webislam

Jueves 12 Diciembre 2019 | Al-Jamis 14 Rabi al-Zani 1441
661 usuarios en linea | Español · English · عربي

WebIslam.com

» Artículos

?idt=11015

El quinto pilar del Islam: La peregrinación (hayy)

El hayy (peregrinación a La Meca) es la quinta de las prácticas e instituciones fundamentales musulmanas conocidas como los cinco pilares del Islam

25/09/2008 - Autor: H. S. Sa´îd b. Aÿiba - Fuente: Islam y al-Andalus
  • 0me gusta o estoy de acuerdo
  • Compartir en meneame
  • Compartir en facebook
  • Descargar PDF
  • Imprimir
  • Envia a un amigo
  • Estadisticas de la publicación

El hayy es la peregrinación a la Meca.
El hayy es la peregrinación a la Meca.

“Buscad la Sabiduría, aunque para encontrarla tengáis que viajar lejos”. “A quien recorra un camino en búsqueda del Conocimiento, Allah le facilitará el Sendero de la Plenitud”.

Todo cuanto existe como creado ha de retornar al origen que lo creó, tras cumplir con las funciones de su existencia prestada. Esto también forma parte de los ciclos, del ritmo, del equilibrio y la compensación.

Es como el círculo que por fin se cierra, el retorno a la raíz, el repliegue a lo primero, al seno de la Gran Madre. Es la peregrinación de la vida hacia su consumación final, el retorno hacia “el paraíso perdido”.

Es la suma y conclusión de cualquier concepto de religión como “reunión de lo que fue disperso”. Es la eliminación de todas las distancias, la fusión definitiva con la Esencia Original o La Verdad Esencial, “Al Haqq”, primero intuida, después buscada, y por fin hallada.

Todas las respuestas, todas las esperanzas, todas las intuiciones, todos los amores y renacimientos, todo, se encuentra en la misma Dimensión de donde surgió como germen. Y hacia Allí regresa la Conciencia que un día le dio su forma al ser humano, con el bagaje adquirido tras su paso por todos los reinos de la Creación que, durante el periplo de su existencia, han debido de enseñarle.

Si es que aprendió lo suficiente, el “juego” se habrá terminado, los velos habrán caído y con ellos toda forma criatural, por lo que ya no retornará al estado de Creación, y nunca más hará separaciones diciendo: “Labbaika al-lahumma labbaik”. “Aquí me tienes Señor, aquí me tienes”.

La Gran Peregrinación de la existencia habrá concluido con todos los ciclos realizados. Y ante la vista de su particular Kaaba, la Puerta Dorada estará abierta, y la partícula de Conciencia penetrará en Ella para Conocer Su Rostro. Pues fundido en la meta y conclusión de todo, por fin Se reconocerá en el Uno que nunca dejó de ser, a semejanza de la gota de lluvia cuando retorna al mar de donde un día se evaporó.

Durante el período de duración de su vida, el ser humano es un peregrino que ha albergado una Conciencia anterior, y que inicia la última ruta hacia La Casa de la Sabiduría cuando nace, al-Bait al-Hikma, pero no todos entran en Ella al mismo tiempo.

Hay quienes no se situarán frente a la Puerta Dorada hasta el final de los días de todos los ciclos, y también los hay que, adelantados, visitarán La Casa cuando aún conservan su naturaleza criatural.

Esto es lo que la Antigua Tradición Sufi, al igual que otras nobles tradiciones, pretende enseñar a sus estudiantes; a descubrir-nos para comenzar a ser “aquí” lo que ya somos “Allí”. Tras haber comprendido que la distancia “entre” el “aquí” y el “Allí” no es sino un velo, y que la palabra “entre” es pura idolatría, -si se sabe entender- .

Pero el ser humano también realiza otras peregrinaciones, que son las etapas de su evolución. La evolución puede ser forzada, a contracorriente, con desgana, y acompañada del sufrimiento, lo que va más allá de la naturaleza del dolor necesario.

El sufrimiento en esta aventura es propio de un esfuerzo desmedido por evadirse del proceso natural de expansión de la Conciencia, es un producto-fraude del nafs, el ego sin educar y sin haberle obligado a ocupar el puesto de colaborador, y no de dirigente.

Desarrollamos nuestra compleja naturaleza por medio del aprendizaje con las únicas herramientas de las que disponemos. Estas son las leyes universales de la creación en general y de nuestra naturaleza animal en particular. Ambas se hayan impresas en cada uno de nosotros, y son desveladas ante los atributos de la Conciencia, verdadera Causa.

Que sea con gozo o con sufrimiento será algo que dependa de nuestra sabiduría. La Tradición Sufi, como perfume de la enseñanza Muhammadí, nos enseña a caminar por el antiguo Sendero que trazaron los Sabios que nos precedieron, y los “Arkan ad-Din” son las etapas por recorrer.

La evolución, aunque no exenta de esfuerzo, también puede ser placentera, lo cual sucede cuando nos hacemos –Abd-, dóciles a la acción Creadora. Pero en este caso el Yihad (esfuerzo) irá acompañado de su Adab (cortesía) correspondiente. Esto lo explicábamos ampliamente en el anterior libro Yihad y Adab.

La Tradición Muhammadí, prolija en sugerir la búsqueda más allá de los parámetros de cada individualidad, considera el espíritu de la peregrinación como Quinto Pilar de la Sabiduría, y según la Tradición a este Quinto Pilar se le llama: El Hayy.

"Hayy" es un vocablo árabe derivado del verbo “Hayya”, cuyo significado es el de peregrinar.

Tanto el musulmán corriente, así como el discípulo de la Tradición Sufi, se consideran a sí mismos como peregrinos de la vida, tal como decíamos al inicio de este capítulo. Pero la percepción que de la existencia tienen ambos no concuerda.

El musulmán corriente se haya constreñido a los esquemas de la “ortodoxia”, al igual que los practicantes de cualquier otra religión. En tanto que el Sufi, inconforme con la atadura de la letra, pretende calar en las intenciones, en los propósitos y porqués. Pero en absoluto renunciará al valor de la letra como custodia y continente de “Ese algo más”.

Uno de los antiguos maestros decía; “Nosotros hemos aprovechado el jugo de la religión, y hemos dejado la cáscara para los ignorantes”. Pero nosotros no olvidaremos que el jugo está contenido por la cáscara, luego la cáscara no será desechable.

Entre todos los periplos de la existencia, y las peregrinaciones por las diversas etapas y estados de nuestra vida, así como por los lugares recorridos en nuestra búsqueda permanente de conocimientos, hay un viaje especial. Es una peregrinación que contiene un singular significado para el corazón del buscador. Es la meta de todos los lugares y de todas las búsquedas.

Este viaje de peregrinación es la visita a los lugares en los que nuevamente la “Voz de la Revelación” se dejó oír para todo el género humano, sin distinción alguna en ningún aspecto y por ninguna causa.

Una vez en su vida, siempre que esto le sea posible, el peregrino de la existencia ha de visitar las ciudades de Meca y Medina. Ambas son la síntesis de la Revelación y compendio de todos los viajes, centro de millones de miradas, y punto de confluencia de millones de plegarias desde hace milenios, aún antes de la promulgación Muhammadí.

Miles de peregrinos desnudos de toda posesión, y desprovistos de todo signo de diferencia, giran en torno al templo cúbico de la Kaaba en sentido contrario a las agujas del reloj. Tan sólo dos piezas de tela blanca para los hombres, sin costuras, cubren los cuerpos de cabezas rapadas girando en torno al templo cúbico, tan antiguo como la historia. Las mujeres, también vestidas de blanco, usan una túnica integral que varía según las diversas costumbres. Todo se asemeja al giro en espiral de las Galaxias sobre su eje, el punto de atracción.

El simbolismo supera la realidad, y el poder que destila el lugar, cual vórtice de energía, se hace sumamente denso ante la apertura del corazón sencillo y bien dispuesto. Es el lugar donde algunos desean morir, y mueren.

En aquél punto del Universo “el milagro” se hace posible y la criatura presiente la cercanía de Su Creador.

Aquí se puede pedir y frecuentemente las peticiones se cumplen: ¡Pedid y se os dará!. Pero ¡atención!, pues aunque esto sea lícito cuidado con lo que pedís, no vaya a ser que pidáis “fuera de ruta”. Pues en la tierra del milagro, donde casi todo se concede, es muy posible que se os dé, aún cuando sólo sea para daros una lección.

Yo siempre recomiendo que se opte por esperar paciente antes que ser pedigüeño. De esta cuestión ya hemos tratado en libros anteriores, pues considero que es mejor y más sabio esperar que pedir, porque… ¿quién es el que sabe lo que de verdad le conviene?

Decía Ibn Abad de Ronda; “El aprovechamiento en la ruta espiritual no depende tanto del tiempo (y de lo que pidas), como de tu predisposición y docilidad”.

Por esto es necesario que, antes de esta experiencia del Hayy, la madurez de la vida nos haya acrisolado previamente con un poco de aquella proverbial sabiduría salomónica.

Suelo aconsejar a quienes estudian conmigo que, si han de pedir, pidan la suficiente Sabiduría como para ser dóciles ante la acción Creadora sobre ellos, y nada más. Lo demás, si ha de venir, vendrá por añadidura, pues nada que verdaderamente necesitemos se nos negará.

Todo cuanto sea necesario nos llegará a su debido tiempo, y lo que no nos sea necesario, ¿para qué pedirlo?. ¿Acaso lo conocemos con certeza?. Es más prudente dejar los hábitos infantiles del pedigüeño mercantilista, porque haciendo ahora según lo que sabemos y podemos, progresivamente se nos dará lo que hoy no sabemos o no podemos.

Haciendo gala de amor desprendido, de amar por el Amor mismo sin petición ni trueque, decía Dulnun el egipcio: “Todos ellos ante Allah rendidos sirven, porque temen el fuego del infierno, y creen que librarse de esa pena es para ellos beneficio inmenso. Pero yo, que no tengo mis miradas ni en el infierno ni en el paraíso, en pago del amor que a mi Dios tengo no quiero recompensa ni la pido”.

Esta es la posición óptima frente a “las peticiones”, pero si a pesar de lo dicho alguien siente todavía necesidad en hacerlo, entonces le será lícito pedir según su criterio. Pues como decimos; Allah sabe más.

El viaje del Hayy no es una experiencia aconsejable para todas las personas, al menos en cualquier momento o en cualquier situación espiritual, pues no todos pueden nutrirse de la experiencia ni todos pueden “digerirla”.

Es conveniente esperar hasta que la práctica de la ´Ibadat sea una constante establecida en nosotros, y alcanzada la madurez de la vida hayamos podido aprender a ser humildes, receptivos, tolerantes, y al menos un poco sabios.

Consideremos que allí confluyen todos los opuestos, todas las razas, todas las lenguas, y todas las posibilidades. Allí el Sabio y el ignorante, el Santo y el ladrón, se dan la mano sin ceder su naturaleza.

El Mulk y el Malakut, (universo físico y universo espiritual), el Dunia y el Ágera (apariencia y realidad), giran en torno al mismo centro, y depende de cada nivel de penetración del entendimiento que se confundan o no.

El tiempo se modifica, y la percepción se adapta a un estado de Conciencia expandida. Será más tarde, de vuelta a nuestro entorno habitual, cuando comencemos a digerir, poco a poco, todo cuanto hayamos recibido.

Allí la experiencia de los opuestos, dándole forma al Tawhid (la unicidad), se nos hace palpable, comprensible como aspectos diferenciados de Una sola Realidad. Es la simplicidad desnuda que, semejante a la desnudez del peregrino, sin ídolos, sin presupuestos ni disfraces, se nos muestra con esta enseñanza; “Todo es uno, uno es todo”.

Fuente original: Tarika Shadilia
Anuncios
Relacionados

Condiciones para realizar el Hayy

Artículos - 24/11/2009

De la Meca a Barcelona

Noticias - 28/12/2008

Peregrinaje de musulmanes a la Meca comenzará el 14 de noviembre

Noticias - 08/11/2010



Escribir comentario

Debes iniciar sesión para escribir comentarios.

Si no estás registrado puedes registrarte en un minuto.

  • Esta es la opinión de los internautas, no de Webislam
  • No están permitidos comentarios discriminatorios, injuriantes o contrarios a la ley
  • Céntrate en el tema, escribe correctamente y no escribas todo en mayúsculas
  • Eliminaremos los comentarios fuera de tema, inapropiados o ilegibles

play
play
play
play
Colabora


 

Junta Islámica - Avda. Trassierra, 52 - 14011 - Córdoba - España - Teléfono: (+34) 957 634 071

 

Junta Islámica
https://www.webislam.co/articulos/34484-el_quinto_pilar_del_islam_la_peregrinacion_hayy.html