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II Coloquio internacional sobre la guerra química contra el Rif

«Reconocimiento, Responsabilidad y Reparación»

18/07/2008 - Autor: José Toribio - Fuente: Eutsi
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Exigen que se lleve a cabo una investigación que determine el alto índice de cáncer registrado en las zonas donde utilizó armamento químico
Exigen que se lleve a cabo una investigación que determine el alto índice de cáncer registrado en las zonas donde utilizó armamento químico

El pasado 21 de junio de 2008, se celebró en Nador (Marruecos), el 2.º Coloquio Internacional sobre la guerra química contra el Rif. El acto fue organizado por el periódico «Le Monde Amazigh», el Congreso Mundial Amazigh y la Confederación de asociaciones culturales Amazigh del Norte de Marruecos. Contó con la participación de numerosas personalidades del entramado político-social amazigh (se intenta evitar el término beréber —bárbaro— por su connotación racista), entre las que se encontraban, entre otros, Rachid Raha, Mohamed Chami, Amina Ibnou-Cheikh, Hachi Abdeslam y Tarik El Idrissi (que junto con Javier Rada ha dirigido el documental titulado Arrhash —Veneno— que pretende recuperar la memoria de los últimos supervivientes de la guerra del Rif, y que fue visionado por primera vez durante el desarrollo de las jornadas), así como representantes de diferentes iniciativas de apoyo que desde el Estado español se están realizando, como José Toribio, de la Plataforma contra el complejo químico militar de La Marañosa, y Joan Tardá, diputado de Esquerra Republicana de Catalunya, que aunque no pudo estar en las conferencias por problemas en el paso fronterizo, se reunió con los miembros de la organización y de la Plataforma contra La Marañosa en Melilla. 

Con el lema «Reconocimiento, Responsabilidad y Reparación», se daba continuidad a la convocatoria realizada en 2004, que tiene como objetivo que los gobiernos español y francés reconozcan la responsabilidad moral, jurídica y política de las instituciones de la época por la probada utilización de armas químicas en la llamada guerra de Marruecos. Exigen también que se lleve a cabo una investigación que determine si el alto índice de cáncer registrado en las zonas en las que se utilizó armamento químico, pudiera derivarse de la utilización de este, y si fuera el caso, se determinen las medidas de apoyo a las víctimas del gas tóxico.

Antecedentes

A finales del s. XIX y comienzos del XX el Estado español estaba políticamente dividido (absolutistas contra liberales, moderados contra progresistas, guerras carlistas). Como consecuencia de la guerra que a la postre supondría la pérdida de las colonias de Cuba, Puerto Rico y Filipinas se dilapidaban ingentes recursos económicos. Esta situación política y económica en un contexto de expansión colonialista se interpretaba como una catástrofe: se estaba perdiendo relevancia a nivel internacional.

El colonialismo español en el Norte de África se produjo como respuesta a la pérdida de las colonias en 1898, aunque los intereses de ciertos sectores del capital español venían de tiempo atrás. Como lo hacen ahora, dirigieron su mirada a la explotación de los recursos autóctonos, a las concesiones de infraestructuras (fundamentalmente ferroviarias), a la industria de armamento y a los monopolios, tanto industriales como comerciales. El capitalismo industrial financiero vasco, el industrial catalán y el financiero madrileño fueron los más decididos agentes de esta nueva aventura colonial.

En 1906, tras la Conferencia de Algeciras, se legitimó la “protección” europea sobre Marruecos, se dio luz verde a las aspiraciones españolas y se adjudicaron protectorados a Francia y al Estado español (el protectorado español de Marruecos fue instaurado en 1912 con una «zona de influencia» de 45.000 km2). Se conseguiría la ampliación de los límites territoriales de Ceuta y Melilla, se consolidaría y extendería la red consular y se obtendría el control sobre las tribus de la costa sahariana.

El Desastre de Annual y la guerra química

Entre 1919 y 1921 se duplicó el territorio español en torno a Melilla. Estos excesos provocaron la reacción de los pobladores autóctonos, que en julio de 1921 atacaron por sorpresa el puesto español de Annual: entre 10.000 y 13.000 soldados (según las fuentes) perdieron la vida en aquella cruenta batalla. La soldadesca del ejército español pertenecía a las clases sociales más empobrecidas, obreros y campesinos obligados a realizar el servicio militar durante dos años por no poder pagar los 6.000 reales que les eximía de tal calamidad. El coste de esta campaña militar fue de 700 millones de pesetas de entonces. Merece la pena leer el alegato antimilitarista de un privilegiado personaje de la época, Ramón J. Sender, en su novela Imán.

La situación en Marruecos se convirtió en un factor de descomposición política que propició entre 1917 y comienzos de 1924 veintitrés «crisis de gobierno». El dictador Primo de Rivera, que en un principio se había declarado partidario del abandono de la causa marroquí (por impopular), prefirió mantenerse fiel a lo que defendía el sector más reaccionario del ejército. En octubre de 1924 él mismo asumió el Alto Comisariado en Marruecos.

La victoria de Abd-el-Krim en Annual motivó a los independentistas rifeños, que no sólo se negaron a negociar con el Estado español sino que además se decidieron a atacar el Marruecos ocupado por los franceses, lo que llevó a los dos Estados a coordinarse. El 8 de septiembre de 1925, se produjo el desembarco de Alhucemas que supuso el fin del sueño de independencia de aquellos rifeños: la recientemente creada República del Rif, liderada por Abd-el-Krim, sería aplastada.

Al Estado español le corresponde el denigrante privilegio de haber sido el primer país en utilizar gases tóxicos contra población civil mediante bombardeos aéreos. Para doblegar la resistencia rifeña no se tuvieron contemplaciones: se bombardearon poblados, se quemaron viviendas y campos de cultivo… aunque lo decisivo para vencer en la guerra fue la alianza franco-española que posibilitó un ejército suficiente, una notable diferencia tecnológica y la utilización del armamento químico.

Hay numerosos textos que recogen abundante información al respecto. Una de las primeras fuentes se debe a David S. Woolman, quien en su libro de 1971 «Abd-el-Krim y la guerra del Rif» (Oikos Tau, 1971) narra cómo los soldados españoles llevaban un equipo de protección completo que contaba con máscaras antigás; cómo los buques transportaban grandes cargamentos de bombas y gas tóxico, y cómo las poblaciones rifeñas fueron bombardeadas tanto por los españoles como por los franceses. En 1990 Rolf-Dieter Müller y Rudibert Kunz, en su obra «Giftgas gegen Abd el Krim. Deutschland, Spanien und der Gaskrieg in Spanisch-Marokko 1922-1927» («Gas venenoso contra Abd-el-Krim. Alemania, España y la Guerra del gas en el Marruecos español 1922-1927») sacaron a la luz los bombardeos con armas químicas realizados por el ejercito español en el Rif. En 2002, Sebastian Balfour, en su libro «Abrazo mortal: de la guerra colonial a la Guerra Civil en España y Marruecos —1909-1939—» (Ed. Península, 2002) proporcionaría una abundante información recogida de las fuentes más diversas: desde los legajos del Ministerio de Defensa del Estado español, ministerios de guerra franceses, ingleses, italianos y alemanes, actas gubernamentales, misivas oficiales y privadas… hasta medios de comunicación de la época de multitud de lugares. En 2003, María Rosa de Madariaga y Carlos Lázaro, abundaron en estas fuentes publicando en la revista Historia 16 (n.º 324) un extenso documento sobre la guerra química en el Rif, donde daban cuenta de investigaciones realizadas en los archivos militares españoles probando que el Estado español utilizó gases tóxicos, particularmente la iperita, el fosgeno y la cloropicrina. En 2004, Morten Heiberg, publicó su libro «Emperadores del Mediterráneo. Franco, Mussolini y la guerra civil española» (Ed. Crítica, 2004) y otros autores como Ignacio Cembrero («El veneno que llegó al Rif desde el cielo» Diario El País, 18 de febrero de 2002) y Enrique Cerro Aguilar («España fue el primer país que utilizó armas químicas contra civiles en Marruecos en 1920» Revista Rebelión, 13 de enero de 2001) han ido dando diversos testimonios que terminan de configurar una información precisa y suficiente para que estos hechos dejen de considerarse una conjura de radicales o de interesados.

Ha sido Balfour quien, sobre todo, ha citado profusamente la Fábrica de La Marañosa de Madrid, puesta en marcha en 1923 para producir el armamento químico que se utilizaría en el Rif y que hoy, 85 años después, no sólo no ha sido cerrada sino que se ha convertido en un instituto tecnológico (Instituto Tecnológico de La Marañosa —ITM—) que alberga, además de la Fábrica, un Laboratorio Químico Central de Armamento, un Polígono de Tiro, una Galería de Experiencias, el Centro de Ensayos Torregorda, el Centro de Investigación y Desarrollo de la Armada (CIDA), el Polígono de experiencias de Carabanchel y el Taller de Precisión y Centro electrotécnico de Artillería (TPYCEA). Está previsto que se convierta en un centro de referencia en investigación para la guerra NBQR (nuclear, biológica, química y radiológica) para el ejército español, la UEO y la OTAN (para más información puede verse la página de la Plataforma: http://www.nodo50.org/maranosa).

Una herida abierta

Han pasado más de 80 años y todavía sigue habiendo gente a los dos lados del Mare Nostrum que se oponen al silencio y al olvido, y que quieren denunciar lo ocurrido entonces así como la continuidad en el tiempo de los recursos y la lógica (la de la guerra) que hicieron posible aquella ignominia que aún pervive amenazante (en este u otros lugares).

Esta resistencia evidencia que aún hay cosas que no han quedado debidamente esclarecidas y que otras siguen siendo repudiables y mezquinas.

En 2005 ERC llevó al Congreso de los Diputados una Proposición no de Ley de reconocimiento de responsabilidades del Estado español y reparación de daños que fue rechazada gracias al acuerdo del PSOE y del PP.

En abril de 2008 en la Proposición de Ley de reconocimiento de todas las víctimas de la dictadura y de recuperación de la Memoria Histórica, presentada por el Grupo parlamentario de ERC-Izquierda Unida-Iniciativa per Catalunya-Verds, se ha incluido una disposición (disposición adicional novena) que busca el reconocimiento de responsabilidades del Estado español y la reparación de daños como consecuencia del uso de armamento químico en el Rif, con los siguientes enunciados:

«1. El Gobierno reconocerá la responsabilidad del Estado español por las acciones militares llevadas a cabo por el ejército español en contra de la población civil del Rif por orden de su máxima autoridad, el rey Alfonso XIII, durante los años 1922-1927.

2. Para ello se organizarán y celebrarán actos de reconciliación, de fraternidad y de solidaridad para con las víctimas, sus descendientes y el conjunto de la ciudadanía rifeña, como forma de expresar la petición de perdón por parte del Estado español.

3. Se facilitará la obra investigadora de los historiadores y de todos aquellos interesados en profundizar en el conocimiento de los hechos históricos mediante la adecuación de los archivos militares a los protocolos que rigen hoy día la archivística actual.

4. Se revisarán las anotaciones, referencias y capítulos relativos a campañas militares llevadas a cabo por el Ejército español, contenidas en museos, monumentos, cuarteles militares, libros de texto, manuales militares, etc., que oculten el uso de armamento químico y/o tergiversen la veracidad histórica.

5. Se dará apoyo a aquellas asociaciones, culturales y científicas españolas y marroquíes dedicadas a la labor de investigación de los efectos y consecuencias del empleo de armamento químico en el Rif.

6. Asumirá las posibles compensaciones económicas de carácter individual que pudieran reclamarse por los daños causados.

7. Contribuirá, en el marco de la cooperación hispano-marroquí, a la reparación de los daños colectivos, a la compensación de la deuda histórica a través de una activación e incremento de los planes de cooperación económica y social dirigidos al conjunto de los territorios del Rif y, en especial, en las provincias de Nador y Alhucemas.

8. Dotará a los hospitales del Rif, y en especial los de las provincias de Nador y Alhucemas, de unidades sanitarias especializadas en el tratamiento oncológico, que contribuyan a aminorar los altos porcentajes de enfermedades cancerígenas.»

La influencia de la aventura colonial en el Rif y la Yebala marcaron de forma decisiva la Historia contemporánea del Estado español: tales hechos favorecieron que los militares africanistas (Sanjurjo, Franco y Millán Astray) se sublevaran contra el gobierno de la República, un motivo más para entender que lo que allí aconteció fue un laboratorio para quienes, como el rey Alfonso XIII, que se identificaba con los africanistas militaristas, consideraban que la ofensiva de los rifeños no era más que «el borrador de una sublevación general de todo el mundo musulmán a instigación de Moscú y de la judería internacional» a quienes había que dar una respuesta contundente.

La vía política (parlamentaria) se ha mostrado como la menos competente e inapropiada para conseguir los objetivos previstos. Sería deseable, como de hecho se manifestó en el Coloquio, que las vías de presión abordaran dos nuevas estrategias: la de movilizar a las personas afectadas y a todas aquellas que quieren que se reconozcan los hechos (lo que parece más probable que se produzca en el Rif a pesar de las insistentes trabas, hostigamiento y represión que pueden sufrir por el férreo gobierno alauita); y la de llevar el asunto por la vía del Derecho, mediante la interposición de una denuncia al Estado español ante los organismos o tribunales que corresponda.

Como nos recuerda Enrique Cerro Aguilar, «ochenta años después de aquellos sucesos, el Rif sigue siendo la zona de Marruecos con más altos índices de cáncer, y uno de cada dos niños que acude con esa enfermedad al hospital de Rabat procede de esa región.»

Sería deseable que el Gobierno terminara reconociendo su responsabilidad, independientemente del uso que este reconocimiento conllevara: algunos pueden considerar que se hace un acto de justicia, que la verdad se restituye; otros, que las armas químicas utilizadas entonces siguen siendo una pesada espada de Damocles que pende sobre nuestras cabezas y que es deseable que los Protocolos y Convenciones que teóricamente garantizan su control no sean tan timoratos e indeterminados, pues de facto permiten todo aquello que prohíben, convirtiendo el contenido de los acuerdos en papel mojado; y otros querrán que se compense económicamente el daño producido (lo que a buen seguro será investigado y determinado por autoridades e informes competentes).

En la actualidad se siguen detrayendo recursos socialmente útiles para favorecer una industria militar cada vez más especializada y en manos de grandes corporaciones industriales y financieras. Aun hoy la guerra sigue siendo la forma de hacer política por otros medios. Aunque la retórica actual no es la de antes, se siguen justificando enormes gastos militares por la amenaza de supuestos enemigos: los “enemigos” (infinitos en el espacio y en el tiempo) son el comodín que permite mantener una imparable máquina de guerra.

Aún hoy sigue activa la Fábrica Nacional de La Marañosa (ITM), y también sería deseable su cierre.

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