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La enseñanza espiritual de Dhû-l-Nûn el Egipcio (18)

Los calificativos son imperfectos cuando se trata de hacer el elogio, escapan a los reproches, y las bendiciones descienden sobre ellos

11/10/2008 - Autor: Muhyi-d-din Ibn Arabî - Fuente: La maravillosa vida de Dhu-l-Nun, el Egipcio
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La élite espiritual (al-safwa) y los mejores de los hombres (al-ab-yar)

Abû ‘Uzmân Sa’îd ibn ‘Uzmân al-Hannat ha re­ferido esto: Dhû-l-Nûn había dicho:

«Entre sus criaturas Al-lâh posee una élite espiritual» y «Entre sus criaturas, Al-lâh posee los mejores de los hombres» y se le preguntó: «¡Oh Abû-l-Fayd! ¿En qué se les re­conoce?» He aquí su respuesta: «Es cuando el servi­dor ha prescindido del reposo y gasta todos sus esfuerzos en obedecer, y cuando desea el rebajamiento de su posición». Después agregó (verso):

«Por sus promesas y por sus amenazas, el Corán ha impedido a los ojos (literalmente: "la pupila de los ojos») dormir durante la noche. Ellos han comprendido las palabras del Noble soberano, y es entonces cuando su nuca se ha incli­nado ante El, dócil y sumisa».

Nota de Ibn Arabî. En la descripción que sigue y que Dhû-l-Nûn ha hecho de la elite espiritual y de los mejores de los hombres, se encuentran las palabras del texto citado precedentemente y varias de las ex­presiones que utiliza, sin duda, pero Al-lâh lo sabe mejor, en razón de la diferencia de los auditorios.

Alguien que estaba presente en la asistencia in­sistió: «Pero, ¡que Al-lâh te tenga misericordia, Abû-l-­Fayd! ¿Quienes son pues?» Dhû-l-Nûn le dijo entonces (secuencia de prosa rimada):

«¡Escucha esto! son los hombres que han hecho de sus rodillas un apoyo para su frente, y del suelo un lecho para sus flancos.

Son los hombres para quienes el Corán esta mezclado a la carne y a la san­gre. Ellos ha separado de las esposas, y los ha em­pujado de día y de noche.

Ellos lo han puesto en su corazón y se han consolado, lo han apretado sobre sus pechos y ha descansado, le han sometido su voluntad y ella se ha reforzado.

Han hecho de el una antorcha en sus tinieblas, un lecho en su sueño, la vía toda trazada en su marcha, y el triunfo decisivo para sus argumentos.

Las gentes son alegres, pero ellos son tristes, las gentes duermen, pero ellos velan, las gentes comen, pero ellos ayunan, las gentes se sienten seguras, pero ellos tienen miedo.

Ellos están aco­bardados, son prudentes, temerosos, manteniendo sus guardias, y acuciando el paso. Ellos se apresuran antes que sea demasiado tarde, y se preparan para la muerte.

Nada de lo que es grave es para ellos a subestimar, en razón de la magnitud del castigo que temen o de la importancia de la recompensa prome­tida.

Ellos han seguido las prescripciones, han ve­nido con la ofrenda más pura, guiados par la luz del Misericordioso.

El Corán pronto cumplirá la pro­mesa que les ha hecho, de tener para con ellos sus compromisos, de otorgarles sus felicidades, preservándolos de sus amenazas. Obtendrán así el objeto de sus deseos, unidos a las vírgenes celestiales de formas perfectas, salvados de todos los peligros y protegidos por el de todas las salidas funestas.

Y es así porque han dejado los encantos de este bajo mundo considerándolos con aversión, y han mirado la recompensa del otro mundo con satisfacci6n.

Han trocado lo que es perecedero par lo que es duradero, ¡y que excelente operación! Son beneficiarios en dos mun­dos, habiendo adicionado sus dos bienes y totali­zado sus dos beneficios.

Habrán así llegado a la mejor de las moradas con una paciencia que no habrán tenido que soportar más que pocos días.

El tiempo de la vida que habrán tenido que atravesar habrá contado poco para ellos, porque se pusieron en guardia para el «Día terrible» (del Juicio: yawm qamtarîr; Corán LXXVI, 10.)

Han luchado deprisa en el plazo que les estaba concedido y se han apresu­rada, por temor a los acontecimientos del final de los tiempos.

Jamás en la vida se han entregado ni a las diversiones ni a los placeres, sino al contrario, han afrontado las peores situaciones con vista a las reali­dades perdurables y buenas.

Las fatigas, ¡por Al-lâh! han usado sus fuerzas, las mortificaciones han alte­rado sus rasgos, porque tenían presente en el espíritu un infierno en llamas.

Rivalizando en su empeño por las obras pías, sustraídos a los placeres, están exentos de todo propósito sospechoso o vergonzoso, siendo a la vez mudos y dotados de la palabra, ciegos y dotados de la vista.

Los calificativos son imperfectos cuando se trata de hacer el elogio, escapan a los reproches, y las bendiciones descienden sobre ellos.

El lenguaje y la sensibilidad hacen de ellos los más agradables de los hombres, y son los más fieles de todos en sus com­promisos y en sus alianzas.

Son las antorchas de los servidores de Al-lâh, los faros del mundo, las lámparas que iluminan las tinieblas, las minas inagotables de la misericordia, las fuentes de la sabiduría, y el cimiento de la comunidad.

«Sus flancos son aparta­dos (en el reposo) de su lecho» (Corán XXXII, 16). Son, de todos los hombres, los mas dispuestos a acoger las excusas, los más prestos a perdonar, y los mas benévolos cuando se trata de dar.

Han considerado la recompensa de Al-lâh, su alma ha suspirado después, sus ojos han tenido la mirada fija en ella, y sus obras se han conformado con ella.

Han llevado al recaudo de este bajo mundo las monturas de sus viajes y han roto los lazos de sus esperanzas en el. El temor a su Señor no les ha dejado de sus bienes ni patrimonio ni fortuna que adquirir.

¿No hubieran deseado poseer tesoros, tejidos sedosos, monturas de raza, palacios imponentes? ¡Si!, pero han mirado con los ojos que les daba la asistencia divina y según lo que El les inspiraba y lo que ellos habían compren­dido, les ha dado la paciencia de soportar los pocos días que habían de vivir.

Así han llevado sus cuerpos lejos de las cosas prohibidas, han apartado sus manos de las diferentes clases de alimentos sabrosos, y sus almas han huido de los pecados.

Han seguido en su marcha el camino recto, después de haberlo allanado. (Pero a pesar de todo eso) su fin habrá sido como el de los otros seres humanos de este bajo mundo, habrán soportado las calamidades y angustias del transito, aterrados por la muerte, la agonía y sus ansias, los dramas que ellos entraña, aterrados también por (los tormentos de) la tumba, su peso oprimente, (sus dos ángeles) Munkar y Nakîr, su irrupción, su interpelación brutal y su interrogatorio, ate­rrados en fin por la «estación» ante Al-lâh».

*Del libro La maravillosa vida de Dhû-l-Nûn el Egipcio
Editora Regional de Murcia
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