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Cartas de otoño

El camino del alma que llega por el sonido más sutil. Una aleya basta, siempre.

19/05/2008 - Fuente: Humalda, el Valle de los Ausentes
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Un sonido que llega, un alma viaja a la verdad
Un sonido que llega, un alma viaja a la verdad

Muérdago:

Como sabes todavía no encuentro el arpa que andaba buscando, si acaso pudiera abriría la maleta y me escondería en ella, hasta que de pronto de tanto esperar el arpa se presentará ante mi en manos de algún traficante o como un regalo de bodas. Pero no puedo, intento calmarme y no hablar mucho de ello. Cuando llegué a París me pareció escuchar en la sala de llegada un sonido conocido. Me asomé a todos lados e incluso atropelle a una pareja de turistas irlandeses que en su idioma y tres más me insultaron. Poco me importó. Fue tanta mi inquietud que uno de los guardias vino por mi a detenerme.

“Es un arpa”, le dije señalando al aire, “un arpa”, el guardia bastante indignado por las maletas de los demás pasajeros que yo había abierto y el reguero de papeles que deje en un mostrador de American Line, no escuchó bien mis palabras porque me llevó de inmediato a una oficina donde yo seguía escuchando la música y donde entre preguntas y preguntas yo buscaba entre el escritorio y atrás del señor ese francés que decía que bien que quería yo visitar su País pero que si no me comportaba iba a conocer las celdas francesas. “No escucha usted el arpa...?”. Me dejaron salir con una mirada de “estos malditos latinos” luego que mostré mi pasaporte y la invitación de la Universidad Federal de Estocolmo para estudiar literatura.

Subí a uno de esos taxis amarillos con la puerta del pasajero al revés y seguía escuchando la música, mire abajo de los asientos, le pedí al chofer que se levantara tantito de su asiento -¡no lo estaría aplastando!- y claro que no, no estaba. Y lo que logré fue que el señor, un nativo de unos 45 años, me regalará al bajar una tarjetita con el domicilio de Jean de Palmier, “es excelente, de la escuela de Lacan”. ¡Va!: un psicoanalista.

No sabes muérdago, no sabes. El arpa podría devastar tantas cabezas. Esta locura de candor tan frágil. Me doy cuenta que tal sonido me sigue como una sombra de tintes cálidos, espuma . En la habitación del hotel las paredes, que alguna vez vi solo de color crema, hoy han cobrado la tersura y el volumen de un terciopelo. Despierto en esos días como en un pozo de agua templada y de corriente constante. Sufro. Lo has de saber. Sufro pensar que no la encontrare, que no podré regalártela algún día, y que esta Pasión será solo mía, solo un a, un z, un dolor en lo más interno de los huesos que solo yo entiendo. Una parte del cuerpo que no conocía, que me rompe las imágenes, la textura de los colores, el segundero infinito que yo no conocía.

Mañana salgo a Turquía. Conocí en el barrio árabe de París a un joven que se interesó mucho cuando le conté del arpa. Recitó alguna oración y saco del interior de la tienda dos pequeñas cuerdas vegetales. Son como lianas muy delgadas, un color café intenso y las puntas coloreadas de azul. “Es la primera parte”, me dijo sonriendo, yo le creo un poco por que en el interior de su tienda se escuchaba tanto la música que tuvo que detenerme entre amable y sonriendo para que no se la destruyera buscando el arpa. “¿Cuánto es?”, le pregunté. “Nada, solo regresé si una vez encuentra la otra parte”. Antes de irme con esas lianas pero a seguir buscando, Jamil, así se llamaba el joven, me dio una dirección en Turquía...

No sé, muérdago, no sé. He bajado ya tantos kilos desde ese día que escuché la música, para que te lo cuento, si lo has escuchado tantas veces, si para explicarte el sonido he gastado tantas palabras diciéndote cómo, cuanto, en dónde, un porque, un porque pero es algo en lo que solo pienso para poder decírtelo, para decírselo a quien quisiera preguntarme, pero no veo nada en realidad, solo escuchó, solo veo la música solo me estoy muriendo y sé que cualquier día voy a amanecer y no tendré nombre ni futuro alguno y esa parte de mi donde sale la música, que no pero como ser el encanto, me absorberá y no te veré; que podría entrar a nuestra casa y sólo encontrarías un aire suave una golondrina que se esfuma en el aire, pero antes tengo que darte el arpa. Tengo que besarte con ella, unir mi cuerpo al tuyo en su canto y después soltarme totalmente al canto, muérdago, al canto...

Sofía

...

Nuri:

Hermano: Que la Bendición del Uno esté contigo, que la Paz te llene.
Te mando esta carta para saludarte y mandarte un abrazo bien fuerte. Acá todos estamos bien. Quiero además platicarte que ayer llegó al soco una mexicana a buscar un arpa de cerdas de ángel. Venía desalentada y con un espíritu muy lleno de brusquedad e impaciencia. Decía que escuchaba una música de piel de cordero, de árbol siempre vivo.
No se lo que pasa, pero pensé que allá podrían recibirla y encausar su intranquilidad. Dude un poco en darle la dirección, pero te pido que la recibas. Se llama Sofía.
Gracias

Jamil

...

Salma:

Se fue Salma, se fue a Paris a buscar el “arpa”. No lo entiendo, me escribe que está haciendo desastres, luego me dice que se me ama. Eres una desgraciada Alma, iba contigo cuando empezó esta locura, tu con tus silencios. Carajo ¡cuántas veces le dije que te dejará de ver! Que no bastaba soñar en la clave del mundo. Hace cuánto que no puedo platicar con ella, que llego del trabajo con mis múltiples conquistas o problemas que tu sabes. Ella era mi compañera, lo sabes, Salma, lo sabes porque todo esto tu lo ocasionaste.
Y no te escribo para que te de gusto, tu también la perdiste, también sé que dejo de hablar contigo, de ir a tantas galerías y locuras tuyas, que ya no iba al cine ese tuyo muy de “arte”. Te toco también, ja, pero no sé, ultimamente era tan clara con todo y su “arpa”, de pronto me abrazaba como nadie ni nunca lo había hecho y me impedía hablar, estaba tan conmigo, tan conmigo y sin embargo al minuto salía de mi mundo y iba a otro y cuantos celos, me maldigo de gritarle, de esgrimir, de terminarle pidiendo disculpas, y ella en todo ese lapso solo me veía lentamente, sonreía, “como me gustaría que escucharas el arpa”...
¿Crees que vuelva?, ven a platicar el domingo, ¿si?, ¿tu también escuchas algo?
Hasta luego Salma, salúdame a Toño, que no se entere por favor.

Muérdago

...

Jamil:

La Luz os clame hacia si, que brote en tu pecho la Mas Pura Rosa y te consuma en su miel. Anoche caminaba hacia casa cuando la vi, llevaba las cuerdas más puras que he visto en sus manos y supe que se adentraba hacia nosotros, que no era Sofía, sino Amina. Ella insistió un poco en el arpa y me pareció que de verdad sufre por ella. Entró a la mezquita y le enseñé las abluciones, hermano, es verdad, esta rota de inquietud y sin embargo, gran destino tuviste, cuando salió de la oración caminó lentamente hacia el río y la encontró, Jamil, la encontró. Acá estamos de fiesta, llegó Amina, nuestra Sheik.

Nuri

...

Muérdago:

Tengo un lirio en la sombra de mi rostro, sueño que vuelvo, que las calles se abren para el paso del jinete del desierto, que los ángeles hoy visten con pedazos de yerbas tejidas. No tengo ya el arpa, la encontré y ya la he obsequiado. Ve hoy a mercado y regala tus trajes, bosqueja tu rostro en el agua, recuerda nuestra unión, después regresa a tu oficina, cumple tus palabras pero ya no te comprometas, (cada cerda se anuda, el diapasón se aclara, el alba no es clara, la medianoche es luz verdadera). Un lirio en la sombra de un rostro, calles y ángeles de yerba. Muérdago tu eres el arpa, tu eres el arpa. Continúa, continúa, el alba no es clara. Tengo un silencio que entregarte...
TE AMO

Amina

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