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Buscar lo simple nos conduce a observar lo complejo

Cada Conciencia, cuando pierde la separatividad y alcanza el Estado de Unidad se reconoce como cocreadora en la historia del Universo

06/10/2008 - Autor: Hayy Sidi Saíd Ben Aÿiba al Andalusí, Abdú Rabihi - Fuente: Tarika Shadilia
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La búsqueda de la Simplicidad oculta nos conduce, obligatoriamente, al estudio de lo complejo y aparente.
La búsqueda de la Simplicidad oculta nos conduce, obligatoriamente, al estudio de lo complejo y aparente.

Como venimos repitiendo, todo cuanto percibimos es como un velo -hiyab-, que nos oculta lo que llamamos Verdad Esencial -Haqiqa-. Por eso es que la búsqueda de la Simplicidad oculta nos conduce, obligatoriamente, al estudio de lo complejo y aparente. Y la percepción y conocimiento que cada persona adquiere, por medio de esa observación, es única e irrepetible, es lo que cada “individualidad” aporta a la Conciencia Universal.

Es parte del Conocimiento que El Principio Creador tiene de Sí mismo a través de Su propia Inmanencia, lo que a la vez forma parte de Su multiplicidad en el marco de Su Unicidad. Esto hace que cada Conciencia, cuando pierde la separatividad y alcanza el Estado de Unidad, aún cuando sea por un fugaz instante, se reconozca como cocreadora en la historia del Universo. Pues cuando mediante la Conciencia expandida trascendemos el Universo físico para descubrir el plano metafísico, es Allah (en la criatura) quien actúa desde ambas direcciones.

Ese movimiento entre “ambas direcciones” nos descubre el nexo de unidad que por debajo de las apariencias hay en ellas, y así mismo la conjunción de todas las posibilidades en el ser humano.

Esta es una experiencia que requiere inspiración, y durante la que “el sujeto agente” sabe que “aquello” no procede de sí mismo como individuo, sino que es Algo que le trasciende.

En las primeras experiencias el sujeto puede no comprender muy bien lo que le sucede, e instintivamente intenta “entender y controlar”, esto le produce una especie de temor o de inquietud. No en vano es una experiencia que supera a cualquier otra y que nos introduce en un estado inusual de alteración de la Conciencia, lo que produce una especie de vértigo.

Pero el sujeto encuentra rápidamente la calma cuando se abandona, absolutamente, a la labor creadora de acrisolamiento y transformación a la que está siendo sometido. Cuando abandona los temores, las dudas, la necesidad de racionalizar su experiencia, se transforma en un canal que establece fácilmente la comunicación y el manejo del finísimo velo que separa ambos planos, Inmanencia y Trascendencia.

Hay una dificultad a la que se tendrá que enfrentar, es la imposibilidad de transferir su propia experiencia al idioma vulgar. Por ello se verá obligado a crear dos lenguajes diferentes, uno dirigido al gran público, alegórico, poético a veces, en el que con frecuencia los silencios entre líneas guardarán mas contenidos que la elocuencia. El segundo “lenguaje” podrá tener o no tener algo que ver con las palabras, pero este será privativo de unos pocos espíritus más sensibles ante la dimensión espiritual. Recordemos la alocución de Ali, quien tras la muerte del Profeta, decía a los discípulos; “... si os hablara de la segunda herencia me cortaríais la cabeza”.

La inspiración es una forma de Revelación, siempre se fundamenta sobre una visión extraordinaria de lo ordinario, se sirve de la razón intuitiva, no contraría los principios fundamentales del Universo y muestra lo ficticio de las apariencias. Cuando esta experiencia se repite de forma continuada, decimos que se ha consolidado en el sujeto receptor creando en él un nuevo estado espiritual. El sujeto mantiene la totalidad de su naturaleza adámica, pero es objeto de un salto evolutivo en ella, y padece una especie de mutación intelecto-espiritual, no vinculada a la formación académica.

Una vez consolidada la experiencia, como nuevo estado espiritual, la persona descubre que Aquello que produce su inspiración, el acto por cuyo medio sucede, y él mismo como sujeto receptor, no son sino tres lados de un mismo triángulo. El individuo buscaba a la par que era buscado y el deseo de la búsqueda era el cordón umbilical que unía ambos movimientos en uno solo.

La inspiración en el ´Arif, como una faceta “menor” de la Revelación, no es privativa de los Profetas, sino que está a disposición de cualquier persona sinceramente deseosa de ver, oír, y saborear.

La experiencia de la Revelación en los Profetas es una cuestión aparte. Según constatamos por la historia, ellos se ven obligados por imperio de la Voluntad Creadora a ejercer funciones legislativas y de magisterio público, marcando con ello momentos decisivos en la evolución de las sociedades. Naturalmente que, en este comentario, no hay ningún deseo de meternos en la aventura de establecer similitudes ni puntos de comparación entre, aquellos pocos que en la historia de la humanidad han sido llamados a la dimensión profética, y el resto de los mortales.

Como decía, es frecuente que la experiencia espiritual intensa dificulte el lenguaje cotidiano de la comunicación y, por lo tanto, a la hora de expresarse haya necesidad de recurrir a la alegoría, al lenguaje poético. No hay razón alguna para que cualquier persona que goce de estas experiencias no se exprese en la medida de su capacidad e inspiración, pues no solo le será útil en el intento de racionalizar su experiencia, sino que le ayudará a “fijarla” en el ámbito de lo cotidiano. Tengamos presente que nadie se debe de acomplejar ante la idea de reflejar por escrito tales experiencias.

Pues el objetivo de estas expresiones no es el lucimiento personal, sino el refuerzo de la experiencia en el corazón y, si llega el caso, la comunicación que pueda alentar a otros senderistas. Normalmente no se nos dan las riquezas para atesorarlas en la oscuridad, sino para repartirlas como sabemos, sin estériles pudores, así, sencillamente, con tanta gratuidad como las hemos recibido.

Decía Muhammad (s.a.s); “No ocultéis la Baraka”. Y Jesús de Nazaret (r.a.); “No se enciende una lámpara para ocultarla bajo la mesa, sino para que, colocándola encima, ilumine toda la habitación”

 

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