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Intolerancia en la cabeza, racismo en su alma

El hiyab entre las musulmanas no es ninguna vieja servidumbre, sino un signo de pudor, respeto y dignificación

05/07/2008 - Autor: Miguel Solís Tizón - Fuente: Webislam
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Criticar la decencia no es más que la evidencia indiscutible de la intolerancia y el racismo
Criticar la decencia no es más que la evidencia indiscutible de la intolerancia y el racismo

بِسْمِ اللَّهِ الرَّحْمَـٰنِ الرَّحِيمِ

Gracias al Único Dios Verdadero la fraternidad y la tolerancia de cientos y miles de musulmanes alrededor del mundo son un revés contra el racismo que impera en los desalmados que, desde su ignorancia, critican sin motivo la moral y las buenas costumbres de esta religión.

Desde hace mucho tiempo la intolerancia de Enrique Altamirano en contra de la religión islámica ha sido sobradamente puesta en evidencia en sus editoriales, publicadas en el medio de su propiedad, "El Diario de Hoy", ¿cuál es el motivo? Algo similar nos hemos preguntado acerca de Adolfo Hitler: ¿por qué odiaba a los judíos? Ahora bien, ¿ha recibido el señor Altamirano algún agravio o críticas por parte de la religión musulmana en El Salvador?

El día 2 de julio tuvo, como tantos otros, la osadía de criticar el velo islámico (llamado hiyab). Su opinión está basada en una nota de un diario alemán que comenta la proliferación del uso de éste en Egipto. Tácitamente denomina esta actitud como antimoderna, contraria a la "alegría, la moda y lo vanguardista". Es más, Altamirano (o el diario alemán, pues no creemos que él haya visitado ese país en los últimos días) agrega que en Egipto las minifaldas, los peinados sueltos, maquillajes y "colorido" que adornaban a la mujer están cayendo en desuso debido a un regreso al "medioevo islámico", y que es una "tragedia" el que en Oriente Medio "van en reculada mental".

Supongo que el señor Altamirano dice profesar la religión cristiana católica, y no creo que su crítica se va a dirigir un día de estos contra las religiosas y las monjas (que las hay de clausura también, gracias a Dios, como en el Medioevo), cuyos hábitos son muy parecidos al hiyab islámico, y lo mismo aplicaría a las miles de cristianas evangélicas que visten con velo, siguiendo las enseñanzas del Apóstol San Pablo (cf. 1 Corintios 11, 3 ss).

Por lo visto las minifaldas, los peinados y maquillajes, la moda y el colorido estético no se tratan de una preocupación para este editorialista, a menos que éste tenga una tendencia pornográfica o intereses comerciales de ropa indecente, salones de estilismo extravagante, o algo parecido. Cualquier persona con uso de razón se dará cuenta que las supuestas modas, modernidad, y vanguardismo en el vestuario occidental rayan en lo indecente e indecoroso, atentando contra el pudor y la modestia (dos palabras casi desconocidas en la actualidad y sobre todo en Occidente). ¿Tiene algo de criticable el que las jóvenes vistan con decencia? Es bastante probable que este editorialista nunca haya echado un vistazo al Nuevo Testamento (escritura sagrada de los cristianos), pero supondría que, en caso de hacerlo, comenzaría también a criticarlas como antimodernas y conteniendo ideas que van en "reculada mental" como él dice. Uno de estos "antimodernos" pasajes bíblicos podría ser el siguiente:

"Asimismo, que las mujeres se vistan con ropa decorosa, con pudor y modestia, no con peinado ostentoso, no con oro, o perlas, o vestidos costosos; sino con buenas obras, como corresponde a las mujeres que profesan la piedad." (1 Timoteo 2, 9-10)

San Pablo no fue el único crítico de las indecencias en el vestir femenino, lo fueron también San Pedro Apóstol, llamado Primer Papa (nota 1), los Santos Padres de la Iglesia, entre ellos San Ambrosio de Milán (nota 2), San Gregorio Magno, Papa (nota 3), San Agustín de Hipona (nota 4), San Cipriano de Cartago (nota 5) y Santo Tomás de Aquino (Summa Theologicae, II-IIae, q. 169) (nota 6)

Criticar el hiyab islámico igualmente equivaldría a ofender toda la iconografía cristiana y la moral. En efecto, todas las imágenes de la Virgen María, tanto las orientales como las occidentales, la muestran con su cabeza cubierta, e igualmente su cuerpo decentemente vestido. Por supuesto se trata de la costumbre de su época y, lo que es más importante, la cultura propia palestina. ¿Es admisible, entonces, criticar que las jóvenes mujeres en el Oriente Medio se vistan a la "moda mariana"?

Asimismo, al señor Altamirano necesitaría tener a mano un buen libro de historia y constatar los avances en la ciencia, la técnica, la higiene y la medicina que impulsó el imperio musulmán en la Edad Media. Los califas de Al-Andaluz vivían en palacios, con pobreza cero en sus dominios, mientras en París vivían en chozas rudimentarias. La asepsia y la higiene, integradas a la Medicina, eran desconocidas en Europa mientras que los sabios musulmanes ya la aplicaban, y lo mismo puede decirse de la filosofía y las matemáticas, y también el uso del papel y la magnífica arquitectura. Así que es inadmisible su opinión de que el medioevo islámico fue un retroceso, ya que fue todo lo contrario, un avance a la modernidad en las ciencias y las artes, erradicación de la miseria económica y desarrollo en materia de derechos humanos. Al menos el editorialista tuvo la poca sinceridad de admitir que había libertad de pensamiento y tolerancia religiosa en los reinos musulmanes españoles, contrastado esto con la intolerancia cristiana de aquellos siglos.

En un reciente comunicado de la Comunidad Islámica de El Salvador se afirma lo siguiente:

"El fanatismo es causa de toda la violencia. Los fanáticos que creen únicamente en su fe o sus principios y no toleran que otros piensen diferentes a ellos, están perdidos; y por sus métodos desproporcionados y violentos, están afuera incluso del mismo grupo religioso, que dicen representar. Debe también considerarse que el antifanatismo es también negativo; porque el antifanático es también fanático de su propio antagonismo." (nota 7)

Considero que esta última afirmación es enteramente aplicable y nos define bien la línea de pensamiento del señor Altamirano.

Recientemente la Televisión Española presentó el documental "Mujeres con pañuelo" (nota 8), en el que se explica que el uso del velo no se trata de una mera imposición, sino de una convicción. Son cientos y miles de mujeres que se ven acosadas, agredidas e irrespetadas en estos países "racionales" de Occidente, violencia que no se padece en los países islámicos. Altamirano alega la opinión de las supuestas defensoras de los derechos de las mujeres en Egipto… son las mismas defensoras del aborto, de la supuesta libre determinación de opción sexual y de otras tantas inmoralidades desde el punto de vista religioso.

El hiyab entre las musulmanas no es ninguna vieja servidumbre, sino un signo de pudor, respeto y dignificación, tal como lo es el traje y la corbata para un occidental.

Es fácil criticar a la religión islámica tachando los extravíos de una minoría extremista, como es el caso de los talibanes de Afganistán, cuyas actitudes violentas merecen nuestro más completo repudio. Hace creer a la ingenuidad de los lectores que esa es ley coránica o incluso aplicada por todo el mundo islámico, lo cual es una rotunda mentira. Pero, de igual forma, han ocurrido en plenos siglos XX y XXI barbaries que han sido cometidas por supuestas agrupaciones "cristianas", tal es el caso de Irlanda y muchos otros regímenes colonialistas, así como sectas aparecidas en Estados Unidos y Latinoamérica, que realmente atentan contra los derechos humanos con sus prácticas inhumanas y de "apartheid".

Finalmente el editorialista debería recordar que existe un diálogo permanente entre la Iglesia Católica Romana y la religión Islámica, cuyos miembros, de acuerdo al Concilio Vaticano II, participan de la salvación universal:

"Pero el designio de salvación abarca también a aquellos que reconocen al Creador, entre los cuales están en primer lugar los musulmanes, que confesando profesar la fe de Abraham adoran con nosotros a un solo Dios, misericordioso, que ha de juzgar a los hombres en el último día." (nota 9)

Criticar la decencia, para el señor Altamirano, no es más que la evidencia indiscutible de la intolerancia que tiene su cabeza y el racismo que guarda en su alma.

Miguel Alberto Solís es musulmán de la República de El Salvador, América Central
Notas
(1) "Asimismo vosotras, mujeres... que vuestro adorno no sea externo: peinados ostentosos, joyas de oro o vestidos lujosos, sino que sea el yo interno, con el adorno incorruptible de un espíritu tierno y sereno, lo cual es precioso delante de Dios." (1 Pedro 3, 1.3-4)
(2) "El ornato del cuerpo no debe ser afectado, sino natural; sea sencillo, con más descuido que esmero; no con preciosos y deslumbradores vestidos, sino corrientes, de modo que no falte nada a la honestidad ni a la necesidad ni haya nada de lujo" (San Ambrosio, De Oficiis, Deberes de los Ministros, libro I, citado en Santo Tomás de Aquino, Summa Theologicae II-II, q. 169)
(3) "Para algunos no es pecado el uso de vestidos suaves y preciosos. Si realmente no hubiera pecado en ese modo de obrar, no habría Dios descrito al rico que ardía en el infierno vestido de púrpura y seda. Nadie se procura vestidos preciosos, si no es por vanagloria." (San Gregorio Magno, Homilías, en l.c)
(4) "En el uso de las cosas no debe intervenir la pasión, que no sólo abusa descaradamente de la práctica de aquellos entre quienes se vive, sino que con frecuencia, rompiendo todo dique, muestra con cínico descaro su torpeza, oculta antes bajo el velo de costumbres autorizadas." (San Agustín, De Doctrina Christiana, III, en l.c.), sobre esto explica Santo Tomás de Aquino: "Puede haber falta de moderación en el uso de estas cosas por el desordenado afecto del que las usa, bien porque lo hace de un modo excesivamente libidinoso, o por la costumbre de aquellos que conviven con él, o contra esa costumbre." (l.c.) Y también: "Creo que hay que amonestar no sólo a las vírgenes y las viudas, sino a las casadas y a todas las mujeres, para que no adulteren la obra y la criatura de Dios usando colores rojos, polvos negros o carmín o cualquier otro emplasto que altere las formas naturales del cuerpo. Obran contra Dios, destruyendo su obra; impugnan su poder, prevaricando contra la verdad. No podrás ver a Dios si tus ojos no son los que El formó. Si te adornas con tu enemigo, con él arderás también" (San Agustín, Epistola ad Possidium, en l.c.)
(5) "Quienes se visten de púrpura y de seda no pueden revestirse de Cristo; quienes se adornan con oro, margaritas y collares, pierden la belleza de su espíritu y de su cuerpo." (citado por Santo Tomás de Aquino, l.c.) "Creo que hay que amonestar no sólo a las vírgenes y las viudas, sino a las casadas y a todas las mujeres, para que no adulteren la obra y la criatura de Dios usando colores rojos, polvos negros o carmín o cualquier otro emplasto que altere las formas naturales del cuerpo. Obran contra Dios, destruyendo su obra; impugnan su poder, prevaricando contra la verdad. No podrás ver a Dios si tus ojos no son los que El formó. Si te adornas con tu enemigo, con él arderás también" (San Cipriano, De Habit. Virg., en l.c.)
(6) Disponible en Internet http://hjg.com.ar/sumat/c/c169.html
(8) Disponible a través de la página web de RTVE
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