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Tiempo de Perdón

Sobre cómo el alma sana con mirar y ser mirada

10/08/2008 - Fuente: www.sistemicas.blogspot.com
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La noche del perdón (Laylat al-Barh) se celebra el décimo quinto día del octavo mes.
La noche del perdón (Laylat al-Barh) se celebra el décimo quinto día del octavo mes.

Son tiempos de perdón, de gotas de dignidad en la mirada del otro más allá y más acá de la circunstancia. La claridad de mirar la intensión imperfecta con los ojos de la verdad. Porque el dolor pasa y la Verdad queda.

La Noche del Perdón en el calendario del Islam es la antensala bendita al Sagrado mes de Ramadan. La nieve fresca de la Misericordia toca los corazones abiertos a la Unica Fuente y los lava. Se cuecen en el horno de la paz las heridas autoinfringidas a quien levanta sus manos sin manos, a quien implora sin ojos y sin pechos, sino con el corazón en la piel. A quien se entrega consciente o inconsciente, abierta o disimuladamente, volviendo sin cesar al lugar de donde el alma no puede haber salido. Al lugar de su dignidad intrinceca, y al reconocimiento de la dignidad intrínseca del otro.

Llegar a la Noche del Perdón -por Gracia de Quien cierra el firmamento y deja bajar los signos de Su Misercordia en forma absoluntamente nítida y clara- es llegar al contacto de la contracción y expansión vistas en forma simultánea. La Noche obscura del alma y la iluminación de la mirada.

El movimiento interior, profundo, para llegar a esta noche es mirar en cada una de nuestras memorias: celular, imaginal, corpórea, histórica -y del momento presente como diwan de mis tristezas- y tocar los colores, los sabores y sonidos de aquellos actos que han afectado a otros y a nosotros mismos, de todas aquellas asociaciones con causas secundarias sutiles y bruscas que el cuerpo, corazón y alma han asociado en delirio con la Causa Una, cuya exaltación y Gloria está por encima de cualquier desvío ilusorio.

El movimiento interior es ir a los rostros negados, a los amores perdidos, a los dignos canales de luz olvidados, dentro y fuera, en nuestros padres, nuestras comunidades, nuestros amigos panaderos y alfareros, técnicos y taxistas, mujeres y niños arrabatados de su lugar en el corazón, endurecido. Ir y dejar que entren en nosotros por sobre el muro del prejuicio, el desamor y la soberbia.

El movimiento interior no es "perdonar" a quien fue canal de experiencia dolorosa en nuestra vida, sino tomar el dolor como propio y mirar la dignidad de la persona cuya fuerza intrínseca le permite haber tomado la responsabilidad de su intención y el devenir propio ante la Fuente de la Vida. Este movimiento sanador nos permite mirar de otra forma: de dignidad intrínseca a dignidad intrínseca, sea quien sea la persona y seamos quienes seamos nosotros.

A Dios no Le agrada que se mencione un mal públicamente, excepto por aquel que sufre injusticia como consecuencia. Y Dios en verdad todo lo oye, es omnisciente. (Quran: Sura 4. Las Mujeres, 148)

¿Por qué recordar el mal de otros que no hemos vivido? ¿Por qué negar el alivio que hemos tenido a cualquier herida, y la sutura que está provoca a la infringidas por nosotros mismos? ¿Por qué no ser justo con las consecuencias de nuestras manos en lugar de pedir justicia con los labios a cualquier barro imaginal?

El Profeta Muhammad (que la Paz sea con El y su bendita familia en verdad) en su momento más difícil, cuando los musulmanes eran más golpeados y lastimados por la mente convencional, y él mismo perseguido, maltratado, sin hogar sin seguridad para orar, con la Mecca, -el corazón humano- molestado con barro imaginal, con sus vínculos de familia cortados, cansado, no se quejó contra nadie, sino solo contra sí mismo ante Alláh en la oración más pura que un corazón humano pudo recibir por inspiración ante el dolor.

"¡Oh Dios, ante Ti me quejo de mi debilidad, de mi desamparo y de mi bajeza ante los hombres! ¡Oh el Más Misericordioso de los misericordiosos! Tú eres el Señor del débil. Y Tú eres mi Señor. ¿En manos de quién me confiarás? ¿En las de algún remoto forastero que me maltrate? ¿O en las de un enemigo al que Tú has dado poder contra mí? No me importa, no estés pues airado contra mí. Pero si tuviera Tu ayuda a mi favor -¡eso sería para mí el camino más fácil y mayores oportunidades! Me refugio en la Luz de Tu Rostro por la cual la oscuridad es iluminada y todas las cosas de este mundo y del otro son rectamente ordenadas, por temor a que Tú hagas descender Tu ira sobre mí, o por temor a que Tu cólera me acose. Es cosa Tuya, sin embargo, reprochar hasta que estés bien satisfecho. No hay poder ni fuerza sino en Ti." (I.I. 280).

El movimiento exterior es mirarse al espejo, mirar los poros alineados y perfectos, la curva de la nariz por donde el aire pasa en cada segundo dando el Sustento de Dios, observar entre las cejas una tímida duna que ha vivido los años de nuestra vida, checar las pequeñas cicatrices de batallas, mirar en el agua blanca de los ojos las maravillas vistas, la ternura de la mirada de mamá plasmada para siempre ahí de sus propias aguas, los labios milagrosamente perfilados en la celulas de papá. Recordar las miles de palabras, los millones de besos, los cientos de guiños, y de todo ello ser honesto para postrarse ante la Fuente de la Vida que crea, sostiene y transforma ese rostro, con el abab divino de hacerlo también mediante hombres.

Y después de ello, pensar en el hermano que algo nos hizo, en el gobernante que cambió de pasos, en la mujer amada que se fue, o el hombre que tuvo que ir a su destino, en quien nos puso el pie, y pensar en su rostro también. Mirar sus ojos en el corazón ya sin miedo o locura imaginal, solo detenidamente objetiva y clara sobre sus ojos. Sobre su vida circulando, sobre la impermanencia de las palabras, de los contactos, y mirar lo que sí permanece. El corazón que toca un corazón y lo vivo, tierno, violento, duro, estremecedor, que todo ello puede ser. Y decir: Sí, lo tomo tal cual es.

Y en la Noche del Perdón llevar mis miradas y las otras miradas y ponerlas en la alfombrilla de oración, las que nos asustan, las que asustan, los barros ilusorios, las causas secundarias sobregiradas, las penas, las arrogaciones, los silencios y los gritos, los golpes contra la vida, los rasguños contra el rostro propio.

Y entonces el alma indigente entrega todo esto, todos estos signos y causas secundarias del crecimiento, el tiempo y la responsabilidad, para decir "no sé". "No sé Dios mío qué significan estos signos y me siento con una enorme pena de mí mismo ante Ti, pero sé que por Ti estoy aquí y Tú me eres sufiente, porque Te amo por el Amor que Tú pusiste en mí, por Tu deseo vivo, perfecto y ardiente que me mata y me regresa a Ti".

Y Durante la noche entregar todo en la oración y saber que solo a El se le entrega, y mirar con lágrimas por la noche el eco de la súplica del Profeta cuando estuvo más y más cerca de Alláh: "Oh Señor: mi comunidad, mi comunidad, mi comunidad".

Amor de mis amores, oh alma mía derretida en el fuego de la lejanía, aprende a amar y solo a amar con tu alma, tu cuerpo, tu ser y tus segundos. Y aún todos los segundos que has olvidado entrégalos a Tu amado, porque también son leños y tus lágrimas combustible, y sonríe mucho hasta que te rompas en mil, porque el León que cuida a sus crías, la madre que da su pecho al bebé, el pajarillo que muere por su cría, son solo una de las Misericordias, y El ha guardado 99 más para el Encuentro.

Ia Gafur, Ia Gafur, Ia Gafur, Señor danos en esta Noche lo mejor de ella. Y que sea la puerta para el Mes de Tu Amor develado más claro para la comunidad de Tu Profeta: la humanidad por entero.

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