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Tened cuidado y mirad de quién aprendéis vuestro din... (1)

16/05/2008 - Autor: Abdelkáder Muhámmad Ali - Fuente: Melilla Hoy
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La sumisión a Dios, es para el musulmán un motivo de felicidad
La sumisión a Dios, es para el musulmán un motivo de felicidad

Islam quiere decir sumisión, y hay algo muy hondo y denso en esa realidad. Quizás sean los sufíes quienes mejor han sabido, a lo largo del tiempo, conjugar con más frecuencia el sentido inmediato del término islam. Una sumisión que es un don, una sumisión deseada y amada, una sumisión que es amor en libertad. Islam es la ecuación Islam=sumisión. La sumisión a Dios, es para el musulmán un motivo de felicidad. En definitiva, Islam es, en su raíz árabe, un término que encierra el significado de "ser/estar sano", "íntegro", asociándose al concepto de paz. Sin embargo en las sociedades que se denominan modernas, desarrolladas, especialmente en Europa, se ha ido considerando, cada vez más, que la sumisión incondicional a Dios implicaba indignidad para el hombre, cuando no fanatismo. Por lo que se ha ido modernizando las formas religiosas, más acorde a los tiempos que corren, menos profundo y sobre todo racional. Como si la racionalidad fuese garantía absoluta de todo. Por ejemplo: nada de arrodillarse, o de inclinaciones humillantes, porque -se ha escrito- "quien se arrodilla se degrada". En pie, de tu a tu, sin complejos. En los templos no es raro ver cómo la gente discurre sin advertencia alguna de lo sagrado. La homilía religiosa va dando paso a una oratoria más "políticamente correcta" utilizando un discurso genérico, humanista y humanitario, compatible casi con cualquier cosa y, eso sí, con un marcado acento social.

Ninguna religión fuerte ha tenido nunca miedo a la sumisión a Dios. Porque, por una paradoja típicamente religiosa, no exclusiva del Islam "el que se humilla será ensalzado" y en versión clásica del cristianismo: "servir a Dios es reinar". Pero como nos recuerda Rafael Gómez Pérez en su libro "Convivir con el Islam", cuando al otro lado está Dios, que no necesita nada, que nada recibe y todo lo da, la sumisión es libertad, gloria y plenitud. Esto, alhamdulillah (gracias a Dios) aún lo entienden e interiorizan millones de musulmanes, "cuando millones de cristianos parecen haberlo olvidado", a juicio de R.Gómez Pérez.

Porqué negar lo evidente, hoy, entre el mundo musulmán y Occidente hay un abismo sobre las percepciones de la vida, de la cultura, de mentalidad… Occidente mira perpleja y atónita ante tanta gente, ante los muchos musulmanes, ricos y pobres, contar con el arma de millones de personas llenas de convicciones. Convicciones firmes e inalterables por muy fuerte que sea, y de hecho lo es, el vendaval de la globalización neoliberal, que todo lo transforma y manipula al socaire de sus intereses. De las palabras más insufribles en Occidente precisamente sumisión es de las que atentan contra la cultura que se ha impuesto en sus sociedades. La insumisión desde hace tiempo ha sido un valor en alza, hasta hace poco, cuando el servicio militar era obligatorio, a los objetores que rechazaban hacer la "mili" se les denominaba con orgullo insumisos. Por lo que se origina cierta inquietud al ver a millones de musulmanes, que ya en su dilatada historia han demostrado que su sumisión a Allah es absolutamente compatible con no someterse a la tiranía de los humanos.

El racionalismo a ultranza manda en Occidente, desde hace ya mucho tiempo. Se ha dejado de tener una creencia religiosa profunda y fuerte. En consecuencia, dicen los profetas de lo profano, "por eso gozamos hoy de tanto progreso y libertad...". Sin embargo, el Islam, impasible a la moda de los tiempos y caprichos humanos, en un mundo antojadizamente cambiante, globalizado, marca su propio rumbo, fiel a su esencia y origen, inalterable, a pesar de los agoreros ocasionales de la modernidad homogeneizadora.

La clave de esa perennidad es la insistencia sobre la Unicidad de Allah (Dios). Todo está íntimamente ligado a El. El desarrollo al margen de Allah no puede ser desarrollo como ya explicara hace varias décadas el malogrado René Guénon en su opúsculo "La crisis del mundo moderno". Y de modo más denso lo hace nuestra admirada Karem Armstrong en su obra, "Una historia de Dios…": las ideas de los racionalistas clásicos, si bien avanzados en sus reflexiones pretendiendo la conjunción de la revelación y la falsafa (filosofía), sin embargo en muchos casos ha quedado demostrado que de haberse permitido, indiscriminadamente, el sometimiento de la revelación al racionalismo de los filósofos, al día de hoy, quizás del Islam sólo quedaría el vago recuerdo de lo que fue en sus orígenes. Pensadores como el persa Abu Bakr Muhammad ibn Zakaria ar-Razi ya en el siglo IX llego a rechazar la doctrina coránica de la revelación y de la profecía porque decía que "sólo la razón y la filosofía pueden salvarnos" y consideró que el concepto de Dios era incompatible con una perspectiva científica.(Véase Historia del pensamiento en el mundo islámico, de Miguel Cruz Hernández, Edt. Alianza Universidad) Otros failasufs musulmanes, posteriores a Razi desvariaron también en sus reflexiones, aunque no llegaron tan lejos y oportunamente se percataron del peligro de continuar por una senda estrictamente racionalista. La magistral contraofensiva del más grande de los grandes pensadores del Islam: Abu Hamid Muhammad al-Ghazali, (rahimahu Llahu -la paz sea con el-) el latinizado como Algazel, frenaría, desde dentro, desde su formación filosófica, la que posteriormente remplazaría por el sufismo, denunciando y refutando magistralmente a los pensadores que pretendían someter el Islam a los empeños del racionalismo. Es la conclusión a la que llegan los faylasufs musulmanes a partir del siglo XI: la razón es indispensable para algunos estudios como la medicina, las matemáticas, la Ciencia en general, pero es muy deficiente cuando se trata del estudio de Dios. Dice Karem Armstrong con respecto a esto en libro referido, "Confiar sólo en la razón era como intentar comer la sopa con tenedor".

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