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¿Cómo regresé al islam?

El Islam es el estado natural del ser humano

19/06/2008 - Autor: Saira Hussain - Fuente: El diario de Saira
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Saira Hussain
Saira Hussain

Bismillah ar-Rahman ar-Raheem
(En El Nombre de Allah, El Misericordioso, El Compasivo)

As-Salâmu ‘aleikum wa rahmatullâhi wa barakâtuh.

Mi nombre musulmán es Saira Hussain, y abracé el Islam el 29 de septiembre de 2005. A continuación quiero compartir en unas breves líneas algunas anotaciones sobre mi conversión al Islam (o mejor decir, sobre mi retorno al Islam, pues como dice el profeta (S.A.S.) : “el Islam es el estado natural del ser humano", y en especial, sobre cómo ese proceso de “regreso a mi naturaleza”, ha sido una asombrosa manifestación palpable de símiles y metáforas que me llevan a meditar sobre esa profunda poesía de Allah presente en cada instante de nuestras vidas y que marca nuestro destino, pero que sin embargo, no apreciamos.

Provengo de un país de mezclas y contrastes, y de exuberante riqueza. Ese país se llama Colombia. Alguien dice por ahí que Dios nos ha dado a los colombianos por país un paraíso. Y no es para menos. Se calcula, por ejemplo, que la biota de Colombia, excluida la marina, representa un 10% del total mundial distribuido así: 1754 especies de aves (19,4% del total mundial), aproximadamente 40000 plantas fanerógamas y 155 especies de quirópteros (17,22% del total mundial)1. Estos porcentajes le dan a Colombia una posición entre los 12 países con mayor biodiversidad del mundo, llamados países de la megadiversidad.

Pero a pesar de esa increíble riqueza que caracteriza mi país, hay en mi nación una profunda ausencia de valores. La historia de Colombia es una historia de éxodos, miedo, terror y pobreza. Datos espeluznantes de Amnistía Internacional (AI)2, nos informan que durante los últimos diez años en Colombia se han asesinado trescientas mil personas (alrededor de cien por día), treinta mil de las cuales por razones políticas (en promedio diez diarias), de las cuales tres perecen en combates entre la guerrilla y la fuerza pública, y siete en ejecuciones extrajudiciales o masacres. Además, cerca de un millón de personas han sido obligadas a desplazarse de su terruño (la mayoría viudas y niños huérfanos) dejando atrás sus ranchos quemados, sus seres queridos asesinados y cargando con su miseria a cuestas. Y por si fuera poco, dos mil quinientas personas han sido detenidas desaparecidas, miles han sido detenidas arbitrariamente y miles han sido torturadas.

Colombia, por lo tanto, es escenario de graves abusos contra los derechos humanos y el derecho internacional humanitario, por parte de las distintas facciones del conflicto armado que vive el país desde hace cuatro décadas. Y es que como dice el escritor colombiano William Ospina3: “(…) Colombia sigue siendo una sociedad llena de riquezas pero llena de exclusiones y de privilegios, que posterga siempre a sus ciudadanos, donde se gobierna siempre en función de unos cuantos caballeros de industria pero se espera que sólo el pueblo dé la vida por las instituciones, donde falta un orden de prioridades en el cual lo primero sea la educación y la dignificación de la comunidad, donde falta un esfuerzo de cohesión y de equilibrio social que permita aprovechar esas riquezas en función de su propia gente, donde se siente cada vez más dramáticamente la falta de una nueva dirigencia orgullosa y generosa que sepa inscribir a su país en el mundo sin servilismo y sin simulación, sin las postergaciones de la mentalidad colonial, conociendo el país y valorando sus singularidades y su indudable originalidad (…)”.

Ante este estado de cosas, que describe el tamaño del terror y de la impunidad que padece mi país, es fácil concluir que el derecho a la vida prácticamente no tiene valor alguno. Por ello, es cada vez más urgente promover cambios que desde la pluralidad, sean capaces de provocar las grandes transformaciones sociales que requiere el país.

Es en ese sentido por lo que considero, y a ello viene todo lo expuesto hasta ahora, que “Colombia es un país necesitado de Islam”, o mejor decir, “hambriento de Islam”.

En una sociedad deformada por la exclusión y la injusticia, en la que la violencia y el terror son el resultado de la intolerancia y la falta de diálogo cultural, el Islam tiene mucho que aportar a la paz de Colombia. Recordemos que Islam significa paz, pureza, aceptación, compromiso, y que su objetivo es predicar la paz y vivir en paz. Además, como bien nos dice Hammudah Abdalati en su libro “Luces sobre el Islam”4: “(…) El Islam es la religión de la paz: su significado es paz, uno de los nombres de Dios es paz, los saludos diarios de los musulmanes y los ángeles son de paz, el paraíso es la casa de la paz, el adjetivo “musulmán” significa pacífico. La paz es la naturaleza, el significado, el emblema y el objetivo del Islam (…)”.

Desgraciadamente, trabajar y luchar por el Islam en Colombia es estar dispuesto a tropezarse con una penosa carrera de obstáculos. En medio de las dinámicas del conflicto armado, la realidad de los musulmanes de Colombia, es otro tema significativo. Sakia Hassan Rada5, en un interesante artículo sobre los árabes – musulmanes de Colombia, señala cómo éstos no sólo son blanco de los estereotipos racistas y xenófobos sino víctimas directas de la violencia sociopolítica: “(…) A pesar de su persistente neutralidad frente al conflicto, los Árabes han sido víctimas de todos los actores armados. Tanto los grupos paramilitares como la insurgencia armada, han secuestrado a varios de sus miembros con el propósito de cobrar fuertes sumas de dinero. En ese contexto, no han sido pocos los que han muerto asesinados por sus captores, y ya se habla de algunos que fueron desaparecidos sin dejar ningún rastro. De otro lado, no sobra señalar que son cada vez más las familias Árabes que, ante las presiones de toda índole ejercidas por los actores armados, han tenido que dejar a Maicao y a La Guajira. Familias Árabes que otrora ostentaban buenos niveles económicos se encuentran en situación de desplazamiento en distintas ciudades del país y del exterior, en condiciones muy adversas y hasta precarias. Las continuas extorsiones y robos a los que los Árabes han estado sometidos desde hace algo más de dos años, llevó a que las empresas de muchos de ellos fueran a la quiebra total (…)”.

De la misma forma, los musulmanes colombianos son también a menudo objeto de sospecha y temores infundados, casi siempre relacionados con imaginarios perversos que sobre la religión son construidos a diario desde los medios de comunicación.

Es por eso que difundir el Islam en mi país y generar proyectos de convivencia fundamentados en la paz, el respeto y la educación en valores, es una necesidad de primer orden. Por otra parte, el tema del debate religioso entre formalidad y ética, tantas veces aplazado, la crisis actual de la iglesia católica en Colombia y el auge abrumador de las iglesias evangélicas en todo el país, nos están hablando de esa imperiosa necesidad que tiene la sociedad colombiana de encontrar, además de una guía espiritual, un código ético.

Tras mi testimonio de Fe, el Islam me ha convertido en una ciudadana más comprometida con su nación, pero sobretodo más solidaria y honesta con su propio proyecto de vida. Un aspecto muy curioso de haber dado este paso, es que dejé de ser una persona pasiva y en ocasiones indiferente. Comprendí que para cambiar algo, fuera de tener una firme convicción, es principalmente “pasar a la acción” y esforzarse por la causa de Al-lâh. Sabiamente el Mensajero de Al-lâh (S.A.S) dijo que: “El verdaderamente dotado de intelecto es aquel que reflexiona sobre sus acciones y obra para después de la muerte; y el incapaz es aquel que sigue a sus propios ape­titos y pretende la salva­guar­da de Al-lâh y obtener su perdón”.

“Somos extranjeros, pasajeros en esta vida”, como también nos recuerda un hadiz, y por eso es que como musulmanes debemos “aprovechar el tiempo” para practicar las acciones de bien de tal forma que podamos ser promotores del entendimiento y la justicia en medio de la diversidad. Además, como afirma Riffat Hassan6: “(…) el valor último de una persona no está determinado por el grupo al que pertenece, sino por el grado de conciencia que tiene o no de la existencia de Al-lâh (…)”.

Seguir el camino de la rectitud (con todas las renuncias que implica), así como el camino de la bondad, la hospitalidad, la amabilidad y los buenos modales, ha constituido para mi una verdadera revolución interior, pues fui consciente de que como colombiana – musulmana no podía seguir viviendo en la zozobra y resignación, al contrario, tenía que ser capaz de asumir una actitud de responsabilidad frente a mi entorno, permitiéndome ser consciente de mi fuerza y convirtiéndome -infortunadamente como muy pocos colombianos hacen en España- en vocera orgullosa de mi territorio.

Otro de los grandes descubrimientos que condicionaron mi shahada, es que el Islam es probablemente la única religión que cuenta con un código de conducta respecto al uso y tratamiento de los recursos naturales. El profeta (S.A.S), por ejemplo, dijo que: “hay una recompensa por cada morador al que hayan dado de beber (es decir, por tratar a cada animal vivo con amabilidad)”7 y prohibió expresamente “atar a los animales y usarlos como blanco”8. Sumado a lo anterior, también dijo: “Allah ha prescrito el ihsan (consideración o excelencia) para cada cosa. Por tanto cuando maten, maten con ihsan; y cuando sacrifiquen, sacrifiquen con ihsan. Asegúrense de que su cuchillo está afilado, y dejen que su animal muera cómodamente”9.

Estas prescripciones tan sorprendentes derivadas de la ley islámica, como también el hecho de “no desperdiciar agua” pues Al-lâh nos pedirá cuentas sobre ello en el día del juicio, fueron sin duda, elementos cruciales para mi decisión.

Y lo fue mucho más porque hace ya también varios años que vengo trabajando en la temática ambiental desde mi profesión. Soy periodista, pero particularmente siempre me han interesado los temas relacionados con el impacto de los procesos de participación pública en la resolución de conflictos ambientales, así como el papel de la opinión pública y el rol de los medios de comunicación en las políticas de desarrollo sostenible. De hecho, mis tesinas, tanto de licenciatura como de máster, han versado sobre estos temas.

Por otra parte, provengo de un hogar con una enorme sensibilidad ambiental. Mi padre es profesor de derecho ambiental, y mi madre ha realizado investigaciones sobre el derecho ambiental penal.

Es extraño, pero cuando pienso en estas cosas, es cuando me doy cuenta de las maravillas que Allah nos va haciendo descubrir a lo largo de este viaje de pruebas que es la vida en este mundo. Hay un hadiz que dice que cuando te haces musulmán, todos aquellos actos contrarios a la escala moral del Islam se borran. No obstante, yo pienso que de nada sirve que allah nos borre ese pasado de ignorancia, si a cambio no somos capaces de recapitular con sinceridad y arrepentimiento cada momento de nuestra historia personal. Ser musulmanes nos exige ser consecuentes con nuestros actos, ponernos en paz -así sea sólo en el nivel de las buenas intenciones- con nuestro pasado, y principalmente con el presente.

Si algo tiene el Islam es que en sí mismo es transformador y pionero, exige cambios, pero ante todo voluntades, y es en esa dirección que termina convirtiéndose en un proyecto de vida. No sólo nos refuerza el profundo significado que tiene la existencia cuando se soporta sobre el temor a Dios, sino que nos conduce a ser mejores seres humanos cada vez que nos esforzamos por sembrar amistad y no resentimiento, y vamos sustituyendo ese escenario de lo mundano por algo más respetuoso y más fecundo. Razón tiene la Sura 2: Al-Baqarah: 177, cuando nos dice:

“No es virtuoso

Girar vuestra cara

Hacia el Este o hacia el Oeste;

Pero es virtuosoCreer en Dios

En el Ultimo Juicio,

Y en los Ángeles

Y en el Libro

Y en los Mensajeros;

Gastar vuestros bienes,

Por amor hacia El,

Para vuestros huérfanos

Para el viajero,

Para aquellos que pidan

Y para el botín de los esclavos;

Ser constante en la oración;

Y practicar a menudo la caridad;

Respetar los contratos

Que habéis firmado;

Ser firme y paciente,

En el dolor (o el sufrimiento)

Y en la adversidad,

Y en todos los momentos de pánico.

Así son las personas

de verdad, las personas que temen a Dios”.

Repensar mi pasado después de aceptar la absoluta creencia en Al-lâh, también me ha llevado a darme cuenta de “la veracidad del Qadar (destino) en mi vida”. Por eso hablo al iniciar este comentario que lo que Dios ha manifestado en mi, a través de un lenguaje de beldad y sutileza, es la afirmación de que muchas de mis experiencias anteriores al Islam, fueron algo así como una antesala a lo que sería mi futuro. Experiencias tan entrañables como la relación de amistad que establecí con compañeros musulmanes (especialmente con una amiga de Azerbaiyán) durante la realización de mis estudios de especialización, la oportunidad de tener un profesor musulmán, palestino, con el que conocí la realidad de oriente próximo, la relación de amistad y estrechamiento cultural que viví luego con mis hermanos de Pakistán, y finalmente el haberme casado con un maravilloso hombre paquistaní, todo ello ha sido sin duda un preludio de mi devenir actual.

Al-lâh ha puesto en mi vida cada experiencia en el lugar exacto, pero al hacerlo, depositó en mi corazón una curiosidad, una luz que me permitió ir más allá de un simple acercamiento informativo. Comprobar por mí misma cómo las abluciones y los cambios alimenticios mejoraron mi salud (incluso antes de ser musulmana), el cómo la lectura del Corán mejoraba mi bienestar físico, mental y espiritual, fueron constataciones reales de la existencia de Al-lâh y del maravilloso plan que tiene para todos los seres humanos.

Y es por ello que me atrevería a decir que el Islam tiene de por sí un néctar propio, una ambrosía que al saborearse, cautiva y aficiona. No puedo nombrar aquí cuántos textos llegaron a mis manos cuando comencé a interesarme no sólo por la religión sino por la cultura islámica (recuerdo que no paraba de buscar información en bibliotecas, Internet y librerías)10.

Pero volviendo al tema, esta sustancia de la cual se compone el conocimiento de Dios y la creencia en El, contiene tres elementos claves que son al mismo tiempo un todo: suavidad, ternura y amor.

Debido a que se sustenta en la paz, el Islam es delicado y apacible como una caricia, debido a que cree en la unidad de la humanidad, es dócil y cariñoso (nunca antes una hermandad había celebrado y me había felicitado tanto por pertenecer a algo11) y debido a que su lema es la piedad y el ser bondadoso, da y recibe amor.

En conclusión, el Islam es “miel para el alma y para el cuerpo”. Dijo el Mensajero de Al-lâh (S.A.S): “Realmente Al-lâh no mira ni vuestro cuerpo ni vuestra imagen sino que mira vuestros corazones”. Por eso, sentirse musulmán es experimentar la dulzura de que Dios efectivamente observa nuestro corazón y lo sabe todo de nosotros.

Una de mis experiencias más curiosas antes de entrar en el Islam, fue la degustación de los dátiles. Y la verdad es que tienen mucha importancia en mi vida, no sólo porque en mi país no existen (fue un fruto que vine a descubrir viviendo en España) sino porque gracias a ellos, fuera de que me permití conocer el Islam con mayor claridad, también fueron el motivo por el cual me enamoré.

Yo asistía, por invitación de una amiga, a una congregación de la organización religioso - japonesa “Sukyo Mahikari”12, y fue para ese entonces cuando entablé relación con mi esposo.

Mi marido es comerciante, y solía tener para la venta (aun ahora) dátiles de Túnez. Yo me convertí en una fiel consumidora de dátiles, podía comer tantos que hasta mi esposo y amigos se sorprendían de la increíble fascinación que sentía hacia ellos, y así fue como sin quererlo, comprando dátiles en su tienda, él y yo nos fuimos conociendo y estableciendo una bella amistad que me llevó a aceptar el Islam mucho antes de casarme.

A medida que conocía más de los dátiles, más aprendía, sin percatarlo, del Islam y de la esplendorosa cultura islámica.

Una cosa, llevaba a la otra. Mi esposo me solía explicar que los dátiles eran el alimento favorito del Profeta Muhammed , quien continuamente elogiaba las palmeras13, y yo entre más escuchaba, recurría a libros sobre la vida del mensajero y la revelación.

Poco a poco me fui dando cuenta de la importancia que podía tener el Islam en mi vida, al punto que dejé de asistir a las reuniones de la congregación japonesa, en donde se adoraban a diferentes dioses. De esta manera, descubrir los dátiles fue todo un deslumbramiento sobre lo que era y representaba el Islam, fue la puerta en realidad, pero también la salida a la idolatría en la que estaba cayendo por simple curiosidad cultural e intelectual.

Mediante los dátiles, me parecía estar contemplando una verdadera maravilla de la creación de Al-lâh14. Por todos es sabido que los dátiles son un alimento energético que aporta calorías a los músculos y el cerebro. Contiene propiedades medicinales que ayudan a contrarrestar los problemas de anemia, bronquitis y anginas. Por si eso fuera poco, de la palmera datilera no solamente se aprovecha el fruto, su madera es utilizada en las construcciones y las yemas de las plantas son también comestibles. Con la sabia se realiza una bebida y con los dátiles se produce sirope y vinagre. Además, las semillas se muelen para alimentar a los camellos y la fibra es utilizada para la fabricación de cuerdas. En fin, que son un prodigio de la majestuosidad de Al-lâh.

El Islam en mi vida es pues realmente algo muy dulce como ya lo he venido planteando. Dulzura por los dátiles, dulzura por el amor de mi esposo que también encontré gracias a ellos, dulzura porque a través de mis hermanos paquistaníes he podido darme cuenta de ese amor que sólo sabe dar Asia, y que desgraciadamente en Occidente ya hemos perdido (me refiero al amor fraternal, al respeto, a la solidaridad) y dulzura de Fe.

Dice el Mensajero de Allah (que las bendiciones de Allah y la paz sean con él): “Quien obtenga tres cualidades encontrará la dulzura de la Fe: Quien ame a un hombre y le ame sólo por la causa de Allah; quien ama sobre todas las cosas a Allah y su Profeta, y quien aborrece volver a la incredulidad...”.

Qué acertadas palabras las de nuestro profeta para definir las virtudes que deben caracterizar a todo creyente en su camino hacia esa afabilidad que expresa, denota y conlleva la creencia en Allah. Y es que precisamente por esa razón, la “dulzura de la Fe” se “encuentra”, porque primero, es una condición que se alcanza a través de los actos de adoración y de la renuncia a lo ilícito, segundo, es un estado que se experimenta al entrar en contacto con la verdad divina y la guía profética, y tercero, porque es un descubrimiento personal, y sobretodo interior, que a la vez afirma y demuestra cómo ese dulzor es un sentir espontáneo exento de todo precepto y afectación, cuya raíz se halla en el corazón humano. No por nada Hammudah Abdalati, señala que15: “(…) La Fe en el Islam es un estado de felicidad, que se adquiere en virtud de actitudes positivas y concepciones constructivas, así como de medidas dinámicas y efectivas (…)”.

Por estas razones, la “dulzura de la Fe” es como dar con un tesoro precioso, pero no con ese tipo de tesoro valioso que se oculta y que alguien encuentra por casualidad, sino con un tipo de tesoro que se reserva para aquellos que combinan de manera puntual la creencia y la práctica. De ahí que expresiones como el asombro, la alegría, la fortaleza y la gracia, sean manifestaciones de esa mágica sensación que se nos revela mediante la Fe acrecentada, firme y perseverante.

Hermanos, invito a todos a degustar esa dulzura de la Fe, a experimentar por sí mismos el lenguaje de amor que se esconde en cada situación de nuestras vidas y en permitir que Al-lâh obre en nuestros corazones con libertad y sin miedos. Son múltiples las razones por las cuales nos hacemos musulmanes, pero lo más valioso de la experiencia, a mi modo de ver, es apreciar que si la luz de Dios se fija en nosotros, no habrá nada ni nadie que puedan impedirnos celebrar este gozo de ser cobijados por la misericordia de Dios y de ganarnos el auténtico saber de la verdad.

Al-lâh es indulgentísimo. InshaAllah alcancemos el perdón, y sigamos sumando esfuerzos hacia la construcción de un mundo más justo y más humano (con independencia del tiempo, lugar, raza y edad), y teniendo presente el puesto, y por lo tanto la responsabilidad, que nos corresponde dentro de la creación.

as-Salâmu ‘aleikum!

… con profundo amor: Saira Hussain.

Notas
1 Más información en: http://www.humboldt.org.co/humboldt/mostrarpagina.php
2 Respecto al tema de los derechos humanos en Colombia, recomiendo consultar la página Web de Amnistía Internacional: http://www.amnistiainternacional.org/
3 Es actualmente uno de los intelectuales más prestigiosos de mi país. La cita que he utilizado, corresponde a uno de los apartes del ensayo titulado: “Lo que está en juego en Colombia”, publicado en la edición No. 30 de la Revista Número (de circulación nacional).
4 Estupendo libro de consulta sobre las premisas básicas del Islam tanto para musulmanes como para no musulmanes, y ampliamente difundido en todas las mezquitas españolas.
5 Ver la edición electrónica de la revista “Verde Islam” (número 277) del 4 de enero de 2005, publicada en la página Web: http://www.webislam.com
6 Recomiendo leer su artículo: ¿Qué significa ser musulmán hoy en día? publicado el 27/12/2005 en http://www.webislam.com/?idt=3501
7 Imam Malik, Muwatta.
8 Muslim.
9 Muslim.
10 Un aspecto interesante de la shahada, tanto antes como después, es que debes hacer un esfuerzo autodidacta de acercamiento y comprensión. Está claro que no es suficiente quedarte con la información que te suministran en las mezquitas, debes leer mucho y asociarte con otros hermanos que llevan más tiempo en el Islam, o que se encuentran en ese mismo proceso de aproximación.
11 Un muy lindo recuerdo de mi conversión, es que al no saber urdu y estar casada con un paquistaní, repetir una y otra vez: “lla ilaha illa lah muhammad du Rasûlul-lâh”, era la única forma de comunicarme con mis suegros.
12 Mahikari es una organización religiosa fundada en 1959 en Japón por Yoshikazu Okada, conocido como Kotama Okada y posteriormente como Sukuinushisama. La práctica de Mahikari se basa en la transmisión de la energía del universo (Luz Divina) a través de las manos gracias a una medalla sagrada que todos los miembros llevan en el cuello llamado Omitama. Mediante la energía que transmiten, sostienen que es posible purificar todo lo que los rodea y a ellos mismos. Para mayor información al respecto, consultar: http://es.wikipedia.org/wiki/Mahikari ó http://www.thesukyomahikari.com/
13 En un hadiz se nos dice también que: “El catre sobre el que el Profeta dormía estaba hecho de cuero rellenado con fibra de hojas de dátiles".
14 En una noticia difundida por la Agencia EFE, se afirma que Expertos del Servicio de Investigación Agrícola de EEUU (ARS, en sus siglas inglesas) y de la Universidad de California han descubierto altos niveles de antioxidantes en los dátiles (compuestos fenólicos) a los que se les atribuye capacidad para proteger el mecanismo celular.
15 Capítulo 2: “Los Conceptos Básicos del Islam”. Ver página 31 del libro “Luces sobre el Islam”.

 

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