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De primer trasvase, a monumento de la Humanidad

El Acueducto de Segovia afronta su tercer milenio de vida cargado de historia y convertido en emblema de la ingeniería hidráulica

19/08/2008 - Autor: F. D. (ICAL) - Fuente: Diario de Burgos
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El acueducto de Segovia.
El acueducto de Segovia.

Ajeno a las polémicas sobre su posible impacto ambiental y a su ausencia de los pabellones de la Exposición Universal de Zaragoza, el Acueducto como trasvase de agua desde la Sierra de Guadarrama para surtir a la ciudad de Segovia se ha convertido en el principal monumento y emblema de la ingeniería histórica con más de 2.000 años de edad.

Pero el Acueducto no es sólo un conjunto de arcos de granito colocados sin argamasa que pervive en el tiempo, sino una obra de casi 15 kilómetros de longitud formada por conducciones, desvíos, sistema de drenajes, juegos de niveles, arquetas de sedimentación, y canales de reparto y distribución. Además de dar nombre a prestigiosos premios de arquitectura o ingeniería, el monumento romano atrae cada día a miles de visitantes que contemplan boquiabiertos la faraónica obra que fue el primer trasvase de agua conocido en España.

En su recorrido, ha servido durante casi dos milenios para abastecer de agua a la ciudad de Segovia, siendo conscientes sus creadores de la importancia que tenía este elemento básico. A 15.000 metros de distancia de la ciudad arranca la toma con un azud construido sobre el arroyo de la Acebeda, también llamado Río Frío a 1.255 metros de altitud sobre el nivel del mar, de modo que salva en ese recorrido un desnivel de un cuarto de kilómetro de altura para llegar a los mil metros en que se encuentra la urbe segoviana.

La toma del azud está formada por 26 piezas de granito, de 69 centímetros de altura y longitudes variables, grapadas con llantones de hierro recibidos con plomo. Está inclinado unos 45 grados respecto al eje del río para derivar sus aguas por la margen derecha hacia un canal descubierto que las vierte a un decantador de arenas que, a su vez, introduce el agua por una tubería enterrada, en algunos tramos ubicada en el interior de la antigua cacera romana. Puede derivar un caudal máximo de entre 30 y 50 litros por segundo, el doble del que permite el Acueducto en su parte final.

Objeto de visitas. En alguna ocasión, la Obra Social de Caja Segovia y la Empresa Municipal de Turismo de Segovia han organizado visitas guiadas por ‘El Caz del Acueducto’ para mostrar el recorrido hídrico. Y es que la cacera, aunque está enterrada parcialmente, puede seguirse fácilmente por el ruido que produce el agua en los registros y porque esporádicamente aparece en superficie a través de pozos de aireación.

En algunos puntos se observa un antiguo canal en desuso que algunos dicen ser la primitiva romana, que no iba enterrada y que debía estar vigilada por centinelas y personas que se dedicaban a su mantenimiento. La que fuera concejala de Medio Ambiente de Segovia, Cristina Pampillón, asegura que en 1929 se colocó la tubería actual y que es la que se encuentra enterrada, aunque se utilizó la misma traza que existía ya.

En su recorrido cruza los caminos de Carrera Grande y de Revenga a Valsaín, así como la antigua calzada romana formada por grandes losas de granito. Tras más de cinco kilómetros, el agua brota a la superficie y desciende por la ladera del Cerro Cabeza Grande hasta el paraje de Los Hoyos.

En este punto, el agua vuelve a discurrir por un canal cerrado que cruza -para evitar la mezcla de las aguas-, varios arroyos, y la Cañada Real Soriana Occidental, tan importante en la histórica económica de Segovia. Antes, la conducción era a cielo abierto y se cruzaba con losas colocadas estratégicamente, o que servían para proteger el propio cauce, según recuerda la bióloga segoviana Charo Domínguez.

en las proximidades. El agua ya circula de forma abierta junto al cerro de Matabueyes, en las proximidades de la ciudad segoviana, paralela al cordel de Santillana para adentrarse en lo que hoy es el barrio residencial de Nueva Segovia, donde se pierde el recorrido entre los bloques y vuelve a encontrarse con la primera Casa de Piedra, un edificio de losas de granito reconstruido a principios del siglo XVII cuando se ensanchó la carretera de La Granja (CL-601). Se trata de un desarenador en el que se limpiaba de arenas y se regulaba el nivel del agua gracias a su depósito interior.

Desde este punto, el canal vuelve a perderse invadido por la vía pública pero resurge ya convertido en un muro de conducción formado por sillares labrados en su interior en forma de ‘U’. Es aquí donde arranca el monumento segoviano por excelencia para los miles de turistas que le contemplan a diario. El agua llega así a la segunda casa de piedra o desarenadora que realiza la misma función que la anterior.

Tras 40 metros de nuevo recorrido urbano, la cacera se alza sobre las primeras arcadas de granito que discurren de forma recta hasta el pilar 75, con 14 metros de altura y que es el único con forma curva. Se le conoce como Pilar de San Francisco por situarse junto al antiguo convento que había dedicado a este santo, y hoy acuartelamiento militar. Más adelante se encuentra la zona más alta, que con 28 metros ofrece la vista más espectacular del monumento, en la Plaza del Azoguejo. Y en la zona del Postigo, el Acueducto tropieza con la muralla de la ciudad y llega al casco antiguo, destino del trasvase ideado hace más de 2.000 años.

Muere así el Acueducto, en la Plaza de las Arquetas, donde un sistema de canalizaciones permitía el reparto del agua, gracias a unos antiguos depósitos situados en la parte más alta del casco histórico. Es en este punto donde se encuentran hoy ubicadas algunas sedes oficiales de la ciudad que curiosamente también rigen los destinos y repartos de los bienes comunales.

La canalización llevaba el agua a termas, casas nobles y fuentes públicas, muriendo posiblemente en lo que hoy es el Alcázar, el otro gran monumento de la ciudad. La red de distribución por la ciudad continúa hoy siendo un enigma ya que con el paso de los años se ha ido edificando sobre las canalizaciones, convertidas en un tesoro aún por descubrir.

Menos conocidos

Pero el Acueducto y sus conducciones representan sólo una de las muchas caceras que existen en la provincia de Segovia y en las que se mantienen costumbres y legislaciones inveteradas con las que se regula el uso del agua. La mayoría de los pueblos próximos de la falda de la Sierra han conservado hasta hace poco las caceras y sus leyes que crearon además figuras como la del ‘alcalde de cartas’, el ‘alcalde de pastores’ o las juntas de aguas.

La labor de los romanos con el agua no podía solo limitarse a la ciudad y seguramente a partir de aquella época nacieron otras obras de menos entidad que tomaron el Acueducto como ejemplo. Las obras de la A-601 (Valladolid-Segovia) permitieron hace meses sacar a la luz un pequeño acueducto que llevaba agua entre Zamarramala y Bernuy de Porreros.

«Aún perdura hoy la costumbre de cavar una cruz y una media luna para separar los quintos que arregla cada pueblo», señalan como muestra de la coincidencia de distintas culturas

Pero, además, se conservan hoy incluso normativas de regulación del agua. Las más antiguas datadas son las de la cacera del río Cambrones, de 1401, según relatan María del Mar Pinillos y David Martín en un trabajo de investigación becado por Caja Segovia. Recuerdan que con estas viejas leyes se crearon las comunidades de aguas que permitían compartir el líquido elemento por parte de los sucesivos términos municipales que atravesaban los cauces, y para la convivencia entre musulmanes y cristianos. «Aún perdura hoy la costumbre de cavar una cruz y una media luna para separar los quintos que arregla cada pueblo», señalan como muestra de la coincidencia de distintas culturas.

El agua se empleaba para el riego de huertas, de prados, para el uso de la población, para dar fuerza motriz a los molinos, y para llenar los charcones de esquileos o lavaderos.

La situación actual de estas caceras menores ha tenido destinos variados, aunque todas ellas han perdido algún tramo de su recorrido. La Junta de Aguas de la Manzaneda ha desaparecido desde que fue entubada en 1971. Los vecinos de Santiuste de Pedraza (120 habitantes) ya no limpian la cacera del arroyo Truchas que estuvieron revisando durante siglos. La cacera de Navalcaz, que discurre paralela a la del Acueducto, ha sido modificada por las obras del TAV y corre peligro de desaparecer por el desarrollo urbanístico de Segovia y alrededores.

La que mantiene la costumbre anual de revisión y limpieza todavía es la Cacera del Cambrones, que reúne a los representantes de los pueblos de Palazuelos de Eresma, La Lastrilla, San Cristóbal y Trescasas. Aún acuden, como mandaba la ordenanza de 1401, el último sábado de mayo provistos de merienda y azadón, a limpiar la cacera. El máximo órgano de gobierno la Noble Junta de Cabezuelas, formada por dos representantes de cada pueblo, y liderada por el que era el alcalde de cartas. La función anual que encargaban consiste en cortar el agua en la parte de arriba para permitir las labores de limpieza de ramas, arbustos o tierra que impida el normal recorrido del agua. Además se revisan los boquerones o entradas de agua desde la cacera madre a los huertos y praderas en función del tamaño o número de reses que tenían. En estas labores no faltaban en las ceremonias de rezos, compartir el vino o la pesca de cangrejos o truchas.

Aunque hoy se trata de labores testimoniales y casi festivas, la limpieza de los caces ha sido uno de los trabajos fundamentales que ha servido para poner en valor el agua, para compartir recursos y para poner de manifiesto la relevancia de que los trasvases de agua, además de necesarios pueden convertirse en monumentos.

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