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La dimensión política del diálogo interreligioso

El laicismo es una manifestación de la praxis política del profeta Muhámmad

18/07/2008 - Autor: Abdennur Prado - Fuente: Webislam
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Líderes religiosos durante un encuentro celebrado el pasado año en Sevilla. (Foto de Webislam)
Líderes religiosos durante un encuentro celebrado el pasado año en Sevilla. (Foto de Webislam)

Esta semana Madrid ha sido escenario de una gran conferencia sobre diálogo interreligioso, organizada por el Reino de Arabia Saudí. Esta es una ocasión propicia para meditar sobre la dimensión política del diálogo interreligioso.

Los objetivos del diálogo interreligioso constituyen hoy en día una utopía. Las religiones siguen siendo percibidas como compartimentos estancos que separan a los seres humanos en categorías abstractas (los musulmanes, los budistas, los cristianos), velando la humanidad de las personas mediante estereotipos. En España, las jerarquías católicas siguen esgrimiendo derechos históricos para justificar sus privilegios, mientras los seguidores de las religiones minoritarias tienen muchas dificultades para desarrollar derechos básicos. Lo mismo sucede en muchos puntos del planeta, desde Irán hasta Birmania o Israel. La utilización política de la religión para conseguir poder mundano es una constante, tanto en oriente como en occidente, en el norte o en el sur. Ninguna religión esta libre de esta lacra.

Como musulmán, siempre he considerado el laicismo como una expresión genuína del islam

No podemos pues obviar que el diálogo interreligioso tiene una dimensión política. Juan José Tamayo lo sitúa como contrapartida al choque de civilizaciones, la ideología neocon que sustenta las políticas imperialistas de los EEUU. El pensador indio Asghar Ali Engineer se refiere a tres niveles del diálogo interreligioso: el intelectual, el político y el religioso. En el nivel político, señala el trabajo conjunto en contra de las políticas confesionales, y señala la necesidad de desarrollar una alianza interreligiosa en contra del fundamentalismo.

La dimensión política del diálogo interreligioso es precisamente la de responder a las pretensiones de hegemonía de la religión mayoritaria. Y esto debe ser así tanto en España como en Israel, en el Tibet o en Arabia Saudí. La vinculación entre religión, territorio y sistema político no tiene una base espiritual, no esta enraizada en el núcleo de ninguna fe. Se trata de vínculos contingentes e históricos, pero no esenciales.

Reivindicar una identidad nacional basada en la religión mayoritaria es una forma de totalitarismo que choca con las realidades sociales del siglo XXI. Quien rechaza el paradigma interreligioso vive en una sociedad que ya no existe. El problema es cuando trata de forzar la permanencia de este mundo inexistente, de modo que los que no participan de su concepción identitaria se ven forzados a asimilarse o a vivir como ciudadanos de segunda. Es aquí cuando vemos claramente que la resistencia al paradigma interreligioso es una opción política, uno de los pilares del pensamiento reaccionario en nuestro tiempo.

Estas actitudes tienen una plasmación concreta en políticas y legislaciones discriminatorias, que sitúan a unos creyentes por encima de los otros y mantienen vigentes paradigmas que podríamos calificar como tribales. Siguiendo a Popper, entiendo como tribalismo la defensa de una supuesta identidad nacional inalterable basada en conceptos como raza o religión. En el contexto del siglo XXI, caracterizado por los flujos migratorios provenientes de contextos culturales y religiosos muy diversos, rechazar el paradigma interreligioso implica el rechazo del progreso, estanca a las sociedades y las incapacita para desarrollar todas las potencialidades inherentes a la diversidad.

Frente a las identidades colectivas basadas en la imposición de una religión, el paradigma interreligioso implica la aceptación de nuestras identidades múltiples

Este es uno de los nudos que el diálogo interreligioso viene a deshacer. Frente a las identidades colectivas basadas en la imposición de una religión, el paradigma interreligioso implica la aceptación de nuestras identidades múltiples, tanto a nivel individual como colectivo. Implica la aceptación gozosa del carácter abierto y permeable de toda cultura, implica la ruptura con los límites conceptuales e ideológicos trazados entre las distintas religiones, y también la ruptura con el confesionalismo y los amalgamas entre religión, raza y territorio.

El diálogo interreligioso conduce pues de modo inexorable a la aceptación del laicismo, como paradigma de convivencia igualitaria de todas las religiones en el seno de una sociedad. El laicismo entendido no como beligerante ante el hecho religioso, sino como la neutralidad del Estado, que debe ser despojado de cualquier signo o manifestación de adherencia a una creencia en particular, en detrimento de las otras.

Como musulmán, siempre he considerado el laicismo como una expresión genuína del islam, y la praxis política del profeta Muhámmad (saws) en Medina lo demuestra. Después de que Muhammad emigrara de Meca a Medina en el año 622, se estableció allí como comunidad con todos sus seguidores. Durante 10 años, el Profeta no fue sólo el líder de la emergente comunidad musulmana en Arabia, sino también un dirigente político de Medina. Gobernó como resultado de un acuerdo político tripartito, que fue firmado por los musulmanes que habían inmigrado de Meca, los idolatras y las tribus judías de Medina.

Las comunidades con diferentes concepciones religiosas disfrutan de total autonomía dentro del paradigma islámico.

El Profeta Muhammad, si hubiera querido, podría haberse limitado a señalar que la verdad revelada por Dios servía como documento mediante el cual gobernar y haber utilizado el Corán como única norma. Sin embargo, prefirió consensuar un documento específico, basado en los principios eternos y trascendentes que le habían sido revelados, pero también en el consenso de los que iban a verse afectados por su aplicación. Según diversos autores, los musulmanes de hoy deberían seguir el ejemplo del Profeta y elaborar sus propias constituciones y normativas según los diferentes contextos sociales en que viven, de modo que refleje tanto los valores eternos como las circunstancias específicas en las que viven y muy especialmente a la voluntad de las personas y grupos a quienes vayan a afectar.

El Pacto de Medina estableció la importancia del consenso y la cooperación entre todos los ciudadanos en el gobierno de una sociedad. Tanto los musulmanes como no musulmanes son ciudadanos con iguales derechos y deberes, y todos son llamados a participar en la Shura (concertación). Las comunidades con diferentes concepciones religiosas disfrutan de total autonomía dentro del paradigma islámico. Se establecen los principios de pluralismo religioso e igualdad ante la ley.

Un ejemplo al que podemos oponer el de la política saudí, que considera el Sagrado Corán como constitución del Reino, algo que constituye una ofensa para el Libro de Al-lâh y no tiene antecedentes en la larga historia del islam. El Corán no es una constitución política, cosa que puede comprobar cualquiera solo ojear el Libro, y proponerlo como tal constituye una manipulación política que los musulmanes debemos denunciar, y más cuando esta manipulación conduce a la discriminación de nuestros hermanos de otras religiones.

El diálogo interreligioso se entronca plenamente en la praxis profética, señala hacia la consecución de sociedades realmente plurales

El diálogo interreligioso se entronca plenamente en la praxis profética, señala hacia la consecución de sociedades realmente plurales, en las cuales las tensiones entre religiones hayan desaparecido, dando paso a la colaboración entre personas unidas por un deseo de espiritualidad y trascendencia. El auténtico mal que amenaza a las religiones no son el laicismo o el ateísmo, sino su transformación en un instrumento de control ideológico, en una religión de Estado. Por desgracia, muchos hombres de religión parecen demasiado preocupados por defender sus pequeñas parcelas de poder. El laicismo es la solución, el único marco posible para un entendimiento interreligioso en igualdad de condiciones.

Nos alegramos de que el Reino de Arabia Saudí se haya sumado a todos aquellos que desde hace años trabajamos en defensa del paradigma interreligioso, y esperamos que a partir de ahora sea consecuente con esta magnífica iniciativa y avance decididamente hacia el laicismo. Insha Al-lâh.

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