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Entrevista a Abdelwahid

Con mi conversión la gente se pensó que estaba como una regadera

13/07/2008 - Autor: Carlos Aguirre y Javier Esteban - Fuente: Generación XXI
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Trabajar con este ámbito sacral de la materia, sacralizándola a través de estos preceptos, es una auténtica tarea de alquimia para el alma y el es
Trabajar con este ámbito sacral de la materia, sacralizándola a través de estos preceptos, es una auténtica tarea de alquimia para el alma y el es

Son ya varios los años que distan entre el Cristóbal Martín que conocimos, pionero y artista de toda esa movida de comienzos de los ochenta, y este otro Cristóbal, Abdelwahid, andalusí, musulmán y miembro de la tariqa sufi naqsbandi. La distancia no viene dada solo por los años. Otras cosas han cambiado tanto en su vida como en su interior. Quizá el arte, la palabra de su escultura, sea uno de los indicios que muestran toda esa evolución. Una tarde de Invierno, fría y hermosa, en la comarca de La Vera, nos perdimos con él por las veredas de los bosques y el espíritu. Esto fue lo que nos dijo.

Generación XXI: Hace ya algunos años tuviste cierto protagonismo en la llamada movida y en todo su mundillo cultural. ¿Qué recuerdos quedan de todo eso?

Abdelwahid: Desde ahora mismo esa época la recuerdo como un opus nigrum, aunque en su momento reconozco que me divertí mucho. En cualquier caso la juventud es como un semillero. Vistas con distancia muchas cosas que vives parecen como una preparación para lo que viene después. La tierra se abona con estiércol y todas estas cosas pueden ser un muy buen estiércol para la obra alquímica. Son como el nigredo de la misma. También fue una época de descubrimientos, donde se tocaban varios palos al mismo tiempo.

Al margen de mi experiencia personal y por lo que a la movida se refiere, su relevancia mediática, como vanguardia cultural, esta más que hinchada. En realidad solo quedan varios cadáveres y algunos discos, poco más. No creo ni que exista una clara identidad estética en la movida. Eso si había cierto afán creativo muy empapado de euforia juvenil pero obras de nivel muy pocas. Intelectualmente no había absolutamente nada detrás. Era una cultura de gran pasote, de borrachera, heroína y conciertos, con muy poco al margen de eso. La droga fue importante en todo esto, alcohol, porros, cocaína... era como el motor. Había que colocarse a cualquier precio. Las drogas eran como un combustible de todo aquello.

GenXXI: ¿Cómo se plantea tu evolución desde este ambiente?

A.: Todo ese mundo es un enredo, un laberinto, pero en todo laberinto hay un centro que en el fondo es lo que vas buscando. Si la búsqueda es sincera te lleva a encontrar ese centro. Encontrarme con la cultura tradicional y sus símbolos fue muy importante en este contexto. Recuerdo la lectura del Gárgoris y Habidis como algo que orientó mi interés en ese sentido. Haciendo el camino de Santiago por vez primera, en la Catedral de Burgos, al ver esas imágenes y esas simbologías, recibí la indicación de orientar mi escultura en ese sentido. Posteriormente la lectura de Rene Guenon fue decisiva para mí, como desvelador y ordenador de muchas de mis intuiciones.

GenXXI: En tu escultura hay toda una evolución desde motivos más naturalistas a un simbolismo de base geometrizante...

A.: Es cierto. Cuando vas clarificando tu camino vas tocando muchas teclas y poco a poco vas centrándote en lo fundamental de ese camino. Por lo que se refiere al arte me centré en sus símbolos fundamentales. Estoy hablando de los símbolos fundamentales de la ciencia sagrada, y en estos lo geométrico es fundamental ya que libera al arte de todo tipo de contenido imaginario. Lo imaginario te lleva a un plano muy concreto, más personal y cerrado. Si por ejemplo, te pones a mirar un retrato la experiencia se agota en eso mismo y te acabas cansando. Sin embargo la geometría siempre te abre a estados que te transcienden. En un simbolismo geométrico puedes siempre atisbar cosas nuevas. La geometría me ha interesado desde siempre.

GenXXI: Por lo que comentas tu conversión al Islam fue una culminación más que una ruptura.

A.: Tenemos una ligera intuición de dónde vamos pero a ciencia cierta no lo sabemos. Por eso he tenido diferentes cambios de rumbo. En cierto momento antes de mi conversión al Islam tuve mi propia conversión a algo que sin yo saberlo, prefiguraba ya mi conversión al Islam. En ese momento tuve la intuición de que todo era sagrado, de que la vida era sagrada, de que todo tenía un origen y un sentido divino. Tomar conciencia de esto es tomar conciencia de La Illaha illa Allah, es decir de que no hay más realidad que la divina. Esta es la perspectiva del Tawhid, de la Unidad de Dios y de todo en Dios. Tomar conciencia de esto me hizo tomar un respeto inmenso por todo, empezando por mi propia conducta. La imagen exterior del Islam y toda su problemática frenaron mi conversión al Islam. Además en esos momentos veía lo religioso como algo en relación con lo espiritual pero como una aproximación más simple y popular, menos intelectual. Conocía a gente que se había convertido al Islam pero pensaba que estaban zumbados. No creía que eso fuera necesario por lo que a la vía espiritual se refiere. La gente con la que me movía entonces, también interesada en estos asuntos, era muy elitista. Desde su perspectiva no era necesaria una opción tan radical como la de una conversión al Islam para trabajar temas espirituales. Por lo que a estos temas pensábamos que con un determinado acercamiento intelectual ya servía para poder conectarse a esa dimensión de lo sagrado, y si no era suficiente para conectarse siempre se podía tirar de la marihuana o del LSD. Sin embargo el corazón me decía Islam, aunque la cabeza me lo desdecía completamente. Paralelamente a esto el hecho de que Rene Guenon, alguien que había influido mucho en mi a través de su obra, fuera musulmán me acreditaba la vía del Islam. Finalmente Dios me dio la certeza de que ése era mi camino. Antes había pasado por otras vías como el Zen o el Yoga. Con mi conversión la gente se pensó que estaba como una regadera, pleno siglo veinte, todo tecnificado... era como volver a algo arcaico. Además la reputación del Islam es pésima, piensa en todo lo de Argelia.

GenXXI: ¿Qué es para ti el sufismo en el contexto islámico?

A.: Para mí el sufí debe ser un musulmán comprometido, sincero en su experiencia. El sufismo responde a un querer profundizar en el propio Islam. Introducirse en la vía sufí supone iniciar un práctica de combate contra el ego cuya finalidad y sentido sean hacer realidad ese La Illaha Illa Allah del que antes hablaba. El sufismo pretende transcender los preceptos formales de la religión en una alquimia del alma. El sufí sería el puro, el liberado. Dice Rene Guenon que sería como el yogui, es decir, el que ha realizado su liberación. El Islam en este sentido es una forma de vida que considera que todo es de origen divino y que regula las diferentes actividades humanas. Todos los preceptos islámicos, sobre las oraciones, sobre la familia, deben de servir para interiorizar esta verdad y ponerte en relación con todo el universo. Los movimientos de las oraciones son una auténtica medicina que sirve una serie de símbolos cinco veces al día, y así te conecta.

GenXXI: ¿Puede un excesivo formalismo en los preceptos, por los categorías dualistas que traza, viciar esa dirección hacia la Unidad a la que toda norma debe estar sometida?

A.: Si llevas esos preceptos de una manera paranoide o maniática, como fines en si mismo, puede ser algo fatal. Muchos preceptos islámicos hacen referencia a seguir la costumbre, la sunna, del profeta Muhammad y hacerlos es un medio para el recuerdo de la Unidad de Dios y de todo en Dios. Seguir la sunna en este contexto y con esta actitud tiene una serie de beneficios y ventajas. En la conciencia de la Unidad deben cesar todas esas categorías y proyecciones individuales que comentas. A diferencia de todas esas tendencias neoespiritualistas, donde parece que la Verdad es flotar de una manera etérea, el Islam se hace muy presente en la materia y en todas las actividades de la vida. Este es el contexto donde la sunna y sus preceptos encuentran un sentido. Lo que digo se entiende muy bien a la luz de la alquimia. Su lema más importante afirma eso de que hay que espiritualizar la materia y corporeizar el espíritu. Todos estos preceptos islámicos en realidad apuntan a sancionar un marco sagrado donde el recuerdo de la Unidad sea realizable y donde la superación del mundo de la dualidad, propio de los hombres, sea posible. Estas regulaciones pueden parecer a veces arbitrarias, como cortarse el pelo de la cabeza o del cuerpo, dejarse barba o cubrirse la cabeza, pero su finalidad es instaurar un ámbito que convierta en sagrada todo tipo de actividad humana. Trabajar con este ámbito sacral de la materia, sacralizándola a través de estos preceptos, es una auténtica tarea de alquimia para el alma y el espíritu.

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