webislam

Domingo 23 Febrero 2020 | Al-Ajad 28 Jumada al-Zani 1441
668 usuarios en linea | Español · English · عربي

WebIslam.com

» Artículos

?idt=10645

¿Mezquita de Córdoba?

¿Qué memoria histórica se pretende recuperar? ¿Qué identidad estamos manteniendo? ¿Qué memoria nos lega este acuerdo?

03/08/2008 - Autor: Hashim Cabrera - Fuente: Webislam
  • 1me gusta o estoy de acuerdo
  • Compartir en meneame
  • Compartir en facebook
  • Descargar PDF
  • Imprimir
  • Envia a un amigo
  • Estadisticas de la publicación

El Mezquita-Catedral de Córdoba
El Mezquita-Catedral de Córdoba

“La Mezquita de Córdoba se ha proclamado ganadora del certamen «Nuestros 12 Tesoros», acción emprendida por Antena 3 y Onda Cero para encontrar los monumentos o lugares singulares, bellos o especiales de nuestro país.”

EUROPA PRESS. Webislam, 2 de enero de 2008  

La historia no es sino una narración amañada, como el periodismo de masas contemporáneo es constructor de la historiografía del futuro inmediato y de la identidad colectiva de nuestros hijos. La Mezquita de Córdoba, la Aljama de Al Ándalus por antonomasia, no existió. Sólo fue un sueño de orientalistas y nostálgicos que narraron un esplendor ficticio, una sociedad y una civilización inexistentes. Aunque aún podamos leer en los medios ‘serios, antiguos y aceptados’ de comunicación, de la mano de agencias tan homologadas y tributarias como Europa Press, noticias que hablan de la Mezquita de Córdoba, ésta, para sus actuales gestores, no es apenas nada, una sombra en el tiempo.

Yo he seguido a lo largo de muchos años —como niño inocente, como católico ferviente finalmente evadido, como agnóstico curioso e indagador y como musulmán consciente— las peripecias de una historia profunda y paradójica que muestra rincones arquitectónicos de delirio, grandeza, locura, perplejidad y miedo. He sentido con frecuencia una inmensa e irrefrenable necesidad de escapar de todo ello, de reconstruir una identidad más alegre y despreocupada, pero también he sentido de cerca esa tristeza que antaño tenía solución de continuidad unas veces en la soleá de lo jondo, y otras en la brujería de la fiesta y que ahora sólo parece tenerla en el anonimato del individualismo consumista.

He cruzado las arcadas en sombra de una mezquita verdadera, la que allí existió y aún existe, cuando siendo un niño iba con mis padres a misa solemne algún domingo a la catedral, la única zona bien y cenitalmente iluminada, diferenciada de las sombras, de esos arcos y de ese mihrab privados de la luz horizontal de la tierra, espacios que se conservan sólo como un tesoro material del arte y de la cultura, un tesoro, eso sí, oscurecido, alumbrado lo justo para ser vendido como mercancía cultural. Unos arcos cegados y un contraste elocuente.

Me resulta muy grato poder recordar hoy todo eso a la luz de una comprensión distinta, acrecentada. También encontrarme con testimonios muy cercanos a esa experiencia mía como el de nuestro paisano Antonio Gala en Móstoles, durante el V Congreso Internacional del Mestizaje, donde, con su inimitable y magistral elocuencia, narró una vivencia infantil de la Mezquita de Córdoba que me hizo revivir mis propias experiencias infantiles en ese lugar tan especial.

Yo también sentía entonces que todo aquello, lo cristiano y lo moro, formaba parte de un nosotros. Porque es cierto que los cordobeses y cordobesas tienen rasgos de moros y de judíos, de bereberes, de turdetanos y de celtas. La comunidad siempre fue aquí muy diversa, en sus fisonomías, en sus gustos y en sus expresiones. Sin embargo, cuando yo era niño no se hablaba de nada de esto y, por el contrario, se decía frecuentemente aquello de “cuando echamos a los moros” ó “cuando acabó la reconquista…”

Pero hace pocos años, estudiando La Proporción Cordobesa, un interesantísimo ensayo del arquitecto cordobés Rafael Lahoz, me encontré con una valiosa información que confirmaba aquellas sensaciones. La medina de Córdoba fue la única medina andalusí donde, tras la conquista castellana, no hubo sustitución de la población original, al menos de una forma drástica, como sí ocurrió en otros lugares. Esto nos sugiere que, bajo otras fórmulas políticas y en una correlación de poder diferente, la sociedad multicultural andalusí continuó y evolucionó en la ciudad de una manera menos traumática que en el resto de las medinas provinciales, y que éste fue un estatus peculiar que se circunscribió tan sólo a la antigua capital califal.

Esto puede explicar muchas cosas. Por ejemplo, el gusto de muchas familias cordobesas por las diamelas ha hecho que exista incluso una larga tradición de cultivo de esta planta olorosa en Hornachuelos, como vivero de los jardines cordobeses. La diamela (jasminun sanbac) se conoce también como Jazmín Sirio o Jazmín de Arabia, pero lo que nadie ha mencionado hasta hoy es que, precisamente era esta la flor emblemática de los omeyas cordobeses, la flor pentacular que sirve de modelo formal y ambiental al naturalismo abstracto del tauriq de Madinat Az Zahra, sobre todo en el Hom y en los capiteles de avispero.

Me resulta especialmente relevante este hecho porque el perfume, el olor en general, implica a las capas más profundas de nuestra identidad y de nuestra memoria. Mi familia paterna tiene una predilección muy grande por estas flores blancas y por su olor. Las noches de verano siempre albergan los aromas del jazmín y de la diamela y, de éstas, collares pacientemente ensartados han rodeado cuellos y brazos de muchas mujeres de mi casa hasta el día de hoy. El arco de herradura califal también aparece inscrito en un jazmín apuntado. Personalmente, ese olor me induce a los más altos estados espirituales, al vacío más generador. Es un efecto instantáneo y profundo que deja en mi alma un rastro dilatado de paz y de bondad.

También el simbolismo de la luz en la arquitectura es un tema que siempre me ha interesado. Tal vez por un convencimiento profundo de la importancia que tiene la luz en nuestras vidas como seres humanos. Decía Goethe que los colores son “los gozos y sufrimientos de la luz” y que la luz nos construye, nos afecta y modela estructuralmente. La luz influye en nuestros ritmos biológicos, en nuestras secreciones cerebrales, en la vigilia y en el sueño. La luz es así para algunos, a través de su expresión más pura en el color blanco, la materia del mundo. Pero, sea lo que sea, esa luz y ese color blancos discurren en el rango de los lenguajes profundos y son usados frecuentemente con fines no precisamente iluminadores.

La historia tornó aquella Mezquita Aljama anegada de luz horizontal e igualitaria en catedral iluminada cenitalmente con la luz de una arquitectura jerarquizada, luz clavada en el centro de un gigantesco camposanto de sombras, velando una memoria repoblada con las tumbas de los conquistadores, de los nobles guerreros castellanos que arrebataron a los moros la Perla del Occidente. Un enclave vertical y central para indicar que sólo allí, en el crucero catedralicio, se derrama la luz del cielo, rodeada de un mar de oscuridad, de muerte y amenaza. Esa es la mezquita que yo pude ver de niño, y aquellos arcos suscitaron en mí latencias de recuerdos ancestrales y promesas futuras, presagios de una historia pavorosa que me disuadía de indagar demasiado, que casi me remitía a la inconsciencia.

Velar, oscurecer y negar no pueden ejercerse continuamente. Es muy cansado y acaba destruyendo a sus practicantes y devotos. Entre las palabras encubridoras —“cuando echamos a los moros”— y la mirada sincera ante el espejo donde vemos a nuestro moro interno y no tan interno, media un abismo. Aunque, en este caso, mi meditación observa hoy tanto lo moro como lo musulmán, lo judío como lo sefardí, lo cristiano como lo castellano, es decir toda esa rica diversidad cultural, étnica y religiosa que ha desembocado en la sociedad andaluza contemporánea, hoy sociedad de la información, del conocimiento y la globalización. En este contexto las viejas identidades ya no nos sirven. Es imposible velar más, oscurecer más, negar nuevamente. Ahora todo está sobre la mesa.

Me inclino a pensar que el andalucismo es tan imposible y kafkiano porque Andalucía son los huesos pelados de Al Ándalus, casi irreconocible en su humanidad carnal pero huesos al fin y al cabo, vestigios estructurales e inermes de lo que un día fue una sociedad y una humanidad civilizadas. De tanto querer borrar a Al Ándalus y de tanto intento de preservar sus logros materiales, camuflados en la identidad nacional católica, al final ha quedado irreconocible incluso para quienes nunca se creyeron la gran mentira y supieron siempre identificar a los conquistadores. Todos los andaluces y andaluzas sabemos eso visceralmente, tanto que ha persistido el miedo a ser reconocido como diferente en forma de fobias de clase, de valores de inclusión/exclusión profundamente interiorizados y automatizados en esa caricatura que eufemísticamente se llama idiosincrasia andaluza. Si se piensa con alguna distancia es algo brutal.

El otro día un amigo de mi pueblo me mostró una entrevista de video que había hecho a una anciana del lugar con la cámara de su teléfono móvil. La anciana le hablaba de los tiempos antiguos de la posguerra, del tiempo del hambre y las alpargatas. Mi amigo le preguntó ¿Cómo se siente el hambre? La anciana le miró y le soltó, así de golpe "el hambre tiene cara de cochino". Cuando me lo mostró quedé profundamente impresionado.

Ahora, unos meses después de escribir todo esto, leo en el Día de Córdoba en un artículo de Félix R. Cardador, la descripción de la nueva política consensuada de gestión histórico-turística del Monumento Patrimonio de la Humanidad: Las visitas nocturnas subrayarán el origen cristiano de monumento por medio de un sofisticado lenguaje luminotécnico. El artículo en cuestión confirma toda mi reflexión anterior.

Los visitantes entrarán al Monumento por la denominada Mezquita de Abderrahmán I, ya que, según la descripción acordada políticamente, ésta mezquita “ocupa la posición y probablemente los materiales de la derruida basílica de San Vicente.” La lectura consensuada entre el Cabildo y el Consorcio explica así el origen del monumento en términos de "conjunto cristiano relacionado estilísticamente con la cultura tardorromana de filiación bizantina". Aquí, por supuesto, no tienen cabida otras lecturas más científicas, como las de Olagüe o González Ferrín, quienes ponen en cuestión que la denominada Mezquita de Abderrahmán I se hubiese levantado tras la demolición de la basílica cristiana y se inclina pensar, más bien, que fue simplemente transformada en mezquita. Esto quiere decir que lo que están viendo los visitantes en este lugar es la antigua Basílica de San Vicente, reformada y adecuada al uso islámico.

En el proyecto acordado entre el Consorcio y el Cabildo, las diferentes ampliaciones islámicas se irán iluminando sucesivamente, de una en una, según se dice, para explicar las características arquitectónicas de cada fase de expansión. No ocurre así cuando llegamos al corazón de la Aljama de Córdoba, a la zona del Mihrab y la Maxura, perla del esplendor espiritual y civilizacional de Al Ándalus en la época de Al Hakam II. Ahí no llegan al parecer los cables de iluminación por no afectar o afear al conjunto, así que se ha decidido “utilizar algún tipo de iluminación desde el exterior, aunque se deja esta cuestión en manos de la empresa adjudicataria.” La visita continuará por la ampliación de Al Mansur, momento en el que se iluminará toda la vieja Aljama “para que se pueda comprender mejor lo que aquello fue".

Una vez pasado este inevitable mal trago de grandeza y universalidad islámicas, las que por otra parte serían demasiado difíciles e inútiles de negar hoy en día a la ciudadanía, se llegará a la apoteosis luminotécnica de la visita, allí donde los cables no suponen una amenaza para el edificio, en la zona del crucero catedralicio, donde se subrayará la transformación de aquella Aljama en catedral cristiana. Se ha resuelto que la visita tenga su momento culminante en ese lugar por medio de una iluminación especial del presbiterio, cúpula, brazos laterales, coro y naves adyacentes al mismo tiempo que se iluminarán las zonas por las que habían pasado anteriormente los visitantes con la intención de reforzar la idea de que en la actualidad y desde hace mucho tiempo todo el recinto es catedral cristiana. Todo ello con música tañída a todo volumen en el órgano catedralicio.

Resulta muy elocuente que se haya acordado y consensuado que las luces de las otras zonas, las de la Aljama, serán suaves, "casi apagadas como corresponde a las épocas en las que fueron edificadas", mientras que toda la iluminación intensa estará centrada en el crucero “evidencia de la importancia de la luz como símbolo de la revelación cristiana".

Si reflexionamos detenida y atentamente sobre todo esto nos damos cuenta de un hecho singular: La narración histórica e ideológica mediante el uso premeditado de la luz no es nueva. La construcción de la catedral cristiana en el corazón de la Aljama cordobesa ya utilizó esa semiótica, ya usó y abusó del simbolismo de la luz mediante una arquitectura profundamente ideologizada y jerarquizada, inspirada en la doctrina y en los dogmas, diseñada para producir determinados estados de ánimo en los fieles, muy lejos de la sensibilidad y de la estética musulmanas, basadas casi exclusivamente en la relación de los creyentes con Dios, en espacios abiertos y vacíos, lugares que promueven el silencio, la meditación y el diálogo.

La expresión del nuevo consenso entre el Cabildo y el Consorcio cordobeses no deja de traslucir la rendición contemporánea de nuestra memoria colectiva a la ocultación y al ninguneo, pero no nos extraña. La política que se basa en la consideración de la cultura como mercancía antepone inevitablemente los intereses económicos a la verdad histórica. Entonces ¿Qué memoria histórica se pretende recuperar? ¿Qué identidad estamos manteniendo? ¿Qué memoria nos lega este acuerdo?

Anuncios



Escribir comentario

Debes iniciar sesión para escribir comentarios.

Si no estás registrado puedes registrarte en un minuto.

  • Esta es la opinión de los internautas, no de Webislam
  • No están permitidos comentarios discriminatorios, injuriantes o contrarios a la ley
  • Céntrate en el tema, escribe correctamente y no escribas todo en mayúsculas
  • Eliminaremos los comentarios fuera de tema, inapropiados o ilegibles

play
play
play
play
Colabora


 

Junta Islámica - Avda. Trassierra, 52 - 14011 - Córdoba - España - Teléfono: (+34) 957 634 071

 

Junta Islámica
https://www.webislam.co/articulos/34124-mezquita_de_cordoba.html