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El enigma de Fez

Este relato trata sobre un grupo de personas que realizaron un viaje a la ciudad de Fez, a una Zawiya de un pueblo próximo a dicha ciudad

20/08/2008 - Autor: Hajj Omar - Fuente: Islam Euskadi
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Cherif Sheikh Moulay Bashir al Alawi en su casa de Fez. Foto: Orden Yerrahi.
Cherif Sheikh Moulay Bashir al Alawi en su casa de Fez. Foto: Orden Yerrahi.

Este relato trata sobre un grupo de personas que realizaron un viaje a la ciudad de Fez, concretamente a una Zawiya de un pueblo próximo a dicha ciudad.

Deseo que quien lea este pequeño texto entienda el por qué de su escrito. Un fuqara de Fez nos dijo respondiendo a una pregunta mía que los grandes hombres están a veces escondidos para ser encontrados por alguien que realmente se esfuerce, por alguien que realmente ame trascender. Es como un enamorado que ve a su amada, es algo que la demás gente no puede ver pero entre los enamorados sucede algo evidente, transformador y poderoso, algo que es común a toda la Humanidad, eso que tantas veces nombrado hasta su deformación: derrite al más duro, hace transformarse al más perverso, hace cambiar sociedades y trasciende épocas. No hace falta que diga Su nombre.

A quien ama, protege de los perversos. Y es por bondad que la gente más amada esté oculta a malos ojos pues quien ataca a uno de éstos, le es declarada la guerra.

Así nos explicaba el faqir el por qué grandes personas tienen que estar ocultas. Muchos aman el mundo material que nos ata y olvidan a Quien lo da todo, oprimen a los pueblos y atacan a las mejores personas. Esto lleva a la destrucción, entonces las mejores de las gentes no están a ojos de quien crea que les pueda atacar y realmente lo que hacen es destruirse y llevar la desgracia a su entorno. Porque quien se opone a ese Poder es destruido.

Las personas que más nos pueden ayudar están escondidas a causa de la propia vileza del ser humano. Eso me recuerda algo, el Libro dice en alguna parte que el ser humano es ignorante, impío, desagradecido.

Hemos recorrido muchos cientos de kilómetros, hemos tenido que cambiar de continente y entrar en el pueblo perdido de una ciudad en lo más profundo del norte de África para encontrar lo buscado. Cada persona que ha llegado hasta ahí llegó para algo, de lo contrario no habría recorrido cientos de kilómetros en balde.

Dentro de esta región del mundo, dentro de un pueblo perdido entre las montañas desiertas del Magreb, existe una casa de piedra muy pobre pero muy digna y limpia donde vive una persona que dice lo siguiente: “Cada uno llega aquí a encontrar lo que busca”.

Esa persona me ha enseñado muchísimas cosas y sin embargo me dirigió la palabra apenas ni tres veces en un idioma que no comprendo (el árabe). Quizá resulte increíble pero por ello escribo estas palabras, para tratar de que a cada uno de vosotros que estáis leyendo llegue algo de lo que se vive cuando vas a Fez buscando algo.

1. El viaje

Desde la ciudad más al noroeste de la península, y tras recorrer más de setecientos kilómetros en autobús del tirón llegué a Sevilla a las diez de la mañana habiendo partido el día anterior por la tarde-noche. Allí me recogió Muhammad con su coche y nos dirigimos a la Zawiya de Sevilla.

Nos reunimos con el resto de la gente de Sevilla. Entramos en la Zawiya. Dentro te encuentras con alfombras de muy diversos colores, destacando el verde y el azul. Desde el suelo hasta el techo un colorido alegre te hace pensar en la riqueza perceptiva que ofrece la estética y el buen gusto andalusí. Por otra parte, tanto el piso de abajo que es una tetería como el piso de arriba, que abarca varias habitaciones donde se realiza el Salat, se dan las charlas… no te ofrecen la estética propia de lo que se considera una mezquita, sin embargo existe un ambiente muy natural y a la vez trascendente. Es como si la naturaleza más hermosa se hubiera convertido en una morada para el Recuerdo del Creador y Sustentador de todo lo existente. No exagero.

Por la tarde todos quedamos para cenar. Allí estuvimos en una terraza reunidos, charlando sobre los más diversos temas a la vez que cenábamos comida turca. Al día siguiente nos esperaba el viaje que nos llevaría hacia nuestra querida Fez.

2.- Marruecos, tan lejos y tan cerca

El primer viaje es Sevilla-Algeciras. Una vez allí se coge el barco hacia Ceuta. Se pasa la frontera y entonces solamente queda la carretera hacia Fez. Ese es nuestro camino.

Al llegar a Fez, tuvimos que hacer una parada en la comisaría de la policía puesto que hay que justificar que es lo que se va a hacer en un pueblo tan pequeño como al que nos dirigimos. Por supuesto, tardaron en tomarse en serio que un grupo de personas de la península fueran fuqara de un hombre como el que nos estaba esperando. Pero llegó uno de sus hijos a la comisaría y nos ayudó tanto a tratar con la policía como a llegar al pueblo.

Su nombre es Sidi Abderramán. Nada más verlo, te das cuenta que es una persona que tiene “algo”. Sólo con llegar, se ganó la simpatía y el aprecio de todos, policía incluida. Cada gesto y cada detalle por su parte están llenos de significado. Es como si fuera una persona totalmente feliz y llena por dentro y esa riqueza te la transmite y te hace sentir bien. También te da la sensación de que aunque trataras de ofenderle, ni llegarías a llamar su atención, simplemente sonreiría. Vestía una chilaba vieja y de muchos años, pero muy limpia. Me llamó la atención la chilaba por ser de color naranja.

Por supuesto desde el primer momento no paraba de repetir: “marhaban marhaban” (bienvenidos, bienvenidos). Una vez ya en el coche con Sidi Abderramán nos dirigimos a la Zawiya. Pasamos Fez y llegamos a un pueblo que me recordó a Galicia. Allí había una boda y la gente cantando por las calles, hombres y mujeres de todas las edades especialmente chicas muy jóvenes con un gran júbilo. Pensaba que sería ahí el lugar de la Zawiya, ese pueblo, sin embargo no era así, continuamos y pasamos varios pueblos hasta llegar una montaña. A lo alto sólo había una casa en mucho espacio, estábamos como en otro planeta. Pues aún tuvimos que adentrarnos en un camino de tierra hasta llegar a una casa de piedra que parecía abandonada. Nos abrieron la verja y entramos. Estábamos en la Zawiya.

3. El destino

Nos rodearon muchos niños y niñas. Iban descalzos y se les veían en el rostro que se habían criado en un entorno duro. Había unas personas mayores, y un hombre que inmediatamente pasó a ser el centro de atención.

4. Mulay Bashir

La gente bajó del coche y fue a saludar al hombre al cual vinimos a visitar. Su nombre es Mulay Bashir. Se trata de una persona mayor, de más de noventa años pero muy bien conservado, parece que tiene muchos menos.

Su aspecto podíamos decir que se asemeja a un profeta. A mi me recordaba a Abraham. Tenía una larga barba blanca y es de complexión fuerte. Nos saludó a todos y también nos saludaron las mujeres que había allí que también eran mayores.

Al revés que con su hijo Abderramán, Mulay Bashir me dio una impresión normal. Quiero decir que es una persona muy corriente y sencilla. Lo primero que nos dijo es que toda la Zawiya era nuestra, que hiciéramos lo que quisiésemos pero que todo es fisabillah, que las cosas se comparten por Al-lâh y por ello era nuestra casa. Venía como a no decir que era su generosidad sino que es Al-lâh quien así lo ordena. Por supuesto mucho “marhaban marhaban” (bienvenidos). Metimos las maletas dentro de la casa. Estábamos en nuestra casa.

5. La escuela de Mulay Bashir

Antes de nada decir que todo lo que estoy escribiendo no es ni de lejos suficiente para explicar todo lo que hemos vivido. Porque lo primero que te das cuenta es que las cosas hay que vivirlas.

Mulay Bashir nunca dirige un Salat: está detrás. Mulay Bashir apenas habla con nadie si no es para decirte: bienvenido, come, bienvenidos a quienes traigáis…. Y se va. Te invita a comer y se va. Se preocupa por ti en todo: en la comida, si duermes bien, te da todo lo que necesitas, pero no habla contigo. Se va. Siempre verás a Mulay Bashir andar de un lugar a otro como si una mano invisible lo moviera, preocupándose de todo el mundo, recordando (Dikr) al Creador con sus bolitas unidas a un cordón. (Tasbir).

Al terminar el Salat, Mulay Bashir realiza las postraciones a mayores, las sunnas. Ahí pude verle hacer el Salat. En ese momento más que ningún otro te recuerda a un profeta. Es pura concentración, como si estuviera trascendiendo y su cuerpo estuviera ahí pero su espíritu no. Llama la atención de manera imponentemente fuerte. Todos los niños le miran como si tuviera algo a su alrededor. La persona que os dice esto ha realizado el Hayy, ha ido a la Mecca y a Medina Al-Munawara y ha visto hacer azalá a muchísima gente.

Después nos fuimos todos a cenar, pero Mulay Bashir no cena. Mulay Bashir come las sobras de los demás. Siempre.

A mi personalmente, exceptuando la impresionante concentración con que hace el Salat, el hecho de que coma lo que sobra a los demás, su continuo Dikr ininterrumpido, su constante preocupación por todo el mundo, el hecho de que abra sus puertas a cualquiera el tiempo que quiera, la práctica de las sunna con una naturalidad que parece que nació sabiendo, fuera de todo esto, me pareció una persona de los más normal. Quiero decir, para nada es un “iluminado”, ni da grandilocuentes sermones, ni hace nada raro.

Y escribiendo esto me doy aún más cuenta de todo lo que estaba ahí y me costó ver en su momento aunque iba con los ojos bien abiertos, os lo aseguro.

Ese primer día, mientras cenábamos, Mulay Bashir se acercó a la mesa y nos decía, al igual que toda la gente de la Zawiya: “kul kul” (comed, comed). Creo que a todos los demás algo les dijo aunque fuera muy corto: “estoy contento de que estés aquí” o cosas del estilo, pero a mi no me dijo nada.

6. Cuando las palabras sobran

No me había dado ni cuenta, pero es cierto, no me había dirigido la palabra. Lo cierto es que tampoco le di mucha importancia. Incluso uno de mis compañeros le pidió a Mulay Bashir que me diera un nombre con vinculación islámica (hasta entonces no lo tenía) y él sonrío y dijo: “Alhamdulillah” y le hizo un gesto como que “tiempo al tiempo”.

Durante esa noche, notaba como Mulay Bashir iba y venía, y cuando venía tenía la sensación de que me conocía a la perfección. Me sentía como transparente, cuando el aparecía llegué a sentir nerviosismo porque estaba seguro de que conocía todo de mí. Pero ya se iba.

Esa misma noche antes de acostarme, me crucé con él en la Zawiya y de refilón me dirigió una mirada difícil de explicar. Como si sus ojos expresaran algo que en mi provocó una reacción: irme. La verdad que no lo sé explicar. Hay que vivirlo. Sencillamente me fui a dormir.

La mañana siguiente sacrificaron a un cordero y después fuimos al zoco a comprar cosas de comer. A pesar de que éramos siete invitados, no querían dejarnos pagar. Fuimos con el hijo de Mulay Bashir y tras ello, tocó la hora del salat pero esperamos a llegar a la zawiya. La zawiya estaba a unos seis kilómetros. Mientras esperábamos por alguien, fuimos a comprar un refresco y en la tienda de al lado estaba…. Mulay Bashir haciendo el Salat. Si, en una tienda. Nos vino a saludar. Luego nos fuimos a la Zawiya.

Allí estaba llegando gente de Fez. Había oído que iban a celebrar una fiesta o algo así.

Estaba llegando nueva gente a la Zawiya y como los compañeros de viaje trajeron un amplificador con bafles, se comenzó a cantar anasheed y a hacer dikr. En un momento salí de la Zawiya y me encontré con un compañero, con el que me fui a dar una vuelta. Entonces apareció Mulay Bashir de frente y lo saludamos. Aprovechó el compañero y le pidió una vez más que me diera un nombre, y pasó entonces algo curioso: le dijo que me lo pusiera él. El compañero dudó y finalmente me puso el que la gente en Sevilla pensaban que me identificaba más: Omar. La verdad es que muchas veces me dijeron que me pusiera un nombre pero nunca me identifiqué con ninguno. Me parecía un poco de “adorno”. De hecho, alguna gente me dijo: llámate Yusuf, otros Salman, otros Muhammad… pero la verdad es que me parecía un poco artificial ponerme un nombre… no se, me parecía extraño. Omar nunca se me había ocurrido pero en ese momento la verdad lo vi claro. Entonces Mulay Bashir hizo un Duaa pidiendo que fuera una persona fuerte por el Islam. Lo curioso es que en el momento me sentí fuerte. Y me cercioré aún más que me conocía a la perfección. Soy una persona que hasta ese momento llevó su Islam con timidez y algo de miedo incluso. Pero en ese momento noté que eso se había ido. Que tenía muchísima fuerza. Lo curioso es que seguía sin dirigirme la palabra, pero había demostrado conocerme a fondo y a mi compañero también. Me había corregido cosas sin ni siquiera hablarme. Entonces me dijo: “cuida de él” por mi compañero, y se fue. Esa fue la primera vez que Mulay Bashir me dirigió la palabra. Su figura se diluía por el fondo del paisaje, mezclándose con el marrón de la tierra y el azul del cielo en un día de radiante sol.

Sobran las palabras.

7. Algo va a suceder pronto

Antes había señalado que teníamos unos bafles y un amplificador. También que se iba a celebrar una fiesta o algo por el estilo. Le llaman Mausin. A mi me sonaba muy extraño e incluso me inquietaba porque nunca había oído hablar de ese tipo de celebraciones.

A lo largo de la tarde llegaba más y más gente. Aproximadamente alrededor de las siete llegó un grupo de gente muy grande, conocido como Darkawi. Entraron proclamando recitaciones del Nombre. Llegaron a dentro y se sentaron al fondo a la izquierda de la Zawiya. Después se hizo el Salat del Magreb. Comenzaron a llegar personas que cambiaron radicalmente el ambiente.

8.- Reunidos

Uno tras otro comenzaron a aparecer sabios de Fez: de jurisprudencia (fiq), de trascendencia (tasawwuf), de recitación del Libro… cada uno de ellos tenía un brillo en el rostro especial, diferente. La Zawiya se llenó y unos comenzaron a leer el Libro, a recitar las suras, otros recordaban a su Creador, otros hacían Duaa, otros charlaban, otros sólo pensaban…

La Zawiya comenzó a adquirir un ambiente especial y una sensación de autenticidad desbordante comenzó a dejarse notar, flotando en el ambiente. Llegó un momento que esa autenticidad desbordó a uno de mis compañeros y comenzó a darse cuenta de cosas que suelen estar ocultas al común de las personas. La situación era bastante insólita pero a la vez devastadoramente genuina y sana.

Este compañero se puso a hablar con dos jóvenes que venían en el viaje. Como la conversación se tornaba hacia cosas muy personales, me centré en el ambiente y enseguida me captó la atención un recitador del Libro que estaba a mi izquierda. Su recitación parecía que venía de lo alto del Cielo. Me quedé enganchado a su recitar, él se dio cuenta y me hizo un sitio. Escuché hasta el final. Nunca había escuchado nada semejante, os digo de verdad que desearía que me enseñara a leer de esa manera aunque fuera una sola sura.

Pero el resto de la gente seguía en su Recuerdo, con sus vestidos blancos y la zawiya cada vez llenándose más. Recuerdo a una persona muy anciana con barba larga y blanca que transmitía la sensación de ser alguien que hay que conocer, proveniente de Melilla. También un errante, que llegó a la Zawiya y que sólo con acercarse a la puerta captaría la atención de cualquiera.

Os voy a confesar una cosa: antes de conocer el Din, hace años, había visto en la televisión un programa por la noche sobre Melilla. Una de las escenas era en la mezquita, donde cantaban algo que llegó a lo más profundo de mi ser. Tiempo después descubriría que era una recitación del Libro. Nunca más, a pesar de estar rodeado de gentes del Pueblo y de la Comunidad durante dos años y varios meses volví a sentir nada semejante. Pero en Fez volví a tener esa sensación de que el fondo de mi ser volvía a ser tocado y de manera devastadora. Tengo recordado aquella primera recitación, que sin saber lo que era me había llegado tan hondo pero en ese momento la volví a sentir otra vez. El ambiente que había allí era… ¿cómo explicarlo? Luz Pura. Era como si todo lo que a uno le puede llenar saliera de mi interior y tomara forma física en forma de reunión.

9. La Comunidad Eterna

Entonces toda esa gente formaba una Comunidad. La Comunidad que se reúne al Recuerdo. Dentro de una Casa, vivencian la Trascendencia. Es algo cíclico.

Desde el principio de la Historia se viene repitiendo: a contrasentido de un mundo que viaja a una velocidad que le impide vivir, existen comunidades que trascienden buscando al Creador y se reúnen. Los Compañeros, los Apóstoles, Banu Israel…. todos ellos me vinieron a la mente. En todas las sociedades de todo el mundo pasa. En Fez se vuelve a repetir.

Así llegamos a lo primero, el enigma de Fez: gentes reunidas que son desbordadas por el Recuerdo de algo que es, precisamente, Desbordante.

Entonces recuerdo los versos del Libro:

“En casas que Al-lâh ha permitido que se levanten y se recuerde en ellas Su nombre y en las que Le glorifican mañana y tarde hombres a los que ni el negocio ni el comercio les distraen del recuerdo de Al-lâh, de establecer el salat y de entregar el zakat. Temen un día en el que los corazones y la vista sean puestos del revés”.

“Y es verdad que hemos hecho que descendieran para vosotros signos clarificadores y ejemplos de quienes hubo antes que vosotros, así como una exhortación para los tienen afán de regresar (a Al-lâh)”

“Al-lâh es la luz de los cielos y de la tierra. Su luz es como una hornacina en la que hay una lámpara; la lámpara está dentro de un vidrio y el vidrio es como un astro radiante.

Se enciende gracias a un árbol bendito, un olivo que no es ni oriental ni occidental, cuyo aceite casi alumbra sin que lo toque el fuego. Luz sobre Luz. Al-lâh guía hacia Su Luz a quien quiere.

Al-lâh llama la atención de los hombres con ejemplos y Al-lâh conoce todas las cosas”

10. Vivenciando

Todo lo dicho hasta aquí ha sido vivenciado. Ninguna de las personas que había ahí me dirigió la palabra, puesto que tampoco hacía falta y además no compartíamos idioma. Compartimos la vivencia.

Nadie te vende nada en la casa de Mulay Bashir. Es más, nadie te dice nada. El silencio habla, y cuando se produce bullicio, es por el Recuerdo.

Entonces llega la vivencia.

11. La respiración es vida

Tras profundizar en el Recuerdo y recitar el Nombre y el Libro hay un momento en que todos nos cogemos de las manos y formamos una rueda. Se sigue con el Recuerdo pero además con la respiración, que es vida. Se trata de la Hadra.

Entonces se comienza a vivenciar, y a echar fuera todo lo negativo. Particularmente diré lo que yo sentí. Hicimos dos hadras, en la primera me fui limpiando pero en la segunda comencé a sentir y a recordar aspectos de mi vida, me llegó a la cabeza el primer recuerdo que tengo de niño, y noté como si estuviera en el vientre materno, como si aún no hubiera nacido. Esta sensación duró un rato. Después terminamos la hadra y se dio una charla. Se subió al mimbar un hombre y habló pero no me enteré de nada.

12. Entre las gentes del Camino

Tras la hadra cenamos, y después Mulay Bashir nos dijo que saliéramos al mimbar. Allí nos convirtió en el centro de la reunión porque comenzó a hablar sobre nosotros y sobre la gente que allí estaba.

Le ofrecieron un micrófono, lo cogió pero no lo quiso utilizar. No le hacía falta. Dio un discurso que hizo que no se oyera ni la caida de un alfiler. Nos dijo que éramos bienvenidos y que toda esa gente vino aquí a vernos a nosotros, éramos gente que vino desde muy lejos y que había que tratarnos bien, y toda esa gente también había venido de muy lejos sólo para vernos a nosotros.

Cualquiera de esas personas en occidente sería un referente en cuanto a Din, eran sabios y gente de mucho conocimiento pero Mulay Bashir decía que sólo vinieron a vernos a nosotros. A uno de mis compañeros deseaba que se lo tragara la tierra de vergüenza. A mí se me ocurrió sencillamente que todas esas personas eran cada una de ellas en si misma un tesoro de Conocimiento, y el más respetado y alto de entre todos ellos era quien estaba diciendo eso y sobretodo era nuestro Sheij. Alhamdulillah.

A pesar de ser una persona de más de noventa años, Mulay Bashir tiene una gran fuerza, cuando se puso a hablar impresionaba muchísimo.

Por otra parte, una cosa llamó mi atención y la de todos. En medio de la charla, a la derecha pude ver a una mujer vestida con un saco que Mulay Bashir le dijo (según me enteré después) que se uniera a la reunión. Sobre ella dijo que era una Sheija que trabaja muchísimo y que su esfuerzo junto con los resultados del mismo supera al de muchos hombres juntos.

Os he de decir que desde que me comentaron que estaba allí miraba mucho para ella pues me llamó la atención una mujer mayor vestida con un humilde saco en medio de todo. Cuando Mulay Bashir nos sacó y nos hizo centro de atención, sentía reparo pero aún así miraba para ella pues tenía una impresionante fuerza con su sola presencia. Mulay Bashir nos decía que había que trabajar para transmitir el Mensaje, hacer mucho Dua… y cuando miraba para ella, en vez de bajar la mirada me la aguantaba mientras me decía que si con la cabeza y alzaba sus manos al aire intermitentemente como si quisiera decir: “Si hermano, mucha Dua, mucha Dua y mucho trabajo, siempre…” y por supuesto el que bajaba la mirada era yo. Hablando más adelante con los compañeros del viaje, a todos les llamó la atención, y por supuesto todos fueron quienes bajaron la mirada.

Al día siguiente ella se dirigió hacia nosotros y nos saludó, nos dijo en árabe: “que Allah acepte vuestro trabajo, que os recompense, que os ayude, que os lo acepte…” y transmitiendo muchísima fuerza y sobre todo ganas de trabajar. La verdad es que era una persona muy especial.

Después se acercó un hombre de aproximadamente cuarenta años, con un turbante verde y mirada muy profunda y brillante. Su nombre era Muhammad ibn Habib y era de la ciudad de Oujda. Nos estuvo dando una charla sobre hadices. Hadices que normalmente no llaman la atención e incluso que no solemos darles demasiada importancia por ser muy básicos pero que este hombre sabía enfocarlos de manera que realmente tenían un gran significado. No eran interpretaciones “místicas” ni nada del estilo sino al revés, totalmente prácticas. Recuerdo uno que nos dijo sobre si persigues al mundo material se te escapa el otro. Nos comenzó a decir que el Dunia es pasajero pero que tiene su función: utilizarlo para conocer la Verdad, compartir los bienes porque los seres humanos somos hermanos… y además usarlo para beneficio propio porque somos Califas en la Tierra pero respetando las reglas. Nunca abandonar este mundo en ascesis sino utilizarlo de manera que no corramos detrás del pero tampoco nos escapemos. La verdad es que cuando nos lo explicó esas palabras del hadiz se llenaron de significado y sobretodo la manera de explicarlo y la pasión silenciosa con la que lo hacía me hizo pensar en algo:

13. La cadena

Todas las personas que estaban allí incluida Muhammad ibn Habib habían recibido la enseñanza directa de maestros que a su vez la recibieron de otros maestros reconocidos por prácticamente la totalidad del mundo islámico y así hasta el Profeta. De esa realidad no había sido consciente hasta que escuché hablar a Muhammad ibn Habib acerca del hadiz.

Os he de confesar que soy una persona muy desconfiada. Pero en extremo. En muchísimas ocasiones he escuchado hablar de los hadices a gente de todo tipo: jóvenes, más mayores, musulmanes “militantes”, musulmanes normales, no musulmanes, Imames de mezquitas, Ulemas…

El tema del hadiz me inquietaba. Incluso en los libros que dan por las mezquitas me pasa igual. Y estoy totalmente seguro de eso. Siempre que alguien habla de hadices tengo la sensación que, sacando alguna excepción muy muy aislada, intentan vender algo. O meterte miedo en el cuerpo, o condicionarte emocionalmente, o convencerte de algo, o autoafianzarse el otro en su “severidad” al practicar el Din. Incluso aunque sea por bien, pero veo un intento de instrumentalización que es muy común cuando se trata de hablar acerca del hadiz.

Sin embargo, este hombre era totalmente diferente: su tratamiento era totalmente serio y su sinceridad fuera de toda duda. La explicación que dio al hadiz académicamente demostraba conocimientos reales en cuanto a teoría y erudición. A la par, su sinceridad tanto en la forma de hablar como de mirar, el énfasis en que entendiéramos y lo genuino de su explicación hace que cualquier persona que le escuchase estaría contenta con su explicación, con el Iman fortalecido y con confianza depositada el él.

Trataba el hadiz como lo que realmente es, un dicho profético. Era como un padre con su bebé entre los brazos, lo trataba con un cuidado y un Amor que cautivaba. Nunca lo utilizaba como un slogan para meterte una idea personal sino que con toda franqueza te daba una explicación con un grandísimo cuidado y mucho respeto a las palabras del Profeta. Mires como lo mires, te das cuenta al instante que aprendió con grandes maestros y grandes personas.

Entonces te das cuenta de la importancia de respetar esa cadena, de la importancia de esa cadena. Cómo se nota quien participa en esa cadena de conocimiento y quien no! Se les reconoce en la mirada, en la manera de andar, en la forma de hablar, en las palabras, en la actitud…. En definitiva en toda su persona, pues es el resultado de una educación.

14. Respuestas que quedan reflejadas en Fez

Es el resultado de una educación, no de un adiestramiento.

Esa es la diferencia entre las palabras que se asientan en el corazón y tranquilizan la mente, y las palabras que machacan tu mente de forma mecánica y oprimen tu corazón.

Y en ambos casos se puede estar diciendo lo mismo.

Esa es la diferencia de tratar con libros a tratar con personas.

Esa es la diferencia entre tener un Maestro auténtico y tener a alguien que en el mejor de los casos simplemente no lo es.

15. Espejo del alma

El tercer día lo pasamos entero en Fez. Allí visitamos en primer lugar a un faqir. Nos invitó a comer tras lo cual, nos dirigimos a la mezquita de los andalusíes.

Se trata de una mezquita grandísima que fue construida por una mujer andaluza, su nombre es Mariam. Ella construyó semejante obra, un lugar donde todo el pueblo de Fez va a reunirse para Trascender el mundo material y como consecuencia de su encuentro con lo Trascendente acaban inclinándose y posando la frente al suelo. Si los ves desde fuera puedes pensar: están “rezando”. Pero no están rezando, realmente están Trascendiendo.

16. Una aclaración

Hasta este momento no he utilizado la palabra Islam ni Corán, ni musulmán en el texto. Lo hice con la intención de que quien lea vivencie lo que realmente hay que vivenciar y no entre en los configurados esquemas que pretenden convertir la Revelación en una “religión” estructurada donde todo está acabado y donde un estado o reino pueda monopolizar a golpe de talonario la Vivencia de lo Real, intentando castrar a través de reduccionismos y simplismos la inmensa riqueza de la Revelación, con la única obligación de no salirse de una supuesta “ortodoxia oficial”.

17. Andalusíes, Mulay Driss, Sidi Ali Jamal

La primera visita es sorprendente. Mariam de Andalucía creó la mezquita perfecta: amplia pero armónica, humilde pero elegante, colorida pero sobria…

Nada que ver con esas horribles mezquitas contruidas por el Estado que más bien parecen iglesias.

El patio es amplio y con una fuente en el medio, el suelo blanco. El agua fluye. La gente se lava. Después se dirigen a Trascender. El interior está hecho de palmera, todo es muy modesto pero de un gusto extraordinario.

Allí se hablaron cosas que quedan allí, como tantos cientos de lecciones, aprendizajes, enseñanzas que Inshallah algún día volverán a despejar las dudas de todos los seres humanos, cuando los musulmanes sean libres.

Luego nos dirigimos a la mezquita de Mulay Driss. Nos la encontramos abarrotada, tanto de hombres como de mujeres. Por lo visto se llevan a cabo allí muchos matrimonios. Tras estar allí un rato, nos fuimos.

Entonces nos dirigimos de vuelta a la zawiya pero pasamos por delante de la zawiya de Sidi Ali Yamal. Siempre estaba cerrada, excepto los jueves por la tarde que se reunían los estudiantes. Nuestro guía, Muhammad Burjes, un fuqara de Mulay Bashir nos dijo que lleva años pasando por allí a todas horas día tras día pero siempre estaba cerrado excepto el jueves. Sin embargo, por primera vez en su vida, al llamar nosotros a la puerta, nos fue abierta, entramos y nos hicieron sentar. Allí entonces Muhammad Burjes nos habló acerca de Ali Yamal. Comentó que era un Maestro que estaba oculto y que solamente fue conocido años después a través del célebre Darkawi, que fue discípulo de Ali Yamal. Cuando llegó la ronda de preguntas saqué la duda de por qué grandes maestros que pueden hacer tanto bien a la Comunidad están ocultos y la respuesta que me dio es la que encabeza el principio de este escrito. La verdad es que no hay más que ver cualquier parte del mundo para darse cuenta que es verdad, el ser humano muerde a la mano que le da de comer.

18. El cuadro

Recuerdo que mientras estábamos en la zawiya de Sidi Alí Yamal tuve una sensación curiosa: frente a mi estaba la puerta que daba al patio donde había un árbol justo en el medio. Era muy grande. En ese mismo instante pensé en el árbol como resultado de la germinación de un fruto y dicho árbol sería el comienzo de la gestación de futuros árboles a través de nuevas semillas producto de los frutos del mismo. Lo cual me hizo pensar en la cadena, en la silsila, que une un maestro a otro hasta el Profeta. De la misma manera que los hadices, el Corán, etc… llegaron hasta hoy en día respetando su propia cadena, la formación de personas depende de ese aspecto, árboles y frutos sanos, y no de “semillas artificiales”.

En ese momento, además, ves gente paseando por ese patio alrededor del árbol pasando de aquí a allá y sientes como si los mismos malaikas formaran parte del paisaje, la sakina (tranquilidad) es evidente. La baraka del lugar, cualquier persona la notaría. Y todo ello desde dentro de la zawiya al mirar hacia fuera, a esa puerta que está eternamente cerrada excepto los jueves por la noche y que abrió un miércoles a la hora exacta que nosotros pasamos. Como si nos estuvieran esperando.

19. El regreso

Salimos de la ciudad de Fez no sin antes pasar por la mezquita Qwariyin, antigua universidad. Fue creada también por una mujer poco después del año 970. Pero estaba en obras, entonces apenas nos paramos.

Salimos de la ciudad de Fez y volvimos a la zawiya. En el viaje uno de nuestros compañeros se había puesto enfermo. Además la tensión de estar de un lado a otro de la ciudad un poco contrareloj nos había puesto un poco de los nervios, por otra parte sabía que a la vuelta del viaje en la península iba a dejar de ver a la gente de Sevilla durante mucho tiempo y lo cierto es que me puse un poco triste.

Cuando llegamos a junto de Mulay Bashir, en la zawiya, fue la segunda vez que me dirigió la palabra. Ellos le dijeron algo de que el compañero estaba enfermo y el respondió con un alhamdulillah, miró para otro y también le dijo alhamdulillah, miró para otro y también le dijo alhamdulillah y se fue. Pero de repente se paró y dio la vuelta, me miró a mi y me dijo: alhamdulillah con la voz y el gesto en la cara de quien dice: “y concretamente a ti, siempre di alhamdulillah”. Esta fue la segunda vez que me dirigió la atención explícita, no la palabra, porque alhamdulillah es una palabra que va dirigida al Creador.

20. No vacíes el significado de las palabras

Él se dio cuenta que yo estaba mal, y cuando dijo alhamdulillah mirando para mí fui perfectamente consciente que él conocía mi estado. De hecho, alhamdulillah quiere decir “gracias a Al-lâh”. Es una de las expresiones que más me gustan porque si te ocurre un bien alhamdulillah si te ocurre un mal alhamdulillah porque todo ocurre por Voluntad de Al-lâh entonces algo que parece malo puede ser en realidad que proteja de algo peor, o es una prueba para fortalecernos. Sea lo que sea siempre alhamdulillah porque todo viene de Al-lâh y hay que agradecérselo. Eso hace que tengas mayor rango para Al-lâh. Esta es una de las enseñanzas que más me gustan del Islam porque esta enseñanza convierte a los musulmanes en eternos optimistas y por supuesto en gente con una gran fortaleza.

Esto último chocará a la gente que esté acostumbrada a conocer del Islam por lo que dicen sus enemigos, que presentan al Islam como una “religión fatalista” cuando ni es una religión ni es fatalista sino todo lo contrario. Pero eso hay que vivirlo para darse cuenta, no vale que yo os lo diga. Por tanto que tampoco os valga lo que digan los enemigos del Islam.

La cuestión es que se me fue al instante esa mala sensación, y entonces os digo lo siguiente: mucha gente por costumbre la oiréis decir: salam aleikum como quien dice: “¿Qué pasa?” o alhamdulillah o inshallah como si fueran meras coletillas. Eso lo he visto mucho.

Pero aquí cada palabra de esta gente tiene un significado y muchísima fuerza. No hablan por el libro.

Mulay Bashir, de hecho, casi ni habla.

Y aún así comunica más que muchos.

21. La llave

El día siguiente sería nuestro último día puesto que decidimos todos irnos con un compañero. Él debía estar en Madrid a los dos días para recoger a un familiar. Nos íbamos a quedar unos días más el resto pero como se puso enfermo decidimos todos ir con él.

Entonces al día siguiente nos iríamos. Mulay Bashir iba de un lado a otro. El compañero enfermo se durmió en el suelo. Estaba muy enfermo.

El tiempo se acababa y mañana habría una jornada difícil.

Entonces pedí el wird.

22. Fiesta

Mulay Bashir hizo duaa por mí. Algunos compañeros cantaron el anasheed de cuando el Profeta Muhammad (Salalahu aleihi wa salam) fue desde Mecca a Medina.

Bebimos un té.

El compañero enfermo se puso en pie.

Estaba curado.

23. Perlas

Os voy a comentar por que Mulay Bashir me dio la confianza que me dio, porque como os dije con anterioridad, soy una persona muy desconfiada.

Además os digo cosas que pueden resultar esclarecedoras:

Nadie le llama Sheij. Todos le llaman por su nombre.

Es muy pobre pero tiene su puerta abierta a todo el mundo.

Invita a todos a quedar el tiempo que quieran en la zawiya.

Nunca permite que nadie pague nada.

Nunca come de plato sino que siempre come las sobras de los demás.

Siempre está en dikr pero no lo aparenta.

Él apenas habla, enseña con el silencio.

Nunca es el Imam en el salat sino que son otros porque hace que la gente adquiera conocimientos vivos.

Hace que ames el Islam sin hablarte del Islam ni de nada.

Nunca te verás obligado a hacer nada, ni el salat. Pero querrás hacer el salat, las sunnas y todo.

No musulmanes van allí y hacen Sahada.

Gente que aborrecía el tasawwuf le pide el wird.

Hay gente que no pide el wird pero admite que es un maestro auténtico y una persona de las que no hay.

Nunca te vigila pero siempre se preocupa por ti.

Notas que en su zawiya, Iblis no tiene nada que hacer.

Los niños, los mayores, la gente joven, los ancianos… están todos juntos y parece que no existe la diferencia generacional en la zawiya.

Cuando las mujeres y los hombres se separan, es de manera espontánea y natural y no por un “formalismo ortodoxo”.

Cualquier interés egoísta allí se vuelve ridículo. Ni se te pasan por la cabeza, ni a nadie se le ocurre algo del estilo.

Os indico que dentro del Islam, el tasawwuf me parecía muy bueno pero pensaba que era un terreno abonado para encontrarte de todo. Por lo tanto leía acerca del tema pero me mantenía al margen.

Con Mulay Bashir te olvidas de las desconfianzas, de las sospechas…. Sencillamente es que como no habla, lo que ves lo dice todo. Autenticidad.

Nada de: “hay que hacer esto, o lo otro….” Nadie te dice: “tienes una gran responsabilidad”, “estás preparado para…”, “tu obligación es…” Nunca jamás sentirás tu corazón oprimido.

Pero querrás hacer Dawa, querrás hacer salat, querrás hacer dikr

La gente que lleva más tiempo con él tiene una luz en el rostro que se deja ver de forma evidente.

Todo el mundo tiene un comportamiento de lo más natural, nadie tiene la típica pose de “musulmán militante”. Sin embargo gente como aquella mujer sheija había hecho por el Islam más que muchos hombres.

Su vestido era un saco de patatas, pero si la miras a los ojos verás porque no le hace falta ser “musulmana militante” para hacer lo que hace.

Cuando Mulay Bashir dijo a todos los sheij, a todos los maestros de allí que ellos fueron llamados solo por vernos a nosotros, en ningún momento nos hicieron sentir menos que ellos, al revés, se alegraron muchísimo de ver a gente de la península y sobretodo tan joven en el Islam, y además querer profundizar hasta el punto de haber encontrado a Mulay Bashir y a los fuqara de Fez.

Es decir, que nos hicieron sentir unos más de entre ellos.

24. Sin mirar hacia atrás

Hubo que irse. Fue muy difícil. Nadie quería irse y costó muchísimo. Nos despedimos de Mulay Bashir y de su familia pero no conseguíamos subir al coche: nos mirábamos fugazmente unos a otros, a la zawiya, al suelo… hasta que alguien dijo: “si no subimos perdemos el barco, vámonos”.

Y subimos al coche.

Recuerdo la imagen de Mulay Bashir corriendo detrás del coche y cantando una canción islámica para despedirnos, parecía un niño feliz y contento cuando ve llegar a alguien que quiere pero el caso era que nos íbamos y él era una persona de más de noventa años que corría tras un coche y estaba lo suficiente desinhibido como para correr detrás del mismo cantando… una persona que el día anterior hablaba a más de cien y los hacía silenciar con un discurso de una fuerza inmensa. Nos despedíamos con la mano mientras Mulay Bashir seguía cantando y corriendo tras el coche. Entonces hubo un momento cortante que consistió en dejar de mirar hacia atrás. Y partimos hacia Sevilla.

25. Regreso al principio

Desde Fez hasta Ceuta. Barco de Ceuta a Algeciras. De Algeciras a Sevilla.

La primera hora nadie habló. Poco a poco comenzó a surgir conversación. Llegamos a la conclusión de que fue un viaje diferente.

La armonía en el grupo fue total desde el principio hasta el final del viaje. Éramos siete personas de las cuales una estuvo conduciendo todo el camino, otra (que era yo) además de todo el viaje tuve 15 horas de bus nocturno sin dormir desde Galicia hasta Sevilla y me quedaba la vuelta, dos se pusieron enfermos, dos eran no musulmanes, éramos bastante heterogéneos, algunos no nos conocíamos de nada y encima la diferencia de edad: dos no llegaban a los veinte, dos tenían veintiséis, dos tenían treinta y siete y uno pasaba de los cincuenta. Una persona del grupo era mujer y era la única. Además estábamos en un lugar que no entendíamos el idioma lo más mínimo excepto uno el cual tuvo que hacer de traductor.

Con todo ello lo más normal sería tener momentos de crisis y nervios, algún enfado, choques… pero en realidad nada de nada. Todo fue estupendo, todo el mundo estuvo muy bien, cuando alguien se ponía enfermo éramos una piña con él, nunca hubo el más mínimo roce ni enfado… en todo el viaje.

26. Vuelta al origen

Llegamos a Sevilla. Tras pasar la noche en casa de un compañero de viaje, al día siguiente fuimos a comer Muhammad y yo al mismo restaurante de la ida, para finalmente esperar el bus en la misma parada en la que me recogió. Así retorno al origen del viaje. De nuevo el mismo bus pero en dirección contraria hasta mi ciudad, desde donde os escribo estas palabras.

Sólo señalar por último que Mulay Bashir no sólo te enseña lo que podríamos decir Islam, sino que hace que vivas de manera que el Islam salga de ti, de tu fitra. Autenticidad pura.


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