webislam

Lunes 25 Marzo 2019 | Al-Iznain 18 Rajab 1440
930 usuarios en linea | Español · English · عربي

WebIslam.com

» Artículos

?idt=11160

Marxismo y religión, mucho más que opio

A lo largo de la historia, qué posición adoptar hacia los movimientos religiosos ha sido una cuestión constante para la izquierda

11/10/2008 - Autor: Regina Martínez - Fuente: kaosenlared.net
  • 0me gusta o estoy de acuerdo
  • Compartir en meneame
  • Compartir en facebook
  • Descargar PDF
  • Imprimir
  • Envia a un amigo
  • Estadisticas de la publicación

Manifestantes contra la ocupación de Irak.
Manifestantes contra la ocupación de Irak.

“Terroristas, irracionales, machistas, invasores”: bien sabemos que, aunque encajarían a la perfección, no se refieren al gabinete neoconservador de Bush.

Asiduamente aparecen con estridencia ataques varios sobre la comunidad musulmana. Es la islamofobia, el racismo del siglo XXI que se extiende por la prensa, el ámbito laboral, los gobiernos y los delirios pseudo-académicos de comentaristas de medio mundo. Cuando se habla del Islam, se hace casi siempre en artículos relacionados con fanatismo, delincuencia o la polémica del velo.
El por qué de todo esto no es ningún misterio. El hecho de que la mayor reserva petrolera y de gas natural de la tierra esté habitada por personas musulmanas tiene mucho que ver. Además, desde la Revolución Iraní de 1979, gran parte de la resistencia al imperialismo de estas regiones ha encontrado su expresión en el islamismo.

La islamofobia ha sido desarrollada como la principal justificación ideológica para el imperialismo y la guerra. Esto ha incrementado enormemente la importancia de una orientación política y una comprensión teórica correcta de la religión, y no sólo para combatir el racismo y el imperialismo de los que están en el poder, sino para evitar caer en las mismas posiciones desde la izquierda. En ocasiones, un análisis rígido, mecánico o parcial de la religión ha provocado que individuos u organizaciones de izquierdas acaben apoyando al imperialismo o a las políticas racistas. Uno de los ejemplos fue, ante la polémica del velo en Francia, el presentado por Lutte Ouvrière, cuya hostilidad hacia el velo o hijab les convirtió temporalmente en aliados del estado imperialista francés oprimiendo a las niñas y mujeres musulmanas.

Se nos plantean dos necesidades ante este riesgo. En primer lugar, esclarecer la posición marxista ante la religión, y ante el idealismo en general. En segundo lugar, ir más allá de las típicas sentencias que, a modo de disección, se extraen de los clásicos marxistas simplificando la posición de fondo. En la lucha para cambiar el mundo es crucial evitar caer en análisis que fomenten el sectarismo y no contribuyan a construir la unidad en la resistencia.

El origen de todo esto

“-Pero papá —le dijo Joseph, llorando—. Si dios no existe ¿quién hizo el mundo?

-Tonto —dijo el obrero cabizbajo, casi en secreto— Tonto. Al mundo lo hicimos nosotros, los albañiles.” Eduardo Galeano, de El libro de los abrazos (1989).

La filosofía marxista, siendo materialista, es intrínsecamente opuesta a la posición idealista que, entre otros cuerpos teóricos, defiende la religión. Según Frederick Engels en Ludwig Feuerbach y el fin de la filosofía clásica alemana:

“El problema de saber qué es lo primero, si el espíritu o la naturaleza, este problema revestía, frente a la Iglesia, la forma agudizada siguiente: ¿el mundo fue creado por Dios, o existe desde toda una eternidad?

Los filósofos se dividían en dos grandes campos, según la contestación que diesen a esta pregunta. Los que afirmaban el carácter primario del espíritu frente a la naturaleza, y por tanto admitían, en última instancia, una creación del mundo bajo una u otra forma … formaban el campo del idealismo. Los otros, los que apuntaban a la naturaleza como lo primario, figuran en las diversas escuelas del materialismo.”

Tal y como John Molyneux enumera en su artículo Marxism and religion, el materialismo marxista se apoya en cuatro premisas. Sostiene que (1) el mundo existe independientemente de los humanos (o cualquier otra conciencia) y que además (2) es posible el conocimiento del mismo. Estos planteamientos, confirmados en la práctica millones de veces al día, han alcanzado un consenso científico general e incluso el estatus de “sentido común”.

Además, el materialismo marxista plantea que (3) los seres humanos somos una parte de la naturaleza, si bien una parte diferenciada. Lejos de entrar en la vigencia de teorías como el creacionismo —difundida, por ejemplo, por el Partido Republicano en EEUU (hoy con Sarah Palin como principal instigadora) —, esta conclusión es propia de la ciencia moderna, defendida por Darwin para el desarrollo de la naturaleza y acuñada por Marx al descubrir la ley del desarrollo de la historia humana. “Los seres humanos empiezan a distinguirse de los animales tan pronto como empiezan a producir sus medios de subsistencia, un paso que está condicionado por su organización física”, “y su consiguiente relación con la naturaleza”.

El materialismo marxista afirma que (4) el mundo material no se deriva, en primer lugar, del pensamiento humano; sino que es el pensamiento humano el que se deriva del mundo material. Esta premisa es la menos ampliamente compartida y la más claramente marxista. De hecho, hay mucha gente que comparte el punto de vista materialista en la relación de los seres humanos y la naturaleza, pero toma una posición idealista cuando se trata de la relación entre las condiciones materiales y las ideas, y consecuentemente en el papel que la ideología juega en la historia, la sociedad y la política.

El marxismo rechaza la idea de que el pensamiento puede ser aislado de la práctica social. Del mismo modo rechaza que la historia es esencialmente la historia de las ideas, de cambiantes concepciones del mundo —idea compartida por Hegel y sus seguidores, por la Ilustración y los socialistas utópicos. De hecho, esta visión está altamente extendida y es la “versión oficial de la historia”: cuando en el colegio nos explican cómo se pasa de una época a otra, nos indican cuáles son los nuevos valores e ideas de cada etapa y quizá qué estructuras de poder se dan, pero nunca qué relaciones materiales y cómo la lucha entre las diferentes clases está directamente relacionada con dichas ideas.

Para Marx el pensamiento sólo puede ser entendido como parte de la vida social, no como algo existente al margen de esa vida. El pensamiento humano consiste en “los reflejos y ecos ideológicos de este proceso de vida”. Esto conlleva que el motor del cambio no reside en que los seres humanos adopten nuevas formas de ver el mundo, más bien estas nuevas formas son producto de los cambios en las condiciones materiales y sociales: “al desarrollar su producción material y su intercambio material, los hombres alteran, junto a éste su mundo real, también su pensamiento y los productos de su pensamiento.”

La siguiente frase de Marx es altamente significativa: “No es la conciencia de los hombres la que determina su ser, sino al contrario: es su ser social el que determina su conciencia”. Ésta es quizá la declaración que mejor resume la relación entre las condiciones materiales, las relaciones sociales y las ideas.

Sobre la dimensión utópica de las ideas religiosas Gramsci diría: “La religión es la utopía más gigante, la más metafísica que la histo ria haya jamás conocido, desde que es el intento más grandioso por reconciliar, en forma mitológica, las reales contradicciones de la vida histórica. Afirma, de hecho, que el género humano tiene la misma “naturaleza” que el hombre … como creado por Dios, hijo de Dios, es por lo tanto hermano de otros hombres, igual a otros y libre entre y como los demás hombres ...; pero también afirma que todo esto no pertenece a este mundo sino a otro (la utopía)”.

Los marxistas, al analizar el mundo a partir del materialismo histórico, según el cual ni los seres humanos ni la naturaleza han sido creados a partir de ninguna idea —tampoco la idea de Dios—, somos claramente ateos. Pero es importante resaltar que la crítica a la religión se enmarca conceptualmente dentro de la crítica al idealismo en general, y por tanto a todas aquellas concepciones que basan sus explicaciones sobre el mundo, la historia o el ser humano sin apoyarse en las condiciones históricas y materiales y las relaciones sociales que se derivan, sea Dios mediante o no.

Existen ejemplos actuales de cómo posiciones basadas en el idealismo que no son religiosas tratan de explicar el mundo e incluso cambiarlo. Una de ellas, y quizá la que más se ajusta al panorama islamofóbico e imperialista que vivimos, es la teoría del Choque de Civilizaciones. Acuñada por Huntington (y como respuesta al “fin de la historia” de Fukuyama), trata de explicar una nueva etapa en la cual los conflictos mundiales vienen motivados por las  colisiones culturales entre diferentes civilizaciones, haciendo énfasis en los aspectos religiosos. Esperadamente, Huntington clasifica a la civilización islámica como rival de la occidental. Esta visión ignora los intereses geoestratégicos —que manchan de sangre Palestina, Irak, Líbano y Afganistán— que mueven al imperialismo y el papel que juega el islamismo (y la religión en general) en la resistencia. La otra cara de la moneda de esta teoría idealista y apoyada por la socialdemocracia es la que defiende Zapatero con su Alianza de Civilizaciones, según la cual un diálogo entre culturas solucionará los conflictos. Caricaturizando la escena, desde el marxismo, sólo cambiando las condiciones materiales, es decir, retirando las tropas de Afganistán, podríamos hablar de soluciones. Evidentemente, el militarismo y la doble moral de Zapatero es lo que le hacen mantener esta posición idealista, y no la falta de un par de libros de Marx en su biblioteca.

Más que opio

Más allá de realizar únicamente una crítica a la religión, el marxismo no se conforma con refutar las bases filosóficas de la misma. Es necesario analizar qué papel juega la religión en cada momento histórico concreto, según los intereses de clase que entren en juego y el rol que tenga en una sociedad determinada. Es el momento de analizar la religión desde el materialismo histórico.

No es suficiente ver la religión como un engaño o una locura que se ha apoderado de las mentes de la humanidad durante siglos. De hecho ésta es la postura que toman algunos creyentes de religiones dominantes (de países imperialistas) cuando se refieren despectivamente a creencias minoritarias u oprimidas (especialmente las de los aborígenes), sugiriendo que son burdas supersticiones que ignoran la ciencia moderna. Como si la resurrección de los muertos o la concepción virginal fuesen lo último en conocimiento científico. El marxismo va mucho más allá para construir una comprensión de las necesidades humanas y las condiciones históricas que se corresponden con esas doctrinas. Sin embargo, hay que reconocer que hay múltiples ejemplos de cómo, desde posiciones marxistas, se reduce la teoría de Marx a unas cuantas frases. Dejemos fuera de la sala los bisturís y cojamos el microscopio.

“La religión es el opio del pueblo” es la frase más conocida del marxismo sobre la religión, considerada la piedra angular de su concepción. Esta metáfora, con gran fuerza y protagonismo sin igual, representa cómo las creencias religiosas alivian al ser humano en un mundo alienante, lleno de injusticias y sobre el que no tenemos control. Es una explicación invertida de un mundo invertido. Sin embargo, Marx no fue el primero que utilizó los estupefacientes para hablar de los efectos paliativos y anestésicos de la religión (Kant, Feuerbach, o Heine lo hicieron antes). Lo que es más interesante y complejo de la aportación de Marx viene justo antes de esta frase, y es lo que muestra el carácter dual del fenómeno religioso.

“La angustia religiosa es al mismo tiempo la expresión del dolor real y la protesta contra él. La religión es el suspiro de la criatura oprimida, el corazón de un mundo sin corazón, tal como lo es el espíritu de una situación sin espíritu. Es el opio del pueblo”.

“(…) la expresión del dolor real y la protesta contra él”: esta frase nos ayuda a entender el rol político de la religión. Marx destaca el papel crítico que puede tener la religión. Desmiente por tanto cualquier análisis que se limite a diagnosticar únicamente los efectos soporíferos de la religión.

De hecho, cuando Marx escribió este pasaje, su análisis era pre-marxista —era aún neo-hegeliano, discípulo de Feuerbach. Su análisis tiene una cualidad dialéctica, pues contiene dos elementos contradictorios: la angustia religiosa es a su vez “la legitimación de las condiciones existentes y una protesta contra éstas” (Michael Löwy en La Teoría Marxista Hoy). En este análisis Marx no hace referencia, todavía, a las condiciones históricas ni a los intereses de clase que subyacen en cada momento concreto.

Las consideraciones históricas como una pieza más de esta herramienta, que será el materialismo histórico, serán planteadas a partir de la obra La ideología alemana junto a Engels. Esta herramienta permitirá tener un conocimiento —dialéctico en cuanto que analiza la contradicción e histórico en cuanto que es producto de unas relaciones sociales determinadas— de las creencias religiosas.

Es así como llegamos al punto en que la religión puede ser bien una expresión pasiva y afligida o bien una expresión de protesta y resistencia ante un mundo alienado, al tiempo en que en cada circunstancia histórica, y por tanto condicionada por las relaciones sociales de cada época, tomará distintas formas y roles dentro de la sociedad, sirviendo a unos u otros intereses de clase.

Elasticidad y adaptación

Son múltiples los análisis que desde el marxismo revolucionario se han realizado sobre la religión en circunstancias concretas. Frederick Engels se centró en el cristianismo primitivo, definiéndolo como la religión de los perseguidos contra la esclavitud y la eliminación de la miseria. Incluso, citando al historiador francés Renán —y seguramente exagerando para ilustrar con más fuerza—, dijo “si se quiere tener una idea de cómo fueron las primeras comunidades cristianas, mire la rama local de la Asociación Internacional de los Trabajadores”.

Rosa Luxemburgo, en su ensayo Iglesia y socialismo indicaría que “La idea de la propiedad común, del comunismo, tan escandalosa y repugnante para el clero actual, era (…) querida entre los primeros cristianos.”

Antonio Gramsci diría que “toda religión ... es realmente una multiplicidad de distintas y a veces contradictorias religiones: hay un catolicismo para los campesinos, uno para la pequeña burguesía y trabajadores urbanos, uno para la mujer, y un catolicismo para intelectuales”. Además, bajo ciertas condiciones históricas dijo que la religión cristiana es “una for ma necesaria de deseo de las masas populares, una forma específica de racionalidad en el mundo y la vida”.

Todos estos análisis aportados por los clásicos marxistas sobre determinadas creencias religiosas, más allá del contenido específico, aportan una herramienta de análisis que nos permite comprender la multiplicidad de formas que puede adoptar una misma doctrina. Y a partir de aquí vemos cómo sirve a unos intereses o a otros por todas partes. Desde la católica Inquisición y el Opus Dei hasta la Teología de la Liberación o la resistencia al franquismo de los curas clandestinos. Religión de esclavos, del Imperio Romano, de la jerarquía feudal o de la sociedad burguesa. Pero también, y yendo más cerca, religión de la acosada iglesia “roja” de Entrevías en Vallecas, que actúa para ayudar a los excluidos y cuenta entre sus bancos con cristianos, musulmanes e incluso ateos. De hecho, además de los movimientos sociales que se han expresado de forma religiosa y que están claramente a la izquierda del sistema, hay muchos ejemplos de líderes políticos que se han expresado a través de sus creencias. El revolucionario Malcom X en la Nación del Islam o, por ejemplo, también en cierto sentido, Hugo Chávez con su catolicismo manifiesto.

La ambigüedad de la religión permite esta elasticidad y, por tanto, encontramos múltiples movimientos revolucionarios y de resistencia de expresión religiosa al mismo tiempo que las doctrinas más reaccionarias, retrógradas y regresivas que ha padecido la humanidad (especialmente las mujeres). Las religiones que han sobrevivido durante siglos en diferentes lugares y en distintos órdenes sociales lo han conseguido porque tienen una gran capacidad de interpretación y adaptación.

Sobre el terreno

Contrariamente a la opinión general, y a pesar de la nefasta experiencia que mostró el estalinismo en el mal llamado “socialismo real”, los socialistas revolucionarios deberían estar absolutamente en contra de prohibir la religión. Y ésta no es una nueva posición, fue declarada por Engels en 1874 en respuesta a los seguidores del socialista francés Louis Blanqui que “abolieron la religión por decreto”. De hecho, tanto en el capitalismo como en el socialismo, el marxismo revolucionario defiende que el estado se mantenga separado de la religión y que las comunidades religiosas no deben tener relación con la autoridad gubernamental, al tiempo que se defiende la libertad religiosa de los individuos. Todo el mundo debe ser absolutamente libre de profesar la religión (o la no religiosidad) que le plazca. La discriminación entre ciudadanos por sus convicciones religiosas es totalmente intolerable.

Hasta que no queden superadas las condiciones materiales que permiten que exista la religión, no desaparecerán las ideas religiosas. Prohibir pensar, creer o tener fe no sólo es totalmente opresivo sino que además es bastante improductivo. La tarea de los socialistas revolucionarios reside en luchar por el cambio social, por la transformación de estas condiciones materiales, y no en negar las necesidades que crea un mundo de competividad, miseria y desesperación. Negar que la gente tenga necesidades espirituales en un mundo que nos arranca el control sobre nuestra propia vida es taparse los ojos ante la realidad mecánicamente, no aportar soluciones a la necesidad sino tacharla de irracional. Ante un movimiento de resistencia al sistema con tintes religiosos, la cuestión no son las ideas religiosas de sus activistas, sino el papel político que juegan en la lucha contra el capitalismo y el imperialismo.

Cualquier socialista revolucionario que mire hacia el siglo XVII se identificará con los rebeldes protestantes y católicos contra los monarcas; cualquier socialista revolucionario que mire a Belfast en los 70 se identificará con los católicos y no con los protestantes unionistas. Y podemos ir al Tíbet, a Polonia con Solidarnosc o más cerca, entendiendo qué papel político juega hoy la religión contra el imperialismo. Hoy en día, la resistencia colectiva, social y en ocasiones armada al imperialismo en Oriente Medio tiene su expresión en el Islam. Obviamente, la posición de los que luchamos contra el capitalismo, y por tanto contra el imperialismo, no es la misma ante los iraquíes que resisten a la invasión o ante la clase dirigente de Arabia Saudí por el hecho de ser musulmanes. Incluso Bush distingue cuándo y a quién da la mano en Oriente Medio más allá de su discurso islamófobo.

El Islam hoy sufre una persecución constante. Desde la izquierda, se resalta la opresión a la mujer para no apoyar a estos movimientos antiimperialistas. La cuestión de la mujer ha sido una de las más utilizadas para iniciar las invasiones en Oriente Medio, al igual que el paternalismo del estado francés puso el velo en el punto de mira. El discurso de la clase dominante en Occidente ha sido totalmente hipócrita. Mientras, en Occidente, no se hacen más que políticas de maquillaje que no rompen con la precariedad económica y el sexismo que nos acosa a millones de mujeres cada día. Desde la izquierda incluso se han ignorado las posturas de las mujeres musulmanas que, también de forma organizada desde el feminismo islámico, han bebido amargamente tanto el paternalismo de unos como de otros.

Defendiendo la igualdad de la mujer y denunciando abiertamente las situaciones que la oprimen, hemos de tener claro que si nos ponemos del lado del imperialismo estaremos cayendo en una visión simplificada de su cultura y acabaremos haciendo el juego al sistema.

Se trata de trabajar por la unidad en la acción. Se trata de ir más allá del infantilismo y no taparnos los ojos con la venda del ateísmo sectario. Se trata de priorizar la lucha de clases ante las divisiones entre los que resistimos. Con nuestras ideas sobre la mesa, estar unidos sobre el terreno. Como diría Lenin en su artículo de 1905 Socialismo y religión, “la unidad en la real lucha revolucionaria de las clases oprimidas por un paraíso en la tierra es más importante que la unidad en la opinión proletaria sobre el paraíso en el cielo.” Hágase en la calle como en la izquierda.

Anuncios
Relacionados

Estados Unidos: Religión y Política

Artículos - 19/08/2003

Hipótesis, exégesis y certezas

Artículos - 25/03/2004

El terror por el terror mismo

Artículos - 08/07/2005



Escribir comentario

Debes iniciar sesión para escribir comentarios.

Si no estás registrado puedes registrarte en un minuto.

  • Esta es la opinión de los internautas, no de Webislam
  • No están permitidos comentarios discriminatorios, injuriantes o contrarios a la ley
  • Céntrate en el tema, escribe correctamente y no escribas todo en mayúsculas
  • Eliminaremos los comentarios fuera de tema, inapropiados o ilegibles

play
play
play
play
Colabora


 

Junta Islámica - Avda. Trassierra, 52 - 14011 - Córdoba - España - Teléfono: (+34) 957 634 071

 

Junta Islámica
https://www.webislam.co/articulos/34586-marxismo_y_religion_mucho_mas_que_opio.html