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Que no sea tanta la cera que arda la iglesia...

Si exageramos en nuestro celo podemos ver arder retablos enteros

06/06/2008 - Autor: Carlos Matos - Fuente: Webislam
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El Tribunal Constitucional turco ha anulado la reforma legal para levantar la prohibición de asistir a centros universitarios con el pañuelo islámi
El Tribunal Constitucional turco ha anulado la reforma legal para levantar la prohibición de asistir a centros universitarios con el pañuelo islámi

Este es el refrán que suele utilizar mi padre para referirse a aquellas situaciones en las que el exceso de celo sobre alguna cuestión puede acabar ocasionando más perjuicios que el propio bien que se pretendía. Hoy leemos en la prensa que el Tribunal Constitucional turco ha anulado la reforma legal, promovida por el partido AKP gobernante, para levantar la prohibición de asistir a centros universitarios con el pañuelo islámico, o türban.

Los colectivos que se consideran garantes del laicismo de la República fundada por Atatürk, personaje elevado hace tiempo a la categoría de héroe mítico, vieron en aquella iniciativa del gobierno la "prueba" de su agenda oculta para islamizar el país: también se puede interpretar como la prueba del divorcio entre estos estamentos intelectualizados de clase media-alta urbana y la inmensa mayoría de sus conciudadanos, del paternalismo con que pretenden tutelarlos y de su pretensión de hacer encajar la realidad con sus miedos y obsesiones. Además, este veredicto parece abrir la puerta directamente al proceso de ilegalización del AKP, situación kafkiana donde las halla en la que contemplamos como las meras sospechas de las élites intelectuales del país podrían servir para derrocar (sí, digámoslo) por procedimientos legales a un gobierno elegido democráticamente. Y sin olvidar el papel del estamento militar, que figura como "garante de la laicidad del Estado" en la propia Constitución turca (por cierto, ¿por qué nadie quiere recordar que esa arrogación de derechos de tutela proviene de una reforma constitucional llevada a cabo por los militares durante uno de sus golpes de estado?). Y no olvidemos que ha sido la propia judicatura turca, tan vigilante de los supuestos derechos emanados del laicismo, la que acaban de ilegalizar la principal asociación turca en defensa de los derechos de los homosexuales.

Lo más triste es que muchos de los acérrimos opositores en nuestros países a la posible entrada de Turquía en la Unión Europea se estarán frotando las manos al percibir que cuentan con un arma más para bombardear el acercamiento del gobierno del AKP a los prinicipios europeos. No estaría de más que muchos medios de comunicación que sistemáticamente inciden en los aspectos más presumiblemente negativos de la situación turca también tuvieran la decencia de informarnos de que la ciudadanía turca cuenta con una ley del aborto y del divorcio que para sí quisieran las mujeres de europeísimos países  como Grecia, Portugal, Irlanda o Polonia; que ya hace tiempo que las transexuales turcas pueden cambiar legalmente su identidad sin necesidad de someterse a una operación de cambio de sexo, algo que en España se vendió hace poco como un tremendo avance social (que sin duda es); que se ha endurecido la persecución de los llamados delitos de honor y que se ha estrechado la vigilancia sobre las pruebas de virginidad prematrimoniales, cuando en nuestro país se celebran impunemente cada vez que se realiza una boda gitana.

Finalmente, y por un mero ejercicio de honestidad, deberíamos visualizar la mera posibilidad de que en nuestro país se prohibiera el acceso a las aulas universitarias a personas mayores de edad por el mero hecho de llevar un pañuelo en la cabeza, fueran cuales fuesen las razones para llevarlo. ¿Y por qué no las rastas, la ropa interior a la vista, los tops, los pantalones cortos, las chanclas, el maquillaje recargado, la barba de tres días...?

No hay problema en ponerle una vela a un santo, si creemos en el principio católico de intercesión, pero si exageramos en nuestro celo podemos ver arder retablos enteros.

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