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Origen y doctrina de la shía (cuarta parte)

El Imam oculto

15/09/2008 - Autor: Shaie Brisam - Fuente: Webislam
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Al-lamah Tabatabai
Al-lamah Tabatabai

Por último, llegamos a la que es, después de la creencia de la designación de Ali ibn Abu Talib como sucesor del Profeta, el elemento central de la doctrina shía: La ocultación del doceavo Imam.

Leemos en el Corán, Sura 57 Aleya 25:

“¡Por esto hemos mandado a Nuestros Enviados con las pruebas concluyentes! ¡Y (sabed que) hemos revelado a ellos el Libro (Qurân) y la Balanza, para que los seres humanos practiquen la Equidad! Y hemos revelado Los Límites; en él hay una gran fuerza constante y un interés público para los seres humanos. Y para los que tienen la Ciencia de Al-lâh –a quien Él ha hecho prevalecer– y a Sus Enviados con el gaîb. ¡En verdad, Al-lâh es El Invicto Invencible, El Poderoso”

Al- Gaib: ausencia, arcano, ocultamiento. Sólo la ciencia shía ha elaborado y meditado sobre el concepto del gaib (ocultamiento). La idea del Imam Oculto fue elaborada por varios Imámes y quedo definitivamente configurada en torno a la persona del Duodécimo Imâm. La idea en la que se basa es: como el ciclo de la profecía culmina con el Sello de los profetas (véase la sura 33, aleya 40; etapa de Medina), también la walaya, cuya sucesión de Imam a Imam, finaliza con el Sello del Imamato en la persona del XII Imam. Sâhib az-Zamâm es la designación característica del Imâm Oculto, invisible a los sentidos, pero presente en el corazón de sus fieles.

El Imâm Oculto era el hijo del XI Imâm, Muhammad ibn Hassan `Asakarî, y de la princesa bizantina Narkês. Se le llama también: el Imâm Esperado, el Mahdî (el que traerá la justicia-equidad, el Guía, Esperado y el Garante de Allah), Imâm de la Resurrección.

La hagiografía del XII Imâm abunda en rasgos simbólicos, arquetípicos, referentes a su nacimiento y ocultación. El padre del Imâm Oculto el XI Imâm, Hasan `Askarî,  fue hecho prisionero por la policía del dictador (tâgût) abasida en el campamento de Samarra (a unos 100 kilómetros al norte de Bagdad), allí murió asesinado a la edad de 28 años, en 260/873. Aquel mismo día desaparecía su hijo, que contaba cinco años o poco más, y comenzó lo que se llama Ocultación menor (gaîba saguirâ). Esta simultaneidad tiene un profundo sentido psicológico para la conciencia shía, puesto que tiene un sentido de esperanza o utopía, que hace del pensamiento shía su motor en la lucha por la justicia social, la equidad y contra la opresión.

El Imâm Oculto es la Antorcha Iluminadora, su Luz ilumina a los muhayid, (véase la sura 4, aleya 95: etapa de Medina esperando su llegada. La ocultación del XII Imâm se realizó en dos fases. La ocultación menor que duró setenta años, durante los cuales el Imâm Oculto tuvo sucesivamente cuatro nâ`ib o representantes, por medio de los cuales sus adeptos se podían comunicar con él. A uno de ellos, `Alî Samarrî, ordenó, en una última carta, no elegir sucesor, pues había llegado el tiempo de la Gran Ocultación (gaîbat kabirâ). Las últimas palabras de su último nâ`ib (330/942) fueron: “En adelante, todo esto no incumbe más que a Allah”. Ahí comienza la historia oculta del XII Imâm.

Por supuesto, esta historia no pertenece a lo que llamamos historicidad. El Imâm Oculto está presente en el pasado, el presente y en el futuro de la vida actual. Depende de los seres humanos que el Imâm Oculto juzgue si debe aparecerse o no. Su aparición es el signo mismo de su renovación, y ahí se encuentra el sentido profundo de la idea shía de ocultación y manifestación. Son los hombres los que se han velado a sí mismos del Imâm Oculto que llevan en su corazón, haciéndose incapaces de verle, por haber perdido los órganos de percepción que hacen posible el “conocimiento por el corazón”.

No tiene sentido hablar de la manifestación del Imâm Oculto, en tanto que los hombres sean incapaces de reconocerlo. En tanto que los seres humanos no luchen (yihad) para descubrir en su corazón al Imâm Oculto. Son los seres humanos los responsables de que no se manifieste el Imâm Esperado, porque no realizan su “revolución interior” y, en consecuencia, su “revolución exterior”. Por esto se dice que la aparición del Imâm Oculto depende, en cierta medida, de los seres humanos.

La manifestación del Imâm no puede ocurrir repentinamente un buen día sin que el fiel no haya hecho nada para descubrirlo, pues siendo un simple adepto, sólo lo consigue velar. Para que el Imâm se manifieste o se le desvele, tiene que ser militante (muhayid), es decir, que tome el Camino de Allah (sabil Allah): véase la sura 4, aleya 75; etapa de Medina). La manifestación del Imâm ocurrirá el día en que se tome conciencia del inmovilismo, de simple "adepto", en que está sumido el musulmán.

La llegada del Imâm Oculto manifestará el sentido oculto de todas las revelaciones. Será el triunfo del tawîl que permitirá a los seres humanos encontrar su unidad, el ecumenismo verdadero.

Sa`duddîn Hamûyeh (siglo VII/XII) ha dicho:”El Imâm oculto no aparecerá hasta que seamos capaces de comprender, incluso por las correas de las sandalias, los secretos del taûhid (la unicidad)”. La idea fundamental es que el Imâm Oculto y esperado no aportará un nuevo Libro revelado ni una nueva Ley, sino que devolverá el verdadero significado (tawîl) de todas las revelaciones, pues él mismo es esa Revelación de las Revelaciones en tanto que Hombre Integral o Universal (insân kamîl), lo esotérico de la “Realidad profética eterna”.

El sentido de la manifestación del Imâm Esperado es una afloración desde el interior del ser humano que vive en el espíritu (Rûh). Esto quiere decir que la revelación del secreto Divino asumido por el ser humano es la responsabilidad, la carga que, según la aleya coránica: “Propusimos el depósito (âmânat) a los Universos y a la Tierra y a las montañas, pero se negaron a hacerse cargo de él, tuvieron miedo. El ser humano, en cambio, se hizo cargo. ¡En verdad, sois con él injustos e ignorantes!”. (sura 33, aleya 72. Véase también la sura 4, aleya 58).

“En adelante, todo esto no incumbe más que a Al-lâh”. Al-lamah Tabataba`i, entiende que el significado de estas palabras del Imâm Oculto es que, a partir de su ocultación, los musulmanes, en consulta popular, deben elegir a sus gobernantes siguiendo la aleya que dice: “... y entre ellos (los musulmanes) se consultan sus asuntos (autoridades, según la palabra âmr: autoridades, poderes, ordenes, mandatos, encargos)”. (Sura 42, aleya 38). Es decir, en democracia en el contexto una Comunidad de Derecho (Ummâ al- Haqq).

Dice Tabataba`i: “Después de la desaparición del Profeta -s.a.a.s.-, la mayoría de los musulmanes creyeron que debían elegir ellos mismos al sucesor (califa) que gobierne la sociedad islámica. Pero la shía cree que los califas son los Doce Imames de la Familia Profética elegidos por Allah -s.w.t.- y anunciados por el Profeta -s.a.a.s.-“ Tabataba`i dice que hoy, en ausencia del Profeta y del doceavo Imâm aún por venir, es responsabilidad de los musulmanes, en sociedad islámica, escoger a sus gobernantes. El proceso de elección, sin embargo, lo considera distinto al que prevalece en las monarquías u oligarquías. Tabataba`i reitera que: “el gobierno elegido no debe desviarse en nada con respecto a lo que establece la regla Divina y lo estipulado bajo la sociedad islámica”, añadiendo, “que es obligación de todos salvaguardar las reglas Divinas fundamentales del sistema islámico”.* Por tanto, la comunidad musulmana es soberana (jalifa, soberanía delegada por Allah a los seres humanos) y en virtud de esto, tiene la obligación de elegir sus representantes.

 

*Tomado del artículo "Tehran Times", Noviembre 15, 1997. Publicado en la revista El Muecín. Año VII-44 Argentina. Abril de 1998. Página 2.

Bibliografía
Reflexiones: Sobre las enseñanzas del Al-Quran de la generosidad. Abdallah Bartol Rius.
Historia de la filolsofía islámica. Henry Corbin.
Orígenes y creencias del Shiismo.
El islam shií. Yann Richard.
Fátima es Fátima. Ali Shariati.
La tragedia del Imam Hussein. Sheij Al Mufid
La justicia divina. Sayyid Saiid Ajtar Rizvi.
 
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