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La otra sociedad que cuenta el periodismo

Los medios de comunicación son uno de los instrumentos más importantes para la representación de lo social

19/07/2008 - Autor: Germán Rey - Fuente: Red de La Iniciativa de Comunicación
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La representación periodística.
La representación periodística.

Los medios de comunicación son uno de los instrumentos más importantes para la representación de lo social. Diariamente presentan diferentes perspectivas de los problemas sociales, hacen visibles actores, tramitan públicamente determinadas tendencias analíticas y le conceden mayor o menor importancia a los acontecimientos de la sociedad.

Y todas estas operaciones las hacen a través de una serie de mecanismos. Un primero es el de la conformación de la agenda informativa, que ocupa un espacio extendido dentro de la agenda pública de una sociedad, es decir, dentro del conjunto de ideas y problemas a los que una comunidad le concede relevancia, énfasis y jerarquía colectiva. Esta construcción del interés común se lleva a cabo en diferentes lugares de la sociedad, desde las instancias del gobierno hasta los gremios, el sector privado o las organizaciones de la sociedad civil. Pero, sin duda, también a través de los medios de comunicación.

La formación de la agenda periodística es un proceso que no obedece simplemente a la afirmación de los intereses de los dueños y los directivos de los medios de comunicación. Es mucho más complejo que esa versión conspirativa del poder. Por el contrario, es el resultado de una interacción entre posiciones hegemónicas, trazadas sobre todo por quienes tienen el poder económico y político dentro de los medios y una gran cantidad de mecanismos e instancias dentro y fuera de los medios, que se combinan entre sí. Intervienen desde elementos de una planificación perfectamente racional de la información, hasta productos del azar o de la contingencia cotidiana. Un suceso, que no estaba contemplado dentro de la continuidad de un noticiero de televisión, puede saltar de improviso a las notas de apertura, obligando a un trabajo informativo inmediato y sin demasiados antecedentes, mientras que la información radial se adapta a estas circunstancias con transmisiones en vivo y en directo. Puede ser el impacto de un desastre natural, las repercusiones de una medida desconocida del gobierno o la expresión de un sector social que decide manifestarse públicamente. Pero la agenda es también el producto de procesos de negociación con determinadas fuentes, del interés de los editores, de la composición específica de la agenda en un día cualquiera o de presiones que empiezan a percibirse en la calle y que van aumentando en importancia para la sociedad.

Dentro de las salas de redacción los temas sociales suelen estar ubicados en secciones que se preocupan por la ciudad, el seguimiento de determinados actores sociales o simplemente en lo que se denomina (no siempre con suficiente precisión) la "vida social". Pero lo social ha rebasado las clasificaciones topológicas de los medios.

Transita por la política, muy fuertemente por la economía, pero también por el panorama internacional, la sección de policiales o las páginas de tecnologías. Inclusive se han aumentado las secciones dedicadas a lo social, especialmente por la relevancia que han ido tomando para los lectores y las audiencias, temas como la vivienda, el empleo, el medio ambiente, la educación o la salud.

Diferentes estudios como los realizados por ANDI en Brasil o por la Dirección de Responsabilidad Social de El Tiempo en Colombia (1), han mostrado que la pobreza y el desarrollo (dos temas de indudable importancia social) no forman parte de la agenda proactiva de los medios, sino que obedecen a reacciones coyunturales, sobre todo cuando las entidades nacionales o internacionales presentan informes sobre estos temas.

Se ha encontrado, además, que el interés de los periódicos reside en la dimensión económica del desarrollo, en el análisis de las macro variables (como inflación, importaciones y exportaciones, empleo), pero no en las historias más personales y directas de la pobreza y de los pobres.

La representación mediática de lo social tiene que ver, además, con los enfoques y encuadres que utilizan los periodistas para observar los fenómenos sociales, su exploración de los procesos y los contextos, las voces que se escuchan en sus narraciones, las fuentes que legitiman sus constataciones y los géneros que escogen para contar los problemas de la sociedad. En cada uno de estos asuntos se escuchan críticas a la tarea periodística sobre lo social. No es casual que los periodistas utilicen enfoques conceptuales ya superados en la observación y la interpretación de los fenómenos sociales, como por ejemplo, cuando reducen los problemas de la pobreza a la satisfacción de necesidades básicas eludiendo una comprensión del tema desde las dinámicas de exclusión-inclusión o desde el disfrute de derechos humanos fundamentales. Aún se percibe el desarrollo, dentro de los medios, como un problema de crecimiento económico o de transferencia de modelos, pero no de sostenibilidad, equidad social, respeto al medio ambiente y diálogo intercultural.

Una gran parte del esfuerzo de los medios privilegia a los sucesos sobre los procesos. Los primeros se acumulan uno tras otro, en esa continuidad acelerada que forma parte de la vida cotidiana de toda sociedad.

Existe, sin embargo, un periodismo que profundiza, que afronta los problemas con herramientas conceptuales válidas y sobre todo, con una gran capacidad para percibir los matices de fenómenos sin duda complejos.

En varios estudios que he dirigido sobre representaciones mediáticas de problemas sociales, he encontrado un espectro bastante restringido de las fuentes, que se concentran abrumadoramente en las autoridades, los voceros del gobiernos y en general las fuentes institucionales.(2) Muchos temas periodísticos no pasan por una sociedad más ancha y más amplia, ni se perciben a través de un contraste más denso y rico de voces que convoque a los diferentes sectores de una sociedad. Lo que está en juego es nada menos que el pluralismo y la diversidad de una sociedad, para entender sus propios problemas y para convertirlos realmente en asunto del interés público.

Pero el problema de las fuentes no es solamente cuán diverso sea su espectro, sino también cuán contrastante es el foro discursivo que posibilitan. La reiteración y la convergencia son mucho más habituales que la divergencia y el contraste, lo que nos indica que tenemos una información con más unanimismo que debate crítico. Pero la representación se vuelve comunicación al seleccionarse los formatos y los géneros periodísticos en que se narran los acontecimientos de la sociedad.

No es una casualidad que más de la mitad de los trabajos premiados con la Beca AVINA de Investigación Periodística, las hayan obtenidos periodistas freelance. Lo que hace suponer que ciertos temas y ciertas aproximaciones periodísticas se estén saliendo progresivamente del entorno mas institucional de los medios y están siendo asumidos por periodistas que no pertenecen a la planta de periódicos, radios o canales de televisión. El surgimiento en América Latina de publicaciones muy interesantes es un síntoma, pero a la vez, la revelación de un cambio esperanzador. Presionados por la inmediatez y las lógicas comerciales, por el rating y la ausencia de espacio, por el juego de los intereses y las opacidades intencionales, se generan experiencias que asumen el periodismo de una forma más creativa, responsable y experimental. Ejemplos como Surcos, Gatopardo, The Clinic, El Malpensante, Plátano Verde, Etiqueta Negra, El Faro, son algunos buenos ejemplos que funcionan a través del continente.

Allí lo social se profundiza, se observa más críticamente, se cuenta con mayor desparpajo, se mira desde perspectivas más originales e inéditas.

Hace algunos años, cuando se entregaba el Premio Nuevo Periodismo Iberoamericano promovido por la FNPI y CEMEX, el editor de un destacado medio de comunicación latinoamericano, me confesó al oído: "Pensar –me dijo- que nosotros publicamos esa noticia, pero no vimos esa historia".

Al poner en marcha la concesión de las Becas AVINA de Investigación Periodística, se dio, sin duda, un paso muy importante en el reconocimiento mediático de otros acercamientos a los problemas sociales latinoamericanos. Fundamentado en cuatro temas principales, el desarrollo económico sostenible, la conservación y gestión de los recursos naturales, la gobernabilidad democrática y la equidad e inclusión social, el proyecto cambia el enfoque de los reconocimientos: se pasa del premio a posteriori, a la valoración de una propuesta periodística desde el momento inicial de su concepción. No es tan sólo la valoración de un resultado, como también el estímulo a un proceso.

Pero el proyecto tiene otros beneficios. Convoca a una comunidad de periodistas identificados en una manera de comprender y hacer periodismo; promueve el intercambio de experiencias al compartir las maneras diversas de acercarse a problemas sociales comunes, estimula otra clase de relatos y otras exploraciones del mapa social de América Latina.

La representación mediática de lo social

Hay un conjunto de constantes que atraviesa los trabajos periodísticos de las Becas AVINA. Una primera, es el descentramiento de la reiteración informativa hacia otros temas de la agenda pública, y especialmente hacia otras formas de expresión social.

Las sociedades pueden verse desde grupos de mujeres que en lo alto de la Puna entre Argentina y Bolivia encuentran sistemas de organización, de comercialización y de crédito hondamente arraigados en las tradiciones ancestrales, o desde el maltrato de las mujeres trabajadoras del hogar en Lima y Cusco, que buscan romper el servilismo como mecanismo de supervivencia de sectores sociales paupérrimos. En el primer caso, la organización económica apunta a la sostenibilidad y a procesos de desarrollo "desde abajo", a los que ha llamado Arturo Escobar, "modernidades alternativas". En el segundo caso, se esclarece una práctica de sometimiento deshumanizante, mientras que se van construyendo nuevas políticas democráticas de reconocimiento.

Pero también pueden ser notas periodísticas sobre el estado deplorable del golfo de Fonseca en Honduras, arrasado medio ambientalmente por empresas camaroneras o por la destrucción de los bosques aledaños, críticas a un gran proyecto de uso de las aguas del río San Francisco del Brasil o investigaciones sobre el posible impacto ambiental de la planta papelera Botnia, asentada en orillas uruguayas y que ha generado graves roces internacionales.

Aunque algunos de estos temas aparecen en el cuerpo de periódicos o de programas de televisión, en estas piezas periodísticas hay un tiempo y un despliegue argumentativo y estilístico diferente de la narración. El tiempo de lo social se adapta al tiempo informativo y lo social cobra un desarrollo más cercano a la complejidad de los acontecimientos de las comunidades.

Una segunda constante, es la que se refiere a miradas que dotan de visibilidad y reconocimiento a sectores invisibles de la sociedad y crean unas determinadas "zonas de visibilidad social". En el periodismo corriente tiene una gran importancia el protagonista, la figura, el actor que atrae, ya sea por su relevancia política, su poder económico, su belleza o sus características excepcionales. En los trabajos de las Becas AVINA, por el contrario, los protagonistas son hombres y mujeres corrientes, grupos comunitarios, experiencias de carácter solidario y colectivo. Hay además, una gran presencia de los olvidados, de los desconocidos, de los que no tienen nombre. Entre ellos, por ejemplo, los niños adoptados (trabajo de Tânia Morales para la radio CBN de Brasil), los refugiados políticos en el Chile de hoy (fotoreportaje de Patricio Valenzuela para La Nación Domingo), los mutilados del Chapare boliviano (trabajo de Roberto Navia y Darwin Pinto para El Deber de Bolivia) o los 504 personas que murieron en la semana sangrienta en la que el crimen organizado se tomó las calles de São Paulo (Fabio Mazzitelli para el Diario de S. Paulo de Brasil). Seres sin rostro cobran paulatinamente la identidad que nace de la reivindicación de su dignidad.

Estas zonas aportan visibilidad a sociedades que transcurren de manera paralela a aquellas en que vivimos; nos hacen reconocer a "ellos" como "nosotros", tal como lo plantea Richard Rorty en su libro "Ironía, contingencia y solidaridad", cuando escribe que el "proceso de llegar a concebir a los demás seres humanos como "uno de nosotros", y no como "ellos", depende de una descripción detallada de cómo son las personas que desconocemos y de una redescripción de cómo somos nosotros. Ello no es tarea de una teoría –dice- sino de géneros tales como la etnografía, el informe periodístico, los libros de historietas, el drama documental, y, especialmente, la novela". (3)

Estos informes periodísticos lo logran tal como lo pronosticaba Rorty. Porque una tercera constante es, precisamente, el deseo de construir historias más que registrar sucesos. Y esta es una diferencia que marca la línea entre un tipo y otro de periodismo. Las Becas AVINA se leen como un recuento de historias, en el que hay antecedentes, familias, propósitos.

Sean los de narcos que habitan a pocos pasos de un shopping de lujo en Buenos Aires y que viven mirando hacia el abismo en el que indefectiblemente caerán, tras una cadena de exclusiones, vendettas y violencia (trabajo de Cristian Alarcón para la revista Gatopardo de México). O la de las "mujeres perseverantes", es decir, de la Organización Warmi Sayajsungo, que hoy manejan asociativamente desde un locutorio de internet y una estación de servicio, hasta restaurantes, chinchilleros y un eficiente sistema bancario. Pueden ser relatos que dejan ver a los indígenas urbanos, las mujeres que denuncian los atropellos policiales en Venezuela, o las mujeres del quilombo de Helvecia, que renuevan el diseño de sus piezas de orfebrería a partir de desechos industriales urbanos.

Las historias obligan a entrar en la piel del otro, a seguir sus caminos con el apoyo de la reportería, a relacionar lo personal con lo colectivo, a penetrar los contextos en que transcurren sus vidas.

Una cuarta constante, es la fuerte emergencia de lo grupal como relación social, solidaridad y reto asociativo. En verdad, estas historias, son historias de la solidaridad. Con lo que se va concluyendo que es posible otra comprensión de las relaciones sociales, muy en contravía de los modelos predominantes, aunque no esquiva frente a los desafíos económicos y comerciales. Frente a la competencia despiadada el comercio justo, frente a los consumidores como objetos de mercados, las hibridaciones entre productores y consumidores como sujetos sociales.

Una quinta constante es una combinación entre la revelación de procesos y el desarrollo de un nuevo diccionario de entendimiento social. Los procesos son económicos, políticos, culturales, tecnológicos.

Solo que están producidos desde otros lugares sociales, diferentes a los hegemónicos. La economía puede resaltar el trabajo cooperativo o los emprendimientos grupales; la política revela la importancia de la sociedad civil, los grupos subalternos y las estrategias participativas.

La cultura destaca las tradiciones ancestrales, los valores de grupo, pero también las expresiones de las industrias culturales y su recuperación social por parte de la gente. La tecnología deja de ser un argumento para aumentar la brecha y busca romperla, así se pongan en cuestión, conceptos sacralizados como el de derechos de autor.

El diccionario emergente no es una recopilación simple de palabras, sino un esfuerzo por nombrar estos procesos de otro modo: asociacionismo, comercio justo, sostenibilidad, estado social de derecho, gobernabilidad. A veces se echa de menos una visión más crítica de los propios procesos y de los conceptos que los nombran. Se corre el peligro de una suerte de idealización de la vida social que transita por caminos diferentes a los predominantes; en esto el periodismo debe hacer un trabajo críticamente consistente.

Una sexta constante, tiene que ver con la identidad de género. Al leer los diferentes materiales periodísticos, se confirma claramente que la mayoría de protagonistas son mujeres. Hay pocos hombres en estos relatos y en algunos de ellos vuelven a tener su sello patriarcal, su carácter machista.

No es raro que así sea. En un continente donde la familia nuclear hace tiempo comparte espacio social con otras formas familiares como la mujer cabeza de hogar, y en el que las mujeres se han incorporado a numerosos procesos sociales, hay una razón y una sensibilidad femeninas que se imponen. Es habitual confirmarlo en el trabajo de las ong’s, en las organizaciones ciudadanas y de base, o en los colectivos que afrontan problemas de la comunidad como la nutrición, la vivienda o la educación. Es una mujer la que vende cosméticos montada sobre un búfalo en el río Ariari brasileño (trabajo de Erica Teixeira para el Correio Braziliense), mujeres las que se oponen a la violencia de los policías de Anzoátegui en Venezuela (trabajo de Aliana González para El Nacional), mujeres las mapuches que tejen y confiesan explícitamente "que nunca vamos a tener la fuerza que tiene un hombre, pero Dios nos dejó las manos; nos dejó el longko (la cabeza), nos dejó el rakiduan (el pensamiento) y nos dejó el piuke (el corazón)", trabajo de Luján Cambariere (para Página 12).

La identidad femenina que sobresale en estas piezas periodísticas se dibuja a través de la tenacidad, la perseverancia, el esfuerzo y el sentido de cohesión familiar y social. Las transformaciones subjetivas se van generando dentro de las transformaciones culturales y sociales de las comunidades. Es decir, hay un campo autónomo para la historia personal que no es capturado por la historia social, pero estas historias de vida se transforman en un entorno que es colectivo, comunitario.

Lo dice Lucía Rangel, profesora de la USP de São Paulo dentro del trabajo escrito por Priscila Delgado sobre indígenas urbanos: "No importan donde vivan. Son indígenas de todos modos, ya sea que hablen o no la lengua, tengan o no su religión, porque los lazos de parentesco son los que de hecho les confieren los vínculos de pertenencia. Ellos saben contar las historias de sus grupos, tienen vínculos. Pero el estado trabaja con estereotipos, y muchos de ellos, infelizmente, son fabricados por la antropología".

Finalmente, hay temas recurrentes presentados de manera diversa. Entre ellos están las violencias, desde la doméstica hasta la social, que quiebran las posibilidades de construir democracia y estados de derecho que faciliten la convivencia. La organización, que muestra la fuerza de la asociación, ya sea para mejorar los ingresos, hacer respetar los derechos o defender las aguas y el medio ambiente. El otro desarrollo, sobresale sobre el mero crecimiento económico, la sostenibilidad sobre la riqueza de unos pocos. Pero es un desarrollo trazado desde los intereses comunitarios, basado en la cultura y hecho participativamente. Los sentidos de pertenencia afloran de inmediato en las historias, ya sea de una etnia, una historia familiar o un grupo comunitario; se es porque se tiene memoria y lazos comunes. Hay también refiguraciones del poder local que se expresan en la justicia impartida por comunidades indígenas en Chichicastenango, como las que muestra Lucía Escobar en su trabajo para El Periódico de Guatemala, en las iniciativas de quienes quieren mantener la cantidad y calidad de las aguas, como lo cuenta en "La guerra del agua" Patricio Segura para La Nación de Chile, o en el papel de los gobiernos locales que le piden a las empresas un mayor compromiso y equidad con la zona del golfo de Fonseca en Honduras, como en el trabajo de Ramón Nuila para La Tribuna de Tegucigalpa.

 Hacer periodismo desde la sociedad

Los proyectos seleccionados para las Becas AVINA de Investigación Periodística, son también una muestra particular de ejercicio (oficio) periodístico. Como indican las estadísticas de la convocatoria, el mayor porcentaje de trabajos correspondió a la prensa escrita, seguida por los programas de radio, internet y los programas de televisión.

Más de la mitad son series, lo que facilita el desarrollo del tema, la presencia de contextos diferentes y la observación de procesos con más detenimiento y detalle.

El bajo índice de becas para la televisión es un flanco que se debe cuidar en futuras ediciones. Sobre todo por la influencia que el medio tiene en el continente, la diversidad de sus soportes, la naturaleza de su lenguaje (audiovisual), la posibilidad de complementarse con otros medios, por ejemplo, a través de internet, la cobertura prácticamente generalizada de su transmisión y los procesos de apropiación que genera en los televidentes. El porcentaje relativamente alto de trabajos en internet, es un signo importante, así aún, las experiencias en nuevas tecnologías sean bastante limitadas, no solo en número sino en composición informativa. La diversidad geográfica, aún muy concentrada en Brasil y en Argentina, deberá ser otro de los objetivos del proyecto en el futuro.

Mientras algunos trabajos son básicamente descripciones, otros son más analíticos e interpretativos. Casi siempre se parte de historias, de narraciones que toman como punto de partida la biografía de un líder o la acción de un colectivo. De esta manera, se produce un entrelazamiento entre las historias personales y los acontecimientos sociales.

Las mujeres de las que habla Aliana González en El Nacional de Caracas han vivido en carne propia el asesinato de sus hijos y sus sufrimientos conectan de inmediato con sus luchas para lograr justicia frente a la impunidad de las autoridades policiales. Rosario de Quispe es el nombre de la líder de la organización Warmi Sayajsungo y en el relato de Maria Eugenia Ludueña en La Nación de Buenos Aires, su vida transcurre en interacción con los proyectos sociales de cerca de 3900 socias en 79 comunidades aborígenes.

En "El hip-hop sobrevive", el trabajo de Bernardote Toneto, Jacqueline Lemos y Renata Carraro, de la Revista Carta Capital, de Brasil - uno de los trabajos que se aparta creativamente de las tendencias más generalizadas de las Becas - se parte de unas redes organizadas alrededor de la cultura del rap, que generan empleo en comunidades pobres.

En otros casos, la aproximación periodística a lo social se hace a través de informes especiales, que no acuden necesariamente ni a las historias personales ni a las descripciones específicas de grupos. Es el caso, por ejemplo, de "La otra lucha" de Rodrigo Lloret para Surcos, "Nuevas gestiones públicas del agua" de Natalia Aruguete, Walter Isaia y Manuel Barrientos, para Le Monde Diplomatique de Argentina o el programa de radio en la CBN de Marcos Guiotti, sobre los problemas ambientales que traerían los proyectos de abastecimiento de aguas del río São Francisco, para estados semidesérticos del Brasil.

La crónica es el género más utilizado por los autores, quizás porque es el que más se presta para contar los temas sociales, con mayores posibilidades de despliegue narrativo, tramas dramáticas, ejemplificaciones intensas y caracterización de los personajes. Este esfuerzo por dibujar personajes, es el logro más significa tivo de algunos de los trabajos. De esa manera se le da un rostro a lo social que deja de ser cifras, programas o enunciación de acciones, generalmente promovidas por los gobiernos.

La reportería y la investigación, son otras dos dimensiones de los productos informativos logrados a través de las Becas. Se constata un trabajo de reportería juicioso y sistemático, que por supuesto es mucho más sólido y rico en algunos trabajos, que sobresalen por la selección del tema, el acercamiento realizado, la estructura narrativa y el alto nivel de calidad periodística obtenido. Ninguna de las piezas periodísticas elude la investigación, aunque los grados de profundidad son diversos. Mientras que en la gran mayoría de los casos, la investigación se hizo con una combinación de material oral y fuente documental, es indudable que en algunos de ellos, se logró un material de primera mano más valioso. La fuente oral es variada y en algunos trabajos, la exploración documental aporta elementos decisivos a la consistencia informativa de las piezas periodísticas.

La saturación de fuentes oficiales que vive el periodismo de la región se disminuye sensiblemente al dar paso a las fuentes de la sociedad civil. El 43.9% provienen de ella, mientras que solo 11% son del gobierno, 9.1% del sector privado y 14.6% de especialistas. La voz mayoritaria es la de los ciudadanos y ciudadanas, con lo que la visibilidad se extiende a la elaboración de una opinión que en estos trabajos es realmente pública. También se mesura la opinión de los expertos, que tanta relevancia ha adquirido en el periodismo de nuestros días. Otra comunidad de intérpretes se va configurando en este periodismo que le concede la palabra a integrantes de asociaciones, colectivos y grupos comunitarios.

Lo local está en el centro de estas historias de una manera indudable. El 63% tiene un encuadre local o individual, un 16% regional y un 15% nacional.

Aunque el paisaje temático se diversifica, aún hay áreas de la vida social que siguen desfavorecidas en las narraciones periodísticas como la cultura, el avance de las tecnologías, el desarrollo de los derechos humanos o la expresión de los grupos minoritarios. Las experiencias de desarrollo económico y de equidad, sobresalen dentro del inventario de los temas, quizás porque son precisamente estas dimensiones las que más se han promovido en un continente que continúa siendo profundamente desigual.

En uno de los textos, una mujer mapuche dice que no ha desarrollado la artesanía como medio de vida, sino para preservar su propia identidad. Todas las historias que cuentan los relatos periodísticos promovidos por AVINA, nos muestran que hay otros modos de existir socialmente y que los rostros de las mujeres y los hombres que se asoman en sus narraciones, tienen la virtud de comprobarnos que se pueden construir otros mundos posibles.

Notas
(1) "La pobreza en las páginas de El Tiempo", Bogotá: Dirección de Responsabilidad Social, 2004.
(2) "El cuerpo del delito", Bogota: Fundación F.Ebert, 2006, "La pobreza en el periódico La Prensa de Panamá", Ciudad de Panamá, 2006, "La educación en las páginas de El Tiempo", Bogotá.
(3) Richard Rorty, Ironía, contingencia y solidaridad, Barcelona: Editorial Paidós, 1991, página 18.
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