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El Amor (en el sufismo)

Era un tesoro oculto y quise ser conocido; por eso creé la creación

13/06/2008 - Autor: Sheikh Muzaffer Ozak al Yerrahi al Halveti - Fuente: Asociación de Sufismo para Latinoamérica
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Danza derviche.
Danza derviche.

Nota preliminar

El sufismo es el corazón del Islam, su aspecto central y más profundo Tiene mil doscientos años de una tradición iniciática sin interrupciones, y su psicología contiene la sabiduría de siglos de práctica espiritual.

El Sheik Muzafer Ozak (1916 – 1985) , como maestro de la Orden Halveti al-Yerrahi, viajó continuamente por Estados Unidos y Europa impartiendo sus enseñanzas. Las siguientes son sus palabras, recogidas por sus discípulos, que transmiten la genuina visión del amor en el sufismo.

“Era un tesoro oculto y quise ser conocido; por eso creé la creación.”

Hadith Qudsi
 

 

El amor es la base de la creación del universo entero, de todos los seres y criaturas. Todo tiene como base y fundamento el amor. El amor es la médula de todos los mundos, visibles o invisibles, conocidos o desconocidos, el amor es el secreto de la creación. Esta verdad se presenta llanamente en la Sagrada Tradición antes mencionada. Por eso humildemente deseo comenzar con el amor.

Amor significa amar y amarse mutuamente, en turco se le da el nombre de muhabbet, palabra derivada de la raíz árabe hubb que alude a la inclinación del alma hacia algo material o espiritual en lo cual encuentra placer y deleite; sus varias manifestaciones se reducen a tres tipos principales:

1. La persona se encariña tanto con lo que ama y siente tal intenso afecto por ello, que llega a serle tan necesario como el aire, el agua o el alimento hasta tal punto que no puede vivir sin el ser que ama. Así como no se puede sobrevivir sin respirar, sin tomar agua y alimento, el que se enamora no puede vivir sin ver el objeto de su amor, estar con él y aspirar su perfume. Su vida depende del ser amado y sólo sobrevive a causa de su amor.

En realidad, en tal caso es por nosotros mismos que sentimos afecto, es a nosotros mismos a quienes amamos. Como vemos nuestros propios atributos y características en la persona amada llegamos a sentir amor por ella. Este amor es esencialmente el amor a los propios atributos y características.

2. Una persona busca al ser que supuestamente ama sólo cuandonecesita algo de él. . Esta clase de afecto sólo puede compararse al la forma en que se busca el retrete para descargarse de una necesidad; una vez que ésta se ha satisfecho, se sigue adelante hasta que una nueva urgencia se presenta. Tal afecto es obviamente inaceptable como afecto a la luz de la razón y la lógica, ya que no es el amor, sino el interés lo que constituye el factor principal, y el objetivo es la satisfacción de una necesidad y la obtención de un beneficio bajo la apariencia del amor. De ahí que no puede dársele el nombre de amor; acaso pueda explicarse como afecto en aras del provecho personal.

3. En cuanto al tercer y último tipo de afecto, consiste en evitar al amante como quien huye de una enfermedad infecciosa. Cuando el amante desea acercarse al sujeto de su amor, el amado huye de él como un mal contagioso, y trata de alejarse lo más pronto posible.

Ya sea abiertamente o en forma velada, estos tres tipos de afectos conllevan beneficios mundanos, belleza, rango y situación social, juventud, salud, vida y riqueza. Aunque parezca que se ama al amigo, realmente se ama los beneficios que se obtienen de él.

Tomemos como ejemplo el primer tipo de afecto material: el sentimiento descrito, aparentemente ideal, es la culminación del afecto material llevado a la perfección. Como hemos dicho, para alguien que ama en esta forma no es posible vivir sin el objeto de su amor, como tampoco puede vivir sin el aire, el agua y el alimento. En cuanto al que es amado con esta clase de amor, su belleza y su juventud es lo que atrae hacia él el amor y el afecto. Porque en esta clase de amor, no se trata de el prestigio o la riqueza, que se relacionan particularmente con el amor del segundo tipo.

Ahora bien, yo pregunto:

¿Podremos amar a esa persona, sin la cual no podemos vivir, con el mismo amor cuando él o ella hayan envejecido y su belleza se haya tornado en fealdad? La juventud, la belleza, la vida misma son cosas que nadie conserva para siempre, ¿podremos sentir el mismo amor cuando la persona a quien amamos en salud y lozanía cae enferma? ¿Cuando nuestro ser amado muere, podremos seguirle amando como en vida?

Sólo hay una respuesta a esta pregunta: ¡No!

En otras palabras, el amor y el afecto materiales se basan únicamente en ventajas particulares; cuando esas ventajas desaparecen, el amor y el afecto se desvanecen.
¿Y bien? Entonces lo esencial es descubrir el afecto y el amor verdaderos.

El amor verdadero

El amor que desea Dios, Alabado sea, es el amor que nunca cesa por ninguna causa o razón y que se sustenta a sí mismo sin consideraciones de recompensa o beneficio. Este sentimiento se designa con las palabras árabes hubb fi-allah, amor por el amor a Dios. Quien ama por el amor a Dios continúa amando aún cuando la belleza se convierta en fealdad, la juventud en vejez, la salud en enfermedad, y la vida en muerte. Porque este amor es amor por el amor a Dios. El amado que es amado por el amor a Dios es siempre bienamado. Es soberano del amor entronizado en el corazón. Esta clase de amor es un regalo de Dios. El ama a Sus siervos y provoca en ellos el amor; El hace que ellos sientan el amor. En ocasiones Dios ama a Sus siervos, pero oculta su amor a los demás, y no siempre permite que estos amen a quien El ama. Dios puede hacer que su siervo sea querido y respetado por todos, pero a veces deja que sea apelado. Cuando en el medio de los golpes le escucha decir, “Dios mío, Dios mío”, El dice “Mi siervo se acuerda de mí y busca refugio en mí”. Entre sus siervos predilectos, ¿acaso no permitió que Zacarías, la paz sea con él, fuera descuartizado con una sierra? ¿No permitió que Juan, la paz sea con él, fuera cortado en pedazos? ¿No dejó que Noé, la paz le acompañe, fuera azotado? ¿No permitió también que Abraham, la paz sea con él, se consumiera en el fuego? ¿Y que José, bendito sea, fuera arrojado a un pozo y vendido por sus hermanos como esclavo? ¿No hizo igualmente, posible que quisieran crucificar a Jesús, la paz sea con él? ¿No permitió Dios también que María fuera calumniada, y que Moisés, la paz sea con él, fuera separado de su madre y arrojado al río Nilo? ¿No dejó que destrozaran un diente al bendito Profeta Muhammed (la paz y las bendiciones de Dios sean con él)? ¿No hizo mártir de la sed al imán Hussein junto con sus setenta y dos amigos? ¿No atrajo Dios hacia Sí al Imán Hasan, concediéndole el regalo de la unión con El tras morir envenenado? ¿Y cuántos amigos y amantes de Dios perecieron encadenados, cortadas las inocentes cabezas de unos, ahogados o quemados los otros? En efecto, en ocasiones, así es como se muestra y manifiesta el amor.

Muestra el fuego de la Belleza, el piadoso hipócrita,
para adorar la Verdad basta una ruina.
El amado, gacela de ojos aterciopelados,
acabó con el amor que yo tenía por mí mismo.
Aprieta la cadena del amor, en mi locura no me dejes huir.

El amor a Dios sólo es posible por medio de la obediencia al objeto del amor, al no desear nada más que ser Su esclavo y cumplir Sus mandatos con fervor, llevando a cabo las obligaciones de Su servicio. En otros términos, este amor se logra dejándose caer como una gota de agua en el océano. Significa saber que venimos de Dios, reconocer que estamos con Dios, que estaremos con El eternamente, sin olvidar nunca que somos Sus siervos, agradeciendo de palabra y obra todas las bendiciones espirituales y materiales que El graciosamente nos confiere, concientes de nuestra impotencia y nulidad.

Cuando las cualidades y atributos que ocasionan el amor material cesan de existir, el amor mismo desaparece. Pero el amor espiritual es duradero e inacabable.
Si observamos cuidadosamente la historia humana obtendremos de ella una gran lección. Veremos cómo el afecto material se ha extinguido, olvidado, acumulando polvo en las páginas decoloradas de los libros en el mejor de los casos recordado como tema de novelas y cuentos. En cambio ¡cuantos amigos y amantes de Moisés, Jesús y el amado Profeta Muhammed (la paz y las bendiciones de Dios sean con ellos), se encuentran hoy en el mundo¡ deseosos y dispuestos a sacrificar todo por ellos, estarán allí hasta el fin de los tiempos. En nuestros días, considerados por muchos como la época del materialismo, hay millones de seres que con su amor y devoción a Dios, Alabado Sea, suspiran a Sus Mensajeros y se estremecen día y noche, derramando lágrimas de fervor reverente.

En cambio ¿acaso encontramos hoy a alguien que llore por Antonio y Cleopatra?
En todo caso, el amor y el afecto, ya sean materiales o espirituales, son sagrados. Hemos pretendido explicar que el amor espiritual es inmensamente superior al amor material, pues existe una diferencia fundamental entre los dos. El amor material tiene motivos ulteriores. Pero el amor espiritual es por amor a Dios y por eso decimos que es amor por amor a Dios. El que ama a Dios, Alabado Sea, debe estar preparado y dispuesto para toda clase de desventuras. En realidad, lo que aparece como desgracia es una gran bendición. Los amantes de Dios se afligen y lamentan cuando no los alcanzan las penas. Para ellos la desdicha es pura alegría.

No debemos olvidar que los más severos sufrimientos han estado reservado a los Profetas, a los santos que son sus herederos y a los de rango similar en la presencia de Dios. Si alguno dice amar a Dios, Alabado Sea, pero en la desgracia se queja de su Señor y reniega de su infortunio, miente al decir que ama a Dios. ¿No habéis leído o escuchado que el Profeta Job no exteriorizó una sola queja por todas las miserias que le acontecieron, tanto en su propiedad como en sus hijos, y jamás lamentó su suerte? Como recompensa, Dios, Señor de la Majestad y la Perfección, le confirió el título de Siervo de la Penitencia. En medio de todas las pruebas, el Santo Job buscaba refugio en la Majestad de Dios en Su belleza: es decir, se amparaba de Dios en Dios, propiciando la Misericordia Divina con esta oración:

“¡Oh, Señor! Me ha acaecido una desgracia. ¡Tú eres el Más Misericordioso de los Misericordiosos!”

Si uno es sincero en su amor a su bienamado, habrá de obedecerle. La característica del amor del amor sincero es no ofender al amado. El signo del amor es no quejarse del amado con nadie, tolerar sus caprichos, y llevar a cabo amorosamente todo lo que pida. Esto es, ni más ni menos, lo que hizo el Profeta Job. Con ninguno fue a quejarse de su Señor. Buscó refugio de Su Majestad con la Belleza infinita de Dios: buscó amparo de Dios en Dios. ¿Pues dónde más podría uno refugiarse? Buscar amparo de Dios con Dios es no quejarse de Dios, Alabado Sea. Es más bien mostrarle a los seres humanos cuál es el verdadero lugar de refugio. El que clama sinceramente amar a Dios, nunca le desobedece y se niega a ofenderle, El amante obedece amorosamente al amado. La verdadera prueba de su sincero afecto se demuestra al seguir al amado, al obedecerle y al poner esmero en evitar las cosas que el amado desprecia o le causan disgustos. Los que reúnen estas condiciones han desplegado, proclamando y comprobando su amor. Este amor sí es genuino. Cualquiera que no pueda tolerar los caprichos de su amado o sus crueldades, y que muestre pereza o descuido en servirlo, no podrá ser jamás un amante verdaderamente afectuoso.

En una ocasión el Sheik Shibli, santificada sea su alma, se vio arrebatado en un estado místico, y fue por ello encerrado en un asilo de lunáticos. Imaginando que lo amaban, muchos fueron a visitarlo ahí.

“¿Quiénes sois?”, preguntó el Sheikh Shibli
“Somos algunos de los que te aman”, replicaron.

Entonces Shibli comenzó a juntar piedras para arrojárselas a sus visitantes, con lo cual comenzaron a dispersarse diciendo, “¡Ay, el venerable Sheikh en verdad se ha vuelto loco!”

Cuando se iban los llamó: “Me pareció oír que decían que me amaban. Ni siquiera pueden aguantar que les lance una piedra sin huir de mí; ¿qué ha sido del amor que sentían por mí? Si realmente me amaran, habrían tolerado esta pequeña excentricidad mía y sufrido con paciencia cualquier molestia que les causara”.

Con esto nos da una gran lección sobre el amor, iluminándonos acerca del afecto verdadero. Los expertos en amor beben el vino del amor en la copa del amor; para ellos este mundo, tan ancho como es, se vuelve estrecho. Aman a Dios, Alabado Sea, con amor perfecto y completo.

Realmente temen a Dios y retroceden ante Su Grandeza y Majestad. Viven maravillados y anonadados ante Su poder creativo. Consideran Sus órdenes como un gran favor que El les hace y que los corona de éxito. Aquellos que beben el vino del amor de Su Mano Poderosa y de la copa del amor, se regocijan con El en el mar de la amistad íntima de Dios. Por medio de sus plegarias y súplicas gozan de su compañía. Tal es ese estado de contento, placer y delicia, que para ellos el día y la noche, lo blanco y lo negro, el mundo y su contenido, los títulos, posiciones y dignidad sociales dejan de existir y quedan aniquilados en Dios. Y quienes son aniquilados en Dios, vivirán eternamente. Es una certeza absoluta.

El amor a Dios

¿Es acaso posible imaginar a alguien en este mundo que, enamorado de lo Divino no se intoxique con su amor? La bendición del amor es tan grande que quien la posee puede perderse en las arenas ardientes del desierto y el fuego del amor hará que no sienta el calor. Si el amante cayera al fuego, el calor de su amor extinguiría ese fuego. El fuego del amor derrite los glaciares y los polos.

Si cargara en sus espaldas peñas y montañas, el fuego del amor eliminaría el peso. El amor nos hace olvidar la sed y el hambre y nos sostiene en el camino. A cada criatura le corresponde una cierta porción de amor. Hasta los animales cuando se enamoran son capaces de andar durante días sin comer ni beber. Hasta los pobres camellos, cuando el amor se les sube a la cabeza, no prueban alimento en cuarenta días. En ese estado se les puede hacer llevar varias veces el peso de su carga habitual. Su inclinación y deseo por la amada los vuelve inmunes a cualquier tipo de pena o tormento, hasta el grado de que no se percatan de que existe.

Hablando con franqueza:

Quien ama a Dios Todopoderoso tiene que sacrificarse por su amor. Tal es el símbolo del amor. Así sea el infierno, el amante verdadero prefiere aún más que al cielo mismo el lugar a donde lo invita el amado. Si lo invita a la muerte, la muerte le parecerá más dulce que la propia vida.

Cuando Ibrahim (que la paz de Dios sea con él) fue interrogado acerca de la naturaleza y significado del amor a Dios, respondió lo siguiente:

"Consiste en expulsar y borrar del corazón todo lo que desagrada a Dios, Señor de la Majestad y la Perfección, quemar hasta las cenizas todas las características , atributos y deseos negativos, que se aparten de lo que manda el Verdadero Amado, depurar el yo en el océano del conocimiento espiritual e iluminarlo con el esplendor del amor".

Hemos dicho que el sentimiento del amor es la condición resultante de la inclinación del corazón hacia todo lo que complace y encanta nuestra naturaleza.
Cuando esta condición se instala en el corazón y crece en intensidad, se conoce como el Poder Soberano del Amor. En ese punto el amante sacrifica por el amado la lógica y el interés, obedeciéndole en completa sumisión, y está dispuesto a dar todo lo que tiene por el bien del ser amado. La regla según la cual todo lo que el amante posee es para el rescate del amado, alcanza su más alto cumplimiento en esta etapa del amor. El que no acepte dar la vida por su amor, no puede adjudicarse el título de amante. En el ilustre Sura Yusuf del Noble Corán definido por Dios como "la mejor de las historias", se nos revela el episodio de la esposa de Putifar de Egipto, de fabulosa belleza, que por su amor a José, la paz sea con él, "rompió la botella de la vergüenza y la modestia" y sacrificó sus propiedades, su honor, su buen nombre y todas sus riquezas cuyo valor ascendía a setenta camellos cargados de oro, plata, diamantes y perlas, rubíes y esmeraldas, sus palacios y su poder. La historia relata cómo llovían las joyas sobre la persona que le llevara noticias de José o le dijera, "Vi a José".

Su amor a José era tan grande que dio y repartió hasta quedarse sin nada. Lo llamaba por su nombre sin cesar. Lo veía en las estrellas del cielo, e imaginaba su nombre inscrito sobre el sol y la luna.

Y realmente así es. El amante ve en todo al amado; hacia donde dirija la mirada, verá el nombre y la forma del amado, y no vacilará en sacrificarlo todo por su causa.

Zulayka estaba, en realidad, enamorada de Dios, Alabado Sea. La verdad Divina se había manifestado en ella a través de José, bendito sea. En esencia, todos los amores se relacionan y se refieren al Verdadero Amado. No obstante, sus manifestaciones son diversas. El amante atestigua la manifestación del amado. Por eso el sabio no se limita al amor metafórico sino que tarde o temprano alcanza al Verdadero Amado. El amante ve en su amado al Verdadero Amado. El ser a quien amamos es un velo sobre el Verdadero Amado; cuando el velo se rasga, aparece el Verdadero Amado.

De esta manera Zulayka lo sacrificó todo por el amor de José. Más tarde su belleza y juventud le fueron restituidas por Decreto Divino, y finalmente pudo unirse a José, quien la había honrado fielmente desde que la viera por primera vez. Sin embargo, una vez casada con José, la paz lo acompañe, le dio por huir de él. Se retiraba a lugares apartados para adorar a Dios en la soledad. Cuando José la llamaba a la cama, ella le prometía que iría al día siguiente, si era de noche, o al anochecer si era de día. José le decía: "¿Por qué te alejas de mí ahora que eres mi esposa legítima? En otros tiempos solía huir de tí cuando me llamabas a compartir tu lecho, porque no me eras lícita. Me rehusaba a aceptar tus favores por temor a desobedecer a Dios. Pero ahora que al fin eres mi esposa, ¿por qué huyes de tu legítimo esposo?"

A lo que Zulayka replicaba: "¡Oh Noble José, te amaba antes de conocer a Dios! Pero ahora, ya no es a ti a quién amo. Me parece que tú eras sólo un velo que me ocultaba el rostro de Aquél a quien en verdad amo. A1 rasgarse el velo, he descubierto a mi Señor. Desde que encontré a Dios, Alabado Sea, y le conocí, Su amor me conquistó. Ha expulsado de mi corazón todos los otros amores. Su amor exige ser el único, y nada más que Su amor me intoxica".

Del mismo modo ocurre en la historia de Majnum. Cuando le preguntaban a Majnum cuál era su nombre, sin pensar respondía, "Layla". Cuando preguntaron a Majnún donde vivía Layla, desgarrándose el pecho les mostró su corazón en ruinas. Cuando Layla murió le dijeron: "Layla ha muerto". Pero Majnum respondió :"¡No! ¡Layla no ha muerto! Vive en mi corazón. ¡Ved, yo soy Layla!" .Un día Majnum visitó el pueblo en donde había vivido Layla. Al llegar frente a su casa, alzó los ojos al cielo. "No mires al cielo, le decían, observa las paredes de su casa, y quizás veas la forma de Layla reflejada en ellas". Pero él les contestó:

A Majnún preguntaron por Layla.

Y Layla se había ido, aunque aún pronunciaban su nombre.

A mi corazón ha llegado una nueva Layla.
Vete Layla, que a Dios he encontrado.
Quien ve a su Señor, deja de ver a Layla,
Quien ve lo grande, ya no mira a la gente,
Quien ve la luna, ya no mira la estrella;
Vete Layla, que a Dios he encontrado.
Majnún vino ala Caaba lleno de añoranza,
Una vez en el círculo lo sacuden gemidos;
Majnún encontró a Dios cuando nombraba a Layla;
Vete Layla, que a Dios he encontrado.
A Majnún lo servían los esclavos mejores;
Ahora las aves anidan su cabeza,
La montaña y el valle se han vuelto su reposo.
Vete Layla, que a Dios he encontrado.
Pájaros enormes han hecho su nido en mi cabeza.
Cuando me acuesto a dormir con Dios sueño.
Aléjate Layla, no estorbes mi camino.
Vete Layla, que a Dios he encontrado.
A Dios sueño si llego dormido.
A un lado, Layla, déjame pasar,
ábreme el camino, olvídame ya.
Layla se fue, y a mi Señor hallé.

¡Si! Por medio de "Layla" se alcanza a Dios. Del ídolo pasamos a lo duradero. De pensar que Dios comparte Su Divinidad con algún otro, pasamos a reconocer Su Perfecta Unidad. El amor metafórico nos lleva al amor Real. El amor es absolutamente necesario para el ser humano. El amor, ya sea metafórico o Real es un atributo propio de la humanidad. El que esté privado de amor, no será distinto de un asno. Al término de la construcción de la noble mezquita Beyazid, en Estambul, se llevó a cabo la ceremonia de inauguración. De entre todos los eruditos de aquel tiempo, hombres distinguidos en el campo de las ciencias prácticas y espirituales, el Sultán Beyazid Khan II se dignó asignar para dirigir la ceremonia, al venerable Jamledin, uno de los sheikhs Halveti. El venerable sheikh subió al púlpito para llevar a cabo la sagrada obligación. Los jefes militares y civiles encabezados por el Sultán y el Gran Visir, los principales sabios de la época y una vasta congregación poblaban la mezquita. El venerable Jamaledin Halveti estaba a punto de comenzar su discurso, cuando uno de los presentes se levantó y exclamó:
"¡Oh reverendo sheikh! Vine aquí con la intención de participar en esta piadosa reunión, pero en la multitud he perdido mi asno. Ya que la congregación se encuentra reunida para escuchar tus sabias palabras, desearía preguntar a los presentes si no han visto por allí un asno sin dueño, cuyas características detallaré."

El venerable sheikh sonrió con gentileza y replicó:

"Hermano, por el amor de Dios, ten paciencia y si Dios quiere, encontrarás a tu asno".

Luego agregó, dirigiéndose a la reunión:

"¡Hermanos! ¿Hay entre vosotros alguno que no sepa lo que es el amor, alguien qué jamás haya amado nada en la vida?"

Uno se levantó y dijo:

"¡Oh Sheikh! Yo no sé lo que es el amor; hasta el presente no he amado nada; nunca he sido capaz de amar."

Cuando otros dos se unieron al primero que no sabía lo que era el amor y que decía no haber amado nunca, el venerable Jamaledin Halveti se dirigió al hombre que había perdido su asno:

"Dices que has perdido un asno: mira, aquí te he encontrado estos tres. La única diferencia es que el que se te perdió era cuadrúpedo, y éstos andan en dos pies."

Dicho esto, prosiguió su sermón.

Que el corazón de los fieles quede absuelto y aliviado de su carga con la afirmación del Amor Divino, y el amor del Mensajero de Dios, y que sean iluminados con la luz de la fe. Más hay algo que no debemos olvidar: para aquellos que consideran que el amor es un mero producto del deseo y los instintos animales, quiero advertirles que si así fuera, el asno ocuparía el lugar más alto. El amor no debe confundirse nunca con la lujuria.

Hemos dicho que al afecto intenso se le da el nombre de amor. Siempre y cuando este afecto sea ternura, gusto y extinción de sí mismo en la persona amada en su forma extrema, este amor es un tipo de locura. Al que padece la enfermedad del amor, se le da el nombre de amante.

Hay dos categorías de amantes: 1) el amante que sufre de amor metafórico y 2) el enamorado del Amor Real.

El afligido de Amor Real es llamado Amante de Dios. Estos son los amantes de Alí Alabado y Glorificado sea. Este grupo está formado por los ángeles, los Mensajeros de Dios Todopoderoso, y los santos que son sus herederos. Los mejores entre la comunidad también son candidatos a este grupo.

El amor metafórico se da cuando un hombre siente amor profundo por una mujer, al grado de perderse en su amada. Sin embargo, el amor metafórico lleva al Amor Real. Mientras exclamaba "Layla, Layla", Majnum experimentó la unión con Dios. Como hemos intentado explicar anteriormente, los que se quedan con Layla y no encuentran a Dios, son dignos de compasión. Pues significa que Layla es un velo que les oculta a Dios, y en este sentido se convierte en su desgracia.

El verdadero nombre de Majnum en la leyenda era Qays. Se le dio el nombre de Majnum, debido a su amor por Layla. Su amor era tal, que cuando visitaba el pueblo nativo de su amada, besaba los ojos y las patas de los perros diciendo a quienes intentaban detenerlo:

"¡Déjenme en paz! Estos ojos han visto a Layla. Estos pies han andado por donde Layla pisó. Los ojos que la han contemplado, y las patas que han tocado sus huellas son sagrados para mí y dignos de ser besados." Algunos le decían: "¡Layla es una mujer sin gracia, flacucha y morena! Te buscaremos una más bonita, de aterciopelados ojos de gacela y esbelta". Pero él respondía: "Si vieran a mi Layla como yo la veo, no me harían ese ofrecimiento".

Majnum significa "loco". El apodo de Qays era Majnum o el loco por su Layla. Para un amante auténtico es correcto amar en esa forma. La pasión del amor se manifiesta de acuerdo al modo de ser y el carácter de cada persona. Hay quienes son humanos de forma, y meramente animales de carácter; en ellos el amor toma la apariencia del deseo. Los que están así regidos por el instinto animal, abandonarán al ser amado tan pronto como hayan satisfecho sus deseos. Una vez que alcanzan su objeto, las pasiones se aquietan. Esto no es amor sino lujuria, avidez, apetito. Tales individuos son capaces de matar sin escrúpulos al ser que supuestamente aman. Testimonio de ello son los numerosos encabezados de los diarios en todas partes del mundo sobre crímenes pasionales. En esos casos la lujuria juega la mascarada del amor. El amor dentro de la institución de la familia, entre marido y mujer, no es producto de los deseos sensuales únicamente. Es algo divino y sagrado, que trasciende con mucho el instinto animal. Por lo tanto, no debernos confundir el amor santificado dentro de la familia con las relaciones efímeras y falsas que hemos descrito, inducidas por las urgencias del instinto animal.

En las relaciones sensuales basadas en la animalidad y disfrazadas de amor, los celos alcanzan a veces extremos en que el supuesto amante puede llegar hasta a dar muerte al ser que ama. Esto ni siquiera debe sorprendernos; tal forma de "amor" es frecuente también entre los animales. Por ejemplo, el perro de la casa se pondrá celoso si su amo adopta a otro perro y tratará de morderlo y alejarlo de su dueño si puede. Pero si no, llegará incluso hasta querer morder a su propio amo. Este comportamiento por parte del perro, es el resultado de los celos bajo la apariencia del amor. En el Amor Real existe también un tipo de celos. Sin embargo, éstos deben distinguirse de los celos ordinarios. Lo que comúnmente conocemos como celos es atributo de los seres imperfectos, en tanto que los Celos, C mayúscula, son una cualidad que se manifiesta en los seres perfectos.
Nuestro Maestro, el Más Noble Mensajero, Muhammed ( que la paz y las bendiciones de Dios sean con él) dijo una vez a Umar al Faruk:

"¡Oh Umar! Veo que tienes celos. Yo tengo más celos que tú, y Dios en su Majestad, tiene más celos que yo."

En efecto, los celos pueden ser un atributo aceptable y digno de elogio. Dicho atributo en Dios, Exaltado y Santificado Sea, corresponde a Su perfección, y El confirió a Su Profeta bienamado esta característica. Dios, Glorificado Sea, está dotado de las cualidades de la Perfección, y exento de cualquier deficiencia; para los fieles el poseer alguno de los atributos propios de Dios, es la mayor bendición y fortuna. Dios, en su Infinita Magnificencia, está celoso. No quiere que sus siervos amen nada más que Su Divina Esencia. Porque El es el único Amado real y verdadero. Ser Amado por ellos, es el derecho de Su Esencia Unitaria. Si los amantes de la Esencia Divina entregan su corazón a cualquier otra cosa que no fuera Dios, el infortunio caerá sobre ellos sin duda. Quienes aman a Dios, deben amarlo sólo a El. Por lo menos, no deben considerar lo que aman como distinto de Dios, pues lo que les hace ver la verdad en aquello que aman, es esencialmente Dios. Todo lo bueno, todas las cualidades específicas de los seres, todo lo que amamos es Su obra. Si amamos el efecto, tenemos que amar la causa. Por eso el sabio nunca podrá separar el efecto de la verdadera causa. Así corno a Moisés se le manifiesta la palabra de Dios en el Monte Sinaí, para el amante el objeto de su amor es como el Monte Sinaí. Las virtudes y cualidades especiales que ve ahí son la manifestación del Verdadero Amado y Amigo en el ser del objeto de su amor. Es por eso que no hay que tomar el efecto por la causa, los nombres por lo nombrado, ni el signo, la palabra, por la cosa significada.

Un día nuestro Maestro, el Glorioso Profeta Muhammed (que la paz y la bendición de Dios sean con él), sentó sobre sus benditas rodillas a sus nietos Hasan y Husein, acariciándolos con ternura. Resultó que su noble y purísima hija, la Radiante Fátima, que Dios se complazca en ella, había cosido los cuellos de las camisas de los niños demasiado ajustados, pensando erróneamente que eran las perneras de sus propios pantalones. Viendo que sufrían incomodidad, el jefe de los Profetas les desabotonó el cuello a los dos príncipes. En ese momento se estremeció al darse cuenta de que su amor hacia sus nietos había alcanzado el mismo grado de su amor a Dios, Alabado Sea, incurriendo por ello en los Celos Divinos.

En ese instante el arcángel Gabriel, la paz sea con él, descendió llevando en sus manos tres chales, uno amarillo, uno rojo y negro el tercero. El arcángel transmitió al bienamado los saludos divinos y le comunicó las órdenes del Todopoderoso, o más bien, estos arcanos misterios:

"¡Mensajero entre los Mensajeros! Dios, el Magnífico y Glorioso manda decir al portador de Su Misión:

¿Cómo es posible que aquél que me ama, y a quien amo, Mi más querido amigo, Mi bienamado, bese a sus nietos, a sus retoños, con amor igual a su amor por Mí? Envío un chal amarillo para Hasan, uno rojo para Husein y uno negro para el honorable Mensajero. Vestid cada uno su chal. El negro es el símbolo del luto funerario; Hasan sufrirá el martirio del veneno; Husein el de la daga. Desde el momento en que besó a Hasan en la boca y a Husein en el cuello sus destinos quedaron sellados". Después de proferir estas palabras, el arcángel Gabriel se retiró.

Con el tiempo este anuncio habría de cumplirse. El Imán Hasan murió envenenado a manos de su esposa, mientras que el Imán Husein encontró la muerte en la batalla de Karbalá, en donde fue degollado.

Ibrahim Adham, santificado sea su espíritu, nos relata la siguiente historia:
"Conocí a cierto individuo en las montañas del Líbano. Durante los cuarenta días que pasamos juntos, el hombre no comió ni un pedazo de pan, ni tomó una gota de agua. Me quedé atónito al observar ese extraño fenómeno. Poco después apareció un camello perdido. El camello le aplastó la cabeza y lo pisoteó hasta darle muerte. El impacto le hizo saltar los ojos de las cuencas". Mientras ponderaba lo ocurrido en absoluta perplejidád, reflexionando acerca del triste destino de aquel hombre, recibí esta información por medio de la inspiración divina:

"Si alguien que se dice Mi amante desvía la mirada hacia cualquier otra cosa, ved como queda aplastada su cabeza y botados sus ojos." Y comprendí que el error del Santo había sido mirar al objeto de su amor como distinto de Dios.

Ibrahim Adham, santificado sea su muy noble espíritu, eligió el Trono del corazón, prefiriéndolo al trono del imperio, y se fue a vivir a la Meca, la Ennoblecida. Muchos años habían pasado desde que abdicara en favor de su hijo y abandonara su país, mientras tanto su hijo se había convertido en un joven bello y lleno de donaire. Un día se enteró de que su hijo, como soberano de su pueblo, se había encaminado a La Meca con la loable intención de cumplir la obligación religiosa de la Peregrinación. El venerable Ibrahim Adham se dirigió hacia la reverenciada Caaba con el objeto de ver a su hijo, aunque fuera de lejos, por última vez en la tierra. Entre los peregrinos que hacían la circunvalación, pudo distinguirlo y sintió que la sangre se agitaba en sus venas.

En ese instante se dio cuenta que el amor a su hijo se había elevado en su corazón al mismo nivel de intensidad que su amor a Dios, Alabado Sea, y rompiendo en llanto allí mismo exclamó:

"¡Señor! Soy incapaz de conciliar en mi corazón el amor que siento hacia Tu Divina Esencia, y el que me inspira mi hijo cuyo rostro no había visto en todos estos años".

Antes de que las palabras terminaran de salir de sus labios, el Señor del Universo, que es el Verdadero Amado, actuó en respuesta a la plegaria; el joven soberano cayó allí mismo, en plena circunvalación, entregando su alma a Dios. 

¡Oh, amante sincero! Siempre y cuando puedas ver a Dios en el hombre o la mujer que amas, estarás libre del pecado de igualar tu pareja a El. Pero si divides el amor en dos, ¡Dios te ampare!, caerás inevitablemente en ese error. El amor de Dios es exclusivo, no se comparte. El amor al Creador y el amor a las criaturas no pueden coexistir en el mismo corazón. Si te atas a tus propiedades y a tu familia, alguna calamidad los atará a ellos a Dios. Si sabes que Dios es la causa de todo, enhorabuena, ¡qué afortunado eres!

El es todo. El es el amor. El es el amante. El es el amado. El es el querido. El es el anhelado. El es el enamorado. El es el desposado. Aparte de El, no hay nada. El es el que ve y el que es visto. El es tu esencia. El es tu palabra. El es Todo. Todo viene de El. El es Dios.

Muchos son los amantes de Dios que se han entregado a El en el camino del amor, abandonando las limitaciones del yo, y han logrado alcanzar la unión con el Amado; se han regocijado en el Amado. Por su negligencia hacia el Amado, ¿acaso no le fue ordenado a Abraham, la paz sea con él, que inmolara a su propio hijo?

Los amantes de Dios deben estar listos y preparados para las pruebas. El amor de Dios es una prueba tal, que resulta un placer y una delicia dentro de la tribulación. Abraham, la paz lo acompañe, fue arrojado al fuego por su amor a Dios, pero el fuego abrasador de los hornos de Nimrod se convirtió en luz. Debido a ello, los que se consumen en el fuego se convierten en amigos íntimos de Dios.

Si eres el amante del Amado
No mires a nadie;
que te abrase el fuego
como a Abraham.
Haz como él
Y hallarás las rosas,
cesará el dolor.

¡Déjalo todo y únete al amor! Aparta el corazón de todo lo demás. ¡Siente cómo el amor inunda tu personalidad! Toma el amor como guía en el viaje hacia la tierra del Ser, para que puedas alcanzar al Verdadero Amado y entrar en el paraíso de la Esencia, contemplar la belleza del Amigo, cortar la rosas en el jardín de la Unión. En el camino del Amor, el amante se sacrifica, pero al final encuentra al Bien adorado.

Todos los santos que han pasado por la tierra y han gustado el vino del Amor, todos se han sacrificado a sí mismos por el Amor. ¿Acaso no has escuchado lo que sucedió a Mansur alHallaj ? ¿No has leído cómo en el camino del amor, su cuerpo fue quemado y sus cenizas esparcidas en el Tigris? ¿No has escuchado cómo los átomos de su cuerpo se repartieron entre los amantes de Dios, quemándolos e inflamándolos con el fuego del amor?

Mansur al Hallaj fue capturado por gente que no pudo comprender el secreto de las palabras proferidas por él. El venerable Shibli, fue a visitarlo para preguntarle el significado oculto de su extraña conducta:

"Dime, ¡Oh Mansur! ¿Qué es amor?"

Mansur al Hallaj respondió con una sonrisa:

"Mañana responderé a tu pregunta".

Al día siguiente condujeron a al Hallaj hacia el patíbulo.

Se dirigió al sheikh Shibli que se encontraba entre la multitud que había acudido a mirar, y le habló así:

"Oh Shibli , el amor comienza quemando y acaba matando"

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