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Bangladesh: trabajo y equidad en cooperativa textil de mujeres

You Can I, la primera cooperativa textil de Gazipur en la que trabajan 65 mujeres

30/07/2008 - Autor: Gloria López - Fuente: CIMAC/Amecopress
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Mujer tejiendo
Mujer tejiendo

Cuando Lily ríe algo parece retumbar en su interior y se expande como un eco contagioso. Es inusualmente alta y fuerte, para ser una mujer bengalí. Nació en Gazipur, una ciudad situada a 40 kilómetros de Dhaka, donde vive actualmente, junto a su esposo, dos hijas y un hijo, y numerosos familiares que entran y salen de la casa sin llamar, en una caótica convivencia en la que cada persona conoce exactamente cuál es su lugar y su función. Ella es la protagonista de esta historia que irrumpe desde el Asia milenaria.

Lily nos informa de la existencia de un proverbio árabe que dice “cuidado con lo que deseas, pues se te concederá”.

En una traducción particular de tal enseñanza, esta mujer bengalí decidió crear un proyecto que sacara a las mujeres de Gazipur de la pobreza y el analfabetismo, y les aportara confianza en sus posibilidades. Así surgió You Can I, la primera cooperativa textil de Gazipur en la que trabajan 65 mujeres, incluida en la Asociación de Apoyo Humano a Bangladesh (Human Support).

Para cobrar su primer sueldo, tuvieron que aprender a escribir su nombre y de este modo poder firmar el recibo a la par que Lily les entregaba su dinero con satisfacción. “Es una forma de obligarles a superarse”, nos dice ella mientras sonríe.

Desde entonces han pasado cuatro años. En paralelo a la cooperativa, Lily se ocupó de abrir una pequeña escuela, en la que, una vez acabada su jornada, las mujeres estudian. En ese ámbito, se discuten también los problemas personales y sociales, se buscan soluciones, se comparten inquietudes, sentimientos y aspiraciones.

Así, se fue creando una red de personas voluntarias que se organizan para dar respuesta a sus necesidades y que, poco a poco, van aumentando su influencia, conectando con la aspiración de superar la injusticia y la violencia económica que azota a su país. En marzo de 2006 fue inaugurada You Can II.

Desde el comienzo, Lily contó con el apoyo de su familia, especialmente de su marido y de su hermano Ripond, quien también es responsable de dos cooperativas de alimentación: apicultura y cultivo de champiñones.

Además, los hermanos se incluyeron hace dos años en el programa social que desarrolla el “ayuntamiento” de la ciudad y se hicieron cargo de la realización del proyecto de instalación de letrinas en las casas y ahora coordinan la elaboración del censo electoral para las próximas elecciones que “presumiblemente” se celebrarán en octubre de 2008. De este modo, se aseguran de que los recursos económicos y materiales de que disponen las instituciones locales se empleen adecuadamente y contribuyan a mejorar las condiciones de vida de la gente.

“Ellos cuentan con dinero (que viene de fondos internacionales en algunos casos)”, afirma Lily, “y nosotros contamos con potencial humano”.

Entre aguas se agita una esperanza

Bangladesh es llamado el “país de los mil ríos” por ser un territorio que late entre las aguas del mar y las provenientes de tres grandes ríos: Ganges, Brahmaputra y el Menga. Obtuvo la independencia de Pakistán, con el apoyo del ejército indio, el 16 de diciembre de 1971.

En sus 144 mil kilómetros cuadrados de extensión se agolpan 138 millones de personas, en su mayoría de religiones musulmana (88.3 por ciento) e hindú (10.5 por ciento). Es el país con mayor densidad demográfica del mundo. Todos son esclavos de una brutal deuda externa, superior a los 17 mil millones de dólares. Las expectativas de vida, más bajas para las mujeres que para los hombres, no superan en ningún caso los 56 años.

Pocas y dramáticas son las noticias que suelen llegar de Bangladesh: los devastadores monzones anuales, el cancerígeno arsénico que desde la tierra penetra en sus aguas, el ácido sulfúrico que deforma las caras y las vidas de mujeres marcadas por la violencia más brutal. Sin embargo, tenemos que destacar también los intentos y avances que en los últimos años se vienen produciendo a través de leyes y campañas que, superando el ritmo convulso de gobiernos y luchas políticas, se abren paso.

Leyes que garantizan que uno de cada tres de los asientos de los gobiernos locales está reservado para mujeres y que promovieron la participación plena de las éstas en las elecciones de octubre de 2002. Prohibición del matrimonio en edades inferiores a los 18 años. Paulatina incorporación de las mujeres al mercado laboral en trabajos históricamente reservados a los hombres.

Educación y desarrollo

Pero sobre todo las cosas van cambiando gracias a luchas personales y colectivas. Poco a poco, la sociedad comprende que para el cambio integral que se necesita, es preciso contar con las mujeres.

“El acceso a la educación es un punto clave”, afirma Lily. Ella tuvo la oportunidad de ir a la universidad y de contar con el apoyo de los suyos y “me gustaría que todas las mujeres tuvieran ese derecho a la educación, pues creo que es el pilar del cambio no sólo para ellas, sino para sus familias”. La tasa de analfabetismo en Bangladesh sigue siendo muy alta (cerca de un 65 por ciento de la población no sabe leer ni escribir) y afecta especialmente a las mujeres.

“Cuando empecé a imaginar el proyecto de costura para mujeres”, dice Lily, “que es uno de los oficios con mayor salida en Bangladesh, siempre buscaba algún modo de compaginarlo con el acceso a la educación y para mí es una gran satisfacción el ver cómo las mujeres de You Can han aprendido a leer”.

Una revolución silenciosa y ágil se abre paso. Las mujeres de Bangladesh, de piel de almendra y ojos grandes y vivaces, encuentran su hueco y entran suavemente. Agitan su pelo largo negro azabache y se desplazan con armonía bajo los coloridos y hermosos saris en el caos de un espacio y un tiempo que también les pertenece.

 

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