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La enseñanza espiritual de Dhû-l-Nûn el Egipcio (17)

«Esos son Los que Al-lâh ha dirigido, y Los que están dotados de inteligencia» (Corán XXXIX, 18)

30/07/2008 - Autor: Muhyi-d-din Ibn Arabî - Fuente: La maravillosa vida de Dhu-l-Nun, el Egipcio
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Luna y sol
Luna y sol

Los «portadores» del Corán

Yûsuf ibn al-Husayn ha dicho: Se había inte­rrogado a Dhû-l-Nûn sobre los «portadores» del Co­rán, y he aquí cual fue su respuesta (secuencias en prosa rimada):

«Son aquellos sobre los que llueven las nubes de las aflicciones; los que agotan sus monturas y sus cuerpos; los que se revisten de temor y de atrición.

Han bebido en la copa de la certeza, y se han impuesto la disciplina de los seres cuya convicción es firme.

Han encontrado su gozo en lo que es poco para vivir, en el más modesto de los viáticos pero que les basta, discretamente y al abrigo de las miradas.

Han bañado sus ojos con el colirio de las vigilias, y han desviado su vista, pero haciéndole sacar constantemente la lección de las advertencias (‘i­bar; singular: ‘ibra) y haciéndolas sensibles alas me­ditaciones (fikar; singular: fikra).

Pasan sus noches en pie sin dormir, sus ojos chorreando lágrimas, y sus llantos afluyen bajo el efecto de la aflicción y del deseo.

Durante el día ayunan y sufren el hambre, y durante la noche quedan levantados y sufren la fatiga, a toda hora consagrados exclusivamente a Su culto.

Sus cuerpos están agotados y sus facciones alteradas. Enflaquecidos, los labios resecos, llorando abundan­temente y lanzando gemidos desgarrados, es así como se convierten en los compañeros intimos del Corán, de este Corán que les impide saborear las alegrías de los que llevan una vida dulce y que les aparta de las vastas esperanzas de los ambiciosos.

Sus amenazas les han hecho verter lágrimas y Sus advertencias han blanqueado sus cabellos, como si las llamas del In­fierno estuvieran bajo sus pies y Sus amenazas plan­tadas en sus corazones.

Sus calamidades les agobian de angustia, pero los bienes que El deja esperar les curan.

Nada les distrae de llevar Su carga, nada los desvía de Su justa dirección, nada les repele de Su parte, porque ellos han tenido confianza en Su revelación y llevan el combate según Sus caminos (cf. Corán, XXIX, 69) Y conforme a la enseñanza (‘ibra), a lo expuesto claro (bayân), al argumento (hugga) y a la prueba (burhân) que constituye (estos cuatro tér­minos son coránicos, y están aplicados al Libro reve­lado).

Mirándolos se vería que es con sus rodillas que han aplanado el suelo que sirve de apoyo a su frente.

Ellos se han acercado con la ofrenda más pura, ejecutando las prescripciones del Islam y de la fe, e iluminándose a la luz del Misericordioso.

Pronto el Corán no tardará en cumplir la promesa que les ha hecho, tener para con ellos sus compro­misos, y otorgándoles sus felicidades. Obtendrán así el objeto de sus deseos, unidos a las vírgenes celes­tiales de formas perfectas (cf. Corán, LXXVIII, 33), y salvados de todos los peligros.

Ellos han mirado el mundo con aversión, el alma enferma. ¿No habrían deseado poseer tesoros, mon­turas de raza (cf. Corán Ill, 14), palacios imponen­tes? iSí! pero han mirado con los dos ojos que dan la asistencia divina y Su amor, y así han rechazado este bajo mundo antes de ser rechazados y lo han aban­donado antes de ser abandonados.

Ellos han oído la llamada divina: «Luchad apresuradamente hacia un perdón de vuestro Señor y hacia un Paraíso, cuya anchura es la de los cielos y de la tierra, y que ha sido preparado para los que temen!» (Corán, Ill, 133).

No se han desviado, no han esperado ni tergiversado, por temor a que su carrera sea contrarrestada, pero se han apresurado para ponerse en ruta hacia Al-lâh, por fe en El, por fidelidad a sus compromisos para con El, y convencidos de Su solicitud (variante: «por Su cono­cimiento»).

Conforme a la palabra divina: «... hay hombres que han sido fieles al pacto establecido por ellos con Al-lâh...» (Corán XXXIII, 33), han sopor­tado las desgracias que les alcanzaron en esta vida, en la espera de la realización de sus deseos en la ultima vida.

Sin ser afectados por el sufrimiento de la prueba y quedando sensibles al mal, han tenido por poca cosa todo lo que se presentaba a ellos, en virtud del conocimiento de Al-lâh asegurado en ellos.

Y todo eso con un alma tranquila, intenciones rectas con respecto a Al-lâh, y buenos pensamientos para con Sus santos.

Han comprendido que dependían total­mente de El, y han dejado definitivamente de poner sus esperanzas en nadie más que en El.

Sus almas se han separado en la vida de aquí abajo, y sus corazo­nes han aspirado a la vida ultima. Así las miradas que ellos dirigen sobre el mundo no son las de hombres ávidos, y las provisiones que les prestan no son mas que el viatica de los caballeros que parten de viaje.

Han tenido temor de perecer y se han apresurado, y en la esperanza de ser salvados han marchado hacia Al-lâh de día y de noche, sin desfallecimientos y sin negligencias con respecto a la ciencia.

Han hecho del Corán su «Camino Recto» (al-sirat al-mustaqîm; Corán, I, 6; VII, 16; XXXVII, 118) siguiéndolo con pie firme, y es el que ellos escuchan porque es el que les invita al bien y el que les muestra la salvación guiándolos hacia ella. «Esos son Los que Al-lâh ha dirigido, y Los que están dotados de inteligencia» (Corán XXXIX, 18) 3.

*Del libro La maravillosa vida de Dhû-l-Nûn el Egipcio
Editora Regional de Murcia
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