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Apellido catalán, fe musulmana

Los conversos al islam en los últimos cinco años son más de 3.000

07/09/2008 - Autor: Jesús García - Fuente: El País
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Abdelwadud Sabaté- TEJEDERAS
Abdelwadud Sabaté- TEJEDERAS

Universitarios deslumbrados por la espiritualidad del sufismo. Católicos empachados de jerarquía en busca de una relación más íntima con Dios. Hombres y mujeres que acuden a Alá para superar una crisis personal. E incluso jóvenes desarraigados que hallan en el salafismo su razón de ser.

Universitarios deslumbrados por la espiritualidad del sufismo. Católicos empachados de jerarquía en busca de una relación más íntima con Dios. Hombres y mujeres que acuden a Alá para superar una crisis personal. E incluso jóvenes desarraigados que hallan en el salafismo su razón de ser. Son las piezas de un colectivo heterogéneo: el de los catalanes que, en los últimos cinco años, se han convertido al islam. Son entre 3.000 y 4.000, según las distintas fuentes. Y su peso crece entre los inmigrantes.

"Y eso que el islam tiene mala prensa por culpa del terrorismo. Hoy, lo fácil es hacerse budista", ironiza Abdennur Prado, presidente de la Junta Islámica Catalana, una de las asociaciones catalanas de conversos. La mayoría de ellas, subraya Prado, aboga por "una visión abierta y progresista del islam". Eso les ha llevado a defender, por ejemplo, el papel de la mujer en la sociedad musulmana. Una idea que no ha gustado a los sectores más apegados a la tradición y que, a juicio de Prado, "se han erigido, sin permiso, en representantes de los inmigrantes de Marruecos o Pakistán".

"Los conversos tienen una relación difícil con los musulmanes de cuna. Éstos les miran con recelo, y aquéllos han de demostrar todo el tiempo que son creyentes", apunta Jordi Moreras, autor del libro Els imams de Catalunya y a punto de publicar una radiografía del islam en la comunidad.

Mohamed Halhoul, portavoz del Consejo Islámico Cultural de Cataluña -principal interlocutor de la Generalitat con la comunidad musulmana- admite "divergencias de opinión" con grupos de conversos, algo que, en su opinión, es "positivo en democracia".

Prado invita a los suyos a "tender puentes con la segunda generación de inmigrantes", aunque reconoce que, hoy por hoy, los conversos apenas acuden a las mezquitas. No es una cuestión religiosa, sino de diferencia cultural: no acaban de sentirse a gusto en oratorios que "más bien parecen clubes sociales de Marruecos".

Las décadas de 1960 y 1970 acogieron a los primeros catalanes conversos: gentes de la contracultura y la extrema izquierda, atraídos por la espiritualidad o movidos por cierta visión de la civilización islámica. Eran cuatro gatos. Ahora, todo eso ha cambiado. "Está claro que los conversos no son una anécdota, sino parte esencial del islam en Cataluña", subraya Moreras, que ve difícil fijar una cifra pero comparte la estimación ofrecida por el Consejo Islámico: entre 3.000 y 4.000 conversos. La Dirección General de Asuntos Religiosos de la Generalitat rechaza comentar los datos, porque considera que se trata de "un acto privado e individual".

¿Cómo se explica este nuevo fenómeno social? Halhoul lo atribuye al irresistible influjo del islam y, sobre todo, a la presencia de inmigrantes, que habrían motivado a los autóctonos a cambiar de bando. Los sociólogos no ven viable esa explicación: las vías de acceso de los catalanes al islam son de tipo intelectual, al margen de las relaciones con los vecinos extranjeros. Prado cita el "conservadurismo" de la Iglesia católica, la necesidad de buscar "una relación personal con Dios" y el empuje del sufismo.

Más allá de la fe, el investigador Moreras cree que cambiar de religión da "un punto de modernidad". En ese sentido, da igual si uno se hace budista o seguidor de una iglesia evangélica. Otras personas, sigue Moreras, buscan una nueva ubicación en la sociedad a través del islam. Y ahí entran los catalanes -pocos, asegura- que se han hecho salafistas, o sea radicales. "Son chicos rebotados del sistema y de extrema antiglobalización. Ser salafistas les da una identidad fuerte y un sentimiento de pertenencia", apunta.

La mayoría de conversos, según las entidades, comparte una concepción progresista del islam. La razón es que, al ser europeos, descartan ciertas prácticas -el caso más extremo sería la ablación- que "son estrictamente culturales y no están en la religión", dice Prado.

La extensión de la fe musulmana llama la atención, sobre todo porque "convertirse al islam no te da medallas ante la sociedad". Además, explican los propios conversos, la religión implica renuncias, conflictos con el entorno (muchos padres dan la espalda a sus hijos) y ciertas dificultades añadidas; por ejemplo, la imposibilidad de leer el Corán auténtico (en árabe) para conformarse con una edición catalana o castellana.

Prado lo tiene claro. "La decisión es difícil. Pero la verdad es que, cada vez que vamos a un pueblo cualquiera de Cataluña a dar conferencias aparece algún nuevo converso".

Abdelwadud Sabaté: "Mi búsqueda acabó en Alá"

La historia de Abdelwadud Sabaté es la de una larga búsqueda. "Desde los 18 años, quise conocerme a mí mismo". Por ello, visitó monasterios agustinos, buceó en la masonería, se inició en el yoga y abrazó el hinduismo. Pero las renuncias (vida monacal, vegetarianismo, celibato) le resultaron "excesivas" y, tras una "crisis existencial", descubrió un libro y a un maestro sufí: "Respondían a todas mis preguntas". Aunque no lo había imaginado, llegó hasta el islam. "Mi búsqueda ha acabado en Alá", subraya. "En una semana, me quedé sin amigos y sin vida social. Con el tiempo, mi familia lo entendió. Occidente tiene aversión hacia el islam, que hoy tiene muy mala prensa".

Xantal Genovart: "El pañuelo es feminista"

Xantal Genovart (34 años) siempre fue "más bien atea". Hasta que conoció a su pareja, un marroquí que tampoco era muy religioso. A través de la lectura, descubrieron el islam. "Como mujer, me costó entender qué me ocurría. Por eso lo primero que leí fue la sura que habla de las mujeres en el Corán, y sé que es una religión de igualdad", explica Genovart, que trabaja de mediadora cultural. Ni siquiera entonces se planteó llevar el pañuelo (hiyab) musulmán. Ahora sí lo luce. "El pañuelo es feminista: no me miran por mi físico, sino por lo que soy. Atraída por "la relación directa entre uno y Dios" del islam, Genovart acude con regularidad al oratorio Rahma ("misericordia") de Sants.

Yasin Rovira: "¿A qué viene esto ahora?"

Hace cinco años, Yasin Rovira se llamaba Marc. Ahora, a los 26, es uno de esos conversos defraudados con el catolicismo. "La espiritualidad islámica es más avanzada", opina. Su vida no ha sufrido cambios radicales. "No puedo comer cerdo. Pero antes tampoco lo hacía, así que no es mucho sacrificio", bromea. Rovira acude a rezar a oratorios sólo muy de vez en cuando. No acaba de "encajar", dice, en las costumbres culturales de los inmigrantes llegados de países del orbe musulmán. Su entorno no le comprendió. Al principio. "Los amigos y la familia se quedan muy sorprendidos. Me preguntaron: ¿Y a qué viene esto? Pero yo ahora me siento mejor".
 

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