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Pañuelo: quienes lo llevan son quienes pueden hablar mejor de él

Llevan el pañuelo y reivindican el derecho a elegir sin que por ello se les excluya de una sociedad supuestamente laica.

28/05/2008 - Autor: Florine Leplâtre - Fuente: Rue89
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Portada del libro Les filles voilées parlent de Ismahane Chouder, Malika Latrèche y Pierre Tévanian.
Portada del libro Les filles voilées parlent de Ismahane Chouder, Malika Latrèche y Pierre Tévanian

Cuatro años después de la aprobación de la ley que prohíbe llevar el pañuelo en las escuelas francesas, parece que la polémica sea algo que pertenece al pasado. Pero los problemas que se debatieron antes de que se adoptara siguen existiendo.

Muchas personas se han expresado en torno a la cuestión del pañuelo: especialistas de la laicidad, exégetas del Corán, defensores del derecho a la educación, sociólogos, políticos y políticas. ¿Pero qué piensan las jóvenes y las mujeres que lo llevan? Ismahane Chouder, Malika Latrèche y Pierre Tevanian han tenido la idea de recoger sus testimonios en un libro, "Les filles voilées parlent” (“Las chicas con pañuelo hablan" ndlr). De esta manera se les reconoce su estatuto como sujetos y no como objetos. Estas mujeres explican la exclusión que sufrieron de la escuela, pero también la discriminación en el trabajo, en la universidad, en el mundo asociativo… Los tres autores (dos mujeres musulmanas que llevan el pañuelo y un hombre no musulmán), han acudido a nuestros locales de la Calle89 para explicarnos los motivos de su iniciativa.

"Hablaban de nosotras, sin nosotras"

Los tres coautores se encontraron en el colectivo "Una escuela para todas", que se oponía a la exclusión de las alumnas que llevaban el pañuelo y que fue obligatoria a partir de la ley del 15 de marzo de 2004.

Quisieron encontrar a chicas que habían sido expulsadas de la escuela, pero también a otras chicas que habían aceptado quitarse el velo contra su voluntad para poder seguir estudiando. El objetivo era realizar un "balance de la ley contrario al oficial". Pero la obra también cede la palabra a mujeres más mayores (de 20 a 40 años), a madres de familia implicadas de una manera u otra en la vida escolar de sus hijos, trabajadoras y que a veces están hartas de que se las diseque y se las estigmatice. Explicación de Malika Latrèche:

"Hablaban de nosotras, sin nosotras. Nos presentaban o bien como si fuéramos mujeres sumisas que no teníamos nada que decir o como terroristas peligrosas a las que había que apartar."

Por eso la intención de la obra es dejarles que hablen. Pero, ¿cómo se eligieron a las mujeres que participaron? Pierre Tevanian lo explica:

"La cuestión de la representatividad es un tema que nos planteamos. Encontramos a estas mujeres a través de conocidos, asociaciones, de boca en boca , o a través de asociaciones de apoyo escolar para las estudiantes de instituto que habían sido excluidas de la escuela. En cierto modo, la selección se hizo sola. Algunas no querían hablar."

Malika Latrèche comenta lo siguiente:

"De hecho por cada chica que quiso dar su testimonio en el libro, diez no quisieron hacerlo – ya sea por miedo a las represalias, y fue lo que me pasó al principio, o por fatalismo (como la ley ya se aprobó, no se puede cambiar nada), o por desconfianza, por miedo a que sus discursos acabaran siendo utilizados contra ellas."

En un anexo, los autores reconocen que la elección de las participantes se debe en parte al azar, y que en el fondo gracias al azar "no han salido tan mal las cosas" ya que el resultado final ilustra bastante bien la gran diversidad de perfiles en cuanto a la edad, al estatuto familiar, los recorridos escolares, profesionales, dicen, y en cuanto a las personalidades que existen entre las mujeres musulmanas que llevan el pañuelo en Francia.

¿Y qué hay de las mujeres que llevan el pañuelo presionadas por su entorno?

Los autores reconocen que falta una voz en este libro. Esa voz podría dar pie a otra recopilación: la de las mujeres o adolescentes que llevan el pañuelo contra su voluntad, bajo la presión del entorno, sobre todo familiar. Lo explican en el anexo: no han encontrado a mujeres que en ese caso quisieran dar su testimonio.

Malika Latrèche e Ismahane Chouder dicen que han encontrado a chicas en esta situación y que han intervenido para defenderlas (con éxito). Están convencidas de que el sufrimiento de la mujer a la que se le obliga a llevar el pañuelo es tan grave como el de una mujer que tiene que quitárselo. Por otro lado piensan que desempeñan un papel importante y tienen una competencia particular: al llevar ellas mismas el pañuelo, es más probable que las familias que son muy practicantes las escuchen, y además dominan las referencias religiosas que pueden utilizar a favor de la libre elección de las jóvenes (como, por ejemplo, la ausencia de imposición en el islam).

Entre las cuarenta mujeres que se expresan en el libro, muchas evocan este problema: la libertad para llevar el pañuelo debe correr pareja con la libertad para no llevarlo. Lo único con lo que no están de acuerdo es con el método: según ellas, la exclusión escolar o profesional no aporta ninguna ayuda a una chica que ha sufrido presiones y que quiere deshacerse de un pañuelo impuesto. Así, según Fátima, de 20 años, que vive en Saint-Denis:

"Cuando cumplen dieciséis años, estas chicas ya no tienen la obligación de ir a la escuela, entonces las sacan de la escuela y las casan!"

Una opinión que comparte Jihene, de 24 años, de Ile-et-Vilaine:

"Si una chica lleva el pañuelo obligada por sus padres, justamente se le tiene que dar la oportunidad de ir a clase, de aprobar el bachillerato, para poder ser independiente y podérselo quitar si tiene ganas de verdad."

"Una ley sexista"

El libro aborda las cuestiones de exclusión en la secundaria, la escuela primaria (en la que pueden excluir a las madres que llevan el pañuelo para acompañar a los niños en las excursiones escolares o en las fiestas de fin de curso), la universidad, el mundo laboral y el mundo militante. La ley no concierne solamente a las estudiantes, sino como destaca Ismahane Chouder "hemos observado que la ley se había extrapolado a menudo a otros ámbitos de la sociedad, se han autorizado exclusiones injustificadas, y han dado pie a discursos racistas y sexistas."

Los tres coautores califican esta ley como “sexista” a pesar de que fue apoyada por muchas personas en nombre de un combate contra la opresión de la mujer. ¿El pañuelo es un símbolo de opresión? "Un símbolo sólo representa el valor que le dé la persona que lo lleva", responde Ismahane Chouder:

"No pregonamos el uso del pañuelo, sino que defendemos el derecho a llevarlo. Luchamos por un derecho: tanto a llevarlo libremente como a no llevarlo. Las mujeres que lo llevan utilizan su libertad para disponer de sus cuerpos tal y como lo desean, a pesar de que este esquema no entre dentro de algunos modelos de emancipación."

Los autores insisten en las consecuencias de la ley, que desemboca en la exclusión -o en una humillación profunda para las que al final aceptan quitárselo contra su voluntad:

"Los efectos concretos de esta ley son que aparta a la mujer del conocimiento, de los diplomas, del trabajo, de la política, en definitiva, de todo lo que hace que sea fuerte e independiente."

"El silencio es la mayor persecución"

El libro tiene como objetivo devolverles la dignidad a las mujeres que aportan su testimonio, ya que, como le gusta recordar a Ismahane Chouder, "el silencio es la mayor persecución, escribía Blaise Pascal". A veces los relatos son muy violentos, debido a humillación que han sufrido las jóvenes al tenerse que quitar el pañuelo al entrar en sus institutos; por las miradas hostiles, las injurias frecuentes; a veces incluso se trataba de una violencia física, algunas mujeres explican que han sufrido agresiones en el espacio público, que van desde los escupitajos a los puñetazos en el estómago (de una mujer embarazada), pasando por el bofetón...

Pierre Tevanian reflexiona sobre su propia reacción frente a los testimonios de estas mujeres, y sobre la sorpresa que les produjo, lo que revela sus propios prejuicios de los que tampoco se salva.

Este cuadro de discriminaciones y violencias contra las mujeres nos deja a menudo sin voz, al igual que la diversidad de los recorridos y de las personalidades representadas. Después de la lectura del libro, es difícil que demos lecciones vestidos con nuestros tejanos y con el cabello al viento.

► Les filles voilées parlent De Ismahane Chouder, Malika Latrèche, Pierre Tevanian (La Fabrique, 330 pp. 18€)

Entrevista a los autores del libro:

Malika Latrèche

Ismahane Chouder

Pierre Tévanian

Traducido por Ndeye Andújar

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