesa fue una evidente confrontación de clases, un caso-estudio de las luchas entre los campesino y feudales en la montaña. La desigualdad social, así como los abusos en impuestos y prestaciones, tensaron las relaciones interclasistas hasta crear una situación revolucionaria, favorecida por una serie de factores. Las contradicciones entre el caimacán cristiano, Beshir Ahmed Abu Lama y los jeques maronitas que, como los Kasim, se negaban a subordinársele; las aspiraciones políticas del patriarcado maronita, la actividad de los agentes franceses y británicos, además de la divisionista política otomana, contribuyeron a activar a las masas campesinas, que fueron radicalizando sus demandas, pasando de la acción contra los abusos de poder, a la petición de la supresión de los privilegios feudales, hasta consumar, revolucionariamente, la apropiación y el reparto de las tierras.

A pesar de que la aristocracia feudal maronita había obstruido el crecimiento del poder de la iglesia, como propietaria de tierras, esta compartía con los feudales un interés básico en contener la radicalización del proceso. El clero veía en la dirección rebelde un rival potencial para la gestión de los asuntos maronitas, y un choque podría enfriar su radicalismo, embotándolo con el fanatismo religioso. La confrontación con los todavía orgullosos señores drusos podría, al debilitar a los dos contendientes, acrecentar el peso futuro de la iglesia en la caso de una victoria ¨cristiana¨ o motivar la entrada de los protectores franceses si las cosas iban mal.

La feudalidad drusa tuvo que hacer frente a una rebelión de sus campesinos cristianos, pero los jefes drusos transformaron el movimiento en conflicto religioso. Ellos estaban apoyados por sirios, ingleses y turcos. El fanatismo religioso había logrado desatar una guerra en un área en la cual no siempre hubo armonía, aunque la coexistencia había sido la norma durante siglos.

Las insurrecciones campesinas desempeñaron un papel en la liquidación del dominio político de los feudales en el Líbano pero el feudalismo y la propiedad feudal no fueron destruidos.

La prensa europea hizo una amplia divulgación de estos acontecimientos. El gesto rebelde de los libaneses se había convertido en sinónimo de libertad en todas partes.

La situación creada, brindaba a Francia la esperada oportunidad de intervenir en Siria, pero ante la oposición anglo-turca a que fuera reorganizada la administración de toda Siria, Francia debió reducir sus aspiraciones aunque se aprobó su proyecto de restablecimiento del antiguo Líbano bajo gobierno indígena.

Napoleón III solo logró la creación de la provincia autónoma limitada a la montaña, con capital en Deir al Kamar. En este pequeño Líbano, la minoría maronita pasaba a convertirse en mayoría y el gobernador debía ser un cristiano al servicio del sultán designado, con la aprobación de Francia, Inglaterra, Rusia, Prusia, Austria-Hungría e Italia. El confesionalismo político quedaba consagrado con la formación de un majlis o consejo.

Un conflicto social fue transformado así en enfrentamiento de grupos confesionales, colocando a los cristianos del "Pequeño Líbano" en condiciones de total preeminencia con relación a la población musulmana local.

El conflicto es una forma peculiar de interacción humana entre individuos, grupos o colectividades, marcadas por el desacuerdo, la oposición y la confrontación acerca de valores básicos o acerca de la distribución de recursos escasos como el poder, la riqueza y el reconocimiento social. Es inherente al concepto de conflicto algún grado de comunidad, organización o integración. Si las partes en cuestión no estuviesen en el mismo lugar al mismo tiempo, o realizando coetáneamente dos funciones incompatibles, o cooperando para infligirse un daño recíproco, no habría conflicto.

Siempre que dos o más individuos o grupos entran en contacto, pueden escoger entre constituir una relación primordialmente conflictiva o fundamentalmente integradora (es decir, de cooperación, apoyo o acuerdo). Aunque la relación inicial sea fundamentalmente conflictiva, siempre existe en definitiva un mínimo de entendimiento y reciprocidad: reglas de lucha, o quizás simplemente el acuerdo de hallarse en desacuerdo. A la inversa, aunque la relación inicial sea fundamentalmente integradora, también el conflicto llegará a presentarse alguna vez, aunque solo sea por las exigencias de la propia asociación, en cuanto concurren con las preferencias de los individuos o de los grupos integrantes.

Lo peculiar del conflicto es el choque de voluntades, por la posesión exclusiva de un bien – conflictos pasionales por un mismo objeto de amor, conflictos por la soberanía sobre un terreno controvertido - o por el empeño en lograr objetivos incompatibles.

En muchos sistemas ético políticos el conflicto es percibido como una enfermedad que amenaza la armonía del cuerpo social. De aquí la tendencia a neutralizarlo por medio de la conciliación.

Existen diferentes tipos de conflictos partiendo del escenario y momento histórico en que se manifiestan. Por ejemplo podemos citar: los conflictos políticos, económicos, étnicos, ideológicos, etc.

Pero también podemos definir los conflictos como reales (se manifiesta como un medio para lograr un resultado concreto) e irreales (el conflicto en este caso no está orientado hacia el logro de un resultado específico, ya que surge sin depender de un asunto concreto en disputa).

Otra clasificación de los conflictos los define como endógenos (generados en el interior de un escenario) y exógenos (desde afuera se llevan a un escenario determinado).

¿Cómo vincular este debate teórico sobre lo que es un conflicto, social o religioso, con el Líbano?

El Líbano con su proceso de confrontación de clases, de feudales y campesinos, que luego se convirtió en una confrontación religiosa entre drusos y maronitas, nos demuestra un ejemplo clarísimo de conflictos. Todo empezó por una situación de inconformidad económica debido a la crisis por la mala cosecha y el fin de la Guerra de Crimea que interrumpieron un ciclo de prosperidad y generalizaron el descontento. Más tarde el proceso sería manipulado y se encaminaría a un abierto enfrentamiento entre grupos confesionales.

El conflicto social es la relación entre dos o más agentes que tienen metas incompatibles; el término agente está vinculado a cualquier tipo de unidad social o sujeto histórico (individuos, grupos, clases sociales, sectores poblacionales, países, etc.). La culminación o final de un conflicto se determinará por la aniquilación de una de las partes, que por que las partes involucradas en él lleguen a un equilibrio precario en que ninguna de ellas, de acuerdo con los medios utilizados, alcance el objetivo propuesto.

Otro conflicto que se evidencia claramente en el Líbano es el conflicto religioso, el cual va aumentando en las relaciones políticas a nivel mundial.

Los conflictos religiosos han existido mundialmente a lo largo de casi toda la historia. No es ninguna exageración afirmar que conflictos religiosos permean en áreas tan diversas como las relaciones exteriores, las leyes internacionales, la enseñanza, la investigación científica y tecnológica y sus aplicaciones, la cobertura de noticias por los medios de comunicación y la ideología política.

Varios autores subrayan en cambio la función positiva del conflicto como herramienta indispensable para que un grupo tome conciencia de su identidad y afiance su cohesión interna, y más en general como un factor que despierta energías y alimenta el cambio, frente al peligro de estancamiento del sistema social. Esta postura, que valora el conflicto como un elemento constitutivo de toda relación social, parecería haber ganado terreno en estos últimos años.

De acuerdo con este enfoque, que valora la tensión de fuerzas por encima de un modelo armónico de sociedad, lo que debería preocuparnos no es el enfrentamiento, sino su degeneración en una violencia arrasadora, que pone en juego las normas mínimas de convivencia que sirven de substrato para que el conflicto ideológico, político o social tenga consecuencias emancipadoras.

Conclusiones

El Líbano, conformado por un gran número de comunidades confesionales, en 1860 terminó convirtiéndose en provincia autónoma (el área de la montaña) bajo control francés. Dado por factores tanto internos como externos, el caso del Líbano evidencia como un enfrentamiento de clases se convirtió en un conflicto religioso.

El conflicto entendido como enfrentamiento, por estar en desacuerdo en diferentes aspectos, es también una forma peculiar de interacción humana y los conflictos tanto sociales como religiosos que se presentan actualmente en la sociedad libanesa son resultado del proceso histórico de ese país.

Bibliografía

Cabrera Rodríguez, Carlos. Sociología Política. Selección de Lecturas. Editorial Félix Varela. La Habana, 2004. Tomo II
Colectivo de Autores. Teoría Sociopolítica: Selección de Temas. Editorial Félix Varela. La Habana, 2005. Tomo I.
Enciclopedia Internacional de Ciencias Sociales. Edición Española. Tomo III.
Sánchez Porro, Reinaldo. Aproximaciones a la historia del Medio Oriente. Editorial Félix Varela. Ciudad de La Habana, 2004.
Sánchez Porro, Reinaldo. El Líbano: crisis y comunidades confesionales (1840-1943). Editorial Félix Varela. Ciudad de La Habana, 2001.
 

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