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Debate abierto sobre la Mezquita de Sevilla

27/05/2008 - Autor: Abdullah Abenyusuf
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Emilio González Ferrín

El profesor Emilio González Ferrín ha publicado un largo comentario retomando al discusión que entablamos en este blog sobre la Mezquita de Sevilla, a raíz de un post en el que un tanto torpemente (pienso yo con el tiempo) le atacaba y taxonomizaba como representante de una voz orientalista que tutelaría desde la Universidad la normalización del Islam en Sevilla. Para quienes desen leer los antecedentes, el post sigue ahí. El caso es que la conversación se reanuda con una recuperación del concepto de TUTELA ORIENTALISTA, esta vez de su mano, dándole un giro no sólo muy sugerente y acertado sino también de denuncia espiritual, política y cultural, por decir la verdad. Copio primero la carta de Emilio:

Estimado Aben Yusuf;

Pasa el tiempo, y sigo dándole vueltas a una etiqueta inicial tuya que creo -a la postre- afortunada. El concepto -insisto, deberías patentarlo- de TUTELA ORIENTALISTA. Y si vuelvo a ello es por lo siguiente, a ver qué te parece.
En Sevilla hace falta una mezquita desde hace años. Un colectivo que -de hecho- me honra con su amistad, movió popularmente tal necesidad hace años y acostumbró a la ciudad a que se podía ser distinto, incluso freudianamente acorde con ciertos tópicos de nuestra tierra. Quizá no llegas a sentirlo igual porque eres bastante “hombre de mundo”, pero ser andaluz requiere sobrellevar la rémora de “hijo de un folklore, gracia y clima”. Y, de pronto, ese acento que los telediarios evitan, esos pueblos que sólo aparecen en las guías turísticas -y nunca en los planes de mejora estructural de empresas-, se sienten acordes con una cierta insumisión internacional a determinadas imposiciones globalizantes. Así, ser musulmán en Andalucía se acercaba hace unos años a ser morisco. Los capullos del euro-ombliguismo llegaron a reirse del “ser morisco” del mejor Blas Infante. Y lo cierto es que la idea de Infante es válida, aunque exige reflexión especular: no es que el campesino andaluz sea de por sí morisco, sino que se trataba al campesino andaluz como se trató al morisco. Y así encajaron muchas mentalidades sociales y muchas “pacificaciones freudianas” con el mito de los tópicos. El andaluz, morisquizado, “sabía quién era” -parafraseando a Alonso Quijano y su “Yo sé quién soy”.

Pero, de pronto, ser musulmán andaluz ya no era ser morisco del mundo. Era ser objeto de escucha estratégica, sospecha mediática. La inherente “lucha de clases” que acompañó a mil y una conversiones al islam en Andalucía se encontró en el “ojo del huracán”: terrorismo, inmigración, gregarismo esencialista y aislacionista en un mundo relativista y mundializado. Para no aburrirte: el andaluz musulmán ha llegado a ser un peón “deslegitimado” en gran medida por una tenaza: la formada por la afluencia de “islam de fuera” y la que concibe ser musulmán mucho más como neo-imperialismo que como coherente lucha de clases. Al-Andalus se forjó desde dentro, nacido por propia voluntad sobre la sociedad anterior por los hijos de la misma tierra. Ya está bien de chorradas intervencionistas, invasiones que justifican conquistas y reconquistas y que sirven al mejor postor. Nadie de fuera puede enseñar a un andaluz a enorgullecerse de hacer sido andalusí.

Amigo Aben Yusuf: corren malos tiempos para el islam autóctono. Porque es pobre, sin aspiraciones mayores a las personales, y a contra corriente. Los más poderosos musulmanes de fuera se van a acabar de llevar el gato al agua y convertir el autoctonismo en secta de diseño. Entiendo lo que debieron sentir los afrancesados ante la invasión francesa: “no se trataba de esto”.

Aquí arrojo yo la toalla. Porque me interesaba “habitar mi Historia” y convivir con el mundo que me ha hecho lo que pueda ser humana e intelectualmente: el islam tal y como lo he conocido en veinte años de viajes, estudios y enriquecimiento personal. Un islam tan variado, incoherente y heterogéneo como la propia vida. Pero saltó la que llamabas TUTELA ORIENTALISTA. Mi propio Ayuntamiento decide ser más papista que el Papa y “exclusivizar” el modo de ser musulmán en Sevilla. Poprque ha concedido una exclusiva para la construcción de la mezquita, y los miles de musulmanes sevillanos deberán elegir entre el islam de diseño que llega de fuera o seguir en las mezquitas de garajes en los barrios. En una sociedad igualitaria, esos miles de musulmanes serían votos perdidos, y el Ayuntamiento sabría a quién escuchar. En la lógica de imposición orientalista, desde el Ayuntamiento vienen a decirle al musulmán de barrio que de qué se queja, si le van a construir el Corte Inglés islámico.

No sé si sigues la larguísima distriba entre las diversas comunidades islámicas en España y el modo en que están siendo sistemáticamente controladas desde fuera. Pero aquí termina la aventura de “lucha de clases” y empieza el islam de diseño. El resto es euro-islam. Es decir: domesticación de la Historia.

De lo general a lo concreto, quiero comenzar reconociendo que me he alejado mucho, un tanto a mi pesar, de quienes creía que eran mis referentes sobre el Islam en Sevilla. Digamos que mis únicos vínculos habituales con musulmanes en España se limitan a Taliba, que vive en Madrid, y a Abdennur, que vive en Barcelona, de manera virtual. Más allá de eso, he tenido una muy desagradable experiencia del impacto nefasto del discurso de los murabitun más cerrados en un joven gallego, con lo cual tampoco estoy con ganas de seguir las peripecias de personas que no llego a apreciar, aunque tenga que respetar.

Por lo tanto, seguiré la idea concreta del final, el islam de diseño, y la desposesión de los musulmanes de un islam autóctono. Por un lado, se despierta en mi imaginación la llama que alumbró Sidi Abderramán, a quien le debo todo en el islam, y que se alimentaba de todo menos de diseño. Por otro lado, mi propio recorrido me ha puesto por delante constataciones fehacientes de la escala global de la adaptación del islam al mercado. Si la filósofa Beatriz Preciado habla de sistema farmacopornopolítico para referirse al desarrollo del nuevo capitalismo contemporáneo, las cosas no van a ser muy diferentes para el islam. En concreto, los análisis más agudos los he leído en la pluma de Patrick Haenni, autor del libro El islam de mercado, que creo que no está traducido. La edición que tengo es la original francesa L’islam de marché. L’autre révolution conservatrice. Editions du Seuil, la république des idées. 2005. Es un libro muy corto (110 págs.), con un tono sintético y directo: los títulos de los capítulos son: “Esquivar el islamismo”, “Una religiosidad a hombros del mercado”, “El Kuturkampf del islam del mercado”, y “Los sepultadores del Estado providencia”. Así que la sinécdoque del Corte Inglés islámico no me parece aberrante, aunque sí chocante, pues uno sigue teniendo su almita. Es cierto, y en mi consideración de la necesidad de un centro islámico o una gran mezquita con gran párking para miles de coches, estoy asumiendo el modelo de centro evangelista estadounidense, diseñado para polígonos industriales.

Aparentemente, el alcalde de Sevilla, D. Alfredo Sánchez Monteseirín, que lleva gobernando desde 1999, ha impuesto la construcción de la Mezquita en la isla de la Cartuja. Hasta ahí, lo que se sabe públicamente. La exclusión de otras tendencias, y en particular la no-integración de las comunidades ya asentadas en la ciudad, es toda una faceta de la cuestión, la más problemática, es cierto, que se evacúa, porque no interesa a los promotores de la Mezquita ni al Ayuntamiento, que tampoco desea fervorosamente el resurgir de Sevilla como centro neurálgico de un renacer intelectual y cultural, pero también político, del islam en España.

El modelo es Granada. Islam acotado: entre exótico, acantonado y ostentoso. En el Albaicín, pero de espaldas a la ciudad. Será ahora así en Sevilla: del otro lado del río.

Gracias, Emilio, por darme a entender que el asunto es mucho más complejo y lamentable, y por animarme a desahogarme. In shâ’ Al-lâh se sume alguien más al debate, que concierne a todos los musulmanes “neo-andalusíes”, y en general, a mucha más gente, no sólo musulmanes, sino simplemente europeos. Y Al-lâh es el más informado.


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