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Ecos de la paradoja, deporte olímpico y el tercer mundo, Guatemala una muestra

Para los Estados en el tercer mundo la inversión en el deporte solamente puede tener lógica desde el punto de vista mediático

03/09/2008 - Autor: Julio Abdel Aziz Valdez - Fuente: Webislam
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Hinchas guatemaltecos.
Hinchas guatemaltecos.

Fulgurantes luces pirotécnicas alumbran el Estadio, recién estrenado para la ocasión, un repaso a la milenaria historia de un pueblo que presentada por medio de pergaminos convierten la gramilla en una gigantesca pantalla multimedia, miles de jóvenes desfilan ondeando estandartes de sus respectivas naciones, con las recientes disposiciones del Comité Olímpico Internacional los deportistas profesionales, los que cobran millones de dólares al año, pueden representar a sus respectivas naciones como el más dedicado deportista amateur, desfila la NFL, FIFA, Rafa Nadal, las hermanas Williams, NIKE, Reebook, en fin, todo sea por el amor al deporte y por brindar a los miles de asistentes y millones de televidentes un espectáculo de altura mundial, o mejor dicho, de altura con los estadios del primer mundo, que son los que pueden cancelar millones de dólares en franquicias.

No deseo que estas líneas suenen como reclamo y, menos como la retahíla clásica alter-mundista frente al desenfrenado consumo del mundo capitalista; o bien como las Olimpiadas, después de los juegos de Moscú de 1980, se han convertido en el triunfo del liberalismo occidental, más bien el interés por abordar el tema del deporte olímpico es abordar el tema de la paradoja que este constituye en naciones con niveles tan altos de desigualdad social como Guatemala la muestra más palpable del nivel de desarrollo de la sociedad.

Del locura a la reflexión

Cientos de de aficionados frente a los televisores en restaurantes y almacenes observan, con una combinación se sentimientos, la delegación de deportistas guatemaltecos desfilando en la ceremonia de apertura, no son muchos, pero por la extensa publicidad de los medios de comunicación patrocinados por marcas nacionales, se sabe que son “puros guatemaltecos”, “son los nuevos héroes”, “fieles representantes del deporte nacional”, “esforzados y sacrificados”, y otra serie de calificativos que demuestran la creciente necesidad de referentes, de personajes que nos representen, de “héroes de carne y hueso” de la industria humana, a personajes que con sus triunfos puedan convertirse en la marca nacional, ejemplo de ello fue un jugador de Fut Bol guatemalteco que por su desempeño paso a jugar a la liga norteamericana de Soccer, y luego anoto una serie de goles en los juegos pre-clasificatorios para el mundial, (donde no se clasificó) pero solo por el hecho de haber despertado el animo colectivo, y elevar la autoestima del “guatemalteco”, ganó dinero extra por anotación y contratos para publicidad de Bancos, financieras, y refrescos. Con ello el jugador de fut bol se convirtió en el héroe, salió en los libros de texto y con ello se demostró que no todo estaba perdido.

Regresando a la imagen del televisor, cuando finalizó la retrasmisión de la inauguración de los juegos olímpicos, los televidentes cambiaron de canal y no vieron la serie de notas periodísticas que trataban el caso de la perdida de más de un millón de dólares que poseía en Congreso Nacional debido a una inversión con una financiera, con raíces en Estados Unidos, financistas se dieron a la fuga, después de una reunión con congresistas, y no hay quien diga de su paradero y del dinero, que por azares del destino, la noticia se coló a los medios de comunicación. Tal vez el monto del dinero no represente mayor significancia para las cifras que se manejan en otros lados del mundo, o bien para los anales del saqueo en Guatemala esto mostró, una vez más, como funciona la cleptocracia en países donde el Estado es el fiel reflejo del imaginario del liberalismo mundial, pero no era sobre de lo que hablaríamos en este ensayo, ¿es sobre deporte o no?

Pues bien, la reacción del observador cotidiano es “el robo en el congreso nacional, eso es normal, de hecho ¿Qué político no es ladrón?”, pero las olimpiadas “no son todos los días” en la realidad cotidiana la opinión pública, en una ciudadanía pobremente politizada, como es el caso de Guatemala, los acontecimientos de la vida política nacional son automáticamente prejuiciados. Otros acontecimientos dirigidos hacia la emotividad colectiva, como son los desfiles, los eventos de belleza, o los deportivos entran al plano de lo que no es cotidiano y, si además enaltece el ideario nacionalista, finamente elaborado, por el comercio, se convierte en hechos más determinantes de la identidad colectiva.

Deportes y algo más

Todos los representantes deportivos guatemaltecos en las olimpiadas pertenecen a disciplinas individuales, y a deportes que no son practicables en forma masiva, ni poseen audiencias masivas, es más ni siquiera son televisadas, tal es el caso de la equitación, badminton, Tae kwan Do, tiro al blanco, velero u otros, que aunque no tuvieron acogida en las actuales olimpiadas han proporcionado referencia de personas para el imaginario de heroicidad de la sociedad liberal, tal es el caso del alpinismo (de gran altura) y los bolos.

Paradójicamente el único deporte que se practica a nivel masivo, que no reconoce edad, procedencia social e incluso etnia es el fútbol. En Guatemala no hay aldea, por pequeña que sea, que no haya un lugar donde la comunidad practique este deporte, la liga nacional gasta millones de quetzales anualmente en contratación de jugadores, pero hasta el día de hoy Guatemala, es de los pocos países en América Latina, donde se reconoce la presencia nacional de este deporte, que no ha participado en una sola copa del mundo, y su participación a nivel de juegos panamericanos no ha pasado de ser regular o mala.

Muchos cronistas deportivos coinciden en afirmar que en general existe muy poca inversión en el deporte nacional, y de ahí, los magros resultados de las presentaciones de los deportistas, lo cual no se puede negar, parte de dichos costos serían absorbidos por el pago de entrenadores de primer nivel más el sustento de los mismos deportistas, y la estructura burocrática que hay detrás de las asociaciones.

Lo paradójico del caso guatemalteco empieza por el hecho de que desde hace años, la principales disciplinas olímpicas son dirigidas, desde lo técnico, por entrenadores cubanos de primer nivel, lo que se compara con el hecho de que la selección nacional de fútbol ha tenido como entrenadores a personas que han llevado a selecciones a mundiales y aún así, no se ve la posibilidad de que este deporte despegue más allá de las fronteras, la pregunta obligada es: ¿qué sucede?

Posibles respuestas

La formación de un deportista, en el tercer mundo, reside más en inversiones de carácter familiar que las hechas por el Estado, es por ello que más que escuelas de deporte, o tradición deportiva, la apuesta en deporte, en el tercer mundo, es a la casualidad, a la posibilidad de que un deportista, financiado por fondos familiares, logre destacar, eso explicaría como muchos de estos deportistas no pertenecen a estratos sociales y étnicos mayoritarios sino más bien a un grupo de becados en universidades norteamericanas o europeas, que paradójicamente no pueden representar a las naciones que los adoptó pero si de las que provienen, donde el nivel de competición es exiguo.

Para los Estados en el tercer mundo la inversión en el deporte solamente puede tener lógica desde el punto de vista mediático, no como la inversión en el desarrollo humano integral, es la necesidad de aparentar lo que no se es, en el razonamiento liberal de que “la inventiva y esfuerzo del ser humano es lo que vale en la sociedad”, casualmente Guatemala muestra tal extremo al no presentar una sola delegación deportiva en equipo porque eso rompe con la lógica del financiamiento del deportista solitario de familia acomodada o bien, con el corredor solitario que con apoyo empresarial demuestra que la pobreza no determina limita la voluntad humana.

La década de sesentas e incluso en los setentas, vio desfilar en Cuba una infinidad de asesores de Europa Oriental en toda materia, incluyendo la deportiva, en menos de treinta años la isla despegó no solo como potencia regional sino mundial, la explicación más allá de la asistencia técnica tiene que ver con el nivel de desarrollo cultural y socioeconómico que alcanzó la sociedad cubana, donde el deporte se convierte solamente en un indicador. El nivel de competición, más que la sucesión de casualidades, tiene que ver con el desarrollo de las naciones y Cuba es el reflejo de ello, paradójicamente, sociedades como la norteamericana ese mismo desarrollo deportivo tiene que ver con el enaltecimiento de los valores de cambio traducidos en moneda, se aspira a las medallas porque estas son el pase a la fama y fortuna, la bandera más bien es la excusa sino veamos la tendencia de los deportistas nacionalizados, aquellos que habiendo nacido y formado en otros países, por el mercado no solo asumen otras banderas sino otros valores.

Contradictoriamente, también sucede que el desarrollo de la competición tiene que ver con el nivel de los estratos sociales que “económicamente” pueden sostener la inversión en el “deportista solitario”, no se apuesta por la escuela sino por la posibilidad del transfuguismo, la nacionalización de deportistas que puedan, además de brindar un espectáculo, que eleven el nivel de la interrelación con las escuelas locales, este es otro tipo de migración que no figura dentro de los parámetros de los que se animan a una travesía en el mar o en el desierto, estos más bien son ubicados por el Internet.

El desarrollo del deporte a nivel mundial también representa el triunfo del occidente civilizado, los primeros lugares en el medallero están acaparados por las naciones triunfantes, casualmente las que tradicionalmente han practicado el colonialismo, el lapso de tiempo cuando las naciones del bloque comunista intentaron romper con aquella tradición, era para demostrar la antítesis de la inversión en el deporte más que empresa comercial como mensaje de propaganda, de esto solamente sobrevive Cuba que ahora enarbola la solvencia moral en cuanto al desarrollo del ser humano integral, que igualmente le ha significado réditos políticos, el demostrarle al mundo que para ser competitivo no necesariamente se necesitan millones de dólares en patrocinios, aun cuando el mismo comandante en Jefe aparece en televisión mostrando un pants Adidas.

El sesgo cultural sigue, las disciplinas deportivas responden a valores culturales de competición, que llevados a su máxima expresión, marcan la diferencia entre convertir a un deportista en millonario o reducirlo a la pobreza, entre un héroe o un villano, entre la simbología de la liberación o bien de la opresión y exclusión, el caso de Guatemala es paradigmático para escenificar el extremo, las representaciones de origen indígena, o de deportistas de origen pobre, son casi inexistentes a lo largo de la historia de participación, entonces sobresalen los jinetes, los veleros o los de tiro al blanco, que son deportes que además se pueden incluir en el listado de deportes de élite en el primer mundo.

Olimpiada tras olimpiada casas comerciales ofrecen millones de dólares en recompensas, casas, electrodomésticos para supuestamente estimular a los deportistas solitarios a que traigan una medalla a casa, lo cual finalmente no sucede, entonces todo regresa a la normalidad, estos mismos recursos no son invertidos en formar deportistas sino en premiarlos “por si casualmente consiguen una medalla”.

La democracia occidental, liberal, se esfuerza por demostrar que es un valor humano la pericia y la búsqueda por el bienestar, particular por supuesto, la colectividad no entra en la lógica, es por eso que los mismos países del tercer mundo, sus delegaciones, están cooptadas por elites de deportistas que lo único que les interesa, además de la correspondiente fama de ser medallista, es el dinero que deviene de contratos de publicidad.

Guatemala, la mayor de las economías de América Central cuenta con un 49.4 de población rural en situación de desnutrición, 80.8 de niños menores de 5 años afectados con desnutrición crónica y un 84.5 afectados con desnutrición global , efectivamente, una persona que en alguna etapa de su infancia haya sufrido desnutrición jamás podrá ser considerado para un proceso de formación de deportistas de alto nivel, solo con estos porcentajes podemos ver, a primera vista, la exclusión social que se da en torno a la formación de deportistas, eso sin contar que las instalaciones para practicar los deportes se encuentran en los mayores centros urbanos (que no son muchos), o sea, no es el Estado el que busca deportistas sino el deportista el que busca al Estado y, este a su vez lo que proporciona es una oportunidad de practica, que luego es traducida en oportunidad de financiamiento, “si y solamente si”, el deportista demuestra contra todos los pronósticos que puede ser competitivo.

Seguimos con los porcentajes, con los problemas que se han producido por el alza en los combustibles a nivel mundial y otros insumos, el Banco Interamericano de Desarrollo afirma que la pobreza aumentará de un 51.4 a un 59.4 o sea de 6.8 a 7.9 millones de personas en Guatemala, y aún así, en las últimas olimpiadas Guatemala incluyó en las delegaciones deportivas dos caballos que formaban parte del equipo de competición para Equitación y para Pentatlon Moderno, o todo el equipaje para el representante de Regata.

Los deportistas de élite económica en Centroamérica, en realidad, lo que hacen es obviar el proceso de “lotería” del beneficio del Estado y, lo convierte en una empresa de ego familiar, donde el adquirir la representatividad de un Estado es un paso nada más.

Conclusión

¿Está el deporte por encima de la política? Si así se ha querido plantear, pues no debería de estar por encima de lo racional de la inversión pública, y es que en el tercer mundo, este tipo de respiros mediáticos contribuye a enaltecer valores humanos que muchas veces no existen en la sociedad. Se trata simple y sencillamente de ganar, de demostrar superioridad física en la muestra de elevación del ego colectivo de un imaginario nacional.

México sería otro de sus ejemplos más crueles, por la cantidad de delegados y cobertura mediática y la poca cosecha de metales, y eso motivó un comentario mordaz de un cronista que afirmaba que: “todo el que puede correr y saltar en México está en los Estados Unidos”.

De la democracia occidental como panacea no alcanza para todos y su muestra más palpable lo muestra la tendencia del medallero olímpico, fuera de la nueva rivalidad China o la de la nueva Rusia, se observa las tendencias de Estados Unidos, Inglaterra, Alemania, Australia o el mismo Japón, luego decenas de países con magros resultados, incluyendo, por supuesto, aquellos representantes de sociedades islámicas provenientes de naciones que consideran que los valores de la humanidad se encuentra hacia el occidente, aun cuando se presentaron con dignidad las mujeres con su Hiyab, lejos de los valores humanos universales, la Olimpiada es un antivalor, una ilusión óptica de desarrollo humano.
 

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