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Bernabé López: Islam y Política. El caso de Marruecos

La política o, mejor dicho, los políticos, son siempre los que mandan intentando instrumentalizar la religión

09/09/2008 - Autor: El Pueblo de Ceuta - Fuente: Noticias de Ceuta
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Bernabé López es licenciado en Filología Semítica y doctor en Árabe e Islam por la Universidad de Granada.
Bernabé López es licenciado en Filología Semítica y doctor en Árabe e Islam por la Universidad de Granada.

Licenciado en Filología Semítica y doctor en Árabe e Islam por la Universidad de Granada (su tesis giró alrededor de la ‘Contribución a la historia del arabismo español. Orientalismo y colonialismo en España’), el catedrático de Historia del Islam Contemporáneo Bernabé López ha sido este año la personalidad elegida por UDCE-IU para pronunciar su tradicional conferencia de Ramadán, que en este caso giró anoche en el Salón de Actos de la UNED sobre el tema ‘Islam y política. El caso de Marruecos’. A media tarde, una de las voces españolas más autorizadas para hablar sobre lo que se cuece en el país vecino conversó con este periódico sobre el tema de su conferencia y otras hierbas.

Pregunta.- ¿Cómo se llevan el Islam y la política

Respuesta.- La política o, mejor dicho, los políticos, son siempre los que mandan intentando instrumentalizar la religión. Son los que quieren hacer política los que usan el Islam como un instrumento. Generalmente los hombres de religión, en especial en el mundo musulmán, se han sometido siempre al poder político. Salvo en el mundo chií, con un clero jerarquizado como casta de poder y oposición, la política siempre ha mandado sobre la religión pese a lo que pueda dar la impresión.

P.- La impresión que da es que a los países islámicos ni siquiera se les ha pasado por la cabeza aún la separación entre la religión y el Estado

R.- Al contrario. Durante toda la historia del Islam la separación de la religión y la política ha sido un hecho. En Estados Unidos a lo mejor están delimitadas ambas esferas, pero Dios no deja de aparecer en la campaña electoral. Hay que empezar a ver el mundo islámico como algo mucho más parecido a nosotros, dejando aparte la existencia de ese terrorismo religioso. No es cierto que en el Islam política y religión sean una sola cosa.

P.- Usted viene a hablar de un país cuyo rey es, al mismo tiempo, Amir al-muminin, líder religioso, de su pueblo

R.- ¿Y no lo es la reina de Inglaterra? Eso no tiene nada que ver y además se ha demostrado que no sirve para nada: se pensaba que no iban a aparecer partidos y grupos terroristas de orientación radical y por fortuna no lo han hecho de la misma manera que en otros países islámicos, pero ahí están. Lo que sucede es que la religión está más presente en su vida cotidiana que en la nuestra.

P.- Estamos, más o menos, en el mismo punto de partida

R.- Nosotros la obsesión navideña ya no la vemos como algo religioso pero el Ramadán, entre otras cosas porque se practica, sí. Y se practica porque en las sociedades musulmanas y en Marruecos en concreto el qué dirán es importantísimo. Es eso lo que impone las prácticas religiosas, que también son modas condicionadas por lo social. Es más política y sociología que religión propiamente dicha.

P.- Habla del error de la óptica desde la que contemplamos a los países islámicos y sus sociedades, pero usted mismo ha atribuido a esos musulmanes “que se niegan a admitir que, como todas las religiones, el Islam debe y puede adaptarse a los tiempos y evolucionar” parte de culpa de su ‘mala prensa’ en Occidente. ¿Cómo está de adaptación al mundo de hoy el Islam? ¿Evoluciona o involuciona?

R.- No se adapta al ritmo que muchos querríamos, pero hay que ser conscientes de que hay valores universales de los que el Islam no permanece ajeno. Al contrario, básicamente la ética musulmana, la judía y la cristiana son iguales. A veces esos fanáticos involucionistas son los que se niegan a todo cambio porque les va bien. Sucedió en España en los años sesenta con el turismo y hoy puede ocurrir en el mundo islámico de la misma manera, pero condenar a sus sociedades por esos fanáticos las sitúa en una posición que contribuye a que se cierre sobre sí misma... Cuando yo llegué a Marruecos, hace treinta años, algunas alumnas llevaban minifalda a clase...

P.- ¿Le parece preocupante?

R.- ¿Preocupante...? Es un hecho. A mí me da igual que lleven una cosa u otra. El problema es si eso está conectado con otras cosas. Aprecio involución, pero hay que ver las cosas con perspectiva. En Marruecos acaba de salir un libro sobre los jóvenes y la religión. El 60% dice que la política debe acomodarse a la religión pero... ¿Qué quieren decir con ello? ¿Nos ponemos a temblar o pensamos que quizá lo que quieren es que no haya corrupción, que siga los principios de esa ética universal? Todo depende de cómo se codifiquen los hechos y de nuestra voluntad de exagerar. Los marroquíes pasan de las elecciones y no por falta de conciencia cívica, sino por todo lo contrario.

Un “bloqueo esencial”

P.- ¿Hacia dónde va Marruecos?

R.- Marruecos no va a ningún sitio. Tiene un bloqueo esencial en su sistema de organización política patrimonialista, de poder paternal, con un rey que reina y gobierna, que quiere arreglar los partidos políticos sin dejarles competir libremente entre sí por lo que hacen y no por lo que digan que van a robar, que se lo impide. El país está en un status quo permanente: no resuelve ningún conflicto, su gobierno es el de meros gestores, en algún caso buenos... El factor humano es el que favorece el desarrollo, pero en Marruecos, que es un país muy plural, existe un papá permanente tutelando a la gente.

P.- ¿Por dónde romperá esa situación?

R.- Los marroquíes carecen de canales de expresión propios porque los partidos no asumen un papel de ruptura con ese sistema a cambio de migajas de ese pseudopoder existente. Sólo algunos grupos dentro del sistema, incluido el PJD, preconizan un cambio. Fuera está Justicia y Caridad, que algunos describen como la entidad más influyente del país, aunque yo lo pongo en duda.

P.- Islamistas

R.- Yo diría impregnados de una religiosidad que a veces parece de fuera de este mundo, con una reclamación para volver a un mundo idílico, el de los inmediatos sucesores de Mahoma, que a su juicio fueron los únicos que hicieron bien las cosas. Desde una mirada racionalista pongo en duda muchas cosas, pero eso no quiere decir que no haya justicia en algunas de sus críticas.

P.- ¿No es la religión la que contribuye a amparar el mantenimiento del sistema tal y como está?

R.- No, entre otras cosas porque el PJD ni siquiera le reconoce su papel como líder espiritual. La religión tiene mucho menos peso de lo que en realidad se da a entender. El mundo musulmán es algo más que los fieles tendidos rezando sobre una alfombra.

P.- ¿Que desde Occidente les veamos así fomenta la involución de la que hablábamos antes?

R.- Obviamente. Les hace volver sobre sí mismos, reforzar símbolos de identidad como el velo o determinadas prácticas religiosas. Con menos Guantánamo, menos invasiones de Irak y Afganistán y la cuestión palestina resuelta tendríamos una religiosidad más sana y más normalizada.

P.- El año pasado tituló su último libro ‘España y Marruecos. Una historia contra toda lógica’. ¿Prevé más años de desatinos en las relaciones bilaterales entre ambos países?

R.- La falta, no la ausencia total, de democracia en Marruecos... Es un país que dice que va hacia la democracia pero no siempre lo pone en práctica, y su sistema, en el que lo previsible está a la orden del día, choca contra el nuestro, donde hay unas reglas. La gestión de la opinión pública marroquí, yo creo que por falta de pericia y madurez política del grupo que rodea al rey y de este mismo, les hace moverse a impulsos para adaptarse a una población que empieza a insistir y a la que hay que atender.

P.- ¿Se refiere a respuestas como la que se dio a la visita Real de noviembre?

R.- Por ejemplo. Los Reyes de España vienen a Ceuta y Melilla y eso crea una cierta tensión. Los partidos políticos protestan más que el propio rey, pero como este tiene que actuar para satisfacer a su pueblo llama a su embajador en Madrid. Con un poco de inteligencia debería haber pensado que como en algún momento habría que devolverlo lo mejor hubiera sido llamarlo por un plazo concreto, no sine die, porque eso crea una inquietud y unas reacciones extemporáneas, una inestabilidad innecesaria.

Ceuta y Melilla

P.- ¿Ceuta y Melilla acabarán siendo un problema más grave lo que lo han sido hasta ahora entre Madrid y Rabat? Usted ha defendido públicamente la conveniencia de que ambos gobiernos hablen de todo, incluso de co-soberanía

R.- Hablar hay que hablar de todo. El error es no hacerlo. Nosotros hacíamos lo mismo sobre Gibraltar y hemos acabado compartiendo un aeropuerto, aunque es cierto que no es la misma situación. Es necesario que Marruecos rebaje su chovinismo porque a mí su reivindicación me parece legítima desde un punto de vista histórico. Eso no quiere decir, ni mucho menos, que haya que atenderla inmediatamente. Marruecos debe asumir que existe una realidad de facto, aprovechar las posibilidades de colaboración que puede haber con ambas ciudades y nosotros, a la hora de invertir en cooperación, no ir a hacerlo al Sáhara, sino aquí al lado para que todos tengan agua y luz.

P.- Eso que dice va a levantar ampollas porque son precisamente ceutíes y melillenses los que no quieren ni oír hablar de ambas ciudades

R.- Seguramente hay soluciones más inteligentes que la retrocesión. Hay que rebajar la tensión e ir hablando, pero pienso que es una iniciativa más de los marroquíes que de los españoles, en primer lugar refiriéndose a estas dos ciudades como tales, sin adjetivarlas. Son dos realidades que pueden ser palanca de desarrollo para la región de una forma beneficiosa para todos. Hay que hablar y admitir que existe una reivindicación. Ceuta y Melilla son españolas porque Franco no le hizo caso a Eisenhower y yo soy partidario de hablar porque estas dos ciudades no están produciendo lo que deberían para ser positivas en su contexto.

P.- Ceutíes y melillenses no quieren saber nada de cualquier diálogo de ese tipo

R.- A lo mejor lo que hace falta es algún ceutí inteligente que sepa explicar bien los problemas. Este también es un problema político y hay que entender que para dar futuro a esta ciudad no hay que esconderse, sino abrir esa frontera claramente, no para ir a tomar pescadito al otro lado.

P.- Antes decía que estas ciudades no producen lo que deberían. ¿A qué se refiere?

R.- Al ámbito económico, pero también a muchos otros. Esta ciudad podría haber sido un observatorio extraordinario sobre la convivencia, la inmigración, la integración... Aquí perdimos la Transición porque hoy tenemos muchos pueblos en España con el mismo porcentaje de población musulmana que aquí donde estamos viendo cómo viene un demagogo y lo fastidia todo, cómo la extrema derecha trata de aprovecharse de que esa población es muda... Ceuta perdió la oportunidad de ser una escuela de multiculturalidad para toda España.

P.- Usted defiende que el inmigrante tenga también derecho al voto

R.- ¡Imagínese lo que sería para Marruecos tener 700.000 votos en España a cambio solamente de dar 4.000 a los españoles que viven allí! Pero no quiere, porque cree que así cada vez serían más ex, que se desligarían de su país de origen, que cada vez enviarían menos remesas a su país, que el dominio patrimonial sobre ese colectivo sería menor... Marruecos no concede el derecho al voto a distancia ni a sus nacionales.

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