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Sufismo y yoga según Muhammad Ghawth

El consenso actual de los eruditos acepta el sufismo como un fenómeno religioso orientado por el Qur’an y el profeta Muhammad

08/07/2008 - Autor: Carl W. Ernst - Fuente: fundacionpurusa.org
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Prácticas sufíes sobre el control de la respiración y la meditación
Prácticas sufíes sobre el control de la respiración y la meditación

¿Cuál ha sido la relación entre sufismo y yoga? La “influencia yóguica” en el sufismo ya se planteó en los primeros estudios orientalistas sobre el misticismo islámico, debido a la bien conocida presencia mileniaria de los musulmanes en el subcontinente indio.

Debido en parte a las arraigadas suposiciones del orientalismo de que el Islam era
legalista e intolerante, se asumió que las tendencias místicas en la tradición islámica debían provenir de otra parte. Así, comenzó la búsqueda de los “orígenes” del sufismo, investigándose de diversas formas –e infructuosamente– en las doctrinas del monasticismo cristiano, del budismo, del chamanismo o del yoga. El consenso actual de los eruditos acepta el sufismo como un fenómeno religioso orientado por el Qur’an y el profeta Muhammad. Sin embargo comúnmente se encuentra la afirmación de que las prácticas sufíes sobre el control de la respiración y la meditación derivan de algún modo de los ejercicios yóguicos hindúes o budistas; para apoyar esta tesis se ofrecen pocas pruebas.

He pasado considerable tiempo investigando los textos sufíes que hacen referencia al yoga y es innegable que ciertos sufíes de la India sabían acerca de las prácticas yóguicas. Sin embargo, analizándolos textualmente, es raro que se extiendan en estas discusiones sobre el yoga. Tan solo una obra sobre el yoga, descrita más adelante, tuvo una amplia circulación en el mundo musulmán, en traducción árabe, persa, turca y urdu. Incluso en este ejemplo más obvio sobre el interés musulmán por la práctica yóguica, parece claro sin embargo que el yoga se integró en el espectro de la práctica sufí existente, más que actuar como una “fuente” para toda la tradición sufi.

El texto en cuestión es uno de los ejemplos más inusuales en los anales del estudio de la religión del encuentro entre culturas. El Amrtakunda o el “Estanque del Néctar” era el nombre de un texto sánscrito o hindi, cuyo original se perdió. Aparentemente fue traducido al árabe, según la introducción, en 1210 en Bengala, bajo el título de Hawd ma’ al-hayat: “El Estanque del Agua de la Vida”; he preparado una edición crítica y una traducción inglesa del texto árabe, que será publicada con una extensa introducción sobre el cruce cultural religioso que surgió y puso en circulación el Amrtakunda. Por razones demasiado complejas para discutir aquí, quisiera sugerir que este relato es ficticio y que el verdadero traductor fue un erudito persa cualificado de la escuela filosófica iluminacionista, probablemente del siglo quince; este desconocido filósofo fue después a la India y encontró las enseñanzas del Hatha Yoga según la tradición de los yoguis Nath (popularmente llamados joguis).

El traductor anónimo incorporó a la introducción dos narraciones simbólicas, una que deriva en última instancia del “Himno de la Perla” del gnóstico Los Actos de Tomás, la otra una traducción parcial de un tratado persa, Sobre la Realidad del Amor, escrita originalmente por el filósofo iluminacionista Shihab al-Din al-Suhrawardi al-Maqtul. De la difusión de las copias del manuscrito del texto árabe, está claro que el Hawd al-hayat era bastante bien conocido en el mundo islámico; al menos se encuentran cuarenta y cinco copias en bibliotecas de países europeos y árabes, la mayoría de ellas en Estambul. El contenido del texto era tan inusual que, quizás por defecto, su autoría haya sido asignada frecuentemente al maestro sufí andalusí Muhyi al-Din Ibn al-‘Arabi; esta atribución es claramente errónea. El vocabulario del texto está formado sobre todo en la terminología técnica árabe de la filosofía helenista, con algunas connotaciones islámicas derivadas del Qur’an y del sufismo. El traductor trabajó con tenacidad para traducir las prácticas yóguicas de modo que fuera comprensible al lector del árabe orientado filosóficamente. Sin embargo, el Hawd al-hayat era tan solo el comienzo de la trayectoria del Amrtakunda en el mundo islámico.

El Estanque del Agua de la Vida destaca de otras traducciones árabes y persas del
sánscrito, ya que acentuó más las prácticas espirituales indias que las doctrinas. Aunque al-Biruni (m. 1010) había traducido el Yogasutra de Patañjali al árabe, se centró en cuestiones filosóficas y omitió el tema del mantra en su conjunto. La mayoría de los textos sánscritos traducidos al persa durante el período Mogol fueron elegidos asímismo por su interés filosófico y tenían poca importancia para la práctica religiosa. El Estanque del Agua de la Vida fue conocido por diversos místicos musulmanes de la India, algunos de los cuales habían observado con interés los ejercicios respiratorios y los cantos de los yoguis y reconocieron las semejanzas con sus propias prácticas meditativas. Shaykh ‘Abd al-Quddus Gangohi (m. 1537), que estaba familiarizado con el yoga de los Naths y escribió versos en hindi sobre el tema, enseñó El Estanque a un discípulo.

En el siglo dieciséis, Muhammad Ghawth Gwaliyari (m. 1563), un maestro indio sufi de la orden Shattari, tradujo El Estanque del árabe al persa bajo el título de Bahr al-hayat (El océano de la Vida). Existen al menos otras dos traducciones persas por lo general menos conocidas del texto árabe; una de ellas circulaba entre los eruditos persas de Fars a comienzos del siglo diecisiete, de la cual adquirió una copia el viajero italiano Pietro della Valle en 1622. Sufíes en Sind y Turquía continuaban aludiendo a El Estanque en el siglo diecinueve. El texto árabe fue traducido dos veces al otomano turco y la traducción persa de Muhammad Ghawth al dakhani urdu.

Extracto del artículo: “El Sufismo y Yoga según Muhammad Ghawth.” Sarasvati 9 (2006), pp. 77-85. Traducción: Pedro Soto.
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