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La desaparición de la identidad religiosa en Guatemala y el renacer del nuevo Maya

La Teología de la Liberación no cambió el carácter de la Iglesia Católica como institución, ésta regresó por sus fueros originales

16/09/2008 - Autor: Julio Abdel Aziz Valdez
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Ceremonia Maya financiada por UE.
Ceremonia Maya financiada por UE.

Desde pequeño mi padre repetía un refrán, que se hizo muy popular en la Guatemala del conflicto armado, que rezaba así: “Ni de religión, fútbol y política hay que hablar porque todos tienen diferentes opiniones” claro está que la contextualización de dicho refrán se dio en el momento en que el Gral Efraín Ríos Montt, se hizo del poder del Estado por medio de un golpe de Estado en 1982, que adicionalmente era líder de una de las iglesias neopentecostales más grandes del país como era el Verbo. Conforme las semanas pasaron después de ese marzo de 1982, la opinión pública, en su mayoría católica, sintió la diferencia entre los anteriores presidentes, a pesar de ser igualmente militares, y este que se asumía como “renacido en la fe” que aparecía domingo a domingo en cadenas televisivas y radiales con mensajes moralistas, en la modalidad de los acostumbrados Sermones que imparte el Pastor dentro de la tradición evangélica.

Esta experiencia de gobierno autoritario (por su esencia golpista) como fue la tendencia en los demás gobiernos militares, al cabo de un año finalizó cuando se produjo otro golpe de Estado, que entre la serie de acusaciones que le achacó a este el estar secuestrado por una secta fundamentalista, claro esta, en el análisis de este hecho histórico se encuentran una serie de razones motivantes, como sería las acostumbradas rencillas entre la cúpula de poder, el avance de la ola “democratizadora” impuesta por la comunidad internacional dominada por el liberalismo y la socialdemocracia.

Este período, muy corto de la historia nacional, es tristemente recordado por las embestidas del Ejército en contra de las supuestas bases sociales de la guerrilla en el área rural, lo que provoco la muerte y refugio de miles de campesinos, especialmente indígenas, esto evidentemente, de cara al juicio de la historia desdibujó otros acontecimientos que sucedieron en este período y que marcarían indeleblemente el futuro de las identidades culturales en Guatemala, tal es el caso de que por primera vez, se convocó a la representación de los pueblos indígenas por cada grupo étnico-lingüístico, para que pasara a integrar el Consejo de Estado y, que en forma colegiada, pasara a definir el sentido de la nueva legislación.

Durante la inauguración del período de sesiones del Consejo de Estado, que se realizó en las instalaciones del disuelto Congreso de la República, se realizó el correspondiente y acostumbrado servicio católico para solicitar a Dios la serenidad y la lucidez para legislar, pero al acostumbrado acto se le incluyó un servicio religioso evangélico, distinto completamente del católico por la serie de alusiones que hacía al poder de Jesús por sobre todas las cosas y que solo el daba la sabiduría, aún cuando para mucha de la ciudadanía que para 1982 no estaba acostumbrada a ver evangélicos alzando sus brazos al cielo y los ojos cerrados, orando sin respetar el Padre Nuestro (que fue la oración que el Profeta Jesús enseño) el hecho de tener un gobernante que ofrecía acabar con la corrupción, criminalidad y llevar la prosperidad a los pobres era más importante que su propia definición religiosa, sin embargo, cuando se vio que varios de los integraban el Consejo de Estado, eran en efecto, “cristianos evangélicos” la percepción cambio, muchos oficiales del Ejército que tuvieron responsabilidad en las campañas de pacificación en el altiplano indígena (genocidio) profesaban la nueva fe.

Las comunidades vieron desfilar, durante el conflicto no solo soldados sino extranjeros y nacionales haciendo labor humanitaria y labor pastoral, tal y como había sucedido hacía 500 años cuando los primeros monjas y curas doctrineros (como lo menciona Severo Martínez Pelaez en La Patria del Criollo) muchos de ellos muertos por la misma población que pretendían salvar del infierno, otros que fueron aceptados e incluso adoptados por las comunidades que aprendían a convivir con el nuevo poder colonial .

Los evangelistas necesitaron un poco más de cien años, desde el que gobierno liberal de 1871 consolidó el principio de la libertad de culto, para asaltar el poder comunal y el nacional, hay que recordar la evangelización original emprendida por el Colonialismo Católico Español uso la fuerza militar excesiva, al principio, pero luego de años de construcción del nuevo orden, el cristianismo católico se hizo sincrético, el evangelismo de nuevo orden, proveniente de Estados Unidos en su gran mayoría, se latinoamericanizó, se cimentó sobre la base de conflictos viejos y nuevos que el catolicismo en guerra tenía a inicios de la década de los ochentas, es una ligereza pensar que el avance de las iglesias evangélicas se debe solevante a las políticas contrainsurgentes apoyadas por Estados Unidos.

Esa sesión solemne en el edificio del Congreso de la República, para inaugurar el período de sesiones del Consejo de Estado, marco el inicio de la construcción del evangélico político, se cuenta de que algunos evangélicos dispersos en comunidades apoyaron los esfuerzos de los “cristianos revolucionarios” (más allegados a la Teología de la Liberación) pero este apoyo dista de ser calificado como colegiado, contrario a lo que sucedió con algunos sacerdotes católicos que arrastraron a comunidades completas al esfuerzo de guerra que implicaba la “revolución”.

La sangre que purifica el alma

La Teología de la Liberación no cambió el carácter de la Iglesia Católica como institución, ésta regresó por sus fueros originales, y siguió determinando el carácter de la identidad cultural en la Guatemala india y mestiza, es más el 14 de septiembre del presente año, cofradías y hermandades celebraron que la Semana Santa (la católica con procesiones, alfombras, música fúnebre y comida tradicional) fuera declarada como PATRIMONIO CULTURAL DE LA NACION con el respaldo de UNESCO, es este evento, el más representativo de la cuaresma, que más turistas atrae y le imprime la majestuosidad a la ciudad de Antigua Guatemala (Patrimonio de la Humanidad según UNESCO) pero además se repite en forma consecutiva en los cientos de municipio que integran la nación.

A pesar del hecho histórico que la imposición y, de los miles de bautismos a la fuerza durante el siglo XVI, hoy en día el Catolicismo define la identidad cultural de la mayoría de la población, y si eso esta lejano en el tiempo, tampoco marca la diferencia los miles de muertos ocasionados por las movilizaciones de indígenas durante el pasado conflicto armado (1962-1996).

La diferencia ahora lo marca, el nada despreciable 30 a 35 de la población convertidos en evangélicos, y cuya explosión devocional se produjo precisamente durante la década de los ochentas, que coincide con los avances producidos en América Latina en su conjunto, pero no tan dramático como en Guatemala. Casi el mismo proceso de crecimiento se esta llevando a cabo, con las diferencias sustantivas que proporciona el hecho de que ahora se cuenta con sistemas de televisión abierta, por cable, DVDs, imprentas, Internet, grandes actos masivos, por lo tanto el avance en el proceso de reevangelización puede avanzar cien veces más rápido que aquellos que utilizaron las danzas, loas y procesiones.

Fuera de este proceso, muy a lo siglo veintiuno, esta la confirmación que las personas cambian su estructura cultural y de identidad, y dichos cambios pueden ser medibles ya no por decenas de años o por generaciones, sino en una misma vida.

Ya no caben las llamadas de alerta que la “Iglesia Católica comprometida” realizaba a inicios de los ochentas para denunciar el “peligro de las sectas evangélicas”, o “el fundamentalismo evangélico”, porque el solo plantearlo es hacer ojos ciegos a sus propios orígenes. Organizaciones como la Iglesia Guatemalteca en el Exilio y la misma Conferencia Episcopal, denunciaban la labor de reevangelización, que llegó para quedarse.

La reafirmación del sentido de identidad religiosa

La Semana Santa como patrimonio cultural de la nación, es el reconocimiento ante todo que Guatemala su eje de identidad cultural es cristiana y, que por encima de las diferencias porcentuales de feligresía no cabe la menor duda que el cristianismo esta en las raíces de la identidad cultural e incluso en la liberal con la que convive desde hace más de cien años, pero en el avance del colonialismo de nuevo cuño impulsado por entidades de cooperación bilateral y multilateral, en el rescate de las identidades supuestamente oprimidas durante el conflicto, se ha dado a la tarea de apoyar el renacimiento de la Cosmovisión Maya como si la reafirmación de la identidad cultural tiene que recurrir al exorcismo del pasado y, sin menospreciar la parte del sincretismo religioso que reconoce la religiosidad precolombina, que por cierto es pequeña en relación al peso que tiene la doctrina cristiana a saber: Jesús hijo, Dios Padre y Espíritu Santo, Jesús hijo de María, concebida sin pecado, Jesús hijo de Dios, fuera de esto las diferencias arrecian entre las diferentes denominaciones cristianas.

Gran parte de las discusiones que suceden entre la intelectualidad mestiza, criolla y extranjera, con el advenimiento del liberalismo decimonónico reside en las críticas hacia “la raza india” que en su “ensimismamiento religioso no contribuyen al avance de la sociedad”, es por eso que se plantea la ladinización que no es más que terminar con la occidentalización de la población conquistada hacía ya cuatrocientos años. Hay que recordar que dichas tareas quedaron en palabras ya que hasta hoy en día los censos no se ponen de acuerdo si la población, menos occidentalizada, en esta caso los “mayas” como identidad política emergente, son la mitad más o menos del total de la población, sin embargo, tal resistencia en realidad solamente es visible en la persistencia de trajes regionales para las mujeres y, unos cuantos hombres, y con el monolingüismo de otro porcentaje menor de la población, porque en lo relacionado a la aceptación del cristianismo (evangélico y católico) y de las famosas reglas del mercado, el occidente “civilizado” define la identidad del guatemalteco plurilingue, pero que por motivos que tienen que ver más con “romanticismos post coloniales” y lo “políticamente correcto” de la diferencia puesta en el canasto con maíz de distintos colores en realidad es la apuesta por la prevalencia de la diferencia, claro si caer el del determinismo con que las posturas clasistas condenaban a la religión “como el Opio de los Pobres” en una interpretación antojadiza de las palabras de Marx que sirvió para pedir cuentas a la iglesia elitista que no representaba la profundidad del mensaje del Profeta Jesús (Paz y Bendiciones para El)

La religión cristiana deja de ser un factor de identidad, en la Guatemala de la democracia en tiempo de paz, financiada por la Europa laica; lo que las intelectualidades mestizas en siglo XIX definían como “raza atrasada”, reflejaba al concepto segregacionista que el mismo catolicismo colonialista imponía, pero que hacia el advenimiento de la Teología de Liberación respondía a una especie de toma de conciencia o una culpa institucional tardía ya que el evangelismo venía atrás ganando feligreses y creando las condiciones de la identidad étnica del siglo XXI, una que rechaza abiertamente la idolatría, y la “hipocresía de curas y monjas”, y que a conveniencia de la contrainsurgencia ochentera “apolítica”, pero eso estaba a punto de terminar. En tan solo dos décadas, desde ese hito de 1982, políticos desfilan en las nuevas catedrales evangélicas (las megas congregaciones) y poco a poco el tema de los valores cristianos vuelve a la palestra muy a pesar de los viejos liberales.

Mientras tanto, la cooperación internacional, sigue sin reconocer que esta configuración, no solo llevo años sino sangre, que ahora se quiere revertir en proyectos de educación, investigación y comunicación “Maya”, como si lo que más importara es rescatar a la población que todavía piensa en idioma local, (pero negocia en castellano e incluso en ingles) de la neo-evangelización.

Los mapas de la diversidad étnica, financiados por USAID, en realidad son mapas de la prevalencia lingüística, que marca más de veinte idiomas distintos y, entonces ¡eureka! ahí está Guatemala diversa, pero al llegar a cada uno de los pueblos que se ven lejanos en el mapa, encuentras dinámicas atravesadas por el uso del idioma castellano, el mercado, y valores norteamericanos desarrollados por las familias de casi un millón de migrantes que se encuentran en Estados Unidos.

Esa es la tierra donde quieren sembrar millones de dólares de los contribuyentes europeos en proyectos de “rescate de la identidad Maya”.

 

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