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Ramadán en la ciudad de las tapas

Un joven musulmán sevillano cuenta su experiencia

22/09/2008 - Autor: Ángela Rodríguez - Fuente: ABC
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Sevilla en Ramadán es la misma que en cualquier otra fecha del año
Sevilla en Ramadán es la misma que en cualquier otra fecha del año

Jalil tiene 27 años, es auxiliar de producción cinematográfica, nació en Sevilla y vive aquí desde entonces. Nada lo diferencia de cualquier otro sevillano de su edad excepto en que en estos días celebra el ramadán, al igual que otros muchos jóvenes, que como él, nacieron en Sevilla y forman las nuevas generaciones del Islam en occidente, viviendo la religión que han heredado de sus padres.

A las 5.30 de la madrugada, antes de que el sol despunte, suena el despertador, aunque la mayoría de los días ni siquiera ha conseguido dormirse. Se levanta de la cama y come junto a su padre, un médico sirio que tras 35 años viviendo en Sevilla no ha perdido su acento árabe. «El Ramadán es una limpieza física y espiritual que todos deberíamos hacer, nos ayuda a apreciar lo cotidiano», explica Jalil.

En la sociedad actual el ayuno puede resultar arcaico y desmesurado y sólo algunos lo realizan anualmente como método de limpieza física, independientemente del trasfondo ideológico o religioso. Sin embargo, para los musulmanes es un mes sagrado, «un regalo que le hacemos a Dios y nos hacemos a nosotros mismos», advierte. «No es obligatorio, ni un castigo, es sano para la mente y para el cuerpo», según este sevillano. El ayuno musulmán está mal visto por algunas personas que, «ajenas al verdadero significado» de este mes, consideran «una ley absurda y castigadora» el llevarse todo el día sin comer, ni beber.

Por el contrario, el Ramadán, uno de los cinco pilares del Islam, es para los musulmanes un regalo, un deber, que no una imposición, para hombres y mujeres sanos, física y mentalmente, los enfermos y ancianos están exentos, al igual que los niños y las mujeres durante la menstruación. Una ofrenda que anualmente realizan a Dios con el objeto de apreciar lo que Él les ofrece. El Islam también se preocupa del viajero que puede modificar la fecha del ayuno hasta que vuelva a su hogar.


Nada de sexo

Desde que sale el sol, sobre las 6.30 de la madrugada hasta que se pone, a las 21.00 aproximadamente, Jalil, al igual que el resto de la comunidad musulmana, no prueba ningún alimento ni bebida, se cierne al ayuno y evita cualquier contacto físico intencionado, es decir, que refleje una intención carnal-sexual, ya que cualquiera de estos «roces» significaría romper el ayuno ese día, teniendo que ser devuelto al finalizar ese ciclo lunar.

El Ramadán es incluso más complicado en Sevilla, una ciudad aficionada a comer en la calle. Jalil asegura que si hace el Ramadán es porque lo considera «importante y necesario, a nadie le hace mal darse a Dios de vez en cuando», aunque afirma que es «muy complicado, sobre todo viviendo aquí, teniendo que ir a trabajar y viendo a la gente a tu alrededor llevando una vida normal».

Para este musulmán «una de las cosas más complicadas es no besar a mi novia cuando me levanto por la mañana», y echa unas risas, «un simple beso en los labios, algo cotidiano a lo que no damos importancia hasta que no podemos hacerlo».

El musulmán al cumplir los 12 ó 14 años realiza su primer ayuno, un momento especial que Jalil recuerda con añoranza, «mi madre y mi abuela no querían verme sin comer, pero acompañado por mi padre, quien me ha inculcado mis creencias, hice mis primeros ayunos».

Sevilla en Ramadán es la misma que en cualquier otra fecha del año, pero en los países musulmanes este mes mata los días llenando de luz las noches,Aunque el viernes, a las 15.00 la mezquita de Ponce de León, se llena más de lo habitual. El «salat» se dedica a la meditación del ayuno, al rezo y al apoyo de unos a otros para seguir adelante en la difícil tarea que este mes les supone.

Cuando llegan las 20.45 horas, la comida está preparada y el hambre apremia más que a ninguna otra hora del día, una vez los árabes anuncian la caída del sol, el denominado «magreb», Jalil se sienta a la mesa y citando al Profeta, Mahoma, bendice los alimentos y da gracias a Dios: «Se fue la sed, se hidrataron las venas, y se logró la recompensa con el permiso de Dios».

Multitud de musulmanes celebran el mes de ayuno que comenzó el pasado día 1. Cumplir los preceptos del Ramadán en una ciudad como Sevilla no es fácil: un joven musulmán sevillano cuenta su experiencia

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