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Dhu-l-Nun como tradicionalista

30/04/2008 - Autor: Muhyi-d-din Ibn Arabî - Fuente: La maravillosa vida de Dhu-l-Nun, el Egipcio
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Dhû-l-Nûn forma parte de los transmisores (ru wât, plural de râwî) de hadices (tradiciones del Profeta). Ha transmitido directamente de Mâlik ibn Anas, Layz ibn Sa’d, de Sufran ibn ‘Uyayna y de Fudayl ibn ‘lyad, entre otros, y era considerado como una autoridad digna de confianza (thîqa). Muhammad Ibn Qâsim nos ha transmitido esta , opinión de Dâraqutnî sobre las tradiciones relatadas por Dhû-l-Nûn: «Cuando la cadena que acaba en él es sana, sus tradiciones están bien fundadas (mustaqîma), y en este caso se le puede hacer confianza».

Las palabras de Dhû-l-Nûn que van a seguir, y que han sido transmitidas por Tag al-Islam Abû ‘Abdal-lâh al-Husayn ibn Hamîs, nos han sido transmitidas por Abu-l-Tanâ Mahmmûd al-Labbân en la ciudad de Mosul. Yo encontré a su hija en Meka, en el transcurso de una reunión que manteníamos a la que ella asistía y donde tuvo cosas que decir. Me encontré igualmente con ella en Medina. Con ocasión de una invitación que nos había reunido en Mosul, me dijo que sabía de memoria los escritos de su padre, Ibn Hamîs, y ella misma nos transmitió cierto número de sus palabras. Las que mencionamos por tanto ahora se remontan hasta Muhammad ibn al-Husayn al-Gâwharî:

«Abu Fadl y yo nos fuimos junto a Dhû-l-Nûn, y yo le dije: «¡Que Al-lâh sea generoso contigo!» «¡Transmíteme una tradición de la que saque provecho y que sea para mí un recuerdo tuyo!» Levantó la cabeza, me miró un momento, después me preguntó: «¡Tú, tú transcribes tradiciones! - Eso me ocurre, le respondí, y yo esperaba que tú me transmitieras un hadîz sobre las nociones espirituales (raqâ’iq o daqâiq, según varios manuscritos de la obra de Ibn Hamîs), que sería una ayuda para mí en esta vía». He aquí cuales fueron entonces sus palabras: «Hay gentes que están hechas para el hadîz, en cuanto a mí, la preocupación de mi alma me ha alejado de las tradiciones. Ciertamente el hadîz es uno de los fundamentos de la religión y si la imperfección no se hubiera introducido entre aquellos cuyo dominio es la Tradición y el estudio de la Ley (fiqh), ellos hubieran sido los hombres más meritorios de su época. Pero han sacrificado su ciencia a los grandes de este mundo (ahl al-dunya), que los equivocan, los tratan con soberbia y hacen de ellos sus lacayos. Ellos se ha dejado seducir por el siglo, viendo el ardor desplegado por los que detentan el saber religioso (‘ilm) y por los recitadores del Corán (qurrâ), que gozan de los bienes de este mundo y de un cierto rango cerca de los que son los maestros. Los hombres de espiritualidad (al-qawn) buscan la vida última y temen no obtenerla, mientras que estas gentes persiguen los bienes de la vida de aquí abajo por medio de su ciencia, haciendo creer falsamente a las gentes (al-Nâs) que ellos no buscan obtener por su saber más que lo que se encuentra cerca de Al-lâh. Han hecho de la ciencia una trampa para capturar este bajo mundo. ¡Qué abominación! Han usado de lo que sirve para adquirir lo que es eterno, algo para obtenerlo que es perecedero. ¡Haz, Al-lâhuma, que no estemos entre ellos!. Si se hubieran mantenido asiduos ante la puerta de su Señor, Él les habría dado plena satisfacción y los habría honrado. Pero se dedicaron a las criaturas, Él los ha dejado entonces entre sus manos y así los ha rebajado. Si hubieran puesto sus esperanzas en Al-lâh, no habrían esperado nada que no fuera de Él. Si hubieran temido a Al-lâh, no habrían temido a ningún otro. Si se hubieran consagrado a Al-lâh, no habrían sido jamás envilecidos. Fueron ignorantes después de haber sido sabios, pobres después de haber sido ricos, viles después de haber sido honrados, y se han convertido en esclavos de los grandes de este mundo después que Al-lâh hiciera de ellos hombres libres. Han bebido el filtro de las seducciones engañosas, y sus espíritus perdidos han olvidado que la ciencia es el arma de la religión y que si se usa para apropiarse este bajo mundo no es de ningún provecho (variante de los manuscritos del texto de Ibn Hamîs: «éste hace de ella su propia arma»).

Después Dhû-l-Nûn añadió: «Yo encontré a al Musayyib ibn Wâdih. Verdaderamente querría yo también encontrarlo, si Al-lâh lo quiere, le dije—. Si tienes la posibilidad, prosiguió Dhû-l-Nûn, pídele que te transmita una tradición cuya cadena pase por Yûsuf ibn Asbât, Sufyân al-Tawrî, y al-Hasan (es decir al-Basrî) porque me desagradaría transmitir (de nuevo) las tradiciones. —Yo querría mejor oírlas de ti, le respondí, y quizás no lo encontrara—. ¡Mirad a este joven, exclamó entonces, tan ávido en la búsqueda de la espiritualidad y en quien además lo dicho a propósito (mawaqi) y delicadeza (riqqa). Favorécele, Al-lâhuma, y haz que realice sus esperanzas! Pero nuestra reunión ha sido larga (hoy), nos encontraremos (otra vez) si Al-lâh lo quiere.

Dhû-l-Nûn ha transmitido las tradiciones que ha recibido de Mâlik ibn Anas, y, entre las que nos han sido relatadas, he aquí una que nos ha sido transmitida por Abu-l-Hasan ibn al-Sâig el asceta. Se remonta a Ahmad ibn Sulayh al-Fayyûmî y de él hasta el Enviado de Al-lâh pasando por Dhû-l-Nûn, Mâlik ibn Anas, al-Zuhrî, y Anas: El Enviado de Al-lâh ha dicho: «El signo del amor de Al-lâh es el amor de la evocación de Al-lâh, y el signo del odio de Al-lâh es el odio de la evocación de Al-lâh».

Entre las que tiene transmitidas después de haberlas recibido de Sufran ibn ‘Uyayna, he aquí una que nos ha sido comunicada por Abu Muhammad ‘Abd al-‘Azrz ibn Abî Nasr ibn al-Mubârat ibn Mahmud al-Ahdar de Bagdad. Se remonta a Ahmad ibn Sulayh y de él hasta el Enviado de Al-lâh pasando por Dhû-l-Nûn, Sufran ibn ‘Uyayna, ‘Abdal-lâh Ibn Abr Bakr, y Anas ibn Mâlik: el Enviado de Al-lâh ha dicho: «Tres cosas acompañan al muerto, dos se vuelven, sólo una queda: su familia, su fortuna y sus obras le acompañan, su familia y su fortuna se vuelven, sólo sus obras quedan».

Entre las que ha transmitido después de haberlas recibido de Layz ibn Sa d, he aquí una que nos ha sido comunicada por al-Haÿÿ Muhammad ibn ‘Alî ibn Uht Abî-l-Rabî’ al-Maqùqî. Se remonta a Ahmad ibn al-Sulayh y de él hasta el Enviado de Al-lâh pasando por Dhû-l-Nûn el Egipcio, Layz ibn Sa d, Nafi e Ibn ‘Umar: el Enviado de Al-lâh ha dicho: «Este bajo mundo es la prisión del creyente y el paraíso del incrédulo».

Entre las transmitidas después de haberlas recibido de Fudayl ibn ‘lyad, he aquí una que nos ha sido comunicada por escrito (kitâbatan) del gran sabio tradicionista Abû Tâhir Ahmad ibn Muhammad al-Salafî al-Isbahânî. Nos ha sido igualmente referida oralmente por Yûnus ibn Yahyâ al-Hasimr en Meka. Se remonta a Ahmad ibn Sulahy al- Fayyûnr y de él hasta el Enviado de Al-lâh pasando por Dhü-l-Nün, Fudayl ibn ‘lyad, Layz, Mugahid, e Ibn ‘Abbas: el Enviado de Al-lâh ha dicho: «¡Apartaos (en el sentido de: «absteneos de censurar») de la falta del hombre generoso, porque cada vez que tropieza, Al-lâh lo retiene por la mano!».

Hemos mencionado así algunas de las tradiciones que nos habían sido referidas, indicando el nombre de los maestros que las habían transmitido. Y si hemos comenzado por las tradiciones es únicamente por deseo de la bendición que se une a las palabras del Enviado de Al-lâh —¡que Al-lâh ruegue por él y lo salve!—.

Después de eso, voy ahora a proseguir con el relato de los hechos gloriosos de su vida espiritual.

*"La maravillosavida de Dhû-l-Nûn, el Egipcio"
Por Muhyd-dîn Ibn Arabi
Editora Regional de Murcia

 

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