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Las jutbas de los Andalusíes 4

15/05/2008 - Autor: CDPI
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Buscar el principio y el origen de todo, indagar por aquello que lo rige y lo mantiene todo, desear encontrar la verdad última de todo en la que todo reposa, sondear nuestras emociones para descubrir en ellas su motor, todo ello es pensar en Allah.

Pensar en Allah es lanzarse a lo inmenso, a lo inmensamente grande y a lo inmensamente pequeño, a lo inmediato y a lo remoto, a lo manifiestamente evidente y a lo internamente oculto.

Allah es un destello, de El dice el Corán que es "la Luz de los cielos y de la tierra". Allah es el destello en nuestras conciencias de lo eterno, de la Verdad bajo su carácter más absoluto; es la intuición de lo auténtico, la fuente de todos los anhelos del ser humano.

Allah es la fuerza de la violencia que hay en los cielos y en la tierra, una fuerza y una violencia que son sinónimos de vida: Allah conmueve nuestros cimientos; gracias a esa presencia de Allah sabemos que estamos vivos, gracias a ella amamos y luchamos, y en ella morimos. A través de ella caminamos, con ella damos pasos hacia delante.

Allah es el Uno que todo lo conjuga, El es el Haqq, la Verdad y el Verdadero, El es lo imaginado, lo intuído por cada ser humano; sin ese instante, nadie es un ser humano.

Allah es voluntad de trascendencia: muchas barreras se le han ido imponiendo a esa voluntad humana, y una y cien mil veces ha resurgido el Islam, la voluntad de depurar la voluntad, el deseo de volver a desear a Allah en su pureza más absoluta. Eso es el Islam, la voluntad de enfrentarse a Allah sin intercesores, sin intermediarios, sin doctrinas, en la desnudez más absoluta del deseo del ser humano.

El Islam es un contínuo e insistente despojarse de ídolos, porque es la voluntad firme de encontrar el sentido último de la existencia, el deseo desnudo de Allah.

Ha sido dicho: "en realidad sólo Allah existe, sólo Allah es verdadero."

Este es el principio que rige el Islam, el pensamiento que lo inspira; es el significado de
"la ilaha illalah". Sólo Allah es auténtico, todo lo demás son velos, uno sobre otro, que nos ocultan lo real, lo esencial, velos que nos engañan, nos estafan.

En realidad, sólo hay Allah: esto es lo que ha sido dicho. Y todo cuanto existe aparte de Allah son velos, y el destino de los velos es caer, o ser descorridos por manos audaces. Los velos son ídolos que deforman, que hacen grotesca la realidad, ídolos que entretienen nuestra atención, que forjan para nosotros esperanzas y ambiciones. Cuando alguno de esos velos cae, algo dentro de nosotros nos duele, pero también y sobretodo es un paso hacia delante, hacia Allah Verdadero. Cuando algo nos decepciona, está cayendo un velo. Es estúpido volver a colocar en su lugar un nuevo velo, pero es lo que siempre hacemos: la Verdad desnuda de velos nos atemoriza, nos aterra el vacío de Allah-Uno, pero a ese vacío, a esa muerte, es hacia lo que irremediablemente nos conducen nuestros pasos.

El Habib Rasulullah (s.a.s.) dijo: "Morid antes de morir". Para que en la muerte no seamos desolados, es necesario que antes destruyamos los ídolos que no existen, rasgar todos los velos, para conocer a Allah en vida, y El nos reconozca en nuestras vidas y en nuestra muerte. Cuando algo nos decepciona, es un velo que está cayendo: he aquí una reflexión para los que meditan. En lugar de desalentarnos cuando algo que nos engañaba se viene abajo, en lugar de eso, debiéramos renacer.

En lugar del desaliento, el Islam nos enseña el Yihad, el espíritu del guerrero, a ser combativos. En lugar de rendirnos, el Islam nos aconseja aprovechar esa brecha en lo irreal para lanzarnos hacia la Verdad desnuda de ídolos y fantasmas. Cuando caen los ídolos es cuando Allah se muestra, y Allah es Grande, Inmenso, Fuente de Vida, Báraka y Rahma.

Cuando un ídolo, un mito, una ambición, una ilusión, cuando lo que esperamos y ansiamos nos demuestra que su verdadera nutraleza es la nada, no debiéramos entristecernos: debiéramos decir, "al-hamdu lillah", es lo Verdadero que se muestra a sí mismo y ante El huye lo falso, lo falso se desvanece, lo falso muere, y permanece lo auténtico, lo real, permanece Allah siempre, "yafra l-abd wa yabqallah", el esclavo se extingue, Allah queda.

Ciertamente, destruir ídolos es una empresa para el acero. Sólo aquéllos cuyas miradas son de hierro, como dice el Corán, pueden atravesar los velos. ¿Cuáles son algunos de esos velos?: La vida es un velo, nos da sensación de eternidad, pero no somos eternos. La salud es un velo, nos da sensación de ser inexpugnables, pero no lo somos. La juventud es un velo, nos hace soberbios y arrogantes, pero nuestro destino es envejecer. La riqueza es un velo, nos hace creernos autosuficientes, pero todo se lo debemos a Allah y nuestra realidad es la pobreza. El poder es un velo, nos hace creernos dioses, pero estamos en manos de Allah, Señor de los Mundos. La muerte, la enfermedad, la vejez, la pobreza, la impotencia, son antídotos amargos, pero ahí están, son reales, nos demuestran nuestra precariedad, son muestras que nos devuelven al sentido común.

Ciertamente, el musulmán debe proteger su vida, procurarse salud, hacerse fuerte, enriquecerse, pero no debe perder la perspectiva. Debe volverse siempre hacia Allah, para no ser embaucado, para no ser engañado.

No huyamos de la verdad, sino que hagámonos fuertes y poderosos en ella. No construyamos, como hacen los kufar, una civilización basada en el autoengaño, porque una civilizacion basada en el autoengaño es inhumana, monstruosa. Construyamos, como hicieron nuestros antepasados, una civilizacion cimentada sobre el Tawhid, sobre "la ilaha illa Allah", y seremos libres y humanos, la civilización de Muhammad Rasulullah.

Podemos pasarnos la vida engañándonos una y otra vez, pasar así nuestros días. Pero al final, volveremos a Allah, a la desnudez de la tumba. Como nos enseña el Corán: lo Verdadero se mostrará, lo irreal se desvanecerá, lo irreal siempre acaba desvaneciéndose. "Yaa l-Haqqu wa çahaqa l-batilu inna l-baila kana çahuqa". He aquí un lema para los musulmanes, para los muminin. Con este lema se sobreponen a todo: ellos siempre están "encontrando a Allah": no se entristecen por lo que pierden, se alegran con lo que encuentran; no pierden, sino que ganan siempre. Lo que han perdido, en realidad nunca ha existido; lo que ganan es lo auténtico. Pero para que esto sea real, han tenido que hacer de hierro penetrante sus miradas, como les enseña el Corán.

El Salat afila la espada que tienen en los ojos los musulmanes. El Salat enseña, el Salat es un Shayj. Es una escuela. Acudid al Salat para aprender. No os cobra un sueldo, pero os impone condiciones. Un verdadero maestro es duro con sus alumnos, porque quiere que aprendan pronto, y que aprendan bien. Durante el Salat, no os entretengáis con otros asuntos, entregaos a él completamente: sólo así será efectivo y su enseñanza se os clavará en el corazón.

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