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Jutba del Ramadán

Cuando viene el mes de Ramadán se abren las puertas del Paraíso y se cierran las puertas del Infierno y se le encadenan las manos al diablo.

29/08/2008 - Autor: Abderrahman Agdaou - Fuente: Webislam
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Hilal de Ramadán
Hilal de Ramadán

Alabado sea Alah que la paz y las bendiciones sean con su Profeta y sus seguidores hasta el día del juicio final

Dijo Allah en el Quran al Karim:

Vosotros que creéis! Se os ha prescrito el ayuno como fue prescrito a los pueblos que os precedieron. Tal vez seáis temerosos. Son días cncretos, pero quien de vosotros esté enfermo o de viaje podrá hacerlo, en igual número, otros días.” (Qur’án. 2-183)

En pocos días se iniciará el mes de Ramadán. En este mes Allah otorga la mayor recompensa y las puertas de la bondad y las del Cielo permanecen abiertas . Este es el mes de la fé. Durante Ramadán Allah reveló el Sagrado Quraan. Este mes está colmado de misericordia y de perdón de Allah. En efecto, el principio de Ramadán es Misericordia, su mitad es Perdón de Allah y el final del mes es la Salvación. Dijo el Profeta Muhammad (PBE):

“Cuando viene el mes de Ramadán se abren las puertas del Paraíso y se cierran las puertas del Infierno y se le encadenan las manos al diablo.”

El ayuno ha sido en todas las eras y todas las naciones una práctica muy usada en tiempos de aflicción, luto y pesar; se constituye además para el mejoramiento de la condición moral y espiritual del ser humano. Su objeto además, es aprender a evitar el mal, por lo que el ayuno no significa solamente el abstenerse de comida y bebida a determinadas horas, total o parcialmente de acuerdo al rito religioso correspondiente, si no, abstenerse permanentemente de todo tipo de mal. De esa forma, la abstención de la comida o bebida, es sólo el primer paso para lograr que los creyentes se den cuenta, de que si se puede en consonancia con los mandatos divinos, abstenerse de lo que en circunstancias normales es lícito; con mayor razón, se debe abstenerse de todo aquello que siempre es ilícito. De esa forma, el ayuno es un medio práctico que lleva a la perfección del alma.

Las raíces de esta práctica tal y como la conocemos hoy día, en especial del ayuno previo a la Pascua se remonta al siglo III. Pero no fue hasta el siglo siguiente cuando este ayuno se prolongaría aún más, tomando para ello como modelo el relato de Jesucristo en el desierto donde, según la tradición recogida por Mateo en el Evangelio, ayunó cuarenta días y cuarenta noches. Un número de días, el de cuarenta, de donde provienen el nombre de Cuaresma, que ya había sido consagrado por Moisés, cuando según la Biblia subió al monte Sinaí y se quedó allí por idéntico período sin comer ni beber.

La elección del miércoles de ceniza como inicio de la Cuaresma y del tiempo penitencial, fue debido a que este período no podía iniciarse en domingo, -día de alegría- según la tradición cristiana en el que –debe recordarse la resurrección de Cristo-.

Al principio, el ayuno cuaresmal llevaba consigo la abstinencia de ciertos alimentos, sobre todo la carne (exceptuando pescado y mariscos). Posteriormente la abstinencia sustituyó al ayuno y el tiempo se redujo a los miércoles y viernes de cuaresma. Y después sólo a los viernes. Algunos sólo hacen abstinencia el viernes Santo y otros, no hacen ni abstinencia ni ayuno en ningún día del año. De esa forma el ayuno cuaresmal primitivo ha sido mejor conservado por las iglesias orientales; dado que en occidente, paulatinamente se ha ido disminuyendo las restricciones y sucediendo privilegios, mitigaciones y dispensas para permitir mayor facilidad en el culto religioso. Eso puede ser placentero; pero disminuye la mística religiosa y se pierde identidad. A pesar que el cuarto Mandamiento de la Iglesia Católica manifiesta:

“Guardar ayuno y abstinencia cuando lo manda la Santa Madre Iglesia”

Últimamente prima más, el espíritu de penitencia sobre el ayuno. De esa forma éste fue sustituido por otras formas de penitencia, como pueden ser las “obras de caridad y prácticas de piedad”, que no todos hacen. Así, el Código de Derecho Canónico, que es de aplicación a quienes practican la religión católica y promulgado por Juan Pablo II en enero de 1983, fija los días y tiempos penitenciales con énfasis en los viernes de cuaresma e instituye la obligación para todos los fieles de hacer penitencia a su modo.

En cuanto al judaísmo son 5 días al año, los que destacan en cuanto al ayuno: el 3 de Tishri; el 10 de Tevet; el 17 de Tamuz; el día del perdón: Yom Kipur y el ayuno del 9 de Av. Estos últimos, son días de ayuno completo.

El ayuno también es una característica propia del Islam y determina la abstinencia completa, no sólo de alimentos y bebidas, sino también de relaciones sexuales y de tabaco desde antes del amanecer hasta anochecer, durante todo el mes de Ramadán, esto es, prácticamente 30 días seguidos.

El ayuno es una práctica común a todas las tradiciones, una ‘ibada (adoración) humana universal. La privación voluntaria es una decisión espiritual que equilibra el exceso. El ayuno nos hace romper los hábitos que embotan nuestras vidas y nos adormecen hasta hacernos morir.

El frío nos empuja con fuerza hacia el calor. El ayuno nos lanza de lleno a la necesidad de romperlo, nos ayuda a recordar la soledad, el hambre, la sed y el deseo para, finalmente, dejarnos a solas con nuestroseñor, con ese Señor nuestro que habla en cada una de nuestras células, en cada uno de nuestros pensamientos.

Alhamdulilah, que entonces Se nos revela como el Más Sabio y Puro Conocimiento.

El ayuno no sólo nos libera del mundo, sino también de nosotros mismos. Nos hace comprender, precisamente, que no somos algo diferente del mundo que habitamos. Tan vacíos estamos nosotros como el mundo. No hallamos la realidad por ningún sitio, sólo silencio, sólo quietud inanimada.

El ayuno nos prepara para la revelación del Corán, que se inició durante el mes de Ramadán. El mundo sutil, se nos revela cuando nuestra conciencia abandona los ganchos del mundo y nuestros sentidos se libran de los ídolos que los mantienen prisioneros.

Cuando nuestra mente se apacigua y nuestros egos están templándose con el ayuno, nos vamos limpiando de todas las adherencias que hemos ido adquiriendo en nuestro viaje. Nuestra atención se dirige inevitablemente hacia el interior, se repliega hacia dentro. El ayuno purifica nuestros corazones de las constricciones a que se ve sometido por la existencia, de las prosternaciones que hacemos a los ídolos consciente ó inconscientemente. Esta privación nos libera de todos los movimientos y pensamientos que no están conscientemente dirigidos a encontrar a Allah. Para eso El nos ha prescrito el ayuno, como Misericordia, para que se incremente nuestra conciencia de Él, nuestro pudor, nuestro amor por Él, para tenernos más cerca proclamando la unicidad. Y por eso es el único acto de ‘ibada que el mu’min hace para Allah Solo, como ofrenda y como expresión del sacrificio de sí mismo. Por eso, quien no puede sacrificar durante el Hayy, debe ayunar diez días.

El ayuno del mu’min (creyente) tiene lugar en el marco de su relación personal con su Rabb (Señor) porque implica una merma del ego, un abandono de uno mismo y un reconocimiento de aquello que nos mantiene en la Realidad.

En las prescripciones legales contenidas en el Qur’án, el ayuno aparece como expiación y reparación legal, como purificación y renovación. Quien no tiene capacidad económica para reparar un daño o liberar un esclavo deberá ayunar.

En este mes bendito tiene lugar la transición cíclica en la que el mu’min, escapando del tiempo lineal, recobra la capacidad de vivir el tiempo sagrado, cuando Allah se nos revela como al Quddús y nos procura la curación espiritual sin que sepamos cómo ni de qué manera.

Por eso Allah establece el ayuno como uno de los pilares obligatorios de la fe del Islam, para que nuestros corazones puedan ajustarse en la hermandad del Tawhid, sentir Su expresión pura y creadora de vida en nosotros. Allah nos quiere para Él al mismo tiempo que nos quiere para nosotros. Él quiere crearnos libres para que así podamos vivir la experiencia de la soledad y del deseo. De ahí que las noches del mes de Ramadán sean especialmente benditas y que la Laylatul Qadr (la Noche del Destino) transcurra cuando Allah nos ha despojado ya de todas las excusas, de los lastres que nos mantienen en un estado de letargo, de conciencia lejana y extrañada.

El ayuno, al tiempo que nos limpia, va acercándonos a la conciencia de Allah. Esta pudor acaba con el shirk (la asociación), destruye la idolatría, y es la antesala del perdón de nuestras faltas, de la reconciliación entre el siervo y su Señor. No podemos acercarnos a la Realidad mientras nos hallamos entretenidos en las imágenes, en las ideas que absorben nuestra atención, pero ¿Cuáles son nuestras faltas, nuestros errores?

Nuestras faltas son los momentos que hemos vivido alejados de Allah habiendo podido ser conscientes de Él. Nuestros errores son también esas imágenes e ideas que han quedado impresas en nuestra memoria y que, pretendiendo ser reales, no hacen sino tratar de velarnos a la Realidad, a nuestra propia conciencia trascendente. Son esos sentimientos que quedaron en algún remoto rincón de nuestro pensar, esas imágenes que quedaron grabadas con fuerza en nuestros corazones; de todas esas formas de idolatría nos libra el ayuno.

Allah nos hace ser conscientes de nuestra necesidad, de nuestra condición de seres dependientes, de seres sujetos, de criaturas. Así nos va conduciendo sabia y compasivamente hacia Sí Mismo, de la única manera posible, sin error, sin falta.

Por medio de la continencia sexual y de la interiorización, Allah purifica nuestra visión, renovando nuestra capacidad de vivir el amor en nuestra mirada. Así Se nos revela Allah en el ayuno a través de Sus Nombres, como Ar-Rashid, como Aquél que nos guía por el sendero de la virtud, Aquel que es capaz de conducirnos por la senda de la Realidad, el que nos procura la realidad, el que nos regala la conciencia.

Existe una correlación entre los mundos. Nuestro cuerpo, nuestra ego y nuestro alma son distintas expresiones de una sola realidad, como nos dice la Ciencia del Tawhid (la unicidad), y si trabajamos en una de esas expresiones, se ven afectadas todas ellas de una manera u otra.

La obligación del ayuno incumbe a todo musulmán (hombre o mujer) que se encuentre en un buen estado físico y mental, haya llegado a la pubertad (se considera a los 14 años) y tenga capacidad de discernimiento.

Las personas enfermas, débiles o muy mayores, mujeres embarazadas, en periodo de menstruación o parto no están obligadas si bien la ley islámica prevé en determinados supuestos la figura de la compensación, que consiste en ofrecer una comida al día a un musulmán necesitado o su valor, o bien aplazar el ayuno para más adelante.

Señor nuestro que nos ha prescrito el ayuno como uno de los pilares obligatorios de nuestro din. Así nos beneficiamos de los dones que derrama en abundancia sobre quienes se privan de algo por Su causa.

Señor nuestro Haznos conscientes de que nuestro ayuno es sólo para Ti.

Procúranos satisfacción en lo sencillo, en lo claro, en lo cercano.

Que nuestra privación de nosotros mismos se haga conciencia de Ti.

Amin.

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