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De Sevilla a Fez

El Camino del Amor y del Islam

21/08/2008 - Autor: Hajj Omar - Fuente: Webislam
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Fuqará en la zawiyya de sheij Muhammad Ibn Al-Habib en Meknes. (Foto de Abdeladhim Sanders)
Fuqará en la zawiyya de sheij Muhammad Ibn Al-Habib en Meknes. (Foto de Abdeladhim Sanders)

Esta es la segunda parte (ver primera) o más bien la segunda vez que mi persona va a Fez a la zawiya de Mulay Bashir. En un principio no iba a escribir este texto, sin embargo a causa de una serie de acontecimientos que me han ocurrido, estados de ánimo hasta ahora inéditos en mi persona me han hecho replantear la cuestión y he llegado a la conclusión de que es necesario que escriba sobre esta segunda experiencia, bien sea porque es necesario que la gente conozca más cosas acerca de la auténtica espiritualidad islámica, bien sea porque es necesario que cualquier noticia importante sea conocida por la Umma (y para mí esta Comunidad es un gran hallazgo), o incluso por mi equilibrio personal que en los días posteriores a este viaje ha estado tambaleándose. Pero ante todo Alhamdulillah y todos bienvenidos a mi espacio, a vuestro espacio y al espacio de todos, el Camino del Amor y del Islam.

1. El comienzo

No sé por qué pero la mayor parte de la gente que se plantea ir a estos viajes, viajes con un objetivo que es conocer más a fondo el Islam suele tener unas dificultades enormes para comenzar. Problemas en casa, en el trabajo, por toda clase de factores. Muchos de los que quieren ir no llegan a partir y como todos sabemos, eso es por algo (viéndolo desde la óptica del Tawhid).

En mi caso pasé un día fatal anterior a causa de problemas con la familia. Como es normal en la mayor parte de gente no nacida en familias musulmanas, tienes que aguantar lo inaguantable y nunca perder la paciencia lo que te hace un daño enorme a tu tranquilidad interior, pero eso es algo por lo que pasamos todos así que no me extenderé más sobre esto.

Saliendo a primera hora de la mañana de la estación de autobuses y con escala en Madrid, a las nueve de la noche llegué a Sevilla. Allí me recibieron dos grandes amigos con los que estuve hasta las tantas de madrugada en una de esas conversaciones que llegan casi hasta el día siguiente y las recuerdas toda la vida. Son de esas charlas en las que arreglas el mundo varias veces.

Al día siguiente salí y ellos se quedaron pues vendrían dos días después. Quedé con otro compañero y nos juntamos todos en un punto concreto de Sevilla.

Con lo que comenzamos el viaje.

2. De Sevilla a Fez

Comenzamos el viaje por la mañana y transcurre normal, la idea es llegar a un pueblo de las afueras de Fez donde se encuentra la Zawiya de Mulay Bashir. Sin embargo hubo un cambio de planes y nos dirigimos a Larache porque Mulay Bashir se encontraba allí.

Larache es una ciudad de Marruecos que como muchos sabréis está cerca de Tánger. Sin embargo no fuimos justo a la ciudad sino que nos pusimos en dirección a una aldea perdida en las montañas limítrofes a dicha ciudad.

Como llegamos de noche tuvimos que atravesar las montañas sin luz ni carretera, era como una vuelta al pasado. Estuvimos más o menos una hora y media en el Marruecos más profundo hasta llegar a nuestro primer destino.

3. La Zawiya de Lala Alo

Lala Alo es una mujer de edad entre ochenta y noventa años, o quizá más de noventa. Yo no sabía su nombre hasta ese momento pero la conocía porque en el viaje anterior a Fez había asistido a una Reunión de dikr donde se juntó una gran cantidad de gente todos ellos maestros y entre ellos había una mujer vestida con saco de patatas de mirada muy profunda y que había llamado la atención de todos. (Podéis leerlo en el anterior artículo: “El enigma de Fez”).

Me había quedado con ganas de conocer un poco más a esta misteriosa mujer que apareció de repente y al día siguiente se fue muy temprano.

Pues nada más llegar a la Zawiya nos recibieron varias personas, además de una avalancha de niñas y niños alrededor del coche. Era muy de noche y todo estaba oscuro. Sin embargo había decenas y decenas de personas y mientras miraba veía más. Era increíble la reunión de gente que se estaba realizando en este rincón oculto del planeta. Entonces pude ver, por segunda vez en mi vida a esta anciana.

4.- La maestra anciana

Vestía como un par de mantas blancas que la cubrían al completo excepto la cara y las manos. Nos vino a recibir y cuando la vi de cerca, la reconocí inmediatamente. Sin embargo hubo una cosa que me sorprendió.

Su mirada. No me había fijado la anterior vez que la había visto, quizá por estar en medio de un momento único de mucha fuerza en aquella Reunión hace unos siete meses, pero en frío y nada más llegar de la península a su zawiya me di cuenta que sus ojos estaban como si estuviera ciega. Ignoro la salud visual que tiene, pero es muy impactante ver a alguien con esos ojos y esa mirada en medio de la oscuridad. Hablando con otra gente de allí más adelante, coincidimos en que da una impresión muy fuerte, incluso miedo verla en un principio.

Sin embargo, cuando la oyes hablar y la ves por su casa hablando y atendiendo a la gente crea el efecto contrario como alguien que genera una confianza enorme dando una gran tranquilidad, incluso muchísima simpatía.

Esto me recuerda a una descripción que hacía Sidna Ali (Paz con él) del Profeta Muhammad (Paz y Bendiciones con él) cuando decía que quien lo veía se quedaba atemorizado en un principio debido a la impresión que causa y sin embargo después era una maravilla estar a su lado.

Tras hacer las abluciones entramos en la mezquita de su casa y me di cuenta que había una parte para hombres y otra para mujeres. Es decir, al llegar a la puerta de su casa hay dos mezquitas.

Es increíble que todo el mundo tenga su sitio en este paraje perdido del mundo y en muchas ciudades no haya una mezquita con parte para las mujeres! Aquí todos tienen sitio, hasta los niños andan por fuera, por dentro, por el huerto… hay un ambiente de humanidad y de libertad grandes, la gente no está revuelta pero si junta en comunidad como es lo natural.

5. Dentro de la mezquita

Hicimos el Salat los viajeros. Mientras, llegó Mulay Bashir y la gente fue a saludarlo al terminar el Salat. Me llevé una gran alegría al verlo pero no pude saludarlo porque había mucha gente a su alrededor. Cuando pude él ya se iba y coincidió mal entonces no fue hasta el día siguiente por la mañana tras el Salat cuando nos saludamos.

La verdad es que hay gente que me produce impresión: algunos musulmanes muy rectos, gente con muy buen corazón, gente muy consecuente con sus principios… cierta gente me da impresión y me cuesta comunicarme o al menos arrancar. Es una tontería pero a mi me ocurre. Con Mulay Bashir en ese momento me di cuenta que esta característica, para bien o para mal forma parte de mi persona. Es como si en cierto modo lo supiera ya, pero me lo auto ocultaba, pero en ese momento me di cuenta de manera directa de que realmente es así.

Pero en ese momento apareció Muhammad Burjes que es un alumno de Mulay Bashir y fue quien nos llevó como guía por Fez la vez anterior (y como volvería a hacer más adelante). Me sorprendió que se acordara de mi nombre y se llevó una gran alegría. Es un hombre muy afectuoso y atento con todo el mundo.

Me dijo que me quedara con ellos en Fez durante un mes o más cuando se fueran el resto, pero claro, eso para mi es imposible. Allí constantemente te están invitando, diciéndote que lleves a todo el mundo, que te quedes el tiempo que haga falta…

6. Un solo pueblo

La amabilidad y el adab allí parece que no tiene límites. Es gente de las montañas, gente perdida de la civilización que algunos jamás han visto una ciudad (ni siquiera de Marruecos) pero sin embargo es como si te conocieran a la perfección, como si la gente de la península ibérica, de Turquía, de Portugal… fueran como sus vecinos de toda la vida, saben tratar a la perfección, con una educación excelente y lo cierto es que te hacen plantear muchas cosas.

Muchas veces ocurre en las mezquitas de toda España que existe como una diferenciación entre la gente del país y la marroquí, entre los sirios y los senegaleses... Cada grupo suele ir con los demás de su nacionalidad y muchas veces notas como hay diferencias culturales entre unos y otros que provocan que cada uno se entienda con “los suyos” y se formen grupitos.

Aquí, a pesar de ser personas que son de las montañas, individuos que jamás pisaron la ciudad, otros que van poco, que nunca han visto muchísimas cosas que para nosotros son normales, gente que podríamos pensar: “son bruscos, gente con poco tacto” por la vida que lleva, es todo lo contrario: son las personas más cariñosas, amables, que saben llevar las situaciones con un gran tacto, que nunca te van a dirigir una mala mirada, mucho menos una mala palabra aunque hagas algo que rompa con el adab… gente muy alegre además, que me recuerdan en cierto modo al vivir de nuestros abuelos de la aldea, gente de buen fondo y en términos islámicos, gente de fitra.

Es como si al entrar en su círculo se abolieran las nacionalidades y las costumbres, desaparecen las ideas preconcebidas de lo que debe ser un marroquí, un español, un occidental, etc… y lo único que queda son personas que siguen la sunna a rajatabla, desde el corazón hasta los aspectos exteriores de la misma con lo que las demás consideraciones (nacionalidad, origen, nivel social…) todo ello desaparece. Pero no lo digo por el libro en plan: “aquí somos todos iguales, todos hermanos…” y luego eso queda en mera teoría apareciendo contradicciones. No. Allí todo eso desaparece literalmente. Te olvidas de que existe algo que es nacionalidad o de algo que es Europa o Siria o Arabia. Cuando entras en Comunidad, cuando vives el Islam y la sunna en serio, cuando se dejan a un lado las poses, tonterías, las “categorías” y demás cosas del estilo, realmente lo único que somos es pobres siervos del Rahman (misericordioso). Allí Al-lâh es el centro de todo. Allí la gente no habla apenas, hace dikr. Allí hablan las miradas que se cruzan. Allí la “banda sonora” es el Corán. Allí la gente no discute a pesar de ser un conglomerado de más de cien personas a las tantas de la noche y hablar idiomas diferentes. Allí todo está bien y sin embargo no hay ningún orden que rija nada, los hombres y las mujeres están en su sitio sin que nadie los obligue y los niños no son una carga a pesar de haber decenas y estar desperdigados entre los huertos y las dos mezquitas.

Por eso ves que la comunidad de Sidna Muhammad (Paz y Bendiciones con él) coincide con la fitra de la humanidad, y puedes darte cuenta con facilidad que el Islam bien presentado es un camino que absolutamente cualquier persona aceptaría como verídico porque es algo coincidente con lo que la humanidad entera lleva dentro. Es un solo pueblo.

La Comunidad de Lala Alo es, por decirlo de alguna manera, la representación exterior de esa fitra en forma de hecho social.

Generosidad y sinceridad sin esperar absolutamente nada a cambio.

7. La entrada en la mezquita

Tras haber hecho el Salat los viajeros, entramos en la mezquita. Allí nos sentamos al fondo a la derecha. Mientras avanzábamos íbamos viendo a la gente.

Eran gente de la zona en su mayoría, pero en medio del grupo había también alemanes, turcos y me llamaron la atención un grupo de tres chicos, uno de ellos de pelo largo y gafas. Entramos y nada más vernos, la gente nos hizo un sitio. Estaba un hombre dando una charla en alto. Nada más vernos paró. Entonces, acto seguido (como si nos estuvieran esperando) comenzaron a recitar el Corán.

8. El dikr en grupo

Comenzaron la recitación de varias suras del Corán, tanto cortas como largas.
Nada más comenzar comencé a sentir como la recitación influía en mi de manera muy fuerte y muy positiva. La recitación del Corán, aunque muchas veces no nos demos cuenta, nos influye de maneras que desconocemos. Cuando durante meses he estado sin poder recitar el Corán en comunidad, es decir yo solo en mi habitación, notaba como me influía para bien. Recordaba la otra ida a Fez como recitarlo entre siete u ocho era maravilloso, en círculo, todos juntos. Pero cuando llegué aquí, tras siete meses de hacerlo yo solo, me encontré con un grupo de más de cien personas recitándolo, de manera que supuso un “cambio de frecuencia” muy radical.

Era como si de repente ese grupo estuviera totalmente absorto y lleno de luz en la recitación, pero sobretodo tuve la sensación de que el Corán se dirigía a mi de manera muy poderosa.

Trataré de explicarme: sabemos que desde la óptica del Tawhid todo lo que ocurre en la existencia está bajo la Orden de Al-lâh. Toda la Creación (julq) está sometido al querer de Al-lâh (Ubudia), por lo tanto todo ocurre por algo, porque Al-lâh lo decreta (Rububia). Entonces, todo lo que ves y te ocurre en la vida es un signo que te habla de Al-lâh: por ejemplo, el cielo es una señal de su inmenso poder, la complejidad tanto exterior como interna de todos los seres (pensemos incluso en los mosquitos, de los que el Corán cita) habla de su Sabiduría… Y es que todo dice La ilaha Ila Al-lâh en su lenguaje particular, todo señala a Al-lâh porque todo es Señal de un Poder Clemente y Misericordioso que rige la existencia. Y esto lo intuye la humanidad en lo más profundo de si, en su fitra, en su corazón.

Entonces, observar lo que en cada momento Al-lâh nos ofrece puede afectarnos más o menos: hay quien ve en las dificultades una desgracia, otros ven un reto, otros una bendición para aprender… cada uno según su nivel. Con la naturaleza igual, con las relaciones humanas igual… Con el Corán, como todo, noté en primera persona como pasa lo mismo.

9. Una recitación diferente

Era como si esa recitación me estuviera hablando en segunda persona, directamente y de forma muy muy fuerte. Allí había un grupo enorme de personas y cada una tenía su nivel. El Corán nos enseña que todos los seres humanos son iguales ante Al-lâh, sólo se distinguen por su taqwa (su ansia por retornar a Al-lâh que les empuja a apartarse de los errores en el Camino al Creador). Esa taqwa es lo que distingue unos de otros. Y es un acto que aunque se intente fingir ante los demás, es en los rostros de las personas y en su comportamiento sutil donde se ve quien es quien, no en las poses de “piedad” superficial que se ven a kilómetros.
En ese momento me di cuenta de lo inútil que es aparentar una cosa u otra, puesto que si Al-lâh quiere puede hacer visible todo lo que llevas dentro, puede hacer notar tu falta de taqwa y puede hacer notar a otros tu estado, porque allí sólo con ver los rostros distingues quien es quien. Allí mires a quien mires la gente es un libro abierto, son gentes abierta al Rahman. De ahí que me llamara la atención esos tres chicos que comenté, pues sólo con verles el rostro, me pregunté cómo llegaron hasta aquí: sus caras eran muy diferentes al resto.

11. Palabras

Pero bueno, estaba con la recitación: el ambiente era muy muy especial, algo lógico por otra parte ya que se estaba recitando el Corán. Cuando se recita como hay que recitarlo, las consecuencias son inmensas.

Muchos la mayoría de las veces no nos damos de la importancia y la gravedad de recitar las Palabras que convirtieron a la gente salvaje del desierto en el siglo siete en el pueblo más adelantado de su época y revolucionó la historia, hizo gobernantes a los esclavos y abolió las diferencias de raza hace catorce siglos.

Esas mismas Palabras (Kalimat) son las que dirigen a estas gentes de las montañas profundas de Marruecos que las hacen más educadas que los reyes y más desprendidas que los ricos del mundo. Su educación y cortesía es excelente, y nunca han tenido contacto con la “gente bien” lo cual demuestra que las Palabras crean un efecto demoledor en quien las lee y vive como hay que leerlas y vivirlas.
Ojalá esas Palabras calen a los musulmanes de todo el mundo y el Islam no se convierta en una moda puritana con apariencia “dura” y acciones estériles, sino que sea un revulsivo para que cada uno reproduzca lo mejor de si mismo, como estas gente hacen en su entorno, a través en este caso de la recitación de las Palabras.

12. Una noche en Comunidad

Tras realizar el Salat de Isha, las sunnas, nafilas y la impar (witr) que todos los que estaban allí hicieron, se dio paso al dikr.

Se comenzó con los anasheeds, después hubo varias dikrs donde participaban todos, el ritmo se marcaba con la respiración. Así el recuerdo era total, sin instrumentos, el nombre de Al-lâh Al-Haqq acompañaba al anasheed.
Las mujeres en la sala de al lado también estaban con el dikr. Mientras, cada cierto tiempo la gente para respirar iba fuera. Aproximadamente cada hora daban té y pasteles, mientras la sala se ventilaba y perfumaba.

Los niños seguían por fuera jugando y corriendo, a veces entraban en el dikr, se iban, volvían…

En una de las salidas a respirar, vimos a Lala Alo por fuera llendo de un lado a otro. En ese aspecto es como Mulay Bashir: el silencio prima, es de pocas palabras pero las que dice son buenas. Siempre está moviéndose de un lado a otro sin parar: gravando con una cámara, ayudando a hacer las “camas” (los sacos de dormir a base de mantas superpuestas), regando unas plantas, llenando cubos de agua, jugando con unos niños… y recordad que supera los ochenta años. (Todo esto más o menos a las tres de la mañana).

14. Una anécdota curiosa

En medio de todo se improvisaron unas mesas con tablas y nos invitaron a cenar. Cuando sucedió esto en una de ellas estaban sentados dos compañeros, con lo que me uní a ese grupo a cenar.

Sobraba un sitio a mi izquierda de la mesa.

Al cabo de unos minutos se sentó a mi lado un hombre que me resultaba conocido. Hice un ejercicio de memoria pero no caía, sin embargo me resultaba cada vez más conocido. Pero no me daba cuenta. Era de muy baja estatura y con rasgos un poco orientales. No hablaba con nadie.

El hombre estuvo comiendo un rato al lado nuestra y cada dos por tres miraba para mi (quizá también porque a cada dos por tres también miraba yo para él, tratando de discernir de qué me sonaba).

En el momento no le presté atención pero por los rasgos orientales y lo bajo comenzaba a caer.

A los diez minutos aproximadamente me di cuenta. Ese hombre estuvo hace siete meses en la zawiya de Mulay Bashir el día del dikr y se sentó en la misma mesa que yo, también a la hora de cenar.

Lo curioso era que ese día estaba sentado en la misma posición que en ese momento con respecto a mí. Si la mesa es rectangular yo estaba sentado en el final de uno de los lados largos y justo a mi izquierda estaba él, ocupando el lado pequeño del rectángulo.

El hombre en ese momento ocupaba la misma posición, el lado izquierdo de la mesa, y yo estaba justo a su lado al final del lado largo. O sea, que me lo volvía a encontrar en la misma posición que hace siete meses.

Como no hablaba con nadie ya que estaba solo, me acordé que en Fez hace siete meses también estaba solo y tampoco hablaba con nadie. Esta anécdota me llamó la atención y me hizo gracia. Se la comenté a mi compañero de al lado.

Seguimos comiendo y cuando a los veinte segundos volví a mirar el hombre era una silueta que se iba. Exactamente igual que hacía siete meses en Fez, a mitad de la cena desaparecía.

15. La sencillez de los maestros

A la hora de irnos a dormir, con el suelo de mantas estando ya dentro de ellas se me puso al lado un hombre de los que estuvo cantando anasheed estupendamente durante toda la noche.

Se le veía en el rostro una gran paz y veía que era alguien sabio. Estuve hablando con él gestualmente porque no compartíamos idioma, le dije más o menos que me gustaba mucho como cantaba y me vino a decir algo así como que ya me enseñaría a cantar, según me tradujo uno que estaba al lado.

Estuvo incluso de broma conmigo un rato y de repente se puso a cantar en alto. Unos jóvenes que estaban enfrente le dijeron algo así como “queremos dormir” ya que señalaban a los demás y ponían cara de “por favor…” él se partió de risa y siguió mirando a la gente pero ya sin cantar, miraba para mi y se reía mientras me los señalaba en plan: “mira, soy un viejo y aguanto más que ellos”.

Era una persona alegre y bromista.

16. Sheij Muhammad

Antes de dormir, el compañero que estaba a mi derecha me dijo que yo tenía un imán para las personas interesantes. Yo le pregunté por qué y me comentó que la persona con la que acababa de hablar era sheij Muhammad.

Durante el camino había oído hablar de Sheij Muhammad mucho, que era el Imam de la parte de los hombres en esa casa. Lala Alo estaba con las mujeres y Sheij Muhammad con los hombres.

Oí a lo largo de la noche hablar de Sheij Muhammad pero ni me había planteado quien era. Me sorprendí muchísimo al saber que era él.

Estaba claro que ese hombre recitaba Corán y anasheed de manera increíble, además se le veía en el rostro que era una persona con Nur. Pero ni me había planteado que era él sheij Muhammad porque me pareció tan alegre y tan inocente que pensé que era un hombre que vino por estar en el dikr, disfrutar e irse. Nadie lo trataba diferente, era uno más ahí.

¡Y la gente se cree que los Imam son siniestros hombres de negro y larga barba con enseñanzas oscurantistas!

Uno cada vez más se da cuenta que las cosas hay que vivirlas para saberlas, que es la única forma de saber lo que hay.

17. Objetos perdidos

De pronto apareció Lala Alo con una cazadora en la mano preguntando de quién era. Era la mía, me la había dejado al principio de la noche en la zona de hacer las abluciones. Pasaron decenas y decenas de personas durante cinco horas: hombres, adolescentes, mujeres, chicas, niños de todas las edades y por lo visto ni se movió en toda la noche del sitio en el que la dejé. Dentro, la cartera con todo el dinero para el viaje, pasaporte, tarjeta de crédito, móvil, etc… Todo intacto.

Sheij Muhammad por gestos me vino a decir: “qadar, qadar!” Señalando el sitio donde me dejé la cazadora y mi mano: “Al-lâh, Al-lâh, qadar”. Algo así como: “se decretó que volviera y volvió” mientras dibujaba con el dedo una parábola desde el sitio de la ablución hasta mi mano. Siempre decía cosas auténticas en tono bromista. También era bastante anciano aunque no lo parecía.

18. Un nuevo día

Hicimos el salat al fayr a mitad de la noche, apenas dormimos tres horas. Además de las dos sunnas anteriores a dicho salat, al terminar al fayr estuvimos leyendo Corán en grupo. Después hicimos dikr individual y volvimos a dormir. Saludé a Mulay Bashir al terminar el Salat y le vi cara de alegría al verme. Hasta ese momento no pude saludarle.

Volvimos a dormir y nos despertamos ya con la luz del día. Pensaba que serían las dos de la tarde o así, pues nos acostamos a las cuatro y nos levantamos a las seis más o menos al salat. En absoluto: eran las nueve de la mañana.

Fuimos a desayunar. Nos encontramos la gente del viaje más otros que ya estaban allí.

A todas horas te sientes en un ambiente agradable. En el desayuno como en la cena de la noche anterior se come en el suelo tal y como hacía el Profeta y sus Compañeros.

Mulay Bashir y Lala Alo estaban al lado nuestra, hablando sentados en unos cojines.

19. Un atrás en los días

En ese momento, aunque pueda parecer (y en cierto modo quizá lo sea) una impresión algo subjetiva, ver a los dos juntos hablando, dos personas de noventa años juntas mientras el sol pegaba en esa mezquita en medio de un paisaje natural por la mañana me dio una impresión que añoro.

Parecían dos jóvenes de catorce años que aún no habían sido maleados por el mundo, o el mejor amigo uno del otro en una conversación íntima como si nada a su alrededor importase. Como si ese momento fuera un momento especial. Si estuvieras ahí, podrías imaginártelos durante años y años creciendo juntos y la conclusión en el presente, ese momento. Rodeados de decenas de personas fisabilah unidos por el Creador y ellos en una compañía mutua que cautiva.

Es como si fuera uno de esos momentos que podían quedar impresos en un cuadro y serían un referente del tipo “Compañeros hasta la eternidad”, el cuadro del hombre y mujer musulmanes que simbolizan el saber pasar del tiempo donde lo único que envejece es el cuerpo, porque todo lo demás sigue y seguirá intacto inshAllah.

20. Dua y despedida

Nos juntamos todas las personas que estaban en la casa, y nos reunimos en la huerta donde hicimos un duaa multitudinario. Lala Alo hacía el Duaa y la gente decía Amiin.

El plena naturaleza, gente de todas las edades reunidas recordando a Al-lâh daban una sensación de que el duaa efectivamente era algo poderoso y tangible. Después Mulay Bashir también hizo duaa.

Se había formado un círculo de gente anciana hacia el medio, jóvenes más atrás, y niños aún más atrás. Todo ello de manera improvisada y creo que la gente ni se dio cuenta que formaban dicho círculo. Es decir, la gente se unía al dua y acabaron más de cien personas en menos de un minuto cuando lo habían comenzado tres, todo ello de manera espontánea.

Después nos fuimos.

21. De Larache a Fez

Durante el camino en coche fuimos con Muhammad Burjes. A lo largo de todo el trayecto estuvimos haciendo dikr y cantando anasheed, él cantaba la canción y los demás junto con él cantábamos el estribillo. Esto fue así hasta llegar a Fez.

En todo momento, Muhammad Burjes trata de encontrar que estés a gusto y contento. Si ve que encierras en ti mismo o que estás comenzando a comerte la cabeza, etc… rápidamente te pregunta algo y trata de que estés alegre, o se pone a cantar anasheed o te pide que cantes (aunque no tengas ni idea). Pero en todo momento busca que los estados de la gente sean buenos, y parece que esto es una preocupación constante en él.

Así transcurrió todo el viaje. Estuvo lloviendo de manera arrolladora con un frío bastante grande. Os recomiendo que si vais a Marruecos en invierno vayáis abrigados porque hace un frío monumental y cuando llueve, es de verdad.
Llegamos a Fez y antes tuvimos que ir por el cuartel de la policía. Allí “fichamos” todos. Hay una vigilancia muy estricta de quien entra y sale del pueblo de Mulay Bashir. Está muy controlado.

22. La llegada a casa

Llegamos a la casa de Mulay Bashir. Está hecha de piedra. Entramos con el coche y al salir de el nos recibió todo tipo de gente: jóvenes, personas más mayores, una avalancha de niños…

Entramos y al poco rato comenzó a llegar gente.

23. El transcurrir de la noche

Hubo una noche más de dikr y anasheed. Durante toda ella me sentí totalmente liberado, lo único que en ese momento estaba viviendo era el Nombre de Al-lâh, todo lo demás me perdió la importancia. Incluso lo que había allí, la gente, estaba con ellos pero totalmente lejos de ellos. En definitiva, el dikr estaba siendo vivido de manera correcta InshaAllah.

A mitad del dikr llegaron los compañeros del viaje con los que estuve la primera noche, aparte de más gente con ellos.

El dikr continuó hasta llegada la mañana. Hubo una sahada a mitad de la noche, una chica que vino con nosotros la hizo y además pidió bayyat a Mulay Bashir.
Después nos invitaron a cenar y conocí a los padres de una compañera que vino con nosotros.

Estuvimos por la noche en tranquilidad hasta que llegó la hora de ir a dormir.
Al día siguiente era Jumua, entonces nos acordamos ir temprano y así, al día siguiente sobre las doce más o menos nos dirigimos a la mezquita del pueblo.
 

24. El camino a la mezquita

Desde la casa de Mulay Bashir a la mezquita del pueblo hay unos diez minutos andando. Mientras vas, te rodea un paisaje totalmente verde. Como os comentaba anteriormente, había llovido y por lo tanto su efecto en la naturaleza (que en nuestro imaginario creemos únicamente desierta) se deja notar.

Es como si se volviera al pasado: estás en medio de la montaña donde se mezcla lo verde con el desierto y la mezquita está ahí, en un camino en medio de aldeas. Parecía que habíamos retrocedido siglos en el tiempo.

Acostumbrado a ir a la mezquita en tu ciudad, coger un bus, atravesar el asfalto… viendo la hora del jumua en una hoja que bajas de internet donde te marcan los horarios del salat…

De repente estás en medio de la naturaleza siguiendo un camino verde en medio de montañas perdidas del mundo, cruzándote con familias, ancianos, personas vestidas con sus trajes tradicionales bajo un sol claro y en dirección a una mezquita hecha de paja.

Te imaginas a los shuyuj del siglo pasado, a gente del Islam tradicional, estaban viviendo el Islam como se vive aquí, de la manera más natural y sencilla posible.
Tras salir de la mezquita al terminar la jutba, comimos y allí conocimos a un Alim. Se trataba de un sabio de fiqh que va de vez en cuando por la casa de Mulay Bashir. Mientras comíamos surgió la ocasión de realizarle preguntas. Yo le hice una.

25. La pregunta

La cuestión fue acerca de la ayuda que un Sheij tiene que dar a quienes le siguen. Esperaba una respuesta compleja, las distintas maneras que tiene de ayudar, cómo actúa dependiendo de las circunstancias… no sé, una respuesta elaborada.

26. La respuesta

Lo único que dijo fue que un Sheij tiene la función de vivir la Sunna y comportarse como el Profeta.

Esa es la función del Sheij.

La respuesta me dejó un poco frío. Quiero decir que eso es evidente y esperaba que fuera más específico, pero esa fue toda la respuesta.

Más adelante entendería la respuesta.

Pero ahora haríamos una visita a la ciudad de Fez.

27. En la ciudad

Muhammad Burjes fue el Imam y quien nos guió por la ciudad, puesto que conocía los sitios y recovecos más íntimos de la misma. Primero la vimos desde lo alto, a vista de pájaro en una montaña. Allá abajo ves toda la ciudad, piensas en sus secretos y sus historias detrás de cada calle y de cada casa, dentro de cada mezquita…

Nada más bajar comenzamos a visitar las mezquitas más importantes. De camino por el zoco comprábamos algunas cosas e íbamos dirigiéndonos en primer lugar a la mezquita de Mulay Driss.

Os he de decir que nada más entrar en la ciudad me sentí muy animado a hacer dikr continuo, la verdad que estaba muy alegre de estar en medio de un ambiente islámico tan auténtico.

En la mezquita de Mulay Driss Muhammad Burjes nos dio una semi charla sobre la gente que ama a Al-lâh y que Al-lâh los ama; los Auwliya.

28. Verdades

Comenzó a explicarnos qué es un wali. Nos dijo que se cree normalmente que un wali es un hombre bendito que pone la mano encima de cabeza de alguien y le cura una enfermedad incurable, o que realiza cosas milagrosas del estilo.

No explicó que eso no es un wali. Eso no quiere decir nada de una persona.
Un wali es alguien que ama a Al-lâh y ayuda a los demás sea quien sea, trata de estar con la gente con problemas, les ayuda en todos los males que les suceda y siempre está fuera de la influencia del poder sea cual sea. Tiene una preocupación constante por quien se cruce en su camino pero no espera nada a cambio, le resulta exactamente igual.

Otra característica que tienen, nos dijo, es que les suceden muchas desgracias, pérdidas… pero él siempre está agradecido a Al-lâh. Al-lâh lo ama y entonces arrasa su mundo porque acercarse a Al-lâh implica la desaparición de lo que puede velarle de Al-lâh. (Pensemos en Abraham aleihi salam cuando fue puesto a prueba con su hijo).

Y otra característica es que son pobres (porque lo dan todo a los necesitados) y siempre están opuestos a los tiranos. Aunque no les ataquen, los tiranos y los sátrapas los persiguen igual por su influencia a causa de sus buenas acciones. Por eso, nos decía Muhammad Burjes, si creéis que alguien es un wali mirad como se relaciona con los poderosos, si accede a ellos no lo es seguro.

Y muchos de ellos viven escondidos. Nos puso varios ejemplos, para que nos diéramos cuenta de que la influencia de los Auwliya es un peligro incluso para su supervivencia física ya que van a ser objeto de persecuciones y de calumnias, de agresiones contra sus personas y mentiras contra sus prácticas. Pero aunque estén escondidos, Al-lâh guía a quien quiere, y nos puso el ejemplo del Sheij Darkawi con Sidi Ali Yamal: Sheij Darkawi estaba oculto a la gente y Ali Yamal acabó siendo su discípulo. Si Al-lâh decreta que alguien debe encontrarse, se encontrarán. Puedes vivir en cualquier país del mundo que si la voluntad de Al-lâh es que te encuentres con alguien la distancia no existe. Todo está en manos de Al-lâh, bajo su Rububia (Dominio).

Entonces, estas personas tal y como nos la describió Muhammad Burjés son muy diferentes a lo que mucha gente se cree.

Mientras daba las explicaciones, yo seguía escuchando y seguía en un estado de dikr que como os comentaba, había comenzado más o menos cuando entramos en la ciudad de Fez. No se si fue al ver tantas mezquitas juntas, ver una ciudad de historia islámica auténtica, si por el grupo de gente tan bueno con el que fui o por todo junto, alhamdulillah llegué a estar tan metido en el dikr.

29. El dikr de Ali y Fátima Azahara

Constantemente, llendo de arriba abajo por las calles hasta llegar a la mezquita estuvimos paseando y hasta el momento de la charla de Muhamed Burjes seguía con el dikr de: 33 subhanAllah, 33 alhamdulillah, 33 Allahu akbar y 1 la ilaha ila Al-lâh.

Constantemente estaba en ello, y cada vez lo disfrutaba más. No sólo lo hacía, sino que cada vez lo amaba más. Terminaba uno y hacía otro, sin parar. Pero era porque lo estaba disfrutando, saboreando. Hasta ese momento, el dikr la mayor parte de las veces me costaba trabajo, me era difícil concentrarme en él por completo. A nivel de ejemplo se me ocurre deciros que me costaba mucho al terminar el salat, hacer esta serie de 33, 33, 33 y uno. Pero en ese momento lo hacía una y otra vez, por la calle, entrando en las mezquitas, en todo momento. Y cada vez me iba sintiendo de una manera muy difícil de describir.

Era como si todos los años que había pasado sin Islam se fueran, y desde que nací hasta ese momento, había estado siguiendo la sunna. Me sentí como si acabara de nacer, fuerte en el Islam, pero más que fuerte, quizá la palabra más exacta fuera centrado.

En eses momentos estaba centrado en el Islam.

Iba caminando y seguía en el dikr de manera ya natural, como si el dikr fuera una manera de respiración.

Cada vez me iba sintiendo más y más feliz, pero una felicidad serena: notaba como si cada paso que daba fuera una bendición, una maravilla el vivir y cada cosa que hay a nuestro alrededor, cada partícula de oxígeno, cada paso, cada cosa que ves, el agua de esa fuente donde la gente hace abluciones, el cielo azul, las personas (su estructura, su morfología, sus gestos, su andar, su sentir, su mirar…), todo ello era digno de admiración, todo ello era obra de Al-lâh.

Y de la misma manera que la realidad que vemos ordinariamente es como la punta de un iceberg, cuando este estado se apoderó de mi podía ver como todas las cosas que me rodeaban eran mucho más que lo que simplemente ven nuestros sentidos físicos, detrás de las formas existe algo que está más allá de lo que uno puede percibir. De esta manera podía sentir que con cada respiración que inhalaba, con cada paso que daba, todo tenía un significado que usualmente se nos escapa. Pero en ese momento me había vuelto como una esponja que absorbía lo “no evidente”, por decirlo de alguna manera.

Fácilmente podía mirar a alguien de mi alrededor y podía saber lo que llevaba dentro, cualquiera de las personas que me cruzaba eran como frascos de cristal que me dejaban ver el color del “líquido” que contenían.

Todo esto llegó a su punto máximo cuando realicé la ablución en la fuente, en medio del patio central de la mezquita.

Ahí veía claramente, rodeado por el Pueblo de Muhammad Salalahu aleihi wa Salam, cientos de personas a mi alrededor.

Pero lo que más me impresionó fue la calma que me producía el dikr, origen de esa sensación. Porque el origen y el fin de todo es Al-lâh, el Creador y Sostentor, el Evidente:

“Él es el Primero y el Último, el Manifiesto y el Oculto y es Conocedor de todas las cosas. Él es Quien creó los cielos y la tierra en seis días y a continuación se asentó en Su Trono. Conoce lo que entra en el seno de la tierra y lo que sale de ella, lo que cae del cielo y lo que a él asciende. Y está con vosotros dondequiera que estéis”. (Corán, 57: 3-4)

Continuará.
(Más información: elislamgaliza@gmail.com)

 


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