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El Islam en la arquitectura y su influencia en la América Latina

América Latina recibió los influjos del Islam

09/07/2008 - Autor: Revista As-Salam
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Tlaxcala, México
Tlaxcala, México

Muchas veces el arte y la arquitectura islámica han sido objeto de estudio de investigaciones que han pretendido develar su alcance e influencia abarcando toda su larga historia y su maravillosa y variada producción. No menores son los estudios que han caído, consciente o inconscientemente, en el afán de desvirtuar los resultados de sus investigaciones, producto del lente deformante de las cruzadas y del dogmatismo religioso a través del cual ha sido presenciado, desde occidente, el fenómeno del Islam, con el objeto de desconocer su influencia, asumiendo algunas manifestaciones, el carácter de engendros espontáneos sin influencias reconocidas.

Sin embargo, es menester destacar que este fenómeno tan lejano, que para algunos historiadores fue una brutal invasión que desgarró a occidente, arrasando con todo lo que en el existía, fue para otros una influencia que dio a oriente y a occidente su mejor época de convivencia pacífica y florecimiento artístico y literario.

Ahora bien, América Latina recibió los influjos del Islam precisamente de quienes pretendían hacerlo desaparecer de su propia historia luego de siglos de absoluto predominio filosófico sobre sus propias vidas cotidianas, y por lo mismo pretendió negarse a aceptar su procedencia, dando muestras, una vez más, de la incomprensión profunda de la discusión filosófica que se escondía tras las construcciones materiales que no eran más que el fiel reflejo de construcciones filosóficas que gozaron de mayor autoridad durante varios siglos, sin necesidad del recurso a la violencia.

 

Uno de los estilos más importantes del arte y la arquitectura islámica e hispanoamericana, el Mudéjar.

 

El presente trabajo pretende ayudar a develar esta discusión filosófica, como puerta de entrada a una discusión más honesta acerca de los resultados que en los suelos del nuevo mundo fueron fruto de una de las más fértiles fusiones de espíritus nobles que buscando enaltecer al Dios Único generaron uno de los estilos más importantes del arte y la arquitectura islámica y de la arquitectura hispanoamericana, el Mudéjar. No pretendo, por tanto constituirme en un catastro de obras, sino más bien entregar algunos elementos filosóficos que permitan encontrar con ojos más abiertos aquellas influencias cuya negación solo pueden significar un alejamiento a nuestras propias raíces traicionando nuestra propia identidad.

Contexto histórico filosófico

Hablar de filosofía islámica no resulta fácil si tomamos en cuenta que su ley no se compone solamente de un credo religioso, sino más bien de una filosofía de vida que compromete al individuo en todos los ámbitos de su vida cotidiana. El Islam o "sumisión a Dios", la última de las religiones reveladas, es una religión absolutamente monoteísta, cuya ley; entregada por Dios a Muhammad, el "enviado de Dios" o el "sello de los profetas", recopilada en el Corán, que quiere decir "recitación", considerado como no creado y atribuido a Dios, y en los Hadith, que son los dichos y ecos más importantes del Profeta puede resumirse en la fórmula de su profesión de fe o Shahada: "No hay más Dios que Al·lah y Muhammad es el enviado de Al·lah"

El Islam, al igual que el cristianismo, rechaza la estructura de castas de la civilización hasta entonces tradicional, basada en la consanguinidad. Para él, el siervo y el amo, el ignorante y el sabio, son idénticos ante Dios y ante la Ley, por lo que se comprende que las masas populares hayan encontrado en el Islam una conquista de liberación en todo el sentido de la palabra. Posee un carácter simplista, con marcadas tendencias antimetafíscas, robustamente éticas, voluntaristas y socialmente igualitarias, por lo que en momento de su aparición en escena se presenta como un elemento modernizador y democrático.

El islam en el arte y la arquitectura

De aquí que el principio fundamental de la metafísica del Islam es que solo Dios es inmutable y eterno; que el tiempo no es sino la sucesión de unos instantes no unidos entre sí y además reversible; todo es mudable e inestable, transitorio y accidental, las formas son irreales, no existen de por sí actos creadores del Dios Unico incorpóreo, no localizable y omnipotente.

A partir de este principio es que se afirma cada vez con más fuerza, a medida que la experiencia le fue dando al arte y a la arquitectura islámica la madurez que derivara en una actitud intelectual absolutamente consistente, la renuncia al arte imitador de la naturaleza, por considerarlo un acto blasfemo y ofensivo a Dios. Con el transcurrir del tiempo, a medida que la tradición se fue convirtiendo en ortodoxia, incluso se llegó, en los siglos correspondientes al Islam clásico, a condenar el uso de la figura humana y de la animal, así como las alusiones a los elementos de la naturaleza.

Todo esto va creando un arte abstracto y alusivo.

Todo esto va creando un arte abstracto y alusivo. Las formas naturales son estilizadas y llevadas a formas y enlaces geométricos, por lo que en el arte islámico se desarrolla, hasta jugar un papel fundamental, el arabesco, reducción abstracta de formas vegetales, de enlaces geométricos y de caligrafía, esta última considerada en el Islam como el arte por excelencia, por ser la escritura el vehículo a través del cual Dios entrega su palabra a los hombres, a través de Muhammad.

De aquí que sea normal asistir a la proliferación incontenible de espacios acotados, rodeados de corredores delimitados por pilares, de volúmenes simétricos flanqueados con torreones o minaretes en algunas o todas sus esquinas. De aquí que nazcan como en la Al-Hambra espacios en los que el agua juegue un rol central como lo juega en rito de la ablución.

De aquí que se den con incomprensible exactitud los esquemas que desde España hasta la india y China contribuyen a generar una diversidad de estilos que juntos conforman todo el espectro de la arquitectura islámica.

Cabe destacar que al nacimiento del Islam, en la península existía un vacío arquitectónico casi perfecto, y que el eclecticismo propio de una escuela tolerante lo llevo por el camino de la combinación fascinante de elementos de las más diversas y distantes culturas, que se fueron fundiendo en una producto único y original con una unidad estética formal palpable en toda su larga historia temporal y en el vasto territorio en que su cosmovisión terminó imponiéndose como acertada.

A la Mezquita congregacional, monumento islámico por excelencia, se le suman en un corto plazo todos los que conforman la arquitectura del poder temporal, como los palacios, los colegios y las universidades, los baños públicos, los mausoleos y los edificios públicos, que a pesar de la diversidad de sus funciones sociales, son fieles representantes de principios creadores que los inundan hasta definirlos con el sello creador del Dios Único, Infinito, Todopoderoso y Eterno.

La arquitectura colonial latinoamericana: hija natural de la arquitectura islámica de España

Aunque resulta evidente que no puede hablarse de arquitectura islámica en América, no menos evidente es el hecho de que quienes a ella llegaron venían tremendamente influenciados por lo que habían visto, oído y aprendido en varios siglos de comunión estrecha con la religión de Muhammad y con todas sus consecuencias culturales y sociales. Sin embargo, su necesidad de deshacerse de los influjos de la ocupación, los llevó a adoptar una trama urbana fundacional completamente reñida con el espíritu de la espacialidad urbana, la que fue llenada, sin embargo, con edificios que en nada se diferenciaban de los principios creadores con que el Islam había modelado el paisaje urbano y arquitectónico de todo el mundo antiguo.

Por lo mismo, no se hace difícil encontrar las influencias que plagaron las primeras manifestaciones arquitectónicas de la conquista y la colonia, antes que los influjos de la ilustración hicieran de las suyas en las tierras de América, sin necesidad de recurrir a la imitación formal que por mucho que logre imitar no tiene la capacidad de ransmitir en sí y por sí una concepción espacial que es, a todas luces reconocible, estén o no esas alusiones formales.

La Hacienda y la Casa Patronal; los conventos y los primeros edificios públicos; con su predominio de la horizontal; con sus patios aporticados y su predominio del lleno sobre el vacío; con su introversión esencial y sus líneas claras y simples, con sus patios ordenadores, vacíos o llenos de vegetación y la ubicación de las fuentes que convertían al agua en protagonista de la vida cotidiana; la simetría de las construcciones, los torreones en las esquinas, etc.; todo habla con elocuencia sin igual, de los mismos principios generadores de la arquitectura islámica del viejo mundo.

Logran ser parte de la misma unidad estética formal sin necesidad de recurrir al arte mudéjar propiamente tal o a las imitaciones formales que algunos, que no lograron sobreponerse a los irrepetibles aciertos en el manejo de la luz y de la sombra para describir el paraíso coránico que en un comienzo del arte se describiera con la figura vulgar y obvia de las reproducciones pictóricas, no se aburrieran de repetir, en la búsqueda de el manejo sin igual de la luz y de la sombra que hiciera famosa a las mejores piezas del arte y la arquitectura madura de la producción islámica.

Logran ser parte de la mima unidad estética formal sin la necesidad de recurrir a la copia estilística que no representa ni con mucho la verdadera fuerza de la influencia del arte y la arquitectura islámica en paisaje urbano de la ciudad latinoamericana, mayoritariamente baja, con el predominio absoluto, en sus calles del lleno sobre el vacío, con la austeridad propia de quien guarda sus mejores sorpresas para la vida íntima que resguarda la armonía de la comunidad en la mezquita o de la familia en la vivienda y la arquitectura civil.

Publicado en la revista As-Salam nº 10.
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