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Gurba y Modernidad en la Poesía Árabe

El poeta está solo; está, y se siente solo. Mira a su alrededor: todo le es ajeno, todo le es extraño, raro

21/08/2008 - Autor: Rosa-Isabel Martínez Lillo - Fuente: Hoja de Ruta
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El concepto de gurba va asociado al exilio en la poesía árabe moderna.
El concepto de gurba va asociado al exilio en la poesía árabe moderna.

Introducción

Seguramente ya haya llegado el momento de teorizar y, tras una honda reflexión y copiosas lecturas, hablar y escribir abiertamente de ese sentimiento que tanto encontramos en la poesía árabe actual, así como en otros campos de la vida artística, que en árabe recibe el nombre de gurba (o gurbah, en su transcripción a otros idiomas de Europa occidental). Pues, aunque el asiduo lector de esta poesía, la árabe, no deje de encontrar por doquier tal término u otros provenientes de la misma raíz gramatical: garib , igtirab , por ejemplo, y aunque dicho lector, si se le presenta la oportunidad de hablar directamente con los creadores árabes, con los poetas, no va a dejar de escuchar los mismos términos, bien es verdad que poco va a encontrar sobre el tema en los libros de crítica, en los estudios eruditos.

En este sentido, de vital importancia ha sido el curso monográfico que impartí en la Universidad La Sapienza de Roma, dentro del programa de la Profesora Isabella Camera DAfflitto, quien me sugirió tratar el tema general de “ Gurba y exilio en la poesía árabe moderna”.

¿Es el exilio, físico principalmente, origen del sentimiento de gurba? ¿Es su primer paso? ¿Qué relación existe entre ambos? ¿Cómo se expresan, en este sentido, los principales poetas árabes modernos?

Veamos, entonces, cómo sería posible aproximarnos a tal realidad a partir de los siguientes pasos: primero tratando de describir el sentimiento en sí, la gurba, viendo, posteriormente, lo que sería su devenir, su desarrollo, para terminar, en fin, hablando de su aparición en uno de los poetas árabes actuales más representativos y genuinos, como es el palestino Mahmud Darwish.


1-Una primera aproximación al sentimiento de gurba

El poeta está solo; está, y se siente solo. Mira a su alrededor: todo le es ajeno, todo le es extraño, raro. Mira a través de la ventana: todo, edificios, personas, le es ajeno, todo le sigue siendo extraño, raro. Entonces, en un intento casi desesperado por encontrar algo familiar, algo conocido, algo capaz de tranquilizarle y disipar ese miedo a lo extraño, se coloca frente al espejo y se mira, mira su reflejo en el espejo. Mas todo ha sido en vano. El espejo, sí, continúa siendo el mismo, él, sin embargo, ya (¿ya?) no se reconoce. ¿Ha cambiado el poeta o es la propia perspectiva la que ha cambiado y, así, no le permite reconocerse, ni incluso a sí mismo? Carece de importancia la respuesta. Lo importante, aquí y ahora, es ese sentimiento de “extrañeza”, de “no reconocimiento”, de sentirse “ajeno” ante sí mismo.

Éste, precisamente y tras mucho leer a los poetas, tras mucho hablar con ellos, tras mucho meditar, creo que es el sentimiento de gurba. Sentimiento que, atendiendo a su sentido lingüístico en árabe, proviene de la raíz “ garaba” : “Ponerse (el sol, los astros), irse, partir, alejarse, ausentarse, retirarse…”. Sí, se trata de un “alejamiento”, de cierta “ausencia”, mas, sustancialmente, de un “alejamiento” y “ausencia” personales, interiores, de uno para con uno mismo.

Cierto es que, en principio, el hecho del exilio, de la impuesta distancia física, aumenta en el poeta dicho sentimiento. Otro país, otra realidad externa, otras gentes, otro idioma u otro dialecto…Todo ello, claro, no hace sino provocar en el hombre una “extrañeza” mayor. Pero no siempre el exilio real, el físico y directo, va a desembocar, necesariamente, en un sentimiento de gurba; esto es, no siempre el exilio físico va a conducir al metafísico, al interno, aquel más vinculado a la gurba .

De tal modo, son muy significativas las palabras del cuentista tunecino Hasan Nasr quien, en un hermoso relato de sus delicadas Noches de lluvia , pone en boca del personaje masculino al hablar con la mujer amada: “Yo, a pesar de no estar en el extranjero…me siento mucho más extraño que tú” 1.

Entonces, gurba como “extrañeza interna”, como no “encontrarse uno dentro de sí mismo”, como antítesis de lo “acostumbrado, familiar” (que en árabe podría ser lo “alif”), y, aunque en ocasiones derivada de ello, no siempre producto directo del “exilio”.


2-Una mirada histórica a la gurba

Corrían los años sesenta del siglo pasado cuando un poeta iraquí, uno de los pioneros del llamado Verso Libre, Badr Shakir al-Sayyab (1926-64), escribe un bellísimo poemita titulado, precisamente “Porque soy un extraño” (“ Li-anni garib” , en árabe), que comienza:

“Porque soy un extraño,
porque el amado Iraq está muy lejos
y heme aquí,
añorándolo, añorándola…
Lo llamo: “Iraq”
mas retorna, de mi llamada, sólo un eco…”. 2

En dicho poema es cierto que al-Sayyab habla desde la lejanía, cierto que desde la distancia física invoca el nombre de su amado/amada Iraq, (permítaseme una reflexión, y denuncia, ¿no era tal país futuro próspero del mundo árabe?¿por qué, y a quién, no interesó que se proclamara como tal?)…mas también es cierto que ya se atisba en el poema cierta dimensión de aquella distancia íntima de la que hablábamos: el poeta habrá de seguir girando, andando, errabundo, por el desierto ¿de la existencia?

Se siente extraño porque se siente lejos de su Iraq, cuando este Iraq, cuando esta Iraq, es encarnación de aquello que le falta al poeta, al hombre. Extraño, entonces, ante Él/Ella.

* * *

Pasa el tiempo y escuchamos la voz de otro pionero de dicha tendencia, otro poeta, ¡también iraquí!, `Abd al-Wahhab al-Bayati (1926-99), quien, ahora en un extenso, profundo y polícromo poema titulado “ La Princesa y el gitano”, del que insertamos el principio y el final, declama:

“1
Me introduzco en tus ojos. Tú sales de mi boca, y despierto en tu frente tan clara. Dormitas en mi sangre, sobre el lecho de lluvias de los rojos desiertos de los tártaros. Te llamo enloquecido, en todos los salvajes gritos negros del mundo, en todos los lenguajes, en todos los dolores del amante en lo hondo del infierno de las ciudades: del amante, del mártir, del asceta. Dormitas en mi sangre. Me introduzco en tus ojos y me desplomo muerto sobre el lecho del fuego. En sueños, me dejo descansar sobre tu pecho. Duermes en las pestañas. Te llamo enloquecido. En tu pecho me tiendo, sobre el grito del gallo de la aurora en el reino de Dios, el reino del hechizo, por sus frías regiones continúo marchando.

2
Fugitivo se muere
mi amor, sobre los muros de esa llama escondida en tus ojos,
en tu voz, tu silencio, y en tu frente
hechizada y transida.

3

Este amor
es canción que escribió una hechicera
en los templos de Ishtar.
en el alba primera del hombre, en marzo antes del tercer milenio
Tras el diluvio, y antes de la expulsión a los desiertos.

7
Es más grande mi amor que yo mismo,
más grande que este mundo.
Que los amantes pobres
me han erigido en rey de las visiones,
imán de la soledad y del desierto.

8
En tu nombre llamaba a Dios, enloquecido” 3

Gurba, aquí, sinónimo principalmente, y como nos indica su traductor, de “soledad”… “Me siento extraño porque me siento solo, porque no estás tú, mi Princesa, a mi lado”. Extraño, así, ante Tú.


3- La gurba, hoy

Y llegamos al ahora, a los momentos actuales.

Tras los dos poetas iraquíes vistos, al-Sayyab y al-Bayati, el primero experimentando un sentimiento de extrañeza, de gurba, para con una tercera persona, Iraq en este caso, y el segundo, extraño, solo sin un tú, su Princesa, nos adentramos en la gurba más dura, la extrañeza más acuciante y desoladora: la de mí mismo, la del Yo.

Dicha gurba va a ser experimentada por diversos poetas. Unos, como el egipcio Salah `Abd al-Sabur (1931-81), la sentirán mas no la nominarán nunca, otros, como el joven tunecino Yusuf Razzuqa (1957), la relacionarán con el mundo contemporáneo y todo lo que comporta…Otros llegarán a ella por un camino doble: aquél del exilio físico, de la negación de tierra, pretendida negación de identidad, y por causas personales, de la propia vida. De entre ellos, el caso del poeta palestino Mahmud Darwish (1942), creo, es el más significativo, el más descarnado y duro.

A Darwish, palestino, se le despoja de todo o casi todo: Tierra, casa, en definitiva, de espacio físico, y, tras experiencias propias, una complicadísima operación a corazón abierto, el hombre se siente muy, muy cerca de la línea divisoria entre el ser y el no ser. Es entonces cuando nos presenta su poema-diván 4 titulado Mural, en que, tras echar una mirada sobre todo lo que ha supuesto su vida y su poesía, tras declarar que todo lo que le rodea (el mar, las lágrimas del muro de la casa, las letras de su nombre) le pertenece, tras todo ello, el autor, con una solidez pasmosa nos declara:

“Y mi nombre, incluso si fallo al pronunciarlo
con sus seis letras dispuestas en la línea:
“eme”: mano de aventurero, moribundo marchando hacia la muerte
“a”: amigo de la vida, amante, amado, adiós,
“hache”: hermano, humano, huerto y huérfano de hambre
“eme”: un manojo de rosas
“u”: uno, único, unidad,
“de”: destierro, dirección, directriz que me dirige y me desangra,
este nombre es el mío…
y es de mis amigos allá donde se encuentren,
y es mío, en presencia o ausencia, mi cuerpo prefijado…
Me bastarían tan sólo dos metros de esta tierra
(uno setenta y cinco para mí…
y el resto para la flor de colores confusos
que, despacio, me sorbe). Y es mío
aquello que fue mío: mi ayer y lo que será mío,
mi mañana lejano, la vuelta de mi espíritu errante.
Como si nada hubiera sido.
Como si nada hubiera sido,
una pequeña herida en brazos del frívolo presente…
mientras se ríe la Historia de sus víctimas
y sus héroes…
a quienes mira de reojo, y se va…
Este mar, mío,
este aire húmedo, mío
y mi nombre
-incluso si fallo al pronunciarlo sobre el ataúd-
es mío.
Mas ahora, tras haberme llenado
de todos los motivos de la marcha,
no soy mío.
Yo no soy mío,
No soy mío.” 5

¿Qué existe más duro que la no posesión de sí mismo?

Rosa-Isabel Martínez Lillo es arabista, Profesora del Departamento de Estudios Árabes e Islámicos y Estudios Orientales de la Universidad Autónoma de Madrid.
Notas
1. Tomado de la Tesis Doctoral de Domenico Lapolla, con quien estuvimos trabajando en su traducción, del árabe al italiano. Dicha Tesis, bajo la dirección de Monica Ruocco, se presentó en la Università degli Studi di Lecce (Italia), en mayo 2006 y obtuvo la máxima calificación. La traducción expuesta aquí, del árabe, es de la autora del artículo.
2. La traducción, inédita, es de la autora del artículo.
3. Abdel-Wahhab al-Bayati: Amor más grande que yo mismo , Selección, traducción, prólogo y notas de Pedro Martínez Montávez, Asociación de Amistad Hispano-Árabe, Madrid, 1985, pp. 39-41.
4. Dicho término, acuñado por la autora, se refiere a una de las características formales más significativas e innovadoras del poema árabe contemporáneo: el hecho de que todo el diván, todo el libro, es un único y extenso poema. Otro autor que lo lleva a la práctica es, por ejemplo, el tunecino Yusuf Razzuqa.
5. Mahmud Darwish: Mural , traducción de Rosa-Isabel Martínez Lillo, presentación de Pedro Martínez Montávez, ediciones del oriente y del mediterráneo, Madrid, 2003, pp.201-207.
 
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