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Cosmovision y Política: Lectura de Guatemala para Bolivia

El impulso de lo maya como conjunto de reivindicaciones políticas viene después cientos de años de la estructuración de una nación cristiana

24/05/2008 - Autor: Julio Abdel Aziz Valdez - Fuente: Webislam
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Rigoberta Menchu Tum junto al presidente boliviano Evo Morales.
Rigoberta Menchu Tum junto al presidente boliviano Evo Morales.

Introducción

En 1991 durante el Encuentro Continental de Resistencia Indígena, Negra y Popular que se llevó a cabo en la ciudad de Quetzaltenango, Guatemala, entre los dirigentes más destacados que hicieron su aparición al evento estuvo Rigoberta Menchu Tum, que un año más tarde ganaría el Premio Nobel de la Paz, como un reconocimiento a la llamada “Resistencia de los pueblos originarios de América”, era evidentemente un premio de trascendencia política sobre todo después de la publicación de un libro biográfico, centenas de apariciones en televisión, y un documental que es narrado por ella.

A la par de ella, en la tribuna del Encuentro, estaba el dirigente cocalero y sindicalista Evo Morales, quien brillaba con luz propia, que a diferencia de Rigoberta Menchú su carrera política la había trazado en su propio país junto con las organizaciones con las que militaba.

La aparición de ellos dos mostró el inicio, para los apasionados de las causas indígenas y populares, de una nueva era de liderazgos y retoma del “papel histórico de los pueblos indígenas”. Eran millones de dólares los que se destinarían para programas y proyectos de desarrollo “con enfoque étnico” por parte de ONGs y gobiernos especialmente europeos y especial de los nórdicos y Países Bajos, que casualmente apoyaron fuertemente las campañas de solidaridad con las organizaciones insurgentes en América Central.

Pasarían años antes de que Rigoberta Menchú decidiera regresar a Guatemala, por supuesto, sin la respectiva medalla que recibiera en Oslo por el Nobel de la Paz. Tuvo que pasar la firma de los Acuerdos de Paz en 1996, y la falta de atención internacional a lo que se denominó, por parte de Naciones Unidas, el Decenio de los Pueblos Indígenas, para que en la contienda electoral del 2,007 por fin Rigoberta apareciera en una boleta electoral, no hay que hacer de menos la aparición del dos veces alcalde de Quetzaltenango, y primer indígena con ser envestido como tal, el Licenciado Rigoberto Queme Chay, quien aspiro a la candidatura presidencial por parte de la Alianza Nueva Nación en el año 2,000, que finalmente no progreso, frustrándose así la posibilidad de ser el primer candidato indígena, pero según las proyecciones con pocas posibilidades de triunfar en la contienda electoral.

El caso de Rigoberta, que aparentemente contaba con mayor aceptación, por su reconocimiento internacional, llego a confirmar lo que muchos sabían desde 1991, que el liderazgo se gana en el diario vivir y no desde un plano externo, tal y como funcionó con Evo Morales que antes de ser elegido presidente, fue congresista y lidero varios movimientos cívicos de resistencia, independientemente de las circunstancias que rodearon tales movimientos a nadie le cabe la menor duda que Evo Morales forjo su liderazgo en su país.

De las causas indígenas, populares y demás

Para mayor información sobre este tema nos remitiremos a lo abordado en varios trabajos por Santiago Bastos, poco podemos agregar a lo abordado por el, sin embargo, a manera de síntesis afirmaríamos que entorno a las causas indígenas, que en su parte más política se define como Maya, se adscribieron países y organizaciones donantes influenciados especialmente por estudios y discursos provenientes de la disidencia política de izquierda de Guatemala, mucha de la misma estaba en proceso de echar raíces en el exilio, pero además estaba, en el lenguaje utilizado por Mario Roberto Morales, para el caso de los indígenas en el proceso de diferenciarse políticamente de la izquierda clasista ladina, pero también asumir su cultural difference en los respectivos países donde estaban siendo acogidos.

Por lo tanto, se puede identificar que existen dos tipos de discursos en los contextos políticos, a saber: uno para consumo externo, que parte del desconocimiento sobre el diario vivir, pero también se dirige a tocar los puntos medulares de la sensibilidad humana, pero además existe uno interno que parte de ideas concebidas o preconcebidas sobre la situación particular. En el caso de los indígenas y su situación socio política en Guatemala, este transcurre desde prejuicios racistas hasta idealizaciones, muchas de ellas ahistóricas, y hasta situaciones intermedias como: “en Guatemala todos somos indios (dicho por un ladino)”, “este pueblo esta tan jodido que hasta el cura es indio”, “los mayas como raza milenaria”, “la belleza de colores de nuestro pueblo”, “la diversidad como fortaleza”, “la herencia de los abuelos mayas” y demás expresiones.

Sin embargo, el impulso de lo maya como conjunto de reivindicaciones políticas, y el deseo por “reescribir la historia” viene después cientos de años de la estructuración de una nación cristiana, que no se puede obviar, y sobre todo, la construcción de una fuerte identidad regional y mestiza, que asume para si mucho de las construcciones culturales emanadas del cristianismo latinoamericano y posteriormente del liberalismo.

Paradójicamente en 1982, con el gobierno de facto del Gral. Efraín Ríos Montt, que tiene sobre sus espaldas la mayor cantidad de muertes de indígenas, fue el que impulsó por primera vez la incorporación de representación indígena al consejo de Estado, por lo que se partió del supuesto que los indígenas no reconocen una representación que no sea la de su propio grupo lingüístico .

El intelectual que asume una identidad cultural determinada trata de darle una interpretación a su realidad desde esta perspectiva, es por eso que al reconocerse, por parte del Estado, la necesidad de la participación indígena colegiada, las preguntas que necesariamente surgen son: ¿por grupo lingüístico?, ¿por región?, ¿por municipios?, ¿por nivel de pobreza?, pero la intelectualidad recurre a una categoría sociopolítica prehispánica como es La Nación, y se afirma que cada grupo cultural, hoy, era una nación en si misma antes de la llegada del Imperio Católico Español, por lo tanto es permisible, si se reconoce que la construcción cultural es también el reconocimiento de un pasado histórico, pues por lo tanto, los grupos lingüísticos son Naciones y, si se parte de que la colonia homogenizó la exclusión para los indígenas, también es permisible pensar que todos constituyen una sola entidad política, por lo tanto, después de este reconocimiento de 1982, era el momento de hablar de una nación Maya, incluso esa idea llego a gustar a personeros de turismo, ahora si tenía razón de ser la utilización del emblema de la Pirámide del Gran Jaguar de la ciudad de Tikal.

No paso mucho tiempo para que algunos radicales ideólogos comenzaran a mencionar la posibilidad de autonomías, influidos por dos hechos concretos, el reconocimiento de la autonomía en la Costa Atlántica de Nicaragua donde prevalecen los grupos culturales Sumos y Ramas, pero aún más importante fue el advenimiento de los gobierno socialista en la España post franquista, que afronto la problemática política de la diversidad cultural en la península por medio del reconocimiento de estatutos de autonomía para varias provincias. ¿Por qué no se podría pensar en algo parecido para Guatemala? Si ya se había reconocido que los grupos lingüísticos divididos en municipios eran en realidad Naciones.

A pesar de que la idea no fue desatendida en algunos círculos de discusión, sobre todo por la cooperación internacional sensibilizada al tema del reconocimiento de que las autonomías contribuían a la democracia representativa sobre todo después de periodos autoritarismo, pero en términos de integración regional y mercados el tema la idea carecía de lógica, sobre todo porque como en todo país existen niveles dispares de desarrollo económico, tal es el caso del nororiente y la costa del pacífico con sus extensas zonas de producción agroindustrial vías de comunicación con el océano atlantico, o las zonas industriales del centro, o las reservas naturales del norte, frente al occidente, que presenta mayor presión demográfica y elevados niveles de pobreza, pero también es el área de mayor presencia indígena, esto reafirmaba la tesis de que el Estado, “a propósito” con sus políticas excluyentes propiciaba la pobreza en la población occidental, pero lo que no veían es que la lógica económica no necesariamente concuerda con lógicas de política cultural. Los polos de desarrollo en Guatemala responden a una lógica de inversión productiva, el ejemplo lo constituye las manchas de municipios occidentales que han elevado el nivel de producción hacen a un lado las contradicciones culturales, tal es el caso de los comerciantes de San Francisco el Alto, Momostenango o los agricultores de Almolonga, Concepción y Zunil (que cubren gran parte de la demanda de alimentos de El Salvador e incluso Nicaragua) y la serie de municipios donde se registran altos niveles de migración de mano de obra hacia los Estados Unidos.

¿Causas indígenas frente al Estado mestizo o contra el Mestizo?

En los primeros años posteriores a la independencia de Centroamérica, en el mismo centro de la antigua administración colonial, un gobierno netamente ladino se hace del poder político, en consonancia con la tendencia latinoamericanista, pero lo que no se ha estudiado a profundidad es el apoyo de pueblos indígenas a dichas causas, que esencialmente eran de carácter conservador.

Aún cuando no se vislumbra un proyecto político de los indígenas si se percibe cierto tipo de adhesión y/o alianza, que permitió, para el caso de Guatemala, la gobernabilidad hasta que se produjeron los movimientos de liberales a finales del siglo XIX.

Los ladinos o mestizos, culturalmente con empatía cultural hacia el occidente europeo, definen, en su mayoría, lo que hoy se conoce como Latinoamérica, porque son el producto de la síntesis cultural y política . Pero en cuanto a la relación con la población indígena, el mestizo, construyo niveles diferenciados de relación, dependiendo de la calidad de la relación que el contexto sociopolítico establecía, es así que a nivel latinoamericano tanto Bolivia como Guatemala poseían, en apariencia , niveles de comparativos de relación poblacional entre indígenas y mestizos .

En la historia inmediata, y como producto del conflicto armado interno en Guatemala, se formó una militancia indígena en el exilio, que poco a poco dejó de centrar su visión en Cuba o en la Unión Soviética, cuyas propuestas de igualdad social se centraban en la eliminación de las diferencias clasistas, pretendiendo con ello una especie de homogeneidad cultural, que, para el caso de Guatemala, había sido criticada, por esa misma intelectualidad, porque habían vivido en carne propia los esfuerzos del Estado Guatemalteco por integrar al indígena a una sociedad ajena. La forma como se prohibía el uso de los idiomas originales, el menosprecio hacia las mujeres que vestían sus trajes regionales, el analfabetismo y la mortalidad infantil por la falta de inversión social en aquellas regiones, y la casi minusvalorización de las capacidades humanas de los indígenas en el contexto político nacional y regional.

Bolivia por su parte, en esos mismos años, había despegado un fuerte movimiento socio-político que además reivindicaba la parte indiana, frente a un Estado que “no los representaba” y durante la década de los noventa, donde la movilización era casi un estado permanente de lucha reivindicativa de parte de campesinos, mineros que además reivindicaban su adscripción étnica, amplios espacios de discusión entorno “lo caduco del Estado liberal y mestizo” llevaron a que se tumbaran dos presidentes, paradójicamente, dispuestos desde el marco de los mecanismos democráticos que reconocía el Estado.

La profundidad de las discusiones junto con la movilizaciones llevó a nuevamente a un evento electoral donde se propusiera un candidato idóneo con la oposición, llevado al poder por medio de elecciones, se dispone de la autoridad para poder convocar a una constituyente que tuviera la oportunidad de poder reconfigurar el orden

En Guatemala, las grandes movilizaciones populares de los setentas y ochentas, reivindicaban de entrada una visión clasista y en segundo lugar (o tercer lugar) los elementos propios de la identidad, pero dichos elementos por si mismos no constituían la base ideológica para la movilización armada, a los simpatizantes y militantes se les entraba más por el estómago que por el idioma y el traje. Las ecuaciones de: “por ser indígena se es pobre, por lo tanto su condición étnica conlleva la acción (¿política?) de exclusión social por parte del Estado” adquiría sentido, pero los liberales por su parte argumentan que la condición étnica no tiene que ver son ser pobre, ya que no es el Estado el encargado de sacar a la población de la pobreza sino la acción misma de los sujetos y su iniciativa en un marco de libertad de acción.

En todo caso, las movilizaciones masivas de indígenas no reivindicaban, de fondo, al ser cultural sino al sujeto de clase, de ahí que esos mismos sujetos se encontraran en movilizaciones con las ex patrullas de autodefensa civil (ex aliados del Ejército durante el conflicto armado interno) en la búsqueda de la compensación económica por servicios prestados, exigiendo la atención en salud y educación o en el peor de los casos participan en linchamientos de delincuentes en las plazas de los pueblos.

Con la declaración del decenio de los pueblos indígenas por parte de Naciones Unidas y la entrega del Premio Nobel de la Paz a Rigoberta Manchú cuando se vio por parte de un grupo de intelectuales y dirigentes indígenas que “la cultura” podría constituirse en un sistema de ideas que podrían movilizar “al pueblo”, además era necesario también cobrar las cuentas a las organizaciones político militares insurgentes que habían incurrido en actos racistas al no poseer dirigentes y comandantes indígenas y por no reivindicar preceptos “ahistóricos” como los esgrimidos en el Encuentro Continental de Xela .

El flujo de financiamiento externo que se destinaba para combatir la pobreza, en todas sus variedades, comenzaron a tomar en cuenta el “enfoque étnico” para que el desarrollo tuviera identidad. Esto fue aplicado en toda Latinoamérica, pero especialmente en aquellas regiones donde el volumen de población indígena era considerable, tal es el caso de Bolivia, Perú, Guatemala y algunas partes de México por ejemplo. Solo en Guatemala y Bolivia poseían grupos reivindicativos constituidos por indígenas que además incluían “lo nacional”, esto fue retomado por los Zapatistas en Chiapas a inicios de la década de los noventa, pero años después, el mismo peso de la realidad sociopolítica de México redujo a este movimiento al plano de lo local.

Bolivia y el hito histórico

El primer presidente indígena en América Latina después de más de ciento cincuenta años de tradición republicana y liberal, evocamos imágenes del recuerdo como cuando ondeo la bandera rojo y negro del Frente Sandinista de Liberación Nacional en la plaza central de Managua, o la toma de poder de Salvador Allende en Chile y otras más. Algunos analistas definen a este periodo de sucesión de gobiernos de corte de izquierda en América Latina como de la “Esperanza” en una larga trayectoria de gobiernos liberales y conservadores.

El caso particular de Bolivia, a diferencia de los que optaron por la “opción de los pobres” , estos eran presentados por la opción de los “indios” que además de ser explotados y marginados constituían al sujeto cultural. Los medios simpatizantes de la izquierda no dudaron en incluir a Evo como la confirmación del giro de Latinoamérica hacia la izquierda, en su opción por los pobres y los excluidos.

El caso de Bolivia, al igual que Guatemala, hay que hacer una aclaración: ni todos los pobres son indígenas ni todos los indígenas son pobres, o bien, no todos los indígenas organizados son de izquierda ni toda la izquierda tendería a asumir las causas indígenas , ni toda la derecha sería por definición racista, la evidencia de eso se mostró, para el caso de Guatemala, cuando la ex guerrilla no pudo alcanzar acuerdos ni para impulsar la candidaturas a presidente del Lic. Rigoberto Quemé Chay ni de la Premio Nobel Rigoberta Menchú (ampliamente conocida en el plano internacional)

Evo Morales asume la presidencia, y trata de concretar cambios estructurales con la promulgación de una nueva constitución, “más incluyente”, y con ello refundar al Estado, más o menos era esta la promesa que las organizaciones revolucionarias guatemaltecas a los miles de indígenas que se incorporaron al esfuerzo de guerra durante la década de los setentas y ochentas que al final no se llevó a cabo como se tenía definido: “Cumpliendo el mandato de nuestros pueblos, con la fortaleza de nuestra Pachamama y Gracias a Dios, refundamos Bolivia”

Después de la abrumadora derrota electoral de Rigoberta Menchú, se habla de la necesaria reagrupación de las organizaciones mayas, es así como surge a la luz pública, nuevamente, un esfuerzo de coordinación interinstitucional que plantea un proceso más sistemático de elevación cualitativa de participación política “del pueblo Maya”, asumen el nombre de iniciativa E, que define dentro de sus objetivos: “Crear una propuesta de pensamiento político desde la cosmovisión Maya” (www.iniciativae.org)

En los comunicados que surgen en el presente año, los dirigentes de dicha instancia, financiada por la ASDI (Cooperación Sueca), parten de figuras de formación ciudadana en el marco de la democracia liberal representativa y le agregan a ella figuras de carácter religioso, a saber:

“Que Ajaw Dios de nuestros ancestros, (el subrayado es nuestro) nos proteja, ilumine y nos dé larga vida, para avanzar por el camino armónico, facilitando una propuesta común, capaz de articular una fuerza sociopolítica y que logre cambios estructurales, tendientes a la transformación del Estado Monocultural y la construcción de una nueva sociedad con profundo sentido humano” (Daniel Saquec: Boletín 1 del 3 marzo del 2008)

“Los grupos étnicos; maya, garífuna, xinca y ladinos deben unificarse para reencontrar su norte; debiendo iniciar por hablar el mismo idioma: español; pues solo unidos lograremos la convergencia, interpretándola en varias fases, tales como el bien del pueblo, la erradicación de la pobreza y la unificación de pensamientos; seguro de que lograremos nuestro objetivo y en nombre de los dioses Tepeu y Gucumatz (el subrayado es nuestro) doy por inaugurado este primer Precongreso Regional Maya” (Martín Alvarado; representante del Consorcio de Organizaciones de Occidente, Boletín 2 del 15 de marzo del 2,008)

Nuevamente estamos frente al esfuerzo financiado casi en su totalidad por la cooperación internacional, estatal, para esfuerzos de refundación de Estados completos, bajo el aparente objetivo de construir democracias más representativas, pero adjunto a ello apoyan procesos de estructuración de religiones que se pretenden “originales” frente a un mar de conciencias cristianas.

Se ha dejado por un lado de la idea de la plurinacionalidad, por el momento, y se reitera la idea de la unidad en diversidad, más con un sentido claro de negociación frente al poder. Lo interesante de este planteamiento es que retoma parte de lo plasmado en la Nueva Constitución de Bolivia: “Cumpliendo el mandato de nuestros pueblos, con la fortaleza de nuestra Pachamama y Gracias a Dios, refundamos Bolivia” (2,007: pag.1Nueva Constitución del Estado de Bolivia) sin obviar la construcción cultural cristiana ya que este detalle hubiera supuesto un conflicto más grande y profundo que el de la solicitud de autonomía de los departamentos de Santa Cruz, Beni y Pando, que se ha pretendido, por parte del Estado Central, reducir a un conflicto meramente clasista y peor a un hasta racista.

El reconocimiento constitucional de la plurinacionalidad: “Bolivia se constituye en un Estado Unitario Social de Derecho Plurinacional Comunitario…” (Pag. 2: Artículo 1 Ibid) encierra además una trampa desde la visión políticamente correcta, ya que además de preveer que todos somos diferentes se trata de reconocer “el derecho a la autodeterminación” la cual es entendida desde diferentes perspectivas. La protesta social de Evo en la oposición era “legítima”, pero siendo presidente los que asumen el papel de cuestionadotes “ya no son legítimos”, por lo tanto la relativización política asume un doble rasero.

La diversidad cultural y clasista: “El pueblo Boliviano esta conformado por la totalidad de bolivianos y bolivianas pertenecientes a áreas urbanas de diferentes clases sociales, a las naciones y pueblos indígenas originarios campesinos, y comunidades interculturales y afrobolivianas” (Pag: 2, Art. 3 Ibid) se asumen desde el discurso más que desde el contexto social dinámico. ¿Se puede ser clase y cultura a la vez? ¿se puede ser clase y objetar al sujeto cultural? Y demás.

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